La llegada, de Denis Villeneuve

23 julio, 2017

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Un adjetivo recurrente en los análisis positivos de una película o un libro es el de "redondo", que nos sirve para referirnos a que una historia está bien construida, bien estructurada y, en definitiva, que su realización está cerrada y conectada en todo su desarrollo con verosimilitud y lógica. Es decir, que todos los elementos hayan resultado coherentes desde el principio hasta el final, incluso que gracias a los acontecimientos finales comprendamos de manera definitiva aquello que quizás no habíamos entendido al principio. Cuando nos encontramos con una película con estas cualidades, nos complace, nos satisface contemplar cómo las piezas no solo han caído otorgándonos un buen dibujo definitivo, sino que todas esas piezas han estado ahí presentes siempre y han logrado su sentido cuando decidimos alejarnos de ellas. Por ello, seguramente este adjetivo case a la perfección con La llegada (Arrival, 2016).

Esta película fue dirigida por el canadiense Denis Villeneuve (1967), cuya carrera ha ido en ascenso, incluyendo una nominación al Óscar por película de habla no inglesa en 2011 y su debut en Hollywood con Prisoners (2013). Pronto también lo veremos tras la dirección de la secuela de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Blade Runner 2049 (2017).

Denis Villeneuve (derecha) dirigiendo a Amy Adams durante el rodaje
El argumento adapta el relato del escritor Ted Chiang (1967), Story of your life, trasladándonos a la vida de una lingüista especialista, la doctora Louise Banks (Amy Adams), a partir de dos acontecimientos relevantes, uno personal, la muerte de su hija Hannah, y otro internacional, la llegada de naves extraterrestres a la Tierra. Precisamente, sobre esta venida versa la mayor parte de la película, pero siempre desde el punto de vista de la protagonista. A diferencia de otras ocasiones, esta historia de ciencia ficción obvia los golpes efectistas para detenerse en una problemática más evidente: la diferencia no solo de lenguaje, sino de sistema de comunicación. Con una discusión imperante entre las ciencias y las letras, observaremos el valor de la lingüística para lograr un entendimiento con estos seres, la importancia del método de comunicación y cómo tan solo mediante esta investigación se puede lograr conocer la razón de esta misteriosa visita.

A partir de aquí podemos señalar tres aspectos relevantes en la película, dos relativos al enfoque y al desarrollo y un tercero ausente, aunque importante. En el primero situamos los presupuestos científicos o lingüísticos que sustentan la ciencia ficción de la película, como la hipótesis Sapir-Whorf. Debemos advertir que en este caso estamos ante una historia que en su primera mitad nos embarca en una trama de contacto con extraterrestres de forma seria y rigurosa con las hipótesis de las que parten. Así pues, no estamos ante una fantasía como pudiera ser Star Wars. No obstante, cabe destacar que toda esa ciencia se emplea como fondo para contarnos otra historia, como veremos en el tercer aspecto a comentar. No se aleja así de otras propuestas que emplean la ciencia ficción para referirse a cuestiones relativas al ser humano. En realidad, ya lo hemos advertido en muchas ocasiones: detrás de esos relatos, se encuentran reflexiones profundas sobre nuestra humanidad.


El segundo aspecto es el personaje protagonista, la doctora Louise. Siempre la seguimos: es nuestro foco de interés y a través de ella descubrimos esta historia. Aunque pudiera aparentar ser la historia de una llegada extraterrestre, en realidad, es su historia. Por ello, aunque en las primeras escenas con los extraterrestres se nos planteen secuencias cercanas al terror, este solo remite al miedo a lo desconocido, a los nervios que también influyen en la protagonista cuando va a conocer a estos peculiares seres. Incluso la música apoya esa sensación y solo logra esa tensión cuando la protagonista está cerca de la nave, una nave que incluso se ha ocultado hasta cierta parte del metraje, hasta que Louise ha decidido contemplarla. Junto a este contacto, encontramos fragmentos de su vida con su hija, una relación contada con ternura y tono trágico, y cuya importancia comprenderemos hacia el final de la película.

Así, tenemos una mezcla de géneros diversos: la ciencia ficción y la tragedia que narrada de otra forma podría considerarse materia típica de telefilm, la historia de amor de una madre hacia una hija con final dramático, pero que se afronta aquí desde otra mirada. En efecto, es una historia típica, pero narrada y envuelta desde la perspectiva de la ciencia ficción. Su resolución no es precipitada ni es fruto de un deus ex machina, sino que se nota presente desde sus inicios. A diferencia de otras películas que introducen un giro argumental para sorprender al espectador, La llegada ha sembrado todo su desarrollo de escenas que sustentan ese peculiar giro. Es más, ese cambio de rumbo argumental es también un cambio en la manera en que entendemos la película estructural y formalmente. 


Ahora bien, a pesar de nuestros halagos, la película tiene carencias. Por una parte, la mayoría de personajes son demasiado esquemáticos y estereotípicos, tanto en el caso de los soldados americanos que con un par de escenas obtienen toda su justificación para intentar atacar a los extraterrestres como en el terreno diplomático, tratado de una forma algo burda y representado esencialmente por un general chino. Podemos entender que Louise, al ser el centro de atención, desvía el desarrollo de los demás personajes secundarios, como es el caso de su compañero Ian Donnelly (Jeremy Renner), pero ello no debe hacernos caer en una motivación poco construida o lógica. Por otra, puede sentirse que el mensaje central es poco serio y no tiene mayor calado que otras ideas que se han observado en el desarrollo de la película. No obstante, más allá de estar de acuerdo o no con ese mensaje, lo acertado de La llegada es la forma de transmitirlo y, en parte, de engañarnos.

El tercer aspecto que mencionábamos es el otro lado de la ciencia ficción, aquel que incumbe a la posición de la humanidad. Lo cierto es que no podemos considerar La llegada como una obra cuyo eje central sea la ciencia ficción, en tanto que más bien la emplea para otro objetivo. Cuando llega el momento de asimilar o de enfrentarse a las grandes cuestiones que plantearía el descubrimiento que se realiza durante la historia, la película las omite. Por ejemplo, la cuestión del determinismo o la percepción del tiempo. Pero no lo hace de forma inconsciente, sino que simplemente no es el propósito de la película. Por ello, podemos decir, como advertíamos al principio, que es una película redonda, pero no necesariamente perfecta, especialmente según el prisma que pongamos sobre ella. En este sentido, está muy lejos de la seriedad que han alcanzado otras obras en torno a la ciencia ficción, pero juega muy bien sus cartas y pone presupuestos o teorías científicas y filosóficas al servicio de la trama.


En definitiva, estamos ante una película que propone un dilema afrontado con gran calidad técnica y un acertado desarrollo argumental, que enfoca tal situación desde la perspectiva de una protagonista sobre la que pendula siempre la historia y que engarza todos sus elementos para alcanzar un culmen lógico, sin dejar atrás la ciencia ficción, aunque pueda llegar a decepcionar por desviarse de ese terreno. En resumen, una propuesta delicada y humana en medio del espectáculo atronador y efectista.


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