Noticias: Crónica del concierto de Fito & Fitipaldis, gira de teatros 2012

20 noviembre, 2012

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Es difícil plasmar con palabras cada sentimiento que la música puede ser capaz de transmitir. Y más aún si se trata de música en directo de un artista ya consagrado, con todo el espectáculo y expectativas que ello conlleva. Siempre es una suerte que tu artista preferido actúe en tu ciudad, y, por qué no, todo un orgullo que cuelgue el sold-out semanas después de haber puesto a la venta las entradas para dicho concierto. Es el caso de Fito & Fitipaldis y de su concierto en el Palacio de Congresos de Granada el pasado 10 de noviembre, que resultó ser, como aquí adelantamos, un rotundo éxito.


Esta nueva gira, más íntima y con un ambiente teatral, como ya hablamos anteriormente en nuestro blog, nos permite disfrutar de una manera diferente de la banda, pero siempre con su rock al más puro estilo fitipaldi. Un cambio que también podremos observar en varias de sus canciones, con un lavado musical que pasa por incluir instrumentos no usados anteriormente, para sorpresa y admiración de los presentes. Mandolina, contrabajo, clarinete, banjo, flauta, violín, e, incluso, unas peculiares cucharas a cargo del batería Daniel Griffin, fueron algunos de los nuevos instrumentos que los músicos de la banda se iban intercambiando, con una interpretación sublime de cada uno de ellos. Cabe destacar también que el concierto contó con un público mayoritariamente joven, aunque es cierto que entre los presentes hubo una buena representación de un público más adulto, quizás más atraído por el formato teatral de esta gira o con una mayor capacidad adquisitiva para adquirir el elevado precio de las entradas.


Con una discutible puntualidad, la banda empezó con fuerza, rememorando uno de sus temas más conocidos, Por la boca vive el pez, un comienzo que hizo, sin duda, que la espera mereciera la pena. Una versión cuyo inicio presagiaba un aparente tema acústico, pero que, a la mitad del mismo, recobró su energía habitual para que el público pudiese vibrar con el primer subidón de la noche. Le siguió Sobra la luz, incluido en el disco homónimo a la anterior canción, y con el que pudimos descubrir que éste no iba a ser un repertorio habitual porque, al fin y al cabo, estábamos en un sitio que tampoco era el de siempre. Cerca de las vías fue el tema que le cedió el testigo, y el primero que nos costaría reconocer a lo largo del concierto, ya que fue el primer resultado de la transformación que Fito daría a varias de sus canciones. Éste, por ejemplo, tuvo un sonido más blues y country que el acústico original. Por suerte, quedarían muchos más.


A esta canción le siguió otra que también parecía totalmente nuevo. La nueva versión de A la luna se le ve el ombligo fue una de las canciones imprescindibles del concierto, interpretada magistralmente con mandolina, contrabajo y clarinete, y con un increíble solo de Hammond en el que Joserra Semperena descargó de forma impresionante toda su energía, llevándose una gran ovación por parte del público. A medida que avanzaba la noche, llegaría el turno para el recurrente tema instrumental, que en esta ocasión fue 214 Sullivan Street. Fito invitó a tocar junto a él a un tal Cucharitas, que resultó ser el batería Daniel Griffin, quien exhibió su talento con las ya mencionadas cucharas en esta canción. Un auténtico genio al que en esta gira se le va a quedar el apodo de El cucharitas.


Todos pudimos disfrutar de la cercanía de la banda, con un Fito realmente relajado y simpático que no dudó en hacer bromas con el resto de fitipaldis o dirigirse al público saludando a Graná, para deleite de sus seguidores granadinos. Incluso Joserra Semperena y Carlos Raya se adentraron en el patio de butacas acercando su música aún más a los presentes y causando furor en las personas que encontraban a su paso.

Destacable también cómo Fito rescata temas que hacía tiempo que no interpretaba en directo, sonando como auténticos regalos para los más nostálgicos: Que divertido, Mi funeral, Quiero beber hasta perder el control o A mil kilómetros. En total, fueron siete las canciones rescatadas de sus dos primeros discos como fitipaldi, Los sueños locos y A puerta cerrada, unos álbumes castigados en los imponentes escenarios de sus últimas giras y pensados para un contacto más directo con sus fans.


Te pones esto... ¡y te asalvajas! -bromeaba Fito al colocarse el banjo, otra novedad instrumental que hizo que Para toda la vida sonara como una auténtica ranchera. Otro espectáculo, esta vez de iluminación, fue el que pudimos disfrutar con El ojo que me mira, cuyos focos enfocaban al público presente y, a su vez, eran los focos los que simulaban unos ojos que nos miraban. Otro subidón de adrenalina llegaría con temas inevitables como Antes de que cuente diez o La casa por el tejado, canciones que no pueden faltar en cualquier concierto de Fito & Fitipaldis.


Momento significativo el que vivimos cuando Fito se colgó su eléctrica para deleitarnos con un entrañable solo de guitarra, el cual aún resuena en mi memoria. Los primeros acordes de Al cantar emocionaron a los presentes, desprendiéndose del resto de artilugios e instrumentos que hasta el momento le acompañaban y contando solamente con su voz, sirviendo así como tributo a su época pasada en Platero y Tú. Un homenaje a su anterior formación que no falta en cada una de sus giras y que sirve como recuerdo a los seguidores más veteranos del artista.


Otro de los momentos más intensos de la noche lo protagonizó Soldadito marinero, cuando un Fito desgarrado lanzaba el guante, en este caso, su micrófono, hacia los allí presentes para corear al unísono su mítico Después de un invierno malo... Un himno que se mantiene intacto en cada gira, pero que en ésta cuenta con un toque distinto, más folk y con aires de rock irlandés. Sin duda, uno de los principales temas que consolidó a los fitipaldis como icono del pop-rock español y que sigue presente en la banda ocho años después. Un ejemplo de que las grandes canciones nunca se resienten.


Tras acabar un concierto tan magnífico como este, podemos destacar fundamentalmente dos aspectos. En primer lugar, el sonido. La ventaja de una gira como ésta es que la buena acústica de auditorios y teatros juega a su favor, algo más difícil de conseguir en grandes superficies como polideportivos o zonas al aire libre. Y, en segundo lugar, la banda al completo tendrá un peso y una importancia todavía mayor, ya que la polivalencia de los músicos a la hora de intercambiarse instrumentos es impresionante y da mucho de sí a la hora de versionar sus temas de siempre.

Javier Alzola demostró que no solo sabe tocar el saxofón, destacando en varias canciones con el clarinete o la flauta, e, incluso, atreviéndose con la guitarra. Alejandro Climent alternó continuamente bajo y contrabajo. Joserra Semperena tuvo su momento estrella con el piano y el Hammond, pero aún más con el acordeón. A Daniel Griffin, como decíamos anteriormente, se le recordará como El cucharitas, además de ser un excelente batería. Carlos Raya, el segundo líder de la banda, tampoco decepcionó, manejando al detalle cada sonido de la guitarra eléctrica, mandolina, pedal steel y hasta del violín. Y, sin duda, Adolfo Cabrales, alma máter del grupo y quien, una vez más, supo dar lo mejor de sí mismo con su voz, su entrega y su dedicación. Un trabajo muy elaborado y complejo por parte de todos los integrantes de la banda que se ve totalmente reflejado en el concierto, que hizo disfrutar de una noche fantástica a todos los fans fitipaldis allí presentes.
 


Escrito por Mariela B. Ortega


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