El resplandor, de Stephen King

28 octubre, 2014

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En 1977, Stephen King apenas había publicado dos obras (Carrie, 1974; Salem's Lot, 1975) y una de ellas había visto su primera adaptación cinematográfica por parte del director Brian de Palma (Carrie, 1976). Fue entonces cuando publicó El resplandor (The shining), consolidándose como un autor de terror. Tan solo el tiempo le depararía la fama que hoy tiene, aunque haya sido despreciado a la par que admirado, algo comprensible por ser tan prolífico, lo que le ha permitido crear tanto buenas como malas obras. También fueron continuos los traslados al cine de su obra, en muchas ocasiones promovidas por él mismo, como fue el caso de la adaptación en miniserie de televisión de El resplandor en 1997 por lo poco que le hubo gustado la gran película de Kubrick de 1980, donde el célebre director ofreció su propia versión de la historia, lo cual no es nada malo, aunque haya quienes se empeñen en criticar la infidelidad del cine a la literatura.


En la novela, King se adentra en el fascinante mundo de los edificios encantados, en este caso, de los hoteles. Pero no se trata simplemente de una historia de fantasmas, el propio relato nos ofrece la sensación de estar más que ante un conjunto de seres paranormales, ante una entidad poderosa cuya identidad es la del hotel, Overlook, lugar que adquirió el carácter de sus habitantes, especialmente los muertos. Este ente, apenas un lugar fantasmagórico para las personas con cierta sensibilidad psíquica, cobra todo su poder ante la llegada de un niño de cinco años tan especial como Danny Torrance.

No obstante, el potencial de la obra no se encuentra tan solo en el terror que pueda producir en el lector las escenas más escalofriantes de un hotel encantado, sino que se haya en la inquietud que logra transmitir Stephen King a través de sus protagonistas, la familia Torrance, especialmente en la relación paterno-filial entre Jack y Danny. El abuso que el hotel realiza con ambos personajes resulta escalofriante, aún más cuando las acciones que llevará a cabo un enloquecido Jack estaban en su interior, listas para ser llevadas a cabo apretando las manijas adecuadas. 

El hecho de sentirse un perdedor, de tener un pasado turbio, marcado por la bebida y por la violencia tanto familiar como laboral, o de sentirse completamente frustrado en su relación con Wendy y con su futuro, será lo que suponga la llave necesaria para mover todo el engranaje hacia la locura. Por su parte, Danny es retratado con una mezcla de ternura infantil rota por las visiones que le otorga su poder, el llamado esplendor (shining) que tanto le ha ayudado, pero que también le ha apartado de tener una vida normal. Ni siquiera el momento en que un médico determina con normalidad que todo se trata de algo casual, casi como un principio de esquizofrenia, tranquiliza al lector, que ha presenciado en las páginas la presencia ambigua de Tony, el amigo imaginario del niño, y las advertencias de Dick Hallorann, el cocinero del hotel.

La novela avanza con sensación de agobio, manteniendo al lector alerta, pese a la tranquilidad con que los personajes se adentran en el pánico y en la locura. En ese sentido, el narrador atribula a sus lectores gracias a que saben lo mismo que Danny y son capaces de percibir la maldad del lugar, pese a que aparenta calma. 

Danny Torrance (Danny Lloyd) en la adaptación de Kubrick
Las señales y claves de cómo terminará la novela se otorgan también a lo largo de la historia, aunque la paranormalidad no sea en sí el verdugo (solo en tres ocasiones provocarán un daño directo a los personajes), sino los propios personajes, sujetos a la posesión del lugar fantasmagórico, los que tiendan a autodestruirse, manifestando más que nunca los temores más recónditos de sí mismos. El personaje más anodino de la función, Wendy, será precisamente el que haya presagiado con su actitud el temor a lo desconocido y la que tenga que enfrentarse a sus peores pesadillas, incluida la de estar convirtiéndose en la persona que más detesta: su propia madre. 

Las distintas referencias que King deja en el libro sirven para ilustrar con más fuerza lo inusual de los hechos narrados: el niño cantando una letra de rock de una estrella muerta joven, la referencia a la muerte roja y al baile de máscaras, que remite al relato La máscara de la Muerte Roja de Poe, así como la obra de teatro que escribe Jack (como tantos otros protagonistas de Stephen King, es escritor), donde se representa la dualidad de este individuo en la representación del papel de docente y alumno, imagen de su relación con un antiguo alumno al que casi asesina a golpes, en lo que, según se repite en la obra, fue un acceso de ira

Jack Torrance (Jack Nicholson) en la adaptación de Kubrick
Jack tratará siempre de justificar sus acciones, contando para ello con la inestimable ayuda del hotel, que además lo inducirá a convertirse en un ser despreciable e inhumano, aunque esto no sea otra cosa que la expresión de la parte más negativa de este personaje, que ya en el pasado, antes de estar bajo la influencia del Overlook, fue capaz de ejercer violencia a su alrededor, destruyéndose también a sí mismo y a lo que más amaba. Este hecho es lo que realmente debería causar más inquietud en los lectores: la influencia de los fantasmas del hotel es vital, pero la locura de Jack Torrance fue creada a partir de lo que ya existía dentro de sí mismo. Por ello, precisamente, la obra dedica gran parte de sus páginas a contarnos su vida antes de verse obligado a aceptar el puesto de vigilante del hotel, ajeno a sus maldiciones.

Frente a este padre, Danny se presenta como su heredero, pero también como su protector. El libro nos reitera continuamente la buena relación con su padre o las características comunes de ambos, especialmente desde el punto de vista de la madre, celosa de estos hechos. Las decisiones que toma Danny pretenden resultar ventajosas para su padre, basándose en la esperanza de superar el invierno sin sufrir. Sin embargo, no es más que un niño de cinco años, cuya curiosidad se verá también manipulada por el poder del hotel, aunque no exista nada en su interior como para poder poseerlo de la misma forma en que será poseído su padre.


Una historia de terror que nos permite ahondar en lo que también puede manipular al hombre fuera de lo paranormal, como es el caso del alcohol, aunque también se pueda pensar en el mundo de las drogas. La forma en que Jack es poseído no dista de la violencia que ambos elementos pueden producir en la mente humana y, de ahí, derivar al dolor producido a quienes se aman. Estos hechos nos llevan a una inquietud aún peor que el propio terror a un espectro. 

Todo ello lo consigue Stephen King con una narración informal, que también emplea el slang, ciertas formas leves de experimentación, incluyendo los pensamientos y la mezcla de imágenes, y una descripción nutrida y adulta. El resplandor introduce elementos anormales para transmitir un terror que ya está presente en la normalidad de sus personajes, lo que no nos impide ver que la locura puede alcanzar a cualquiera. En ello reside el auténtico miedo.



2 comentarios :

  1. Me encanto la pelicula e igualmente por ello, el libro, espero que lo hayas disfrutado mucho :) Para mi King siempre esta entre los mejores, con esa inquietud y tetracidad que transmite en sus relatos, aunque como dices, no todos son buenos, aunque yo amo Carrie. Un saludo :)

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    1. La película estará próximamente por aquí en un artículo extenso :) A mí particularmente este libro me ha parecido bastante bueno, aunque es normal que entre tanta producción haya libros que flojeen (que no quiere decir que a la gente le guste, porque de King hay que reconocer cómo logra entretener con sus historias). De Carrie recuerdo haber visto la adaptación hace años, pero a ver si me acerco al libro. Un saludo y gracias por pasarte.

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