Mostrando entradas con la etiqueta Toy Story. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Toy Story. Mostrar todas las entradas

Lightyear, de Angus MacLane

05 julio, 2022

| | | 0 comentarios
Con su buen hacer en el mundo de la animación, se nos había olvidado que el público objetivo de Pixar son los niños. Aunque es algo que ya recordé con relación a El viaje de Arlo (The Good Dinosaur, Peter Sohn, 2015), el nivel general de esta compañía ha sido tan alto, que encontrarnos con piezas menores resulta anómalo, pero las tiene y debemos considerarlas como tales. A pesar incluso de sus posibles promociones, el caso de Lightyear (Id., Angus MacLane, 2022) debemos encuadrarlo como una obra menor destinada al público infantil, de ahí que su narrativa sea tan tópica y no aporte ninguna novedad o profundidad como las que podríamos encontrar en obras anteriores de Pixar. No obstante, no quiere decir que sea una mala obra, sino que debe entenderse desde su contexto y su público objetivo.

Adelanto esta cuestión porque la película se inicia con un prólogo bastante solemne que remite a su identidad: esta es la obra que vio Andy, el protagonista de Toy Story (Id., John Lasseter, 1995), cuando era niño y que prendió la llama del deseo de tener al muñeco de acción. Es decir, estamos ante una película hecha para que los niños disfruten, una película de entretenimiento y acción con un protagonista heroico prototípico, teniendo que ser lo suficientemente espectacular como para sorprender a cualquier infante. En este sentido, cumple con ambas facetas, pero se queda a medio gas en ser más significativa. Esto supone un batacazo para todo el público que ha acudido por el factor de la nostalgia al que tanto se apela en la industria cinematográfica. Sin duda, aquellos niños que a mediados de los noventa disfrutaron del inicio de la saga Toy Story ya no disfrutarán tanto de esta película como entonces, porque la perspectiva ha cambiado. Sobre todo teniendo en cuenta la calidad de sus secuelas, mucho más conseguidas que este spin off, incluso con ese epílogo crepuscular que fue Toy Story 4 (Id., Josh Cooley, 2019), que algunos consideraron innecesario, pero que exploraba nuevos terrenos en la franquicia.

Como curiosidad, no es la primera vez que se abordan las aventuras galácticas de Buzz Lightyear, ya existió un spin off en forma de película en formato casero y posterior serie conocida como Buzz Lightyear - Guardianes del espacio (Buzz Lightyear of Star Command, 2000-2001). Incluso podemos considerar que guarda una relación más directa con el modelo del protagonista de Toy Story más que lo que vemos en Lightyear. No obstante, ahora debemos centrarnos en esta última.


La película se divide de forma evidente en dos arcos argumentales que tienen un tema central que recae sobre el conflicto personal del protagonista. Nada más empezar, nos situamos en un futuro espacial en el que una enorme nave transporta a cientos de seres humanos en hipersueño en un viaje espacial incierto (nunca se comenta en la película). No obstante, cuando la Inteligencia Artificial de la nave detecta un posible planeta habitable, activa a los Guardianes Espaciales para que lo verifiquen. El primero en despertar es Buzz Lightyear, que durante todo este tramo se mostrará decidido, responsable e intrépido, pero también quisquilloso y arrogante. Durante toda la película veremos de manera habitual que todo le sale bien por su empeño y habilidad, junto a cierto factor de suerte. Pero será precisamente su primer error en la película la que marque toda la trama de la misma y su conflicto personal, ese debate interno por conseguir cumplir con su misión como debe hacer todo Guardián Espacial que se precie.

Así, el prólogo finaliza con todos los humanos creando una colonia en el nuevo planeta obligados por un accidente. Y ahí da inicio la mejor parte de la película, que se encuentra cara a cara con otros fragmentos geniales de Pixar, como los inicios de WALL-E (Id., Andrew Stanton, 2008) o Up (Id., Pete Docter, 2009). Para reparar la nave necesitan crear un cristal de combustible que sea suficiente para soportar la hipervelocidad, para cada prueba que realiza Buzz en el espacio lo proyecta hacia el futuro, como el funcionamiento de algunos planetas en Interstellar (Id., Christopher Nolan, 2014). A pesar de ello, pone empeño en su misión aunque fracasa de manera continua, lo que acarrea que todos envejecen al pasar los años mientras que para él solo han pasado semanas. Eso se refleja sobre todo en su relación con la otra Guardiana Espacial, Alisha Hawthorne, a quien vemos formando una familia y envejeciendo paso a paso, mientras Buzz se convierte en un testigo mudo de ese pasar del tiempo sin remedio, hasta alcanzar un final inevitable. El reencuentro final supone una escena demoledora sentimentalmente y un punto de inflexión para el protagonista. Por cierto, es en Alisha donde encontramos una ridícula polémica por ser pareja de otra mujer, Kiko. No se muestran más que retazos de esta relación, pero ha provocado ríos de tinta en redes que, desde mi punto de vista y en los tiempos que corren, no deberían ni siquiera existir. La película otorga normalidad absoluta a esta relación y se actúa en consecuencia; incluso dentro de la trama es anecdótico, ningún personaje le da algún tipo de importancia y lo observan con naturalidad. Además, cabe destacar que la relación de amistad de Buzz y Alisha es la mejor parte de la película y la que da sentido y empaque a la disyuntiva del protagonista.


Precisamente, a partir del último reencuentro con Alisha nos encontramos con otra película, que cambia de tono. Buzz sigue aspirando a cumplir con su misión, para lo cual se rebela contra el sistema acomodado de la colonia y huye con su gato robot Sox, que ha dado con una fórmula estable. Cabe destacar que el gato funciona en la trama para solucionar problemas puntuales y permitir avanzar la historia así como remedio cómico bastante bueno. No obstante, su último viaje para comprobar esta nueva fórmula lo llevará a un futuro en el que la colonia está siendo asediada por la invasión de la nave Zurg. Ante ese panorama, se inicia una historia de aventuras de tono más infantil, donde encontraremos humor gracias a la aparición de un comando novato de soldados que supondrán una pesadilla para Buzz, pero que, a su vez, le harán darse cuenta de todo lo que ha perdido por su tozudez con la misión. Por cierto, la extravagancia de estos personajes, que incluían debilidades como la indecisión, la apatía o incluso la mala programación (en el caso del robot), me recordaron a la estrafalaria compañía que acompañaba a Milo en Atlantis: El imperio perdido (Atlantis: The Lost Empire, Kirk Wise y Gary Trousdale, 2001), aunque en una versión más torpe. 

Como decíamos, estos personajes obligan a Buzz a enfrentarse a una realidad que ha estado eludiendo. Precisamente, este es el enfrentamiento final de la obra: ¿debía Buzz darlo todo por la misión o debería haber tenido en cuenta a los demás supervivientes, a la colonia a la que nunca llegó a pertenecer? Las referencias a Alisha son muy relevantes en esta parte, realizadas por el personaje de Izzy, ya que subrayan el vacío de la vida de Buzz frente a la vida plena que habían tenido los habitantes originales de la colonia que él creó accidentalmente. El emperador Zurg supondrá la antítesis de la elección que tomará finalmente Buzz. Es bastante curiosa la forma de abordar al villano de la trama, pues resulta un giro de guion válido y bastante bueno para que el conflicto siga perteneciendo por completo al protagonista, pero resulta curioso encontrarnos de nuevo la referencia a El Imperio contraataca (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980), cuando se revela la identidad de Zurg y Buzz cree que es su padre. Sobre todo si tenemos en cuenta que esta misma parodia ya se realizó en Toy Story 2 (Id., John Lasseter, 1999). No obstante, aunque sobre el papel pueda ser interesante, no aporta ninguna novedad relevante, sino que sigue los parámetros de una narrativa habitual en este tipo de historias, incluyendo un anticlimax en el que el protagonista siente que todo está perdido, la recuperación de autoestima de un grupo de marginados, que se sienten validados y reconocidos por méritos propios, el necesario sacrificio final y el cambio de postura del protagonista rechazando la perversión de su motivación inicial que representa el villano.


En definitiva, Lightyear es una película que divertirá a los niños, que tiene personajes atractivos y cómicos, que defiende la importancia de la vida personal y única frente a una vida derrochada en un proyecto inalcanzable, y que tiene un ritmo capaz de acelerarse y ralentizarse en los momentos justos. Cabe reconocer que Pixar sabe realizar este tipo de películas con una aparente facilidad pasmosa, pero que, en realidad, nos sabe a poco teniendo en cuenta los grandes precedentes de esta empresa, especialmente la franquicia de la que se deriva este spin off. Es una buena película infantil que aborda una aventura especial con algún momento puntual de grandeza, pero que no pasa de ser eso. Ahora bien, no creo que lo pretendiera.

Escrito por Luis J. del Castillo



Toy Story 4, de Josh Cooley

17 julio, 2019

| | | 0 comentarios
En nuestra vida debemos aprender a despedirnos. A despedirnos de un ser querido, a despedirnos de un bien preciado, a despedirnos de un trabajo, a despedirnos de una etapa que se cierra, a despedirnos de nosotros mismos. Por ejemplo, parecía que nos habíamos despedido de los juguetes más famosos de la ficción con un broche de oro en la aventurera y nostálgica Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010), pero pareció surgir una necesidad de añadir una historia más, la que acabaría por conformar la actual Toy Story 4 (Josh Cooley, 2019). Una historia que parecía necesitar una nueva despedida, esta vez más definitiva, seguramente en un tono aún más dramático y solemne, pero sin perder de vista aquellos rasgos que han hecho inolvidable a la saga, como su humor y la -necesaria- aventura.

El tono de Toy Story 4 lo vislumbramos desde un inicio que nos remite al pasado. Volvemos a casa del niño Andy, hace nueve años, para descubrir qué sucedió con Bo Peep, el interés amoroso de Woody en las dos primeras entregas y que estuvo desaparecida en la tercera. En una emocionante y emotiva secuencia, este personaje femenino plantea una disyuntiva a nuestro protagonista: abandonar a Andy e irse con ella o quedarse. Su respuesta ya la conocemos, y continuaremos entonces con un resumen acelerado de los siguientes acontecimientos hasta volver a mostrarnos la conclusión de Toy Story 3, aquella en la que los juguetes eran entregados a una nueva propietaria, Bonnie. Este prólogo ya asienta las bases sobre las que se va a asentar toda la película, principalmente las dudas de Woody ante la disyuntiva entre seguir dependiendo de la satisfacción de un niño o niña o buscar una libertad llena de inseguridades, pero desafiante. Una cuestión que con Andy quizás era más firme, pero que ante su nueva situación comienza a ser una posibilidad abierta. 


Porque pronto pasamos a un primer tramo de la historia en que conoceremos la vida actual de estos juguetes en manos de su nueva niña. Una vida de juegos e ilusión que recuerda en su forma de organizarse a aquellas escenas de entregas anteriores donde los juguetes se coordinaban para mantener oculta su actividad como entes vivos. Sin embargo, pronto descubriremos que dentro de ese nuevo, aunque reconocible paradigma, Woody ha sido desplazado por la niña, que no lo escoge entre sus juguetes predilectos y lo relega al armario. A pesar de las reticencias de los nuevos muñecos y de los ánimos de los viejos amigos, como Buzz Lightyear, la veteranía del vaquero le obliga a intentar seguir al mando y a arriesgarse a acompañar a Bonnie a su primer día de escuela. Allí ayudará a Bonnie a sentirse mejor procurándole los materiales para crearse a un nuevo amigo: Forky, un juguete creado con restos de basura que acabará por cobrar vida como el resto de juguetes. Sin embargo, no comprende muy bien cuál es el nuevo sentido de su vida, lo que lo diferencia radicalmente del resto de personajes y ofrece una perspectiva muy distinta del valor que tiene realmente su existencia. A partir de entonces, Woody se hará cargo de Forky como su guardián y mentor, hasta que un viaje en caravana los deje a ambos desamparados y teniendo que regresar junto a los demás.

En efecto, entre el prólogo y este primer tramo de historia encontramos los dos conflictos principales de la historia, aunque el segundo, que será el rescate de Forky y el regreso junto al resto de juguetes, sea realmente una excusa, un mcguffin, para promover el primero, que sería ese debate interno de Woody por encontrar su espacio en el mundo. Ambas cuestiones están íntimamente relacionadas, porque el viaje para salvar a Forky sirve a Woody para encontrarse con otras posibilidades, para tomar nuevos riesgos y para acrecentar la duda de su interior. No en vano, el segundo tramo de la narración es provocada por un primer paso de distanciamiento del deber que tiene Woody como juguete de una niña, ya que en lugar de regresar al hogar, decide arriesgarse a entrar en una tienda de antigüedades donde podría estar su vieja amiga, Bo Peep. El segundo paso de ese distanciamiento será cuando acepte un sacrificio que le convertirá en otro tipo de juguete, anteponiendo la felicidad futura de Bonnie a sus propios intereses. En sí misma, Toy Story 4 sirve para dar un final digno al personaje protagonista de toda la saga.


Porque, en efecto, Toy Story siempre ha sido, en el fondo, la historia de Woody. Aunque tuvo un protagonismo compartido con Buzz, lo cierto es que todas las entregas han girado en torno al vaquero: la crisis al sentirse desplazado por Andy ante la aparición de Buzz y al observar cómo perdía su liderazgo entre los juguetes en Toy Story (John Lasseter, 1995), el debate interno entre retornar a casa o encontrar otro destino en un museo en Toy Story 2 (John Lasseter, 1999), la búsqueda de un nuevo futuro para todos los juguetes renunciando a Andy en Toy Story 3, y finalmente, Toy Story 4, que nos remite en cierta forma a un debate que ya estuvo presente en Toy Story 2, pero que toma un cariz más emocional y romántico: ¿seguir siendo un juguete que sirve a un niño o convertirse en un juguete abandonado? Lo cierto es que Toy Story 4 resume el espíritu de las anteriores películas, lo que podemos asumir como el culmen de la saga: Woody vuelve a sentirse desplazado, quiere ganarse el liderazgo que tenía antaño, debe ayudar al nuevo juguete a admitir su identidad como tal, aunque en esta ocasión se establezca una relación paterno-filial entre él y Forky, en lugar de la rivalidad amistosa entre iguales que tenía con Buzz, y vuelve a plantearse la diatriba entre buscar otro destino que no sea junto a un niño, y también el de ayudar a otros juguetes, incluso a sus amigos, a lograr un destino mejor.

No obstante, para ello, se renuncia a otorgar protagonismo a otros personajes conocidos para cederle aún más foco al vaquero. Por ejemplo, Buzz, habitual coprotagonista de la saga, ha ido perdiendo relevancia conforme avanzaban las entregas, estando aquí relegado a repetir un rol similar al de Toy Story 2, en que iba al rescate de Woody. Se acaba convirtiendo en un recurso cómico junto a los peluches Ducky y Bunny, además de ser el principal representante de una subtrama bastante divertida, en que los juguetes de Bonnie harán todo lo posible por impedir que la familia se marche del pueblo. A esta tarea quedará reducida la participación de los juguetes originales de Andy y de los nuevos personajes apenas explorados que aportaba Bonnie. Por contra, se reforzará el valor coprotagónico de un personaje renovado: Bo Peep. La pastora cubre su fragilidad como pieza de porcelana junto a sus ovejas de valentía y arrojo para saber desenvolverse con soltura en un mundo más salvaje que la habitación de un niño y prosigue con una historia de empoderamiento femenino que está subrayado en Toy Story 4 desde varios ángulos. Así, por ejemplo, tenemos también a Bonnie, la niña que establece sus normas y preferencias en su juego. Como niña, opta por elegir juguetes femeninos con los que se siente más identificada y situarlos como protagonistas de sus historias. De ahí que entre Woody y Jessie, elija a la segunda como sheriff. De ahí, por tanto, el desplazamiento del protagonista, que se siente ahora en un entorno que es similar al anterior, pero que ha cambiado significativamente. Y de ahí también la nostalgia por Andy, al que se siente vinculado inevitablemente, porque le recuerda a una época en que se sintió realizado. En cierta forma, es también el reflejo de la evolución del tiempo, de su carencia para adaptarse a un nuevo rol y de sus crisis personal por no sentirse útil en esta nueva situación, por no poder volver a ser tan importante para Bonnie como lo fue para Andy. Todo lo contrario que Bo Peep, que lejos de amilanarse y quedarse estancada, ha sabido buscar una nueva vida y hacerse más fuerte e independiente.


Pero también hay espacio para el lado más negativo de toda esta situación. La pertenencia a un niño o a una niña es para los juguetes lo equivalente al hogar, a la seguridad, a o ya conocido y también a lo anhelado. Durante la película, todos los juguetes involucrados en la trama principal atraviesan un momento de ansia por tener su propio dueño. Por ejemplo, los peluches Ducky y Bunny ayudan a Buzz cuando este les promete poder irse junto a Bonnie, Bo Peep tiene un momento de duda ante Woody cuando este le sugiere que se marche con él. Frente a ellos, Forky representa todo lo contrario, porque no surgió realmente como un juguete y sus ansiedades son otras distintas, aunque aprenda a comprender el nuevo papel que le ha tocado vivir, en una evolución de personaje bastante tierna, cercana y amena. Ahora bien, esta ansiedad también puede derivar en comportamientos agresivos y negativos, incluso en traumas. Así, tenemos por ejemplo a Duke Caboom, un juguete que se siente deprimido al recordar cómo fue despreciado por su dueño al no poder cumplir con las expectativas que la publicidad vendía en televisión. Pero también a la pseudovillana de esta entrega, Gabby Gabby, una muñeca antigua.

La saga ha ido perdiendo cada vez más el carácter violento de sus villanos. Por ejemplo, en la primera entrega, Sid representaba la antítesis del niño bueno, Andy, no había ningún fondo que explicara su comportamiento. Posteriormente, en la segunda se nos presentaba a un juguete malévolo que deseaba encontrar su lugar en el mundo sin tener en cuenta la opinión o los deseos de los demás, despreciando ese estilo de vida de pertenencia a un niño. De ahí pasamos a una tercera entrega en la que se nos presente a una especie de dictador de la guardería cuyo carácter viene definido por una triste historia al haberse convertirse en un juguete abandonado en un descuido y ser sustituido por otro muñeco que le impedía regresar a casa. Ahora, quien podría considerarse la mala de la película tan solo ansía lo mismo que todos los demás han disfrutado: una niña que la quiera. Aunque para ello, debe conseguir una pieza concreta que Woody también posee. Llegado el momento, la obra le deja espacio a este personaje para redimirse, sufrir una decepción y encontrar un destino favorable.


Sin duda, Toy Story 4 es una de las historias más maduras de la saga, porque se distancia de su mensaje habitual y nos muestra una crisis existencial con ecos puramente nostálgicos. Igual que en Del revés (Pete Docter, 2015) se nos proponía el paso de la infancia a la adolescencia, en esta encontramos otro tipo de cambio vital, más adulto, en el que se invita a abandonar la zona de confort para arriesgarse a vivir una vida nueva. Además, no deja de ser una película emotiva y muy entretenida, con buenos toques de acción y una animación espectacular, dentro de uno de los niveles más altos de Pixar.  Cuenta también con un humor fresco dentro de la saga gracias, por ejemplo, a la incorporación de Forky y los dos peluches, Bunny y Ducky, así como toda la subtrama, ya mencionada, de los viejos juguetes interviniendo en la vida de los humanos. Y su conclusión es una auténtica despedida, en la que se pone el broche final a la evolución de Woody como personaje, un personaje que ha ido creciendo en la misma medida que sus espectadores.


Toy Story 3, de Lee Unkrich

06 enero, 2015

| | | 0 comentarios
Todos hemos sido niños. Todos hemos disfrutado de cosas que hoy en día las encontraríamos simples, infantiles e, incluso, faltas de sentimiento. ¿Qué niño no ha pensado alguna vez que sus juguetes pueden cobrar vida cuando nadie les ve? Toy Story comenzó como una película que intentaba recordarnos de forma sencilla pero bella a la vez dos cosas muy importantes en la vida: que todos hemos sido niños y hemos disfrutado de nuestros juguetes preferidos, y que la amistad puede ir más allá de todo lo imaginable, escapando a nuestro entendimiento. John Lasseter y el fantástico equipo de Pixar nos hizo comprender que nuestra vida y todas las experiencias futuras de nuestra existencia parten desde nuestra infancia, y un buen amigo en esa infancia nos ayudará a crecer como personas. 


Cuando su dueño Andy se prepara para ir a la universidad, el vaquero Woody, el astronauta Buzz y el resto de sus amigos juguetes comienzan a preocuparse por su futuro incierto. Es así como todos ellos acaban en una guardería, pese a las reticencias de Woody, que aún confia en su fiel amigo Andy. La guardería, liderada por un temido oso amoroso, recrea una sociedad completamente autoritaria, donde les ocurrirán desternillantes aventuras de todo tipo; por ejemplo, la muñeca Barbie conocerá al guapo Ken o conoceremos el lado oculto de Buzz Lightyear. Esta reunión de nuestros amigos con otros nuevos juguetes no será sino el principio de una serie de trepidantes y divertidas aventuras.


Con esta película se consagra una trilogía que ha marcado un antes y un después en la infancia de muchos de nosotros y en la forma de hacer cine de animación. Pixar consigue crear una película brillante, aunque ya abriera camino con Wall-E o con Up en su objetivo de crear un film para niños y para adultos, sin aburrir a unos u a otros. Esta tercera parte es, claramente, más madura que sus predecesoras, pero sigue manteniendo intacta su esencia de hace ya más de quince años.

Y es que aunque pase el tiempo, hay cosas que no cambian. Podrán cambiar los amigos, las metas, nuestras metas... Pero se mantiene, por ejemplo, la nostalgia de la niñez, lo que una vez sentimos por un recuerdo o un juguete especial. En Toy Story también ocurre lo mismo: cambia el director de la película (de John Lasseter a Lee Unkrich), crece Andy (de 6 años que tenía a 17) y decrecen los juguetes con los que él solía jugar. Una muestra de cómo el tiempo pasa para todos, con la que no sentiremos identificados, desde aquella primera película en la que disfrutábamos con las aventuras de nuestros juguetes, hasta el final de una etapa, en la que crecemos y empezamos nosotros mismos a vivir nuestras propias aventuras.


El argumento tiene como eje central el paso del tiempo, las distintas etapas de la vida y de cómo hay ciclos que comienzan y ciclos que terminan, con su correspondiente dolor y esperanza. Para hablarnos de esto, Toy Story 3 nos muestra un desfile de personajes tan diversos y divertidos, como brillantemente escritos. La animación, presentada también en 3D, cuenta con una gran calidad, con unos escenarios que proporcionarán un mayor realismo a las aventuras de nuestros personajes. También nos divertirán con su característico humor, a la vez variado e inteligente, y escenas de acción, intriga y aventura al estilo de las películas de Indiana Jones. En definitiva, una historia bien encajada, con un ritmo que no decae y con un final bastante redondo y, curiosamente, triste y esperanzador al mismo tiempo, que emocionará a más de un espectador.



Escrito por Mariela B. Ortega


Toy Story, de John Lasseter

06 enero, 2013

| | | 5 comentarios
Toy Story (1995) supuso una revolución en el mundo del cine. Dirigida por John Lasseter y producida por Walt Disney Pictures, la película se convirtió en el primer largometraje de los estudios Pixar y fue considerado como el primer film creado íntegramente con efectos de animación digitales en estrenarse en la historia del cine. 


Los juguetes de Andy, un niño de 6 años, temen que haya llegado su hora y que un nuevo regalo de cumpleaños les sustituya en el corazón de su dueño. Woody, un vaquero que ha sido hasta ahora el juguete favorito de Andy, trata de tranquilizarlos hasta que aparece Buzz Lightyear, un héroe espacial dotado de todo tipo de avances tecnológicos. Woody es, desde ese momento, relegado a un segundo plano. Su constante rivalidad contra Buzz se transformará poco a poco en una gran amistad, sobre todo cuando ambos se pierden en la ciudad sin saber cómo volver a casa.

Estrenada en 1995, también sirvió a Disney para dar un paso más en su trayectoria. Por primera vez, dejó totalmente de lado la técnica tradicional de emplear dibujos animados realizados a mano para sustituirla en Toy Story por la tecnología informática. Hasta entonces, algunas películas anteriores a Toy Story habían comenzado a incluir imágenes creadas por ordenador, pero conservando aún la base de los dibujos artesanales. Sin duda, Toy Story es la película que consagró y catapultó al éxito al mejor estudio de animación 3D de la actualidad: Pixar. 


El resultado no pudo ser más sorprendente e inmejorable.

No sólo se creó una película técnicamente perfecta, sino que su historia era totalmente original y ágil, tomando como base una peculiar situación que a cualquier niño se le podría pasar por la cabeza e, incluso, hacer ilusión: que sus propios juguetes tomaran vida propia. Todo ello unido a un guión fresco, unos personajes tan naturales y unos diálogos muy cercanos que podrían parecer totalmente reales, y no sólo a los más niños. 
  
Entre todos ellos, podemos destacar algunos de los personajes secundarios más carismáticos del film, como el Señor Patata, irónico y propenso a ser desmontado con facilidad, o Rex, un tiranosaurio inseguro de  sí mismo debido a su apariencia física, ya que realmente no es tan aterrador como desearía. Aunque no todo podían ser buenas noticias, y se presenta también un antagonista que es muy real, un niño que no cuida bien de sus juguetes llamado Sid, vecino de Andy.


Y es que Toy Story es una película apta para menores, pero no por ello se la puede etiquetar como una cinta infantil o no idónea para adultos. Es una película para todos, imaginativa y con un mensaje sobre la amistad verdadera que no tiene edad. Podemos ver mezclados un sentido del humor que nos hará reír de principio a fin con una acción dinámica, sin olvidarnos de la enseñanza de valores como el compañerismo y aprender a no juzgar solamente por las apariencias.

A esta primera gran obra del séptimo arte, le seguiría cuatro años más tarde su secuela, Toy Story 2 (1999). Cosechó también un gran éxito en taquilla, y obtuvo varias nominaciones al Óscar, al igual que la primera película (mejo guión original, mejor BSO o mejor canción original). Pero no sería hasta el siguiente film, Toy Story 3 (2010), cuando la trilogía se vería recompensada en premios, consiguiendo, merecidamente, dos Óscar, a la mejor película de animación y a la mejor canción. 


Y es que, ¿cuántas veces, cuando de niños jugábamos con nuestros juguetes, nos imaginábamos que ojalá pudieran cobrar vida? De hecho, ese juguete que era tan especial para nosotros, que ocupaba un lugar predominante en nuestro corazón (hasta que uno nuevo lo desplazaba) realmente parecía estar vivo. Sin duda, Toy Story es capaz de cumplir ese sueño.


Escrita por Mariela B. Ortega


Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717