Clásicos Inolvidables (CXXXVI): Poesía de Gloria Fuertes

28 julio, 2017

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No solo era el contenido de los versos, también los títulos de poemas y poemarios nos mostraban una singularidad autobiográfica, bien definida, en la poesía de Gloria Fuertes (1917-1998). Volcán no tan extinguido, pero sí isla ignorada por el océano eterno, tal y como ella misma lo sintió y plasmó, de mares para adentro, es decir, en el centro de un mar / que no me entiende (versos de Isla ignorada, poema temprano cronológicamente, pero no sentimentalmente; Obras incompletas).

Es tragedia de muchos creadores el no poder ser totalmente partícipes de dicho mar, o el sentirse inadaptados en cualquiera de las marejadas tormentosas que nos ha tocado vivir. Ahora bien, de mares para afuera, Gloria Fuertes hizo feliz a mucha gente y obtuvo un justo reconocimiento en vida.


Para la poeta, la contemplación del ser más íntimo se expresa por medio de la poesía, surgiendo a borbotones los pensamientos más reconfortantes y los más desesperados. Ambos forman parte del espíritu de la persona. Por extensión, son las sinceridades de Gloria Fuertes versos sensibles, independientemente del lenguaje evocado; el arte figurativo de aquellos conceptos o individuos que se nos escapan de entre los dedos físicos y de la imaginación, la plasmación de todo sentimiento activo, incluso, cuando nos engañan, condicionan o traicionan nuestros sentidos. Nuestros semejantes no son nunca semejantes a nosotros.

Dijo Gloria yo vivo por mi cuenta, cabra sola / que yo a ningún rebaño pertenezco (Obras incompletas, Cabra sola). O, yo no quería servir a nadie, si acaso a todos. Estudió contabilidad, biblioteconomía y hasta el dichoso inglés. Pero nadie le enseñó a vivir o a escribir. Fue autodidacta, autovividora (a ella que tanto le gustaban los juegos de palabras) y autoaprendiz. En 1961 la hallamos en la Universidad de Buchnell, Pennsylvania, y en el 72 logrando una beca de la Fundación Juan March (1880-1962). Siempre buscando su propio camino, y aferrándose a él una vez vislumbrado. A mí no hay quien me influya, sigo siendo huérfana e independiente (Obras incompletas, Prólogo). En efecto, lo fue de carácter y familiarmente; la madre fallece cuando ella apenas tiene quince años, por lo que Gloria Fuertes, haciendo honor a su apellido, se reafirma y sustancia en su naturaleza: mi “yoismo” no es egoísta, porque es un “yoismo” expansivo (ibid.).

Razones para su individuación no le faltaban, porque muchos han querido -y siguen queriendo- hacer ideológicamente suya a Gloria Fuertes. Lo de siempre. Pero ella no ha querido, siempre se resiste. Ahora, una minoría vendrá a catalogarme, a etiquetarme, a encasillarme literaria o sociológicamente; la etiqueta se me desprenderá con el sudor de mis versos, y si me encasillan, me escapo (Ibid.). Cuánta sinceridad hay en los versos de algunos poetas, y qué poco se les toma la palabra.


Los tres volúmenes que aconsejo no son, ni mucho menos, los únicos en los que puede hallarse la poesía de Gloria Fuertes. Han venido sucediéndose algunos más y cualquiera de ellos, de seguro, cubre nuestras expectativas. En concreto, me refiero a Obras incompletas (Cátedra, Letras Hispánicas, 1975-2016), con prólogo de la autora, Historia de Gloria (Cátedra, Letras Hispánicas, 1980-2011) y Mujer de verso en pecho (Cátedra, Letras Hispánicas, 1995), con un sentido recordatorio -más que prólogo- de Francisco Nieva (1924-2016). Las anteriores referencias están entresacadas del referido auto-prólogo, contenido en el primero de dichos volúmenes. Pero también en Historia de Gloria (subtitulado Amor, humor y desamor, continuación de su trayectoria vital, compartida por tantos), el novelista y ensayista Pablo González Rodas (-) hace hincapié en toda esa serie de aspectos vitales, sometidos a una continua tensión.

No en vano, aunque la autora advirtió que mi obra nunca será oscura, difícil, cerebral, intelectual… (Obras incompletas, Prólogo), Gloria Fuertes a veces encriptó sus sentimientos, no con el ánimo de hacerse la interesante, o como ella mismo reniega, la intelectual, sino para enfrentarse al dolor de la incomunicación y, a veces, de la comunicación, al aislamiento, el desarraigo y el desasosiego, tan constantes en los poetas de todo tipo de posguerras, pues parece que siempre ha de haber posguerras. Vivo sola, pero no aislada… un amor, una casa o un poema no pueden ser abstractos, especificaba quien se enorgullecía de primero sentir y luego pensar.

A los niños que fuimos y que serán, nos legó el reconocimiento de que la ciencia ficción fue -es- vuestra infancia, y será parte de nuestro futuro (Ibid.). Entre estos buenos augurios, la poesía de Gloria Fuertes surge de lo cotidiano, mientras se peina, pasea, observa la calle, escucha alguna música, en el metro… de lo cotidiano para trascenderlo, o para asirlo sin ínfulas, con humana humildad, como una amiga fiel que siempre nos cuenta cómo está. Soy alta, soy alegre, nací, escribo… son las palabras cargadas de persona con las que se inician algunos de sus poemas, comprensión dolorosa y dichosa al mismo tiempo. Una búsqueda que incluye el también personal ámbito de la espiritualidad (y de la deidad), al que dedica poemas, muchas veces, personificados en la figura de Cristo (c. 4 A.C. – c. 30 D.C.), como los de la Antología y poemas del suburbio.


Su poemario Aconsejo beber hilo (1954) incluye su célebre Autobiografía (Obras incompletas). Indagación y reconocimiento que, otras veces, nos hace partícipes de elementos más vanguardistas (surrealismo, por ejemplo), o del juego de palabras con los números (Ejercicio, Ibid.), las propias palabras, los verbos, las letras, los sonidos, las rimas, los animales, los árboles. Hasta en Poeta de guardia (poema del poemario de igual título) se hace importante la compañía de la soledad. El miedo ahoga pero no aprieta. Su visión totalizadora (e igual de difícil de alcanzar que el propio recorrido vital y terreno), es ordinaria por cotidiana y panteísta por intuición sabia. El caos diario de la existencia también se nos escapa, pese a que Dios estaba en el aire y en la lluvia (Ibid.). Como recuerda Rodas, el verdadero cristianismo lo encuentra al identificarse con la miseria y la frustración que se respira en el arrabal (Historia de Gloria, Prólogo). Y añade que la poeta mantenía una estrecha relación con Dios sin caer en el dogmatismo o el misticismo (Ibid.). A pesar de las dudas, humanas y recurrentes, es consciente de que la deidad nos dotó de libertad al nacer, y que la maldad -el mal uso de esa libertad- existe a pesar y para pesar de Dios. Ya solo creo en Cristo / en mi / y algo en tu voz, acota (Ibid.). Como nuevamente indica Rodas, la religión es algo distinto a la existencia de Dios (Ibid.).

Pero para ver el cielo se hace necesario pisar la calle o asomarse al balcón. O para disfrutar del humano espectáculo, como nos recuerda tan atenta espectadora al asegurar que mi ventana es un cine, en Ya la tarde se pasa (Obras incompletas). Por lo tanto, no reduzcamos a Gloria Fuertes, celebrémosla. También rememora Rodas, que conoció a la poeta en vida, que esta consideraba la muerte como una vuelta al lugar de antes de nacer (Historia de Gloria, Prólogo). Y hace bien en señalar el humor afín a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) como fuente de inspiración y de una paz que no es mi fin, sino el medio de conseguirla (Obras incompletas).

Con Gloria Fuertes persiste la poesía en su vertiente más honda, cercana y coloquial. Su necesidad de escribir es perenne, la de existir, ajena a quienes enajenan; esos espíritus oscuros que intentan destruir la luz de los luminosos (Ibid., Los Iluminados). Y frente a quienes creen conocer a un autor mejor que él mismo, Gloria Fuertes se posiciona en contra de toda utilización partidista e interesada.

Imagen de Emiliano M. Filgueira
Con viento fresco e irónico, y andarín lenguaje, en el mejor momento poético aunque no vital, transita Gloria Fuertes recordando las tareas invisibles del labrador, el albañil, el minero, la castañera; mostrando la diferencia entre el pobre y el mendigo (Obras incompletas, Otros pobres). Qué curioso y arduo es plantarse ante quienes tanto gustan, ayer y hoy, de prohibir, panes nuestros de cada día. Su poesía nos invita a alzar la voz sin aspavientos ni falsos mensajes teledirigidos. Su interés está en el niño que nació muerto, como en los que rebosan de vida. Paralelismo o binomio que se extiende a los muertos que están vivos, mientras los vivos permanecemos muertos (Ibid., Están vivos, Voces me llaman, Año Nuevo, Es más cómodo estar muerto, El ciprés del cementerio, etc.). En suma, tanto vivo en el metro va de cuerpo presente… (Ibid., Ciudad, fin de jornada). Esto es, de nuevo paseando entre la eternidad de lo pasajero y cotidiano, maldiciendo la injusticia e indagando en lo inasible. En una mano, una Oración para ir tirando y una Carta al Señor Dios (Ibid.); y en la otra, por qué no, un Como os decía, una humana afiliación, un camello a guisa de auto de los Reyes Magos, la evocación de los primeros hombres en el espacio… y el deseo de llegar a ser sobrenatural: la felicidad no te la hace ningún terrestre / solo algo desconocido o tú mismo / que si consigues hacerte feliz, pasas a sobrenatural (Ibid.).

Para saber cómo y quién era la persona que habitaba en Gloria Fuertes basta leer su excelente poema Geografía humana, o La huéspeda (ambos en Obras incompletas). O Desajuste en el desgaste (Ibid.), o el poema que da título al poemario Cómo atar los bigotes del tigre (1969), o tantos otros. Cada instante queda reflejado en un poema, cada poema es el reflejo de la necesidad de dejar plasmada una plenitud y una pesadumbre.

Gloria con los niños
Siempre me han gustado los poemas con fecha, no sé por qué, y lo que sigue ahora es mera especulación por mi parte, pero diría, sin apostarme nada, pues no es mi costumbre, que el poema titulado 1979 (en Mujer de verso en pecho), por el cual Gloria Fuertes establece la metáfora de la luna como una nave espacial, bien pudo sentirlo nuestra autora después de ver, sola en casa, uno de los inolvidables programas de Más allá presentados y dirigidos por Fernando Jiménez del Oso (1941-2005). Concretamente, el dedicado a las distintas teorías sobre el origen de la luna (emitido ese mismo 1979). Perdonen la acotación, esto son cosas mías. Las de Gloria Fuertes fueron unos poemas más sentidos que resentidos, más heridos que repensados. La soledad como única inspiradora y compañera. Tan perspicaz fue, que incluso se dio cuenta de que no todo es hacer una poesía para el pueblo, sino un pueblo para la poesía (En Historia de Gloria, Introducción).

Escrito por Javier C. Aguilera


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