Noticias: Próximamente en BdC

31 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
Desde la Plaza Bib-Rambla (fotografía de MB)
Han florecido en este mes de mayo entradas de diversos ámbitos, predominando el cine y la literatura en sus variadas facetas. Un mes que desciende poco en artículos, lo que ha resentido un poco las visitas, pero minímante. Hemos recuperado los números de marzo, en torno a los 16.500 visitantes, habiendo superado ya los 400.000, que alcanzamos el pasado 15 de mayo. Sobre nuestros seguidores, damos la bienvenida a dos nuevos en Blogger, con 122 totales, y nos mantenemos en nuestro Twitter con 212. En Facebook alcanzamos los 51 me gusta, creciendo poco a poco, pero sin pausa.

Proseguimos con los Clásicos Inolvidables, cuya cifra se eleva en 28 gracias, entre otras entradas, a Historia de una escalera o El lobo estepario. Sin embargo, también estamos de actualidad, de eso se ha encargado MB con El regreso del joven príncipe o La vida iba en serio. Otros ámbitos más apagados son la música, que ha contado la voz y las letras de Ismael Serarno, así como el cine, que se lleva tres entradas este mes, entre ellas nuestro pequeño homenaje a Alfredo Landa con Las verdes praderas.

Cerramos pues este mes primaveral para dar paso a junio, que traerá consigo el inicio de los meses estivales. Como siempre por estas fechas, pedimos disculpas si desciende nuestra actividad, pero los exámenes universitarios nos esperan y estaremos ocupados. Sin embargo, procuraremos nuevas entradas, algunas ya están en elaboración. Volverán los clásicos literarios y el cine, y seguramente en julio y, sobre todo, en agosto, disfrutaremos como cada verano de nuevas lecturas refrescantes.

Un saludo,
L.J.

PD: Si hace unas horas os hablábamos de la faceta como director de Mario Viñuela, ahora os traemos a su grupo El patio de tu casa, con un videoclip realizado también por él.



"Si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado."
                  -Stanley Kubrick

En tres, dos, uno... (X): Cortos de Mario Viñuela

| | | 1 comentarios
Nos alejamos de las temáticas de esta sección para centrarnos en la figura del joven director Mario Viñuela. Con una trayectoria ascendente, entre el arte cinematográfico y la música, ha trabajado como director, productor, compositor, guionista y editor, pero hoy nos fijaremos en su faceta de creador de cortometrajes, donde podemos observar un sello personal que goza de una sensibilidad especial. Recorreremos tres de sus obras creadas entre 2008 y 2011.

Mario Viñuela en El Umbral de las Emociones (fotografía de Miguel Prado)

En cada uno de ellos Viñuela se introduce en la psique de sus personajes, en la cuestión sentimental de cada uno de ellos, en la problemática que rodea a las relaciones. Con una técnica que podríamos catalogar de poética, con una combinación de palabras y música exquisita, y transmitiendo a partir de estos retazos de historia una reflexión más allá del metraje. Esperamos que disfrutéis de estos cortos y, si queréis saber algo más del director, os invitamos a ver su página web.


Corto:  
Inevitable
Dirigido por Mario Viñuela.

Comentario:
La relación entre Alberto y Alicia queda establecida en palabras sueltas de un diálogo atemporal que conforman casi un poema y dos conversaciones en una cafetería donde se confrontan la inquietud de Alicia, que no logra expresarse, y la expectación de Alberto. La expresividad de los actores, Alfonso Mendiguchía y Rut Santamaría, es de destacar, especialmente las miradas de Rut como Alicia.

El monólogo de Alberto frente al ordenador ofrece las claves del cortometraje, junto a sus últimas intervenciones y la escena de la playa. Un corto donde destaca la palabra siempre, a compás de una música que acompaña perfectamente a la imagen.


Corto:  
Nostalgia

Dirigido por Mario Viñuela.

Comentario:
De esta tríada, seguramente, el más dramático, y el único en inglés. En plena situación de crisis, Thom decide llamar a su madre sin saber, realmente, qué decir. Entre mentiras y medias verdades, se deja entrever que el blanco y el negro de la escena se traduce también en el propio estado del protagonista, interpretado por el popular vloggero JPelirrojo. Cuando una persona vive en un país ajeno puede pasar por varias fases, desde el gusto por todo lo que le rodea hasta el más puro odio, este cortometraje se balancea entre ambos factores, tornando el odio en tristeza, en nostalgia, en pérdidas. La crisis golpea y hace incomprensible la situación al protagonista, que observa cómo sigue teniendo una posible vida en su pueblo natal, con personas que le quieren, pero que ello supondría renunciar a sus sueños, al proyecto de vida que había creado. Un velo de silencio se despliega en el llanto final, cuando comprende que ha fracasado aún cuando no sabe de quién ha sido la culpa.



Corto:  
El color de las cosas
Dirigido por Mario Viñuela.

Comentario:
A través de la voz en off nos guía el cortometraje por un recorrido sinestésico que relaciona sentimientos, recuerdos, con colores, con formas. Sin ninguna actuación, el director ha procurado descendernos desde un estado de ánimo a otro y retornar finalmente a la felicidad de los colores. Solo con palabras e imágenes y colores, consigue su objetivo. A veces con un monólogo que flaquea, aunque la composición está bien realizada y lograda. Y la reflexión final se acompaña de todas las experiencias de este experimento cromático, donde el blanco y el negro se ha dejado para una mala situación, como en Nostalgia.


Escrito por Luis J. del Castillo


La vida iba en serio, de Jorge Javier Vázquez

30 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
«Desde muy pequeño me convertí en un maestro en el arte de escuchar, puesto que yo no podía contarle a nadie nada de lo que sentía. Si es verdad que la infancia es la patria de cada uno, yo soñé desde muy pequeño con el exilio»

La vida iba en serio nos presenta, de manera autobiográfica, a un Jorge Javier Vázquez muy alejado de la perspectiva que muestra frecuentemente en televisión. Natural de Badalona, trabajó durante un tiempo en la conocida revista de adolescentes Super Pop, y como redactor en la revista Pronto, la más vendida de España. No sería hasta 1997 cuando conseguiría un hueco en nuestras pantallas de la mano de Rosa Villacastín y Ana Rosa Quintana en el programa Extra Rosa, de Antena 3.

A partir de ahí, su carrera profesional ascendió de forma vertiginosa, siendo presentador de programas tan famosos y, a su vez, criticados como Aquí hay tomate, Hormigas Blancas o Sálvame, todos ellos en Telecinco

Desde abril de 2012 conduce el programa Hay una cosa que te quiero decir, un emotivo programa de reencuentros e historias en el que el presentador nos muestra una faceta más profesional y sutil a la habitual, alejado de asuntos de la prensa rosa. 

En esta historia nos situaremos en un Madrid de mediados de la década de los noventa. Jorge, un joven de 25 años, será protagonista del sueño que cualquier estudiante universitario anhela: un trabajo estable, una vida independiente y un sinfín de dichas y desventuras en una ciudad tan carismática como la capital, que aún daba los últimos coletazos de su mítica movida de los ochenta. Pero todo cambio no siempre es fácil, y es por eso que debe dejar a un lado su anterior vida: su barrio de San Roque, su familia y una historia interior cargada de miedos, desilusiones y preguntas sin respuesta.

Jorge da rienda suelta a sus vivencias y recuerdos sentado en un banco de una plaza madrileña, sin atreverse a abrir todavía la puerta de su piso alquilado, con miedo a empezar una nueva vida por no haber cerrado  aún heridas del pasado. Pero poco tardaría en enfrentarse a esa nueva etapa. Su trabajo como periodista le abrirá puertas tan importantes como la de su nuevo hogar; le dará la oportunidad de sentirse libre en una ciudad que sentirá como propia; conocerá a personajes famosos, periodistas y, lo más importante, amigos para toda la vida que le brindarán la confianza para ser él mismo por primera vez y desprenderse de tapujos y vergüenzas, sobre todo respecto a un hecho que ha intentado ocultar desde su adolescencia: su homosexualidad.


Aunque en la novela hay un narrador protagonista, el propio Jorge Javier, en algunos capítulos será la voz de su padre o su madre los encargados de contar su propia visión de la historia. Sin duda, constituyen las partes claves del libro, cargados de sentimiento, espontaneidad y costumbrismo propios de unos padres sinceros y humildes. También, hay que destacar las partes dedicadas a sus padres a través del propio protagonista, quien, con delicadeza y en tono contenido, es capaz de emocionar, de transmitir ese sufrimiento del pasado y de aportar dramatismo, todo ello sin llegar a ser irritante. Por otra parte, el autor se ayudará de numerosos flashbacks para explicar cada sentimiento o suceso de la actualidad con lo vivido en su juventud, algo que para el lector quizás se trate de la unión de muchos episodios inconexos que hasta el final no encajan entre sí. En ellos encontraremos sátira y muchísimos toques de humor ácido y picante, como ya en televisión ha demostrado en numerosas ocasiones. Coloquialismos mezclados con expresiones cultas (o, a veces, malsonantes) harán que el estilo de la novela sufra continuos altibajos.


Vista panorámica de Badalona, ciudad natal de J.J. Vázquez

Para adentrarse completamente en la historia y dejarse llevar por ella, debemos dejar al margen el personaje mediático y televisivo que envuelve al presentador y autor de esta novela. Aunque nos sea reacio su comportamiento, es cierto que su libro está dando bastante de qué hablar, además de ser todo un fenómeno de ventas en los últimos meses y un destacado dentro de la actualidad literaria. Veremos que tras el espectáculo se esconde una persona con sus virtudes y defectos, y que, pese a toda la suerte que le ha acompañado, su vida no ha sido tan fácil como aparenta.

«Porque mis miedos me los he comido solo, tumbado en mi habitación escuchando música o leyendo, leyendo sin parar todo lo que caía en mis manos»

Jorge Javier junto a su madre
Fruto de ese amor que le procesa a la literatura decidió estudiar Filología Hispánica. Además, el autor nos deja numerosos guiños a dicho arte, como el propio título de la novela, extraído del poeta Jaime Gil de Biedma, y quien, al igual que Jorge Javier, tuvo una vida muy marcada por su homosexualidad. Titulado No volveré a ser joven, resume completamente la esencia que Jorge ha querido transmitir en su novela y que coincide con el carácter que el propio autor desprende.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

No volveré a ser joven, de Jaime Gil de Biedma


La vida iba en serio completa un círculo desde su inicio hasta su fin. La novela termina exactamente igual que empieza, cerrando perfectamente la trama del relato. Sin embargo, comprobaremos que el significado de una misma situación es totalmente distinto dependiendo del momento y las circunstancias que a nuestro alrededor tengamos, dando lugar así a un final esperanzador y de superación. 

Evidentemente, La vida iba en serio no es una obra maestra de la literatura, pero sí es una novela acertada y digna dentro del panorama actual, considerando además que se trata de la primera obra de un autor novel. Sin duda, podríamos resumirla como divertida, emotiva y muy explícita.

Por otra parte, el principal problema que se le puede presentar a su autor es que, debido a su polémica trayectoria televisiva como ya hemos destacado, le será difícil atraer a diverso público y, más aún, ser valorado exclusivamente como escritor, algo que podría ir en su contra si decide continuar en este ámbito. Por eso, es recomendable leerla sin ningún tipo de prejuicios, para poder así opinar y catalogarla apropiadamente.

En resumen, la primera novela de Jorge Javier Vázquez ha sido un fenómeno social, comprensible gracias a la expectación generada y a la incesante campaña televisiva que le rodea.

Pero en dicha historia se esconde algo más, la historia de un joven que empezó humildemente a ganarse la vida y a saber disfrutar al máximo de ella. La historia de cómo saborear la libertad de la independencia sin olvidarse de los seres más queridos. Un canto a la nostalgia, al amor incondicional y a los sentimientos de culpabilidad tras una vida de silencios entre un padre y un hijo.


Escrito por Mariela B. Ortega


Clásicos Inolvidables (XXVIII): Cuentos de La Alhambra, de Washington Irving

27 mayo, 2013

| | | 1 comentarios
Washington Irving
Toda nación reclama sus propios modelos artísticos, sobre todo en aquellos momentos en que se está edificando y tratando de adquirir una entidad definida. La cuestión está en saber incorporar las inevitables influencias exteriores sin comprometer por ello la propia idiosincrasia, puesto que toda cultura no es ajena a todo tipo de influjos. Así ha venido ocurriendo en América del Sur desde los tiempos de Andrés Bello, y en Norteamérica, en una época apasionante que coincidió con nuevos desarrollos técnicos y un sinnúmero de descubrimientos científicos. Se trata de un proceso lento que se construye con cada ladrillo cultural.

A Washington Irving (1783-1859), pese a completar unos estudios de abogacía que nunca le llamaron la atención, de igual modo que no le interesaron durante mucho tiempo los negocios familiares, centrados en el comercio del vino y el azúcar, se le puede considerar con toda justicia uno de esos referidos puntales. Su carrera como escritor comenzó como mordaz articulista social a comienzos del XIX, centrándose principalmente en los comportamientos sociales, con especial incidencia en la clase política.

En 1812, con motivo de la nueva confrontación con Inglaterra, Irving se traslada a la capital americana, Washington, en representación del negocio familiar, y donde aprovechó para ejercer labores como editor durante dos años. Es en este periodo donde emerge un talento “puramente literario”, con las debidas influencias, como las de su amigo Walter Scott, pero finalmente “personal”.

Washington Irving tuvo la suerte de viajar bastante, lo que a la larga definiría su temática y cimentaría su estilo como agudo observador. Cinco años en Inglaterra, seis meses en París, vuelta a Inglaterra, una estancia en Alemania que se corresponde con sus Tales of a traveller (1824, en dos volúmenes); y por fin, su anhelado viaje a España, de 1826 al 29, concretamente, hasta su nombramiento como secretario en la embajada norteamericana de Londres, cargo propuesto por el propio presidente Andrew Jackson.

Leones de La Alhambra (fotografía de LJ)
Hubo un segundo viaje a España, siendo ya embajador (de 1842 al 46), pero la situación política resultó demasiado inestable y los años de ensoñación parecían haberse evaporado entre los humos de la política “angosta” de Isabel II.

Debe tenerse en cuenta, además, que la condición de soltero de Washington Irving le evitó los típicos trances familiares y a la larga le permitió una independencia económica que el escritor supo aprovechar al máximo.

Entre las obras más reconocidas del escritor de Manhattan destacan A story of New York (1809), una deliciosa serie de artículos, ensayos y relatos, y The sketch book of Geoffrey Crayon, Gent (1819), nueva recopilación, esta vez de ficción, en la que destacan los muy populares relatos Rip Van Winkle y La leyenda de Sleepy Hollow (de los que nos ocuparemos en nuestra siguiente entrada).


En España, Irving concretó la traducción de una Historia de la vida y los viajes de Cristobal Colón (1827), junto a Legends of the conquest of Spain (1835) y, naturalmente, los Cuentos de La Alhambra (aparecidos finalmente en 1832, y que contaron con una edición posterior, revisada por su autor, en 1851). A estos siguieron otros trabajos como Astoria (1836) o The adventures of Captain Bonneville (1837).

Suele citarse a la autora de la bella –y trágica- La gaviota, Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), como instigadora de los Cuentos de La Alhambra. Irving recordaba como la joven escritora siempre le animó a poetizar la realidad sin alterarla (bella definición romántica). El caso es que tras cumplir con sus obligaciones laborales y literarias en Madrid, en compañía de su hermano Peter, Washington Irving pisó por fin La Alhambra por primera vez el diez de marzo de 1828. Allí tomó contacto con lo que él llamó los “hijos de La Alhambra”, refiriéndose a aquellos que habían nacido dentro de los muros del Palacio; entre ellos, entabló una cordial relación con el joven Mateo Ximénez, de diecisiete años, “mi desarrapado filósofo”, compañero, guía, y fuente inagotable de multitud de chascarrillos y relatos.

Grabado de La Alhambra de David Roberts

Pero junto a los valiosos relatos orales, Irving tuvo acceso a una buena documentación histórica. Su estancia en el país queda bien reflejada a través de sus relatos, cartas, diarios y su autobiografía. Por ellos sabemos, por ejemplo, que el gobernador de La Alhambra, Francisco de Serna, le ofreció alojamiento dentro del Palacio, el inigualable enclave en el que el autor permaneció durante cuatro meses.

En Cuentos de La Alhambra (Tales of The Alhambra, o The Alhambra, como también se tituló en alguna edición posterior) cobra fuerza la suma entre las reflexiones de carácter histórico y el placer de las historias puramente fantásticas, si bien todo el conjunto (cabría decir que monumental) aparece englobado en el ámbito maravilloso de la leyenda, en un tiempo mágico y mítico en el que Irving acabó, como todo buen artista, “imprimiendo la leyenda” con letras de oro.

Comienzan los Cuentos de La Alhambra con El viaje, relato de su llegada a la península y descripción de su paisaje (un itinerario que parte de Sevilla), en este caso acompañado por el joven guía Bautista Serrano, de Écija. Seguidamente hallamos su Descripción de La Alhambra, donde ya aparece el dicharachero Mateo Ximénez. Estos pasajes descriptivos, bañados por el romanticismo, se completan con otros episodios de corte histórico, como El palacio de La Alhambra, El salón de Embajadores, El Patio de los Leones, Los Abencerrajes, La Torre de las Infantas, El Generalife o una descripción de los famosos baños… Por las páginas de la obra desfilan, ya calladamente, las historias de Alhamar, de Yusuf, de Boabdil…

Grabado de La Alhambra de David Roberts

Acomodándose en La Alhambra (El trono de Boabdil) y Moradores de La Alhambra conforman una divertida digresión sobre los habitantes del Palacio y el carácter hispano, que se completa con un comentario sobre las fiestas del Corpus Christi en Granada y una introducción a las leyendas locales. Nos vamos adentrando en el ámbito de lo legendario. Además, conoceremos al auténtico Truhán de La Alhambra, un tórtolo al que cuidan los lugareños en una de las habitaciones y que siempre que tiene hambre regresa.

Pasajes magníficos lo constituyen los paseos –también nocturnos- por las colinas, con Mateo, o hasta la Torre de Comares, más las impresiones de Irving desde las habitaciones del jardín de Lindaraja o el Peinador de la Reina. Además, el autor se lo pasa bomba contemplando a la gente e inventándose historias con su telescopio portátil desde un balcón (en El balcón). ¡Todo sazonado por la leyenda del fantasma El Belludo!

Igualmente destacan, ya dentro del ámbito de lo fabuloso, La aventura del albañil y el tesoro, La leyenda de la Casa de la Veleta, o la del astrólogo árabe, en la que no faltan los amuletos, ciudades invisibles a los mortales, una bella cautiva, los símbolos de la Puerta de la Justicia, y hasta una torre edificada con piedras, transportadas desde el mismo Egipto.

Grabado de La Alhambra de David Roberts
Otro extraordinario relato con ingeniosas dosis de humor es La leyenda del legado del moro, donde un pobre aguador de los aljibes recibe una inesperada recompensa al socorrer a un moro.

Y cómo pasar por alto La leyenda de las tres bellas princesas, relacionada a su vez con La leyenda de la rosa de La Alhambra, situada ya en tiempos de Felipe V, en la que un paje real corteja a una doncella.

El misterio cobra carta de naturaleza en el ejército musulmán hechizado de El gobernador y el soldado, y en la Leyenda de las dos discretas estatuas, ninfas “mudas” que señalan un tesoro, rodeadas por los seres encantados que habitan La Alhambra. También hay cabida para una crítica amable a la fe “ciega” (La cruzada del gran maestre de Alcántara), o a los dramáticos resultados de una lucha entre antiguos amigos en La leyenda de don Munio Sancho de Hinojosa.


Otro gran relato de la obra es La leyenda del soldado encantado, en el que el alegre estudiante Vicente llega a Granada durante la víspera de San Juan, y tiene que vérselas con fantasmas, tesoros y amuletos, puesto que todavía impera el mundo de lo arcano frente a la frialdad de un racionalismo creciente.

Edición de Cátedra
En La leyenda del príncipe Ahmed Al Kamel, o el peregrino del amor, el susodicho padece encierro en el palacio del Generalife, por mor de una profecía, hasta que al fin alcanza la libertad. Así, el príncipe llegará a relacionarse y conversar (como en una de las obras maestras de Disney) con un búho y un loro. Un relato inolvidable de humor pimpante y final feliz, donde destaca el tratamiento sobre paisajes y personajes, en una atmósfera de ruinas románticas que sostienen todo el relato.

La edición de Cátedra, a cargo de J. A. Gurpegui, recoge el texto, más completo, de 1851, y se beneficia, como suele ser habitual, de un estudio imprescindible sobre la obra y su autor. Un espíritu melancólico, inquieto en cuanto a conocer nuevas culturas, no correspondido en el amor (el de juventud falleció joven, el de madurez topó con el rechazo), pero efervescente de imaginación. En Cuentos de La Alhambra de Washington Irving hallamos la ficción medida de los acontecimientos históricos junto a lo mejor del genio romántico. Aquel que propone entre el sueño y la realidad, el ideal de la ensoñación.

Escrito por Javier C. Aguilera "Patomas"



Clásicos Inolvidables (XXVII): Historia de una escalera, de A. Buero Vallejo

26 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
Nos situamos a finales de la década de los cuarenta en la España de la dictadura franquista, tras momentos de profunda miseria y represión, para adentrarnos en un género, el teatro, que siempre se ha visto obligado a las circunstancias de la situación social de una forma más acusada que la lírica o la narrativa. En las salas se siguen estrenando obras de maestros del pasado, como Jacinto Benavente (1866-1954, Nobel en 1922), que ya había triunfado a principios de siglo con obras como Los intereses creados (1907) o La malquerida (1913), además de seguidores de la corriente benaventista, con la comedia burguesa, que producían obras bajo la ideología franquista, como Ignacio Luca de Tena (1897-1975). Junto a esta corriente, corría paralela otra forma de hacer teatro buscando la evasión, tocando temas desde el humor, crítico, como el de Miguel Mihura (1905-1977) o no, como el caso de Jardiel Poncela (1901-1952), que ha pervivido mejor en el tiempo, o bien el teatro desde el exilio, que no llegaba a España, ya fuera tan poético como el de Alejandro Casona (1903-1965) o más comprometido políticamente como el de Max Aub (1903-1972).

Antonio Buero Vallejo
En medio de estos movimientos teatrales internos del país, surge Historia de una escalera, el acontecimiento teatral de la época, obra que afronta la realidad española y las dificultades a la que se enfrentaba la sociedad en esos años. Antonio Buero Vallejo (1916-2000) se situó en primera línea de la evolución literaria en el país, regresando a la literatura tras haberse dedicado a dibujar durante los años anteriores. Esta obra, estrenada en 1949, supuso una revolución que fue admirada por los intelectuales de la época, aunque con los años superaría este estreno con su otra gran obra maestra, El tragaluz (1967). Sin embargo, aunque su trayectoria es superior a este estreno, debemos apreciar el arte literario que desplegó en Historia de una escalera y la importancia que supuso como aldabonazo para el realismo social que sacudió el teatro de los años cincuenta.

La obra se distribuye en tres etapas, haciendo un recorrido por treinta años de historia de un edificio modesto donde habitan familias de clase baja. A través de las puertas de las casas, los rellanos o casinillos y la escalera se irán descubriendo las vidas de los habitantes de este lugar, con el mudo testigo de los escalones que tanto tiempo han ido subiendo o bajando.

Dividido en tres actos, el primero se puede situar alrededor de 1919, el segundo diez años después y finalizando en los años cuarenta. Aunque hay una historia principal, la obra recoge la tradición del sainete, con un conjunto coral que sirve para reflejar a las clases bajas y la situación del país, pero evitando el chiste o las caricaturas de estos personajes populares.

De esta forma, la introducción del primer acto nos sitúa ante la problemática económica, con el elevado coste de la electricidad (cuestión que aún sigue vigente, por cierto), el segundo acto con la reflexión alrededor de la muerte y el paso del tiempo, y un tercer acto con el desprecio hacia las clases bajas de una sociedad nueva, el problema generacional e interclasista. Buero experimenta a través de sus personajes, otorgándonos un análisis realista de los mismos. Así pues, nos fijaremos en los que podemos considerar como personajes principales: Fernando y Urbano.

El primero es un joven apuesto que atrae las miradas de todas las chicas del vecindario, de carácter soñador, pero poco trabajador. Anhela un ascenso social en solitario, forjando para ello una serie de proyectos que no será capaz de llevar a cabo. Su ilusión es casarse con la mujer que ama, Carmina, y cumplir esos sueños, aunque se traicionará por alcanzar sus objetivos dejando de lado sus sentimientos.

Frente a él, Urbano, que se erige como su amigo desde el inicio, presenta un carácter más realista, unido al papel de los sindicatos, basando su ascenso social en la solidaridad. Sin embargo, es incapaz de realizar también sus propósitos, más dado a las amenazas y a las palabras que a la acción real. Ambos, aunque compañeros y amigos en un principio, tendrán una relación tensa que se intensificará después de sus matrimonios. Realmente, la traición que ambos ofrecen a sus sentimientos, junto al carácter que ambos imprimen en sus actos, marca su futuro, el que vemos culminando en el tercer acto.

Al otro lado, tenemos a Carmina y Elvira, una que caracteriza todos los valores positivos y que también se traicionará, sufriendo por ello, mientras que la otra conlleva consigo todos los rasgos negativos, presentada com una chica malcriada y caprichosa, que será infeliz precisamente por obtener lo que desea. Fernando y Carmina se habían prometido una vida juntos, pero como la leche derramada en el primer acto, estas promesas se disuelven, cayendo por los escalones del escenario. Al final, en el tercer acto, queda la nostalgia en forma de unos hijos que dejan la puerta abierta al futuro, aunque las presiones familiares, cual Montesco y Capuleto, recaigan sobre ellos, así como las miradas cruzadas y nostálgicas de sus padres.

Adaptación teatral con Asunción Sancho, Gabriel Llopart y Elena Salvador
Buero Vallejo deja al final la puerta abierta al optimismo o al pesimismo, a elección del espectador, en quien recae la responsabilidad de asumir esa respuesta dentro de la "apertura trágica" del teatro del guadalajareño. Por otra parte, la escalera es un lugar donde subir o bajar y todos los personajes tienen aspiraciones elevadas, aspiraciones que no se cumplirán, siguiendo estando atados a esa casa, a esa escalera, que los sitúa en la estabilidad del fracaso. No perdamos, sin embargo, la esperanza, pues realmente la tragedia que observamos en Historia de una escalera es fruto de las decisiones equivocadas de sus personajes, por lo que el espectador queda invitado a tomar conciencia de su propia vida y de sus decisiones, para no acabar mirando al pasado y saber que, finalmente, se han perdido los años subiendo y bajando a la misma escalera de sueños incumplidos.

Escrito por Luis J. del Castillo


Para el sábado noche (X): El extraño, de Orson Welles

24 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
En El extraño (The stranger, RKO, 1946) confluyen varios talentos, orquestados por el genio de Orson Welles. Por ejemplo, la personalísima fotografía de Russell Metty, la labor impecable de todos los intérpretes, la producción de Sam Spiegel (bajo el acrónimo S. P. Eagle), la música de Bronislaw Kaper o el montaje de Ernest Nims. Además, parece ser que parte del guión fue escrito por John Huston (no acreditado). Todos estos elementos se cohesionan para ofrecernos un más que disfrutable relato de intriga en la línea de la caza del gato y el ratón (perfecto para nuestros fines de semana cinéfilos).


Del Comité Aliado de Crímenes de Guerra parte Mr. Wilson (Edward G. Robinson) con el fin de desenmascarar a un peligroso criminal del que se conoce su destino, pero no su aspecto (no han sobrevivido documentos gráficos del mismo). Las pesquisas de Wilson le conducen hasta Harper, en Connecticut, donde el policía y miembro de la comisión tratará de averiguar bajo qué identidad se esconde el homicida evadido.

Y es que dicha población tiene, como suele decirse, al enemigo en casa. Concretamente se trata del criminal de guerra e “ideólogo” Franz Kindler, ahora Charles Rankin (Orson Welles), que ejerce como profesor en la escuela pública: qué mejor lugar para moldear a capricho la historia; en efecto, el adoctrinamiento es siempre el primer paso, y en este sentido, resulta modélica la definición del nazismo que el propio Ranking ofrece a la familia Longstreet y a Wilson. Estamos, por tanto, ante un relato sobre personajes infiltrados entre nosotros, con el fin de minar la convivencia, o en el peor de los casos atentar; asuntos de triste actualidad.


El extraño supone un auténtico festival Welles: desde el sincretismo marca de la casa, como el detalle de la pipa rota que en un principio identifica al Sr. Wilson, pasando por travellings y grúas (juntos o por separado), el empleo del fuera de campo, expresivos picados y contrapicados, claroscuros y proyección de sombras (impecable labor de Metty), planos cenitales, y el sabio manejo de la elipsis, por el cual somos testigos, más que de la rapidez, de la facilidad con que Kindler se desenvuelve / introduce dentro de la comunidad en la que se desarrollará la acción. La familiaridad mostrada en el drugstore-cafetería del pueblecito será buen escenario de ello.

Orson Welles no desperdicia una sola imagen, proporcionando toda la información posible en un plano, sin necesidad de fragmentarlo (entonces se tenía al espectador como alguien inteligente). Un buen ejemplo lo hallamos en la entrevista que Charles mantiene con Konrad Meinike (Konstantin Shayne) en el bosque, o también durante el (segundo) juego de damas con el señor Potter (Billy House) en el drugstore: la mirada de Kindler lo abarca todo, especialmente la entrada a la iglesia que tiene en frente y que puede controlar a través de una ventana.


Otros momentos excelentes a destacar son el descubrimiento de Red, el perro, en el bosque, el cual coincide con un sobresalto de Wilson, como si ambos “sabuesos” estuviesen conectados. O el encadenado que muestra a Charles cavando en el jardín tras la ceremonia nupcial, que a su vez muestra el estado de excitación y paranoia del criminal. O la conversación con Mary (Loretta Young) en el interior de la iglesia, donde se juega con el referido fuera de campo, denotando que las afinidades de los Rankin están ya tan separadas, que no aparecen juntos en el plano hasta el final, y en penumbra. Además, junto a los elementos cinematográficos anteriormente citados, destaca de igual modo el empleo del sonido por medio del viento o el “implacable” mecanismo de un reloj.


Tal y como está narrado El extraño, se establece un juego de complicidades que se traslada al público: al presentar desde un principio la verdadera identidad de Charles Rankin (ergo Franz Kindler), el espectador es participe de las estrategias y dobles sentidos que les acontecen a los principales protagonistas. Este novedoso punto de vista se centra, por tanto, no en descubrir la identidad del asesino, sino en dilucidar cómo será atrapado, si es que lo es. Un suspense cuyo desenmascaramiento tendrá por responsable, irónicamente, a un prejuicio (que naturalmente no desvelaremos). En El extraño, Orson Welles demuestra continuamente que acción no es confusión visual.


Escrito por Javier C. Aguilera



Publicidad No-Subliminal (XXIV): Campañas estivales de moda

22 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
Por fin la primavera ha entrado de lleno y cobran sentido todas esas prendas ligeras, con prints florales y colores vivos que llevamos deseando ponernos desde principios de año. Ahora llegan, además, los primeros avances del verano en forma de fotografía y spots. 

Marcas como Louis Vuitton o Chanel ya han adelantado sus campañas, donde podemos ver algunos de los diseños más codiciados por la industria de la moda. Además, podemos ver que dichos anuncios están protagonizados por muchas de las grandes modelos del momento, como Cara Delevingne, y debutantes muy jóvenes, como el pequeño Romeo Beckham. También las hay que no faltan a su cita con la moda a pesar de llevar trabajando en ella durante décadas, como Kate Moss, que pone color al verano con su último trabajo para una firma de cuidado solar.

Aquí os descubrimos las mejores campañas de la primavera-verano 2013 para que tengáis una idea de las tendencias que se nos avecinan y preparar vuestra wishlist para el momento estival.


La chica del momento, Cara Delevingne, protagoniza la campaña de la marca de ropa DSquared2, dirigida por Senio Zapruder. Muy sexy y con una puesta en escena que nos recuerda a la estética de las series de los 90, es una de las mejores campañas de las próximas colecciones.

En la siguiente campaña descubrimos a un joven prometedor. Con unos padres como Victoria Adams y David Beckham, su precoz incursión en el mundo de la moda y la publicidad estaba más que predestinada. Romeo Beckham, con tan sólo diez años ya ha debutado como modelo de una prestigiosa marca como lo es Burberry. Como vemos en las fotos, solamente es un niño que se lo pasa bien aparentando ser ya todo un adulto gracias, en gran medida, a su atuendo. Posando para Mario Testino, esta es la nueva campaña que Burberry nos ofrece para los más jóvenes. 

Además, Cara Delevingne y Romeo han posado juntos para la misma campaña de Burberry, demostrando que son las caras del momento en el mundo de la moda. Como podemos ver, el niño ya apunta maneras ante la cámara.


Después de protagonizar las campañas de moda de Mango 2008-2009, Penélope Cruz vuelve al panorama de la moda de la mano de Loewe, controvertida marca que ya tuvo polémica el pasado año tras mostrar el lado más superficial de la firma gracias a los protagonistas de su anuncio. La actriz, que ya ha sido el rostro de otras muchas firmas, declara estar muy orgullosa con esta propuesta en particular. Le resulta especial porque se trata de una marca española nacida en 1846, con oficinas en su país natal, y con productos hechos por artesanos españoles. Así mismo, piensa que Stuart Vevers, creador para Loewe, es un gran acierto para la firma y uno de los mejores diseñadores del mundo.


Ya podemos ver el primer resultado de una colaboración que durará tres temporadas. Unas fotografías tomadas en el Palacio del Marqués de Villafranca de Madrid, en las que la actriz, enmarcada en la majestuosa construcción, nos muestra la colección primavera-verano 2013, en la que destacan los bolsos de cuero, con diversos colores, inspirados en Gala, la mujer de Salvador Dalí.

La veterana top model británica Kate Moss ha inaugurado la temporada veraniega por todo lo alto con este elegante desnudo. Ha sido para la firma de cuidado solar St.Tropez, donde Kate nos enseña los grandes beneficios de utilizar autobronceador. Le auguramos un gran éxito si entre los consumidores logra quedar tan bien como le queda a ella.


Zuzanna Bijoch, Bianca Balti, Bianca Brandolini y Monica Bellucci posan al estilo italiano para el fotógrafo Domenico Dolce. Un estilismo y un ambiente que, como no podría ser de otra manera, es típico de la glamourosa firma Dolce & Gabanna. Colores, formas geométricas y estampados imposibles para las féminas de esta temporada dentro de este paraíso marítimo.


Como sabemos, el mercado de la moda es un continuo ir y venir de tendencias en el que la publicidad marca un papel importante para su difusión y su influencia en la sociedad. Aunque sea para bien o para mal, lo importante es darse a conocer, ya que lo que los responsables de este ámbito buscan llegar al mayor público posible, y, en este caso, la moda es fundamental para alcanzarlo.



Escrito por Mariela B. Ortega


Otros mundos (V): Las huellas de los dioses, de Graham Hancock

20 mayo, 2013

| | | 3 comentarios
Sabemos muy poco de nuestro remoto pasado. Más allá de 6000 años en el tiempo, todo son conjeturas. (Fernando Jiménez del Oso)

Portada de Las huellas de los dioses
El encontronazo con la historia a veces produce trascendentales cambios personales. Licenciado en sociología y corresponsal en África para diarios como The Times, The Guardian y The Economist, Graham Hancock (Edimburgo, 1950) se topó con el fascinante mundo de las civilizaciones perdidas por casualidad. Recabando información acerca de la célebre Arca de la Alianza, se fue impregnando –a la par que cuestionando- de los misterios de esos testigos mudos del tiempo y el paso del hombre que son las ruinas; los vestigios del pasado. Hancock es, en este sentido, el último “elucubrador” de una fascinante lista historiográfica con respecto a los misterios del pasado. Desde que cobrara forma su libro sobre el Arca y su posible ubicación (que situaba en Etiopía, como una teoría más), sus obras han cosechado un éxito creciente, sobre todo a partir de la publicación de Las huellas de los dioses (1995; Ediciones B, 1998), donde quedaban establecidas las directrices de sus hipótesis. Tan es así que vieron la luz dos series documentales, de tres capítulos cada una: En busca de la civilización perdida (1998) y Reinos submarinos (2002), que servidor conserva, entre tanto material, como un documento harto estimulante.

En Las huellas de los dioses, Graham Hancock hacía todo un recorrido personal y geográfico (visitando los lugares por sí mismo), paseándose por entre mapas antiguos como el de Piri Reis (1513), cuya tipología subglacial cartografía detalles que solo pudieron ser determinados ¡antes de la era glacial!, y cuya autenticidad fue verificada en 1949 (si la Antártida no se descubrió hasta 1818, la última fecha en que pudo haber sido cartografiada sin hielo fue sobre el 4000 a.C.); o el de Oronteus Finaeus, de 1531; o el de Mercator (1569).

Graham Hancock
Además de recorrer las culturas de Sumer -allá donde comenzaba la Historia para Samuel Noah Kramer-, Egipto, el Valle del Indo, Machu Picchu o China, y hacer un meticuloso repaso por las manifestaciones más relevantes de dichas culturas, como los Viracochas, aquellos semidioses de la planicie de Nazca en Perú; Chichen Itzá, al norte de Yucatán (México), con sus templos de Kukulcán y de los Guerreros, mezcla de elementos mayas y toltecas; o los olmecas, la cultura “madre” de Centroamérica, de más de tres mil años de antigüedad y conocedora de la rueda. O los aztecas, que por el contrario, serían los más recientes, y a cuyo dios Quetzalcoatl se atribuye el invento de las matemáticas avanzadas y las fórmulas de datación que posteriormente emplearán los mayas para calcular la supuesta fecha del fin del mundo (o de un mundo; según la cosmogonía azteca, existieron cuatro soles anteriores al presente). Argumentando posibles conexiones, el autor nos recuerda que el testimonio de estas piedras continúa estando vivo.

Mapa de Piri Reis
El Libro de los Muertos egipcio, los Vedas indios, el Popol Vuh maya, la estrella Sirio y el tabú de la constelación de Orión, las distintas glaciaciones, la teoría geológica del movimiento de placas (teoría formulada por Charles Hapgood), los referidos mapas, piedras talladas y papiros… hasta la polaridad magnética del planeta se hallan presentes en Las huellas de los dioses.

Pero el misterio también se relaciona con el entorno de la Tierra, es decir, con el espacio. Y es aquí donde Hancock, con ayuda del ingeniero Robert Bauval, logró dar un paso “más allá”, puesto que su teoría sugería que tales conocimientos plasmados en el más duradero de los materiales, y diseminados por todos los rincones del planeta, forman parte de un tan complejo como “simple” sistema de marcación celeste. Parafraseando al filósofo italoamericano Giorgio de Santillana, entraríamos en confrontación con todo un sistema que disfraza la “terminología técnica” de una avanzada ciencia astronómica… agazapada tras el lenguaje del mito.

En este sentido, cobran importancia datos confirmados por la ciencia como la inclinación de la Tierra (u oblicuidad), el plano de su órbita (eclíptica) y sobre todo, el tambaleo del eje durante la rotación de la Tierra (el movimiento de precesión descubierto por Hiparco). ¿Sería la plasmación de este mecanismo “precesional” un intento de comunicación por parte de una civilización ya desaparecida? De hecho, la facultad de reconocer y fijar estas eras precesionales que la ciencia fija cada veintiséis mil años, implica estar en posesión de una astronomía observacional muy sofisticada y un conocimiento profundo de la mecánica del sistema solar.

Pirámides como las de la meseta de Guiza, huérfanas de jeroglíficos y de toda decoración funeraria en su interior, así parecen atestiguarlo. Además, los avances técnicos benefician una disciplina como la geodesia, encargada de determinar la posición exacta de los puntos geográficos, la forma y el tamaño de la Tierra… y otras correspondencias.

Angkor Wat, Camboya
Llegados a este punto, una buena relación o resumen de datos es proporcionado por el autor en la página 276 del libro (en su edición en español), puesto que nos encontramos inmersos en un lenguaje que por medio de las creencias y los cultos locales, se centra en números, movimientos, medidas y geometría. El legado de unas culturas tecnológicamente desarrolladas aunque pertenecientes a tiempos casi prehistóricos.

Tal vez ciertos mitos necesiten ser decodificados. La misma ciudad de Teotihuacán podría ser la tarjeta de visita de una civilización perdida, ya que casi nada se conoce acerca de este emplazamiento, que perdura gracias al lenguaje eterno de las matemáticas.

Puertas terrestres con sus correspondientes estelares, monumentos que reflejan una geometría celeste por medio de valores astronómicos, como el referido cambio de precesión de la Tierra, “reflejando” una disposición según los patrones temporales de las constelaciones (como las estrellas del Cinturón de Orión o la constelación del Dragón). De hecho, se ha descubierto que las frecuencias radiofónicas de onda corta ¡sufren una distorsión cuando Saturno, Júpiter y Marte se alinean!

Principales estrellas de la Constelación de Orión

Todas estas huellas forman parte de una sabiduría legada en piedra para Graham Hancock, y para tantos otros que como él, ya meditaron la posibilidad. Una contingencia en confrontación no con los datos, sino con las interpretaciones más ortodoxas de los mismos. En definitiva, un ramillete de conocimientos que no pasó a las generaciones posteriores, ya fuera por desidia o con la ayuda indirecta de las invasiones o conquistas, o de toda suerte de desastres naturales (como sucedió en Acrotiri, la actual Santorini o Thera). Una teoría en suma, que el autor ha ido apuntalando, y con la que formula una especie de espiritualidad universal que recorrió todo el globo, y que hubo de tener una fuente común, como el Big Bang.

Por ello, Graham Hancock ha proporcionado una obra más que estimulante que no ha dejado de fluir, esto es, de suscitar de nuevo interés por nuestro remoto pasado (los libros no traducidos al español conservan su título en inglés): Símbolo y señal (1992) (Planeta, 1993), Las huellas de los dioses (1995) (Ediciones B, 1998), Guardián del Génesis (1997) (Planeta, 1997), El misterio de Marte (1998) (Grijlabo, 1998), El espejo del paraíso (2001) (Grijlabo, 2001), Underworld (2002), Talismán, acerca de los mensajes legados por… la masonería (2004) (Debate, 2004), Supernatural: Meeting with the ancient teachers of mankind (2005) y Entangled: The eater of Souls (2010).


Se esté o no de acuerdo -en parte o al completo- con las teorías expresadas por Hancock (y por Robert Bauval en sus libros conjuntos), lo que el autor reclama desde sus textos y documentales, es un hueco en el que poder ser escuchado sin acritud; la oportunidad de poder expresar sus opiniones, razonablemente argumentadas (seas ciertas o no), sin que por ello tengan que derrumbarse todos los cimientos de la arqueología, una disciplina que tantos investigadores ha dado (muchos por vocación, otros a causa del azar), y que nos ha ayudado a comprender mucho mejor el mundo en que vivimos. Lo que no quiere decir que no se pueda elucubrar frente a tantos enigmas arqueológicos aún no resueltos.

Escrito por Javier C. Aguilera



Yes, We Spain is different, las imitaciones de Carlos Latre al teatro

19 mayo, 2013

| | | 1 comentarios
La versatilidad por bandera en un espectáculo donde una sola persona llena el escenario. Un único actor, pero decenas de personajes reconocibles en sus gestos y, sobre todo, en su voz. En forma de sátira política y social, Carlos Latre plantea su espectáculo Yes, We Spain is different, donde se ha propuesto atacar con humor los principales problemas actuales de la sociedad española. Un espectáculo que se va renovando actuación tras actuación desde que comenzara bajo el nombre de Yes, We Spain en febrero de 2011.


El conocido humorista, que se hizo famoso en el programa Crónicas marcianas, de Javier Sardá, realiza un espectáculo serio, pero con mucho humor, donde despliega todo su talento en la imitación. Con un amplio currículo en el espectáculo, hemos podido disfrutar de este tipo de humor en Latrelevisión, el programa televisivo que protagonizó en Telecinco, así como otras giras teatrales bajo el nombre de Carlos Latre in live o Que viene, que viene..., este último seguramente un proyecto previo a lo que finalmente se ha formado como Yes, We Spain is different.

Nos situamos en plena crisis financiera, con Angela Merkel al frente de Alemania con la intención de requisar España y apropiares del país. El presidente del Gobierno español, ahora Mariano Rajoy, concibe un plan junto a algunos de sus allegados políticos para buscar una vía de escape. La única solución viable es traer a la persona que parece poder solucionarlo todo, o así lo parecía cuando fue elegido presidente en su primer mandato en Estados Unidos, Barack Obama. Comienzan así los preparativos para su recepción en un país que intenta eliminar a los freaks que puedan dar mala impresión al presidente norteamericano... salvo que alguien lo impida.


Bajo este telón de fondo, Latre recreará la reacción de los diferentes sectores de la población a través de sus imitaciones de famosos televisivos, cantantes y otros personajes relacionados con la política o con hechos populares. En este despliegue, el único protagonista encarnará vestido de negro todas las actuaciones, haciendo creer a los espectadores que allí están presentes todos esos personajes. Además, cuenta con el compromiso de que el espectáculo está actualizado hasta el último minuto y adaptado a la ciudad en la que se encuentre, por lo que el público encontrará siempre algún chiste con el que pasarlo bien. Cuenta también con actuaciones musicales, aunque en ocasiones no se pudo apreciar bien el humor de las canciones al estar la música por encima de la voz de Latre, una deficiencia exclusiva de estas ocasiones y que no afectaba cuando solo le tocaba hablar a él.

Actuación en Granada (fotografía de MB)

Hay, por otra parte, momentos especiales durante el espectáculo más allá de las risas, como un momento de homenaje a grandes figuras que nos han abandonado en estos últimos años, una sección donde recupera a personajes queridos, célebres o, incluso, polémicos; son, por ejemplo, Gila, López Vazquez, Fernando Fernán Gómez o, incluso, Michael Jackson. También hay personajes ficticios que se entremezclan con la realidad, como el abuelo de La gran familia llamando a Chencho a grito pelado, o Torrente, que tiene un protagonismo especial en la historia.

Carlos Latre con LJ y MB tras el espectáculo en Granada

En definitiva, de una forma irreverente, Latre propone un viaje con más de cien personajes en hora y media, desde Mariano Rajoy, pasando por Esperanza Aguirre, hasta Jorge Javier Vázquez o David Bisbal, con un omnipresente Iniesta, personajes presentes en la vida cotidiana actual de los españoles. Con momentos únicos para soltar alguna risa, porque aunque la situación es preocupante, el objetivo del espectáculo es despreocuparnos mientras estamos sentados en el teatro. Y la ilusion de que un hombre puede ser cien se hace realidad.


Escrito por Luis J. del Castillo

Las verdes praderas, de José Luis Garci

10 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
Lo hemos comentado en alguna ocasión, una de las mejores cosas que ofrece el séptimo arte es la de ser reflejo visual, voluntario o no, de los acontecimientos, el ambiente y el contexto, que envuelven la realización de una obra (por eso nunca podré entender la actitud de jóvenes o adultos que se niegan a ver películas con más de veinte o treinta años de antigüedad porque-son-muy-viejas; el problema es de ellos, naturalmente. ¿Se imaginan un estudiante de arquitectura que no sintiera interés por conocer a Fidias o Palladio? ¡Es pregunta retórica!)

La verdes praderas (1979) de José Luis Garci funciona en sentido cinematográfico y también sociológico, deja traslucir una visión menos complaciente de lo que cabría esperar de la llamada etapa de la Transición, aunque aún perviva un resquicio de optimismo en el futuro; algo que, en cualquier caso, los distintos gobernantes se han encargado de dilapidar. O es que tal vez la esperanza se encuentre en una pareja comprensiva o en la charla con unos niños… El reflejo de la época contenido en la película es extraordinario; cinematográficamente también lo transmite la fotografía de Fernando Arribas.

Estamos ante un retrato de familia con casita al fondo. Un retrato generacional, asumible por muchos de los ciudadanos de clase media que vivieron aquella, pese a todo, fascinante época (vivimos en un mundo vulgar, comenta Ricardo -Carlos Larrañaga-). La época del auge de la novelita erótica y la Black & Decker.

José Rebolledo (Alfredo Landa) trabaja para una compañía de seguros, y aunque es consciente de que no desea “heredar” la empresa, pone todo su empeño en hacer su trabajo lo más eficazmente posible, y no sin esfuerzo, en contraposición con ese otro arquetipo laboral que es su compañero Ricardo, al que apodan Doña Perfecta, que siempre parece caer de pie. Tras una semana laboral el único deseo de José, convertido ya en rutina, es llevarse a su familia al campo, donde disfruta de un teórico relax en la imprescindible segunda vivienda, el chalé; lo que le supone toda una estructuración de su tiempo libre.

Además, en esta ocasión, todos los elementos socio familiares parecen aliarse para que nuestro antihéroe no pueda hacer aquello que realmente le apetece. De ese modo se suceden toda una serie de compromisos “de trabajo”, donde priman las apariencias y la hipocresía, y en los que cada vez se encuentra más incómodo. En suma, lo que son las relaciones sociales, sobre todo con respecto a quien ostenta algún tipo de poder, en este caso el jefe de su empresa: la rivalidad borreguil se traslada hasta un partido de futbol entre empleados, una tormenta de cerebros muy nublada.


Para colmo, José no puede evitar la visita de su suegra -impagable retrato proporcionado por Irene Gutiérrez Caba-, junto a la hermana de su mujer Conchi (María Casanova) y su marido; interpretados estos por una joven Cecilia Roth y Pedro Díez del Corral. En efecto, estamos dentro del fascinante y semi oculto mundo de las simpatías y antipatías que se suelen dar en todas las familias.

Ahora bien, con el raciocinio que proporciona la madurez, José y Conchi hallarán al fin un momento de sosiego para poder sincerarse y reafirmar su relación. Es la bella secuencia del pinar, que a la larga culminará en la simbólica (aunque sea real) conclusión de la película. Tal vez, el final de todas las frustraciones.


En Las verdes praderas, la mirada de José es siempre especial, más humana: así lo da a entender ese plano en que el personaje mira sin mirar a través de la ventana de su despacho. Con esa mirada está reclamando su propio lugar.

La película de Garci no deja de ser un anticipo del desencanto que quedará reflejado en el Madrid churretoso de El crack (1981), el mundo de la producción cinematográfica de Sesión continua (1984), y así hasta el entorno caciquil expuesto en la notable Luz de domingo (2007). Ahora bien, en Las verdes praderas, José y Conchi aún tratan de recuperar parte de la felicidad perdida antes de que sea demasiado tarde.


Escrito por Javier C. Aguilera


Clásicos Inolvidables (XXVI): El lobo estepario, de Hermann Hesse

09 mayo, 2013

| | | 0 comentarios
Hermann Hesse
LA NOCTURNIDAD INTERIOR

El lobo estepario (1927) es una de las obras más populares del escritor alemán Hermann Hesse (1877-1962), premio Nobel de Literatura en 1946. No deja de resultar curiosa esta singularidad, puesto que se trata de una novela acerca del aislamiento, en parte voluntario, en parte como una predeterminación impuesta por factores externos.

Su introspectivo argumento es dado a conocer por medio de un procedimiento clásico, que los seguidores de la buena novela gótica conocen bien: la lectura de un manuscrito. En este caso se trata de las confesiones de un hombre en la cincuentena, el cual es descrito como extraño, salvaje y sombrío (aclaro: salvaje no tanto por violento o asilvestrado, sino más bien por socialmente indómito).

Estamos pues ante un relato pionero acerca de la incomunicación en la “era de la comunicación” (entonces como ahora; más incluso ahora, la creciente identificación con la obra de Hesse es paradigmática), que además propone al arquetipo literario de Harry Haller, un personaje que bascula entre la alegría y la “depresión” como estados de ánimo, un hombre que ha pensado más que otros hombres, si bien él mismo no se excluye de la propia crítica: se sabe un outsider y lo asume.

Harry Haller es consciente de que el conocimiento aísla, de que en un tiempo existía un interés general por aprender aquello que se desconocía, por escuchar al que más sabía; y que por el contrario, en el tiempo presente (presente histórico y real) sucede más bien al contrario, el interés por conocer ha quedado estancado o se limita a lo más básico –o peor, a opiniones prestadas-, y al que sabe, que normalmente es quien no presume de ello, las más de las veces se le discrimina, o directamente se le silencia (hay muchas formas de silenciar). Como suele decirse, es el “valor” del progreso: la decepción convertida en hábito.

El grito, de Edvar Munch
Haller padece todos los enigmas de la vida humana en uno, en sí mismo. Pero no es un redentor, es un personaje visto como un todo. De hecho, por mucho que su naturaleza se pretenda dual, el autor (¿el biógrafo?) nos recuerda que en realidad es poliédrica, esto es, multifacética, e inversa, por cómo nos vemos y por cómo somos vistos. Así, la identidad de Harry se escinde entre lo indómito y arriesgado -dentro de un cierto orden-, y lo culto y distinguido; lo que a su vez conlleva un reduccionismo personalizado y reciproco, como queda bien descrito mediante la bella alegoría del jardín, al final del “inserto” en el manuscrito del Tractac (tratado) del lobo estepario.

Ahora bien, una puerta se entreabre cuando Harry encuentra consuelo anímico en su relación con la meretriz Armanda y, consecuentemente, se (re)encuentra consigo mismo. Harry comprenderá la dificultad de hallar un afín (no tanto un clon) en cuanto se eleva el listón desiderativo; por lo que, cuando esto sucede, estará más dispuesto a tolerar al “otro”.

CUANDO HARRY ENCONTRÓ A HALLER

Armanda (nombre un tanto andrógino, que casa bien con el decorado ambiguo de la época: en el original es Hermine, femenino de Hermann), actúa como un espejo. Posee la claridad y concisión de conceptos de quien pisa la calle, es el Hyde de Harry. De modo que para tratar de formar parte de la humanidad, siquiera a ráfagas, el quimérico inquilino que es Haller, aprenderá los bailes de moda (el fox-trot) y a escuchar la música que proporciona un gramófono (no solo jazz, también la clásica), expresiones cuyos equivalentes actuales serían el whatsapp o las redes sociales, un mundo del que se siente extraño, pese a todo. En el fondo, la auténtica comunicación queda sustituida por un lenguaje expresivo, unos signos: lo que se comparte es un código. En definitiva, Harry emprende un esfuerzo de integración en una corriente dominante de la que rara vez se obtiene correspondencia (al menos, no la deseada).


No deja de resultar chocante como en dicha era de la comunicación, apenas se encuentra afinidad fuera de ese código, dictado siempre por valores ajenos: la identidad ha de someterse a los dictados de una época concreta, pero como queda demostrado, a diferencia de las nuevas riadas generacionales, anti empáticas y portadoras de unas taras emocionales de aúpa, el lobo-estepario nunca antepone la dimensión artística (música, cine, literatura, pintura, arquitectura…) a los llamados avances de la tecnología (del mismo modo que se distingue por el uso de unos modales significantes). No interesan los contenidos; lo esencial (y efímero) reside en los interminables cambios de formato que los contienen y fosilizan. Los anuncios ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses.

Así lo corrobora la excelente conversación entre Harry y Pablo, el amigo músico de Armanda. Para el primero, el verdadero lenguaje del ciudadano alemán ha sido articulado por medio de la música, proporcionando un impresionante legado. Por su parte, Pablo vive el momento sin cuestionarse futuros valores. De este modo, se suscitan cuestiones como si todo lo que perdura es lo que merece realmente la pena, o si todas las obras están a un mismo nivel; ¿hasta qué punto es irreconciliable la visión de quien vive la aventura de la vida en primera persona y quien lo hace a través de las vidas de los otros? Ésta parece ser la auténtica escisión del hombre-lobo: Harry está abrazando ahora esta primera naturaleza.


De hecho, cada época y cultura tiene sus propias crueldades y bellezas. Tanto Harry como Pablo, como arquetipos, y cada uno a su modo, tratan de dotar de un nuevo sentido unas vidas que parecen haberlo perdido; es la época del jazz y el decadentismo en Europa. Para Harry, el deseo de formar parte del resto de la naturaleza humana es siempre esporádico y viene desencadenado por estímulos principalmente artísticos; una sinfonía, o una vivienda burguesa bien cuidada. Para los “grandes industriales”, por el contrario, los seres más espirituales son gente inútil, extraña a una realidad donde se vale lo que se produce. Por ello, el lobo estepario apartó de si todo lo que en el mundo constituía sus excelencias y relumbres para poder conservar en cambio su libertad.

Pero esta independencia es la constatación de una muerte, de la soledad e incapacidad de relación. Harry solo toma del mundo burgués lo que le interesa, ya que no se encuentra al margen de él; la diferencia estriba en el alejamiento del canon de una forma de vida estándar, y de un posicionamiento sin ambiciones ostentosas.

Hermann Hesse
La novela se cierra con un extenso segmento final, la metáfora del Teatro MágicoSolo para locos, pues “loco” hay que estar para tratar de mantenerse cuerdo en una sociedad donde, como asegura el propio Mozart a nuestro anti-héroe, nadie tiene la culpa, pero todos son responsables. En el citado escenario vital, pueden traspasarse una serie de puertas para tratar de comprender la naturaleza del ser, algo similar a las presencias fantasmales del Cuento de Dickens: la liberación del yo. Y no es baladí la figura del músico de Salzburgo: finalmente parece comprobado que Harry se desenvuelve mejor a través del lenguaje de la música, como buen alemán.

De esta etapa vital, Harry recordará cómo los mejores momentos vividos –y los más dolorosos- pueden ser evocados por una obra musical. A lo que también se añade que aún ha de aprender el humorismo, como única vía, más que de escape, de supervivencia.

El lobo estepario, cuyo equivalente “con adolescente” sería Demian (1919), también de Hesse, es una bella alegoría de toda la tristeza y de toda la incomprensión global, donde la soledad se torna independencia, y donde predominan dos constantes fundamentales de la obra del escritor alemán, la incapacidad psicológica para establecer una relación -llamémosla con toda intención “ordinaria”- con el mundo exterior, junto con el papel que desempeñan el arte y lo artístico en general en la formación de una adecuada identidad personal. Un tratado de (parte de) la condición humana. Uno más. Pero no uno cualquiera.


Escrito por Javier C. Aguilera


Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...