Mostrando entradas con la etiqueta Batman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batman. Mostrar todas las entradas

Batman vuelve, de Tim Burton

13 septiembre, 2018

| | | 0 comentarios
En los últimos años ha sido el universo de Marvel el que triunfa y conquista al público. Pero en la tradición cinematográfica y popular, las dos figuras superheroicas que marcaron en su momento pertenecían a DC. Hablamos de Superman y Batman. Al primero lo vimos en el clásico Superman (1978), de Richard Donner, y al segundo, en la divertida y casi paródica serie televisiva de los sesenta, pero llegaría al cine a través de la dirección de Tim Burton en Batman (1989). Con mayor libertad creativa sobre su obra, gracias a una buena trayectoria tanto con este héroe como con su cuento Eduardo Manostijeras (1990), Burton se embarcó en la secuela, donde exploraría una historia dentro de un tono más personal: Batman vuelve (Batman returns, 1992).

Gotham vuelve a estar amenazada. En esta ocasión, no hay gángster, pero sí empresarios canallas como Max Shrecks (Christopher Walken), un millonario que quiere realizar un negocio energético que dejaría a la ciudad empobrecida. Aunque no cuenta con los apoyos necesarios, la aparición de un siniestro y criminal hombre-pingüino (Danny DeVito) le valdrá para intentar usurpar el poder político. Sin embargo, el Pingüino tiene otros planes vengativos. A su vez, Selina Kyle (Michelle Pfeiffer) se convierte en Catwoman y trata de destruir el mundo que la ninguneaba como mujer. Ante esta situación, Bruce Wayne (Michael Keaton), y su alter ego, Batman, deberá enfrentarse a estos tres monstruos que no son tan diferentes a él mismo.


Puede resultar curioso plantear que en esta película, como ya sucedía parcialmente en la anterior entrega firmada también por Burton, el foco de atención no reside en Batman. En estos últimos tiempos en que, de forma general, las películas de superhéroes han ido creando villanos de usar y tirar, salvando algunas excepciones honrosas como el Joker de Heath Ledger en El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), ese ambiguo Loki, interpretado por Tom Hiddleston, que ha atravesado el Universo Cinematográfico de Marvel desde su primera aparición en Thor (Kenneth Branagh, 2011), así como Thanos (Josh Brolin) en Vengadores: Infinity War (Anthony y Joe Russo, 2018), Batman vuelve abandona al héroe para centrarse en sus villanos, otorgándoles una profundidad y una identidad muy marcadas y definidas.

Desde el principio, la obra se vuelca en retratarnos al ambiguo Pingüino y la transformación de Selina en Catwoman. Es más, se llega hasta tal punto que la película comienza con una secuencia que, siguiendo con un paralelismo bíblico con Moisés, nos presenta los orígenes del Pingüino dentro de una estética muy tétrica, habitual en este director, que bebe del expresionismo alemán, una influencia muy presente en toda la obra, y finaliza con una escena relacionada con Catwoman. Ambos personajes serán procesos paralelos que sirven de contraste a Batman. En cierta forma, los podemos entender como personajes similares al héroe, pero que tomaron otro camino. Incluso Max Schreck es la versión corrupta del millonario Bruce Wayne. En este sentido, el héroe tarda bastante en aparecer y la obra no se centra en la investigación que lleva a cabo Batman, por ejemplo, que hubiera sido lógico dada la habital mezcla de género negro con el de superhéroes que ha tenido el personaje desde sus orígenes. Hasta los elementos positivos de Gotham o aliados de Batman están poco presentes o desdibujados, como sucede con Alfred y, aún en mayor medida, con Gordon.



En primer lugar, Pingüino es retratado desde la misma mirada que Batman mostrará hacia él: una mezcla de curiosidad,  ternura e inquietud. En cierta forma, ambos comparten la pérdida de la familia, haciendo que compartan la misma tragedia, aunque de forma distinta. Por suerte, el personaje abandona sus características del cómic, donde era un gángster que bien podría haber recordado al Joker de la entrega anterior, y se convierte en un hombre embrutecido, animalizado y aparentemente manipulable, aunque en ocasiones demasiado grotesco, con algunas escenas un tanto absurdas e innecesarias. Su retrato está en la línea de los personajes habituales de Burton en esta época: los diferentes, los deformados incomprendidos, como Eduardo Manostijeras, pero con un comportamiento más semejante a Bitelchús (Beetlejuice, 1988). Es decir, es un villano, pero un villano que nace del rechazo de los otros, tanto a su aspecto como a su comportamiento grotesco.

Sin embargo, el personaje pierde pronto el rumbo en una repetición continua de planes cada vez más alocados y con peor resultado. Resulta coherente que, siguiendo con las referencias bíblicas, se decidiera por continuar con el asesinato de los primogénitos, pero no acaba por tener la suficiente fuerza dramática y todo se desvanece con el uso de los pingüinos en su último intento. Incluso se pierde la empatía que hubiera podido existir entre héroe y villano. Al final, su conclusión resulta bastante teatral y le otorga la dignidad que siempre buscó (y que, por otra parte, siempre tuvo), pero está carente de las sugestivas imágenes que le acompañaron durante el primer tramo de la película.


En segundo lugar, tenemos a Selina Kyle, alias Catwoman. Como acabamos de ver la creación del Pinguino es muy interesante y logra darle una gran personalidad, pero su historia es bastante deficiente. Por contra, Catwoman tiene un origen bastante insulso, que parte de ser una de esas mujeres prototipos que habitaban en el barrio de la familia Boggs en Eduardo Manostijeras a convertirse en Catwoman de golpe. Sin embargo, la evolución de su historia una vez adoptada esta nueva personalidad es más profunda y edificante, incluso se relaciona directamente con Batman y acaba por conquistar el final de la obra como no lo logró el Pingüino. 

Debemos admitir que Selina ya mostraba ser más capaz de lo que aparentaba desde el principio como secretaria, incluso retazos de su forma de ser más salvaje, pero era continuamente ninguneada por los hombres. Cuando algo se rompe en ella, también rompe con todo aquello que se le exigía como mujer, con su imagen prefabricada que también se retrataba en su apartamento. Se ejemplifica a la perfección en la secuencia en la que retorna a su hogar a repetir su rutina. Ahora bien, será gracias a este personaje por el que logremos explorar algo más a Batman y, por tanto, a Bruce Wayne. Ambos personajes comparten el sentido de la injusticia del mundo que les rodea, pero no la forma de actuar. Ya sea como Batman y Catwoman o como Bruce y Selina, irá surgiendo entre ambos una relación sensual que acabará por atraparlos, como bien demuestra la secuencia final. En definitiva, Catwoman mejora conforme avanza la obra y se convierte en una antiheroína que asumirá hasta las últimas consecuencias para lograr lo que ansía. 


Por último, cabe mencionar a Max Schreck, el millonario y manipulador empresario que sirve de nexo y motor para las tramas de todos los personajes, dado que le otorga su espacio al Pingüino en la sociedad de Gotham, es el culpable de la conversión Selina en Catwoman y atrae la atención de Bruce Wayne sobre sus negocios. El personaje resulta algo trasnochado, ridiculizándose cada vez más conforme avance la película y quedando en un segundo plano frente a personajes más ricos en matices. Se trata de un villano tan clásico que podríamos considerarlo un cliché fácil de olvidar, a pesar de ser una pieza esencial de la narrativa.

En definitiva, Batman vuelve cinematográficamente brilla por el buen hacer de Tim Burton, que, eso sí, plasma su estilo en cada secuencia de la película, más aún que en su predecesora. Así, tenemos tanto una introducción como una conclusión imbuidos de nocturnidad, de cierta sensación de cuento aunque algo macabro. De la misma forma que la recreación de Gotham es aún más grotesca, otorgando mayor sensación de agobio, casi sin luz, de una ciudad industrializada y mastodóntica, como reflejan sus enormes esculturas, obra del diseño de producción de Bo Welch. En todos estos elementos se percibe de forma continua la ya citada influencia del expresionismo alemán, como podemos ver si la comparamos con la célebre El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920).


Ahora bien, ello no le resta algunos problemas de ritmo, sobre todo en el tramo central, lo ridículas o repulsivas que pueden llegar a ser ciertas escenas en torno al Pingüino, el hecho de que apenas se explora a Batman o se respeta al personaje de forma íntegra o la fantasía grotesca que encontramos en torno al surgimiento de Catwoman. Sin duda, se trata de una película rica en matices y que se distancia de lo que podríamos considerar una película de superhéroes plana o al uso, por lo que bien merece su propia revisión.

Escrito por Luis J. del Castillo


Batman: La LEGO Película, de Chris McKay

13 marzo, 2017

| | | 0 comentarios
Como sucede con muchos géneros artísticos, el cine de superhéroes ha transcurrido entre la denostación y el no saber apreciar que el cine es cine independientemente del género en el que se encuadre una obra. En este caso concreto, resulta obvio que durante gran parte de su existencia los superhéroes han estado vinculados más a la infancia que al mundo adulto, cuestión que fue cambiando a lo largo del último tercio del siglo pasado. 

En este sentido, el personaje de Batman es quien ha reflejado mejor este tipo de cambios, no solo en el mundo del cómic, donde tuvo un resurgir oscuro y siniestro a partir de los setenta, con Dennis O'Neil (1939) y Neal Adams (1941), que finalizaría en los años ochenta con las exitosas intervenciones de autores como Frank Miller (1957) o Alan Moore (1953), sino también en el cine, que fue paralelo. Así, desde la serie de los años sesenta con la serie de aventuras cómicas protagonizada por Adam West con el título de Batman (1966-1968) pasando por el tono oscuro que le impuso Tim Burton en su díptico Batman (1989) y Batman Returns (1992), hasta la trilogía de Christopher Nolan, que ahondaba más en una mezcla de cine negro, acción y épica, tomándose al personaje en serio.

Sin embargo, precisamente las características de Batman permiten trabajar la parodia y la comicidad. Se ha convertido en un icono popular y sus rasgos son conocidos por la mayoría, desde su origen trágico a raíz de su orfandad hasta la personalidad agria, desconfiada e incluso agresiva de un hombre sin poderes pero con muchos recursos y astucia que lucha contra la justicia en la oscuridad de la noche. Pero también ha ganado otros rasgos externos: su popularidad, su sentido de la superioridad sobre sus compañeros por su ingenio y, por tanto, su orgullo y vanidad derivada de este hecho. Y de ahí surge el espacio adecuado para Batman: La LEGO Película (Chris McKay, 2017).

La divertida La LEGO Película (Philip Lord, Christopher Miller y Chris McKay, 2014) ya nos dejó a este personaje con sus latiguillos, Soy Batman, y su personalidad engreída, consiguiendo la atención de muchos y el derecho a tener una aventura spin-off en solitario. En ese mismo universo, con elementos como el maestro creador o la situación de la ciudad encima de un lugar donde huele a ropa sucia nos remite a la realidad que creó su obra madre. Pero aquí no encontraremos un metauniverso, sino que todo queda concentrado en el espacio de los muñecos hechos con piezas.


De esta manera, el inicio evidencia con pocos elementos qué se va a desarrollar en la película: Gotham vive tranquila salvada continuamente por Batman, popular superhéroe que siempre logra vencer a los villanos, como demuestra la tranquilidad del piloto del avión secuestrado por el Joker. Pero tanto éxito ha cegado en gran medida al héroe, que menosprecia a su némesis y que obvia tanto los lados más tristes de su vida como que su fama no le satisface realmente. Por eso, cuando el origen de su celebridad peligre o se vea obligado a colaborar con otros o incluso a formar una familia, Batman se negará a asumir esa realidad. Curiosamente, quizás solo el Joker con un peligroso plan pueda hacerle cambiar de parecer.

Con este argumento, Batman: La LEGO Película consigue comprender al personaje para parodiarlo. Así, los pocos momentos solemnes que la obra nos ofrece nos hablan del auténtico miedo del protagonista: volver a perder a alguien querido. Para evitarlo, se ha refugiado en un tipo de vida donde tiene el cariño de una ciudad, pero la soledad de su enorme hogar, hiperbólico gracias a los efectos usados que nos muestra desde la gran cantidad de vehículos, armas y trajes de los que dispone hasta las enormes salas vacías de vida. Tan solo la voz insistente de su mayordomo Alfred, reiterando el rol usual de este personaje, trata de enfrentarlo a una situación que Bruce sortea continuamente. Es más, en su intento por evitar que los demás lo convenzan, siempre acabará haciéndoles daño, a pesar de quererlos, una cuestión en la que se hará hincapié en el tramo final.


Así pues, la película trabaja a lo largo de su metraje un mensaje evidente dividido en tres pilares entrelazados: la fama no lo es todo y no evita el tedio o los momentos bajos, las cosas no siempre se pueden solucionar en soledad y la vida cobra sentido en las relaciones (tanto de amistad como de odio) con los demás. Y todo queda envuelto en una aventura vistosa, donde no faltan las referencias cinematográficas de muy distinto calado, desde las otras interpretaciones de Batman, sobre todo recuperando el espíritu de la serie sesentera con inclusión de su famosa canción, onomatopeyas en las peleas y artilugios alocados, hasta una colección de variopintos villanos, ya sean propios del hombre murciélago, encabezados por el Joker y Harley Quinn acompañados por Dos Caras, Pingüino y hasta los más desconocidos y desternillantes, como el Rey Condimento, o de distintas franquicias u obras, como la Bruja del Oeste y los monos voladores de El mago de Oz (Victor Fleming, 1939), King Kong, Voldemort de Harry Potter o Sauron de El señor de los anillos.

Incluso encontramos referencias a la Liga de la Justicia, a Superman, tanto por la última película, Batman v Superman: El amanecer de la Justicia (Zack Snyder, 2016), como y sobre todo al clásico, con la Fortaleza de la Soledad de Superman (Richard Donner, 1978), incluyendo una representación Lego de Marlon Brando como Jor-El, y a otros personajes ajenos a DC, como la burla que Batman dedica a Iron-Man, de Marvel. En realidad, contiene tantas referencias que hará el gusto de los aficionados más acérrimos a estos mundillos, a la par que se burla de las decisiones más alocadas de la industria sirviendo de chiste también en el propio desarrollo de la película. Por poner un ejemplo, vemos a Krypto, el Superperro, como DJ de la fiesta que celebra la Liga de la Justicia. En definitiva, toda una serie de recursos que sirven de guiño y homenaje perfecto a lo que es una sátira sobre el mundo de los superhéroes y sus complejidades, sin perder la oportunidad de hablar en serio de sus personajes en los momentos oportunos.


Ahora bien, seguramente podemos afirmar que Batman: La LEGO Película no supera a su obra madre, primero quizás por la falta de sorpresa, pero segundo, y más importante, porque en ocasiones sentimos resentido el ritmo narrativo. A diferencia de La LEGO Película, el trayecto se hace demasiado evidente, existen partes con demasiada acumulación de referencias y algunas bromas van perdiendo efectividad cuando se reiteran en demasía. Por no hablar de un doblaje español poco acertado, incluyendo a voces no profesionales en este sector, como José Coronado como Alfred o Juan Antonio Bayona como Superman. También resulta obvio mencionar que estamos ante una obra positiva donde, si bien se difuminan las barreras entre malos y buenos llegados el caso, no pasa de plantear algunos puntos que quedan cerrados de manera facilona.

A pesar de lo cual, se trata de una película que aúna la acción trepidante con un humor paródico que se está convirtiendo en sello de Lego, haciendo las delicias tanto de pequeños como de quienes disfruten valorando todos los guiños y gracietas que la obra plantea. Además, cuenta con un Batman genial, con el Robin más carismático que se ha visto en años en la gran pantalla, con una policía, Barbara Gordon, que consigue por fin dejar en buen lugar a los suyos, y hasta con ideas brillantes y bastante serias, como la importancia del villano para la existencia y persistencia del héroe o el miedo a perder a quienes amamos como impedimento para crear nuevos lazos afectivos.

Escrito por Luis J. del Castillo



Superman/Batman: Enemigos públicos, de Jeph Loeb y Ed McGuinness

08 diciembre, 2016

| | | 0 comentarios
La creación de un superhéroe siempre conlleva la búsqueda de unas motivaciones concretas que determinen la clase de personaje y que justifiquen las características no solo de sus posibles poderes, sino también de su personalidad. Superman y Batman han sido dos de los superhéroes más favorecidos por el público gracias tanto a su larga trayectoria con algunos de los cómics más populares del género como a sus consecuentes adaptaciones televisivas, variadas en nivel, aunque siempre evaluadas por la atenta mirada de sus seguidores.

Sin embargo, a pesar de su fama, son dos superhéroes bien distintos. Tanto que podemos suponer que les resultaría más fácil tener visiones contrarias del mundo y del combate por la justicia, lo que, en efecto, les ha llevado a enfrentarse, ya tanto en el cómic como en la película Batman v Superman: el amanecer de la Justicia (Zack Snyder, 2016), pero también han llegado a colaborar y trabajar juntos, ya fuera en un grupo más amplio como la Liga de la Justicia, como formando un dúo envidiable. En 2003 surgió la necesidad de volver a definir la relación entre estos dos superhéroes. El encargado de llevarlo a cabo fue el guionista Jeph Loeb, contando para los primeros números con el dibujante Ed McGuinness.

Así tuvo lugar la serie Superman/Batman, que comenzaría con un primer ciclo, de seis números, conocido como Enemigos públicos, aunque también se le ha denominado Los Mejores del Mundo. A este continuaría un capítulo autoconclusivo, El pupilo, con dibujo de Pat Lee, y otro ciclo denominado La Superchica de Krypton, que recuperaba a Supergirl con los diseños de Michael Turner. Pero en esta reseña tan solo nos detendremos en los seis primeros números, que compusieron el inicio de esta línea de cómics y, por tanto, de la colaboración moderna de estos dos superhéroes.


Situados en los eventos posteriores a las Crisis de Tierras Infinitas, nos encontramos a Lex Luthor como presidente de los Estados Unidos de América, lo que impide que Superman pueda hacerle frente. Durante su mandato, se localiza un gran asteroide de kryptonita dirigiéndose hacia la Tierra, hecho que Luthor emplea para acusar al célebre héroe alienígena de querer destruir al planeta con el impacto del meteorito. Para acabar con él, usará todos sus recursos como presidente, desde el uso de grupos de superhéroes al servicio del gobierno como una recompensa por la captura de Superman que atraerá a varios supervillanos. El héroe de Metrópolis contará con la ayuda de Batman para desentrañar la verdad detrás de toda la situación y conseguir salvar al mundo de nuevo. Esta es la trama principal de este ciclo en la que confluirán básicamente todos los sucesos, a excepción quizás de una subtrama no resuelta en estos números referente a la posible identidad del asesino de Thomas y Martha Wayne. 

El argumento nos lleva a una historia clásica de deshonor del héroe y búsqueda de la recuperación del agravio, aunque Loeb nos conduce a un juego rocambolesco en el que la trama se va enmarañando conforme avanza. Cada vez se emplean más recursos para sorprender o crear un espectáculo visual que en muchas ocasiones sentimos falto de auténtica emoción, así como otras ocasiones en que directamente hay escenas innecesarias o bochornosas; sirva de ejemplo el -hasta cierto punto ridículo- desenlace del asteroide, con un final que debería haber resultado emotivo, pero donde falta empatía y sobra el aspecto de cierto robot. A su vez, como ya comentamos en JLA: Año uno, a veces se acumulan una serie de personajes en su mayoría desconocidos para el lector poco asiduo, que son expuestos solo para mostrarlos luchando. En este caso concreto, la obra se ríe de sí misma cuando el propio Superman afirma no conocer a uno de los villanos menores.


Por otra parte, el uso de otros superhéroes bien podría resultar más interesante de lo que en principio se propone, dado que se simplifica el posible debate que se podría dar en unos personajes que juraron defender el bien y se ven obligados por el gobierno a luchar contra otros superhéroes sin estar seguros de las razones que les lleva a ello. Con todo, se agradece la ligera reflexión así como el giro inesperado de los acontecimientos que se produce en ciertas ocasiones, sobre todo con la aparición de Shazam y Hawkman. Cabe mencionar que se emplea también el viaje en el tiempo como un recurso llamativo e importante en la trama, induciendo un punto sombrío y que los personajes duden sobre sus acciones, aunque al final no creo que se resuelva de la mejor forma posible.

Ahora bien, si estos son algunos de los puntos más dudosos de la obra, los mejores aspectos los encontramos en la relación entre Superman y Batman. La decisión acertada de Loeb de incluir sus voces interiores como narradores nos conduce a un humor natural surgido del contraste entre ambos personajes. Pero, además de sus diferencias, sirve para erigir una amistad basada en la comprensión y ayuda mutua. Incluso en los momentos más duros para ambos protagonistas, solo su colaboración les consigue sacar de apuros, lo que también supone decir que estos grandes superhéroes, aún estando juntos, acabarán teniendo problemas serios. Precisamente, destacan aquí las decisiones argumentales en las que observamos que su auténtico poder no reside tanto en los superpoderes de Clark o los cachivaches de Bruce, sino en el ingenio y astucia de ambos personajes para aprovechar los recursos de los que disponen juntos.


En definitiva, a pesar de que hay acción a raudales, lo que proporciona una personalidad única a Superman/Batman; Enemigos públicos es la unión de ambos caracteres de una forma tan natural y cómica, o incluso cuando llega el momento en que ambas personalidades parecen intercambiarse, dando lugar a un terrorífico Superman. Gracias a esto podemos disfrutar de un cómic sencillo con un dibujo atractivo obra de McGuinness, donde los recursos que podrían ser más densos acaban por resolverse de manera fácil, consiguiendo ser ligero y agradable. Pero sin llegar a convertirse en imprescindible.

Escrito por Luis J. del Castillo


Batman v Superman: El amanecer de la Justicia, de Zack Snyder

06 mayo, 2016

| | | 0 comentarios
Este análisis comenta cuestiones relativas al argumento y a detalles de la trama (spoilers).

La herida está tan reciente que resulta complicado hablar sobre esta película sin estar aún envuelto de esa corriente de reacciones negativas contra las que apenas encontramos algunas zonas de sosiego. No nos engañemos: cuando se extiende una opinión pública, aunque esté fundamentada, se puede llegar a olvidar cómo valorar aquello sobre lo que se opina de forma libre, sin influencias. Hay muchos problemas a los que enfrentarmos a la hora de abordar lo que ha sido Batman v Superman: el amanecer de la Justicia (2016).

En primer lugar, la lucha entre la expectativa y la realidad, o la realidad y el deseo que diría Cernuda, ese horizonte de lo que se espera de un producto y lo que al final afrontamos. Una película que unía a dos de los superhéroes más célebres del cómic y del cine era obvio que elevaría el ansia de los espectadores más acérrimos a este tipo de cine. Y esa ansiedad es una bomba de relojería, que estalla con facilidad si se maneja sin cuidado. Hay un claro ejemplo de esta circunstancia en la saga Star Wars, con la diferencia clara entre lo que sucedió con su retorno con el Episodio I (1999) y lo que ha ocurrido más recientemente con el Episodio VII (2015).

En segundo lugar, que ambos personajes ya tienen precedentes, no solo de sí mismos o de otros superhéroes (especialmente de Marvel) en cine, sino en el cómic. Muchos son los que han apreciado este arte donde estos personajes llevan una vida más rica y, por tanto, conocen o, al menos, creen conocerlos mejor. No es la primera vez que Batman y Superman se enfrentan y ahí se asentaba la idea de los más fanáticos del cómic, que como ha sucedido en tantas ocasiones con los lectores, se han tenido que enfrentar a esta adaptación (casi mejor, versión) que ha realizado Zack Snyder.

Zack Snyder junto a Henry Cavill
Snyder mantiene un estilo estético de tintes oscuros, con recursos preferentemente digitales puestas al servicio de la espectacularidad y una carrera que ofrece su visión en torno a obras del arte gráfico, como pueden reflejar 300 (2007), Watchmen (2009) o, incluso, Sucker Punch (2011), que sin estar basada en ningún cómic, mantiene la misma línea que el resto, incluyendo cierta influencia del anime. Antes de Batman V. Superman (2016) se encargó del reinicio de Superman con El hombre de acero (Man of Steel, 2014), que otorgaba un ambiente cercano al de la ciencia ficción junto a una simbología evidente, influenciado por otra parte por el estilo de Nolan a la hora de crear superhéroes más dubitativos; no en vano se contaba con el guionista David S. Goyer.

Esta creación de Superman en El hombre de acero prosigue en Batman v Superman observando las consecuencias de los hechos de esa película (algo similar a lo que ha sucedido con Capitán América: Civil War [Joe y Anthony Russo, 2016], que abunda también y precisamente en las consecuencias de los actos de los Vengadores en el mundo y del enfrentamiento de los superhéroes entre sí) y manteniendo un estilo coherente con lo ya mostrado, arrastrando así defectos y virtudes. Por contra, el otro coloso, Batman, es un personaje incipiente en su versión dentro de este universo cinematográfico, que será descubierto en esta película, al menos parcialmente.

Por otra parte, fuera del combate entre ambos personajes, previsible por el título, tenemos un subtítulo relevante: El amanecer de la Justicia, que orienta esta obra al futuro del DC cinematográfico con La Liga de la Justicia (cuya primera parte verá la luz en 2017) y que obliga a incluir ciertas subtramas. Un matiz relevante que comentaremos en nuestro análisis. No obstante, recalcamos, una cuestión relevante: en esta película, como en cualquier obra artística, existe una pugna entre las ideas que podemos percibir y la ejecución con la que se han desarrollado estas ideas. Por ello, aquí comentaremos ambos aspectos, dado que consideramos relevante destacar la calidad de gran parte de las ideas unidas a una ejecución deficiente, que lastra el resultado final. Volveremos a ello en nuestras conclusiones.

Batman, de Tim Burton

10 septiembre, 2014

| | | 0 comentarios
Una ciudad Gótica -en traducción latinoamericana- se nos presenta con el aspecto oscuro que esperaríamos de una sociedad degradada, lo que realmente representa Gotham antes de la aparición de un salvador tan oscuro como la ciudad: Batman. Tim Burton, por su parte, se ha relacionado de manera íntima con esa ambientación que tan bien supo recrear cuando recayó sobre sus manos el proyecto de Batman en 1989, donde dejaría su marca.

Batman junto a Tim Burton
Para entonces, Burton no era tan reputado como ha conseguido serlo de manera posterior, pese a que la crítica no ha visto con tan buenos ojos sus últimos films, tales como Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) o Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012). Sin duda, Burton se ha caracterizado por seguir unas pautas personales y, en cierto sentido, caprichosas, ejemplo de ello es su afición a ciertos actores fetiches, tales como su amigo Johnny Depp o la que fue su pareja, Helena Bonham Carter, pero también ciertas temáticas, como una figura paterna en conflicto con el hijo o las tramas alrededor de la Navidad (en este sentido, no podemos olvidar mencionar Pesadilla antes de Navidad de la que fue guionista y productor).

Estas dos últimas menciones no son azarosas: Batman como personaje siempre se ha caracterizado por su orfandad, debida al asesinato de sus padres en su presencia, aunque lo cierto es que Burton no explota la parte de Bruce Wayne, alter ego del superhéroe, en este sentido. De la misma forma, aunque no sea exactamente Navidad, Gotham celebra durante el film la fiesta de su fundación, alrededor de la cual sucederán los acontecimientos. Pese a lo que puedan pensar los espectadores actuales, más habituales a la acción y a los efectos especiales de las últimas superproducciones sobre superhéroes, esta película no guarda este patrón, sino que se asemeja más a las aventuras alrededor de gángsters, con la presencia de un avezado detective, con alta tecnología a su alrededor, que les sigue la pista; nos referimos a Batman.


La película explota con gran acierto la vida del archienemigo más célebre del héroe de los cómics, interpretado por un soberbio Jack Nicholson, quien concede veracidad a un frío y psicópata mafioso, mano derecha del capo que domina la ciudad, Grissom (Jack Palance). No obstante, un accidental encuentro con Batman convertirá a este mafioso, Jack Napier, en el villano Joker, que se hará con el poder de la mafia y sembrará el caos en la ciudad gracias al envenenamiento de los cosméticos y productos de higiene.

La macabra sonrisa de sus víctimas sirve para representar su eterna sonrisa, fruto de una herida producida por nuestro superhéroe. Una excelente secuencia la encontramos en el momento en que Joker descubre su desfigurado rostro tras la operación quirúrgica, donde la locura gana a la poca moderación que tenía el personaje antes.


En el lado contrario, poco sabemos de Batman: simplemente aparece como un rumor entre maleantes, hasta que su figura aparece con la capa desplegada, como si fueran alas. Sutiles guiños en un plano alejado durante una conversación entre ladrones nos permite verlo rodear la escena. Sus métodos, algo bruscos, sorprenden tanto por su capacidad marcial como por su imponente figura. 

Michael Keaton, que fue una elección controvertida en su momento al estar considerado como un actor de comedia, realiza un buen Batman, pero se queda escaso en el papel de Bruce Wayne, que parece un personaje ausente, en exceso ensimismado, algo que quizás no sea solo culpa de Keaton, sino de la poca presencia que el alter ego tiene en el film, que junto a la seriedad que se le quiere imprimir al personaje, fortalece la personalidad de Batman.


En realidad, no resultaría difícil adivinar su identidad por ese carácter y su forma de actuar. Debemos defender, no obstante, la ausencia del pasado de Wayne, salvo por referencias concretas y relacionadas directamente con la historia del film, ya que aligera la carga de la película, especialmente para la mayoría de espectadores que ya conocían y conocen a personaje.

En posición de dama en apuros encontramos a la periodista Vicki Vale, interpretada por Kim Basinger, que pese a presentarse como un personaje fuerte, sobre todo en contraposición con el denostado Alexander Knox (Robert Wuhl), acaba cayendo en el perfil de la mujer en manos del villano, esperando el rescate del superhéroe. Perfiles básicos y clásicos que no son malos a priori, pero que no funcionan bien cuando se ha intentado presentar al principio la imagen de una mujer valiente y atrevida. Por otra parte, podemos destacar la actuación de Michael Gough como un mayordomo Alfred pendiente a todo, colaborando con sigilo y buen hacer.


No faltan en este film la cuestión de los sobornos y los chantajes, especialmente entre la policía y la mafia, aunque la película deja poco espacio al comisario Gordon y al resto de personajes relevantes. Gracias al ambiente siniestro empleado por Burton, de colores oscuros, la representación de la industria con sus humos y el único colorido proporcionado por el Joker, principalmente el verde, la realidad de Gotham recuerda a la corrupción del ser humano.

No es esta historia la presentación de un super-hombre contra el mal abstracto, sino que nos presenta una historia creíble y muy bien planteada en la creación del villano. Una vuelta de tuerca pretende enlazar el pasado de Bruce Wayne con el Joker, obteniendo así una motivación personal, aunque muy forzada, bajo la fórmula de una rocambolesca pregunta: Dime una cosa, amigo mío. ¿Has bailado con el demonio a la luz de la luna?


Tim Burton acertó en su planteamiento, pese a todas las críticas que obtuvo durante su producción: Batman no es un personaje de fantasía, es un hombre real. La ambientación, la selección de las historietas en que se basa el film y un guión que sigue la línea del género negro, aunque desde la perspectiva del criminal, obra de Sam Hamm y Warren Skaaren, lograron este resultado digno y entretenido. Gotham se ve como una ciudad oscura, representación de cómo son sus ciudadanos corruptos por el entramado mafioso.

Su ambientación también nos recuerda a Blade Runner (Ridley Scott, 1982), y ambas, sin duda, tienen una herencia, que merece esta mención, de Metrópolis (Fritz Lang, 1927), de esta última Burton recoge e imita algunas tomas para su recreación de Gotham. También de Orsen Welles bebe el director para varios elementos de la película, como el policía corrupto o la torre que sirve de escenario final. No en vano Burton rinde homenaje a través de la recuperación de elementos del cine que admiraba, lástima que sus últimas películas sigan otra senda.


Su éxito en taquilla produjo el interés por las secuelas, lo que acabaría por degenerar la franquicia hasta el tremendo fracaso de Batman y Robin (Joel Schumacher, 1997), dejando al personaje en el olvido cinematográfico hasta que Christopher Nolan lo recuperó con Batman begins (2005). No obstante, ni un hecho ni el posterior reinicio de la franquicia deben hacernos olvidar esta obra, que sin duda disfrutaron los espectadores en su momento y que, pese a sus defectos, especialmente en la estructura del guión, sigue siendo disfrutable, ofreciendo un tono sombrío y una perspectiva alejada de la que se ha instalado entre los superhéroes actuales, aunque estas películas sean herederas de la puerta que abrió en 1989 Batman.




Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717