Adaptaciones (XLVI): Harry Potter y el misterio del príncipe, de David Yates

16 julio, 2015

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Yates asumió definitivamente la dirección de las últimas adaptaciones cinematográficas de la franquicia del mago Harry Potter, para descontento de quienes no encontraron en el director a alguien tan capaz como lo fue Alfonso Cuarón en la tercera entrega de la saga, Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004). La anterior película, Harry Potter y la Orden del Fénix (2007) asumía la adaptación del libro más largo y, por lo observado, de los menos apreciados de la saga, por lo que, a pesar de contar con una correcta producción cinematográfica, que no alcanzaba cotas elevadas, se le disculpó por el material a adaptar y el cambio no ya solo de director, sino también de guionista.


Ahora bien, Harry Potter y el misterio del príncipe (2009, errónea traducción de lo que debería haber sido Harry Potter y el príncipe mestizo) reforzaba los factores más negativos de la anterior adaptación restándole valor a los elementos tan apreciados de la aventura mágica que a tantas personas atrajo. A pesar de estar ante una película que repite en su corrección técnica, en unos efectos especiales buenos y en una dirección tan correcta como anodina, observamos sobre todo una obra desperdiciada, tanto como adaptación como en su singularidad cinematográfica.

A diferencia de las cuatro primeras entregas, a partir de la quinta comenzaba toda una aventura completa y no autoconclusiva relativa a la guerra contra Lord Voldemort. Ya mencionamos que la anterior entrega marcaba el inicio de esa guerra con un capítulo dedicado a la incertidumbre del regreso del mago oscuro y a la manipulación política. En esta ocasión, la sexta entrega ofrece diversas perspectivas: la sensación de peligro ya explícito en la antaño segura Escuela de Hogwarts, la persecución de los mortífagos con la opresión al mundo mágico en general, la organización de las fuerzas tanto aliadas como enemigas y, por último, el necesario conocimiento del rival para afrontar la futura lucha. Todo ello en medio de un nuevo curso escolar, con sus tensiones académicas y personales, incluyendo en este caso las necesidades amorosas.

El error crucial como adaptación es invertir la importancia de todos estos elementos, ofreciendo una obra que se centra generalmente en las idas y venidas de las relaciones amorosas adolescentes que en el ambiente bélico y, principalmente, la formación más lograda de un villano como Voldemort, cuya historia queda reducida y, por tanto, caricaturizada.


La historia nos lleva al sexto año escolar en Hogwarts, momento en el que Harry (Daniel Radcliffe) acompañará a Dumbledore (Michael Gambon) en el descubrimiento del pasado de su mayor enemigo, Voldemort, para descubrir de dónde proviene su inmortalidad y poder derrotarlo. Además, ello contribuirá a fortalecer los lazos entre mentor y alumno tras los acontecimientos del curso anterior. De forma paralela, los protagonistas se ven envueltos en las intrigas de romances y querencias, aumentando la atracción hacia otras personas así como los desencuentros entre sí, especialmente entre Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson). Mientras prosiguen de esta forma su aventura, Draco Malfoy (Tom Felton) se ve empujado a ocupar el puesto de su padre entre los mortífagos, asumiendo una tarea encomendada por el señor oscuro que le supera, pero a la que hará frente con la protección del profesor Snape (Alan Rickman).

David Yates evidencia las tramas de Malfoy y de los líos amorosos por encima de la relativa a Voldemort, que, en realidad, era lo fundamental en la obra literaria que adapta. Por esta razón, encontramos una película cuyo guion está desequilibrado, forzando situaciones de amor adolescente de forma ridícula e incoherente con la evolución ofrecida hasta ahora. Es más, se inciden en personajes nuevos y el romance entre algunos personajes, como Harry y Ginny Weasley, se fuerza sin un desarrollo más pausado (aún más si recordamos que en la anterior película el protagonista estaba enamorado de otro personaje, Cho Chang, que desaparece por completo en esta entrega). El personaje de Ron es también vapuleado por las circunstancias que se le ofrecen y el plantel del trío protagonista no ofrece su mejor papel en esta cinta.


Por el contrario, lo relativo a Voldemort resulta más interesante, pero demasiado espaciado y limitado en comparación al tiempo que se dedica al resto de temas. Precisamente, se reduce a la trama de convencer a Horace Slughorn (Jim Broadbent) de actuar por el bien, ofreciendo algunas escenas interesantes, como el recuerdo a la madre de Harry, frente a otras ocasiones insulsas, como la cena privada en sus dependencias. Además, hay una falta de misterio (contradiciendo el título que se le ha dado) con respecto a las intenciones de Malfoy o sobre la existencia de los horrocruxes (a pesar de ser una trama reducida), resultando excesivamente evidente, contra la idea que siempre ha desarrollado la saga de jugar con las apariencias. Ni siquiera la cuestión del libro de pociones del príncipe mestizo, uno de los ejes importantes de la novela, se ahonda de forma lograda: la revelación de la identidad de este personaje podría haber resultado más interesante si la película se hubiera esforzado por plantear más interrogantes sobre el misterioso libro, cuya presencia es efímera. 

El tramo final muestra las debilidades de no solo una mala adaptación, sino una película mal desarrollada, que no logra un clímax potente, algo que se agrava si tenemos en cuenta que el guion dejó fuera hechos tan relevantes de la novela como la batalla en la Torre de Astronomía o un merecido funeral. El primer caso se podría entender como una decisión de no ensombrecer la batalla final de la última película, pero el segundo no tiene sentido, ya que no permite una adecuada proyección de las emociones provocadas por un acontecimiento tan relevante en la vida de todos los personajes.


Estos dos hechos, que fácilmente se hubieran podido introducir en la película, se unen a los cambios que esta adaptación introduce, principalmente eliminando elementos. Partimos, por ejemplo, del inicio de la película, evadiendo a la familia Dursley y añadiendo una escena en una cafetería sin demasiado sentido, salvo para acentuar precisamente el carácter más amoroso/hormonal de la película. También queda eliminado lo referente al nuevo ministro de magia, lo que impide incidir en el ambiente hostil y de temor, aunque se trata de suplir con el ataque a la Madriguera (un añadido que resulta contraproducente con los sucesos de siguientes obras; aunque añade emoción y opresión a la parte inicial de la película).

La falta de profundización en el personaje de Voldemort a través de los recuerdos deja fuera acontecimientos importantes de la vida de este personaje para comprender mejor al villano. Es más, las únicas dos escenas que se rescatan nos ofrecen la imagen de una persona malvada desde su infancia, pero sin ahondar en cómo avanzó su forma de ser a lo largo del tiempo. También falta cierta relación con la película anterior, donde una muerte relevante se completaba con la herencia en esta, aunque se omite. Por otra parte, y como se hizo patente en toda la saga, quedan eliminadas las tramas de elfos domésticos.


Al final, el proceso para hacer cada vez más oscura la franquicia prosigue, aunque en esta obra sea más una cuestión estética que por desarrollo argumental: la imagen con mayor contraste y colores intensificados, pero con un velo oscuro que ensombrece la escena y empalidece a los actores. Por otra parte, no hay ninguna intención artística más allá del traslado de una historia a la pantalla, a diferencia de la magnitud alcanzada por Cuarón en la relación entre el escenario natural y la película.

En conclusión, Harry Potter y el misterio del príncipe se pierde por un camino indeseado tanto por lectores como por espectadores, ofreciendo una visión de la historia cuya estética es más oscura que las tramas que más se desarrollan en su argumento, a pesar de que el libro base ofrecía material para crear una contundente historia en torno al villano principal. Una oportunidad desaprovechada que nos arroja una película mediocre dentro del nivel de la saga.



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