Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer

17 noviembre, 2018

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Hay ciertos artistas y grupos cuya impronta y personalidad marca toda una época y, más importante aún, logra trascender a una generación para alcanzar a las futuras. En las últimas décadas, el grupo británico Queen ha levantado pasiones y ha quedado convertido en leyenda no solo por su música, sino también por el fatídico desenlace de su más que carismático vocalista Freddie Mercury (1946-1991) a causa de una brononeumanía agravada por el sida. No era de extrañar, por tanto, que la industria cinematográfica se interesara en reflejar la vida del cantante que fascinó a legiones de seguidores desde los años setenta. Así surgió la idea de Bohemian Rhapsody (2018), que tras un largo proceso de preproducción con varias idas y venidas, ha visto la luz este año con la dirección de Bryan Singer, aunque el rodaje fuera finalizado por Dexter Fletcher.

La obra trata de realizar un recorrido por la vida de Freddie Mercury (Rami Malek) desde el momento en que se une a un grupo de rock llamado Smile, que posteriormente adoptará el nombre de Queen, hasta su célebre intervención en el concierto Live Aid de Londres. En ese viaje, se nos mostrarán varias facetas de su historia, tanto la musical, mostrando parte de sus giras, la concepción del disco A Night at the Opera o las disputas internas del grupo, hasta su apartado más personal, incluyendo su relación con Mary Austin (Lucy Boynton), el descubrimiento de su homosexualidad o las grandes fiestas entre drogas, alcohol y sexo.


Para analizar esta película podríamos tomar dos vertientes posibles: la fidelidad a los hechos narrados, dado que se trata de una obra basada en la vida de un artista real, o su consistencia como película. En el primer caso, basta decir que existen distintas incongruencias con la biografía de Freddie Mercury, aunque algunos de estos cambios son derivados de la necesidad de crear un tono dramático para la narrativa de la obra, mientras que otros son detalles que benefician la imagen de ciertas personas, como los componentes de Queen, mientras que degrada la de otros, estos últimos generalmente ya fallecidos y, por tanto, sin derecho a réplica, como el caso del propio Mercury. Ahora bien, es realmente el segundo caso el que nos debería preocupar, dado que Bohemian Rhapsody no es un documental, sino que pretende ser una obra dramática y se puede permitir, por tanto, esas licencias entre la realidad y la ficción. Y en esta cuestión, también encontramos ciertas deficiencias y carencias.

Por una parte, en el apartado más positivo, debemos alabar la caracterización de los personajes, con un reparto que se amolda a las circunstancias y que nos otorga tanto la apariencia como la actitud necesaria para desempeñar sus roles. No solo nos referimos al logrado protagonista, interpretado por un Rami Malek que se mimetiza con el auténtico Freddie Mercury, sino también a Gwilym Lee, que logra hacernos creer que es el propio guitarrista del grupo, Brian May. También están bastante acertados tanto Lucy Boynton como Mary Austin como Allen Leech como Paul Prenter. Podemos a su vez destacar el importante papel de la música en la película, donde se recupera el audio original de Queen, sin reinterpretaciones o versiones, incluyendo toda la secuencia del concierto Live Aid. Destacan en la recreación de las actuaciones del grupo el reparto, capaz de dar vida al grupo con aparente facilidad y resultando bastante creíbles.


Por otra parte, encontramos una historia personal invadida de clichés: el ascenso a la fama, la pérdida del camino a seguir a cambio de las fiestas, las drogas, el sexo y el descontrol y la redención final, pero trágica a la vez. De esa forma, el retrato que se hace de Freddie Mercury es estereotípico de las estrellas de rock clásicas, moviéndose entre la pasión por la música y las sombras extrañas y oscuras de adicciones, enfermedad y desavenencias varias. En este sentido, hay escenas en las que se oscila entre la soledad del protagonista y lo perturbador de su comportamiento, entre la cercanía y pasión de la música junto a sus compañeros y la forma en que se deja manipular por otros, entre su solidaridad y su egoísmo. Podríamos considerar que se trata de aportar matices, pero lo cierto es que se hace de forma algo burda, moralista o vacía, dado que no se plantean las motivaciones del personaje de forma adecuada.

Esto se observa perfectamente por el maniqueísmo con que se reflejan a los personajes. En el lado positivo, sin crítica alguna, tenemos a Mary y a los componentes de la banda, incluso a Jim Hutton. Precisamente, personajes como Brian May, Roger Taylor (Ben Hardy) o John Deacon (Joseph Mazzello) quedan desdibujados y planos, representando una serie de valores que no les otorga ninguna personalidad interesante, pese a lo bien interpretados que puedan estar. Como apartado positivo, el hecho de que se reconozca su contribución a Queen, dado que Mercury eclipsó con facilidad al resto de sus compañeros pese a su valía, algo que también se muestra en Bohemian Rhapsody.


En el otro lado encontramos el asistente o manager personal de Freddie, Paul Prenter, que funciona como antagonista y que es retratado de forma negativa, primero como obsesionado, luego como manipulador y, finalmente, como traidor. Incluso el protagonista es retratado como culpable del distanciamiento del grupo por intentar hacer una carrera en solitario, algo que contradice la realidad, pero que funciona a nivel narrativo en la película. Lamentablemente, no es una idea bastante original y, aún siéndolo, no está tan pulida y bien formulada como debiera. Incluso una potente secuencia en la que Freddie comienza su redención y encamina la obra hacia su último tercio, se da bajo la lluvia, en una escena bastante cliché, que, curiosamente, es de las que mejor funciona.

A todo esto hay que sumar algunas carencias en el montaje, con secuencias que se desarrollan atropelladamente, las referencias más que evidentes que se realizan, que quizás pretenden ser sutiles, pero acaban por ser excesivamente toscas, y un último tercio de la película donde todo se resuelve mediante una redención demasiado repentina, como si en el mismo día Freddie fuera capaz de solventar todo el daño causado tras varios años. De la misma forma que resulta algo ridícula la forma en que se desarrolla su relación con Jim Hutton, casi convertido en una caricatura amable, salvadora y campechana. Incluso su presentación en la película parece convertirlo en una especie de hada madrina que advierte del peligro al protagonista.


Por encima de todo, destaca el primer tercio, dedicado a la formación de Queen, a las grabaciones y las disputas en los despachos, que quizás hubiera sido un camino más interesante y que hubiera permitido profundizar más en la relación de Freddie y del grupo con la música que creaban, siendo además las escenas mejor logradas de la obra aquellas dedicadas a este aspecto de sus vidas. Incluso la recreación muy bien realizada de su participación en el concierto Live Aid, a pesar de que podemos considerar que como tal tiene un carácter anecdótico, dado que no deja ser más que una recreación de un hecho que podemos disfrutar de forma original sin más, añadiendo aquí tan solo cierto factor emotivo por la referencia a otros personajes (como la familia de Freddie, Mary o Hutton) o el impacto de insertar este concierto tan emblemático para el espectador.

En definitiva, Bohemian Rhapsody funciona en la medida en que aceptamos los clichés que nos plantea, pero, sobre todo, porque contiene una música atemporal y vibrante, que gustará tanto a los seguidores de Queen como a los neófitos del grupo. Pero para quienes analicen de forma más crítica la película, podrá observar de forma evidente sus carencias en tanto obra cinematográfica bastante mediocre, muy por debajo de aquello que pretendía retratar. 


1 comentario :

  1. Me apetece muchísimo verla. Creo que solo por rememorar la historia de este hombre, valdrá la pena.
    besos.

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