Ahora me ves..., de Louis Leterrier

20 septiembre, 2013

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Cuatro magos con sus vidas individuales y separadas son citados por una misteriosa persona para desarrollar una serie de trucos mágicos con una finalidad aparentemente criminal. Detrás de ello, un agente del FBI junto a una mujer de la Interpol intentarán adelantarse a sus pasos y atraparlos.

Con este planteamiento típico de las películas de suspense policíaco, con el original aspecto de la magia y con la habitual pregunta de cómo lo hizo que cada truco mágico y criminal provoca en los espectadores, se muestra un film que apuntaba formas y podía tener gancho con unos personajes posiblemente carismáticos, por lo que se demuestra en el principio.

Lamentablemente, Louis Leterrier no ha sabido conducir la idea a buen puerto, creando finalmente una película floja sostenida solo por los efectos especiales, algo quizás esperable en alguien habituado a films de acción como la saga Transporter (2002 y 2005) o Furia de titanes (2010). Leterrier deambula por un proceso de pinceladas, donde si bien cada acto tiene su importancia y nada queda suelto, deja huecos a los personajes, sin llegar a centrarse en ninguno.

Louis Leterrier junto a Morgan Freeman
Ni siquiera el personaje interpretado por Mark Ruffalo, el agente Dylan Rhodes, a quien más tenemos en pantalla, tiene una evolución lógica, pese a estar apoyado por Mélanie Laurent como Alma Dray, la agente de la Interpol. Contra ellos, los cuatro jinetes, que parecían ostentar el puesto de protagonistas al principio del film, apenas son desarrollados, simplemente pinceladas con conversaciones que, pese a tener en ocasiones un objetivo posterior y no quedar huecas, no sirven para conocer mejor a los personajes, que quedan completamente estereotipados.

Podemos añadir, además, que entre los cuatro, solo destacan Jesse Eisenberg y Woody Harrelson, por tener a los dos magos con más diálogos: el creído J. Daniel Atlas y el despreocupado Marrit Osbourne. Menos suerte tiene Isla Fisher, que suma otro papel, el de la escapista Henley Reeves, poco agradecido como lo fue su actuación en El gran Gatsby (2013), y también su compañero Dave Franco, que solo tendrá su momento álgido durante una de las persecuciones de la película interpretando al joven mago Jack Wilder.

Jesse Eisenberg como J. Daniel Atlas
Tampoco las estrellas más conocidas tienen suerte en este aspecto. Michael Caine interpreta a un millonario con apenas dos escenas relevantes, mientras que Morgan Freeman realiza un papel desaprovechado, el del televisivo descubridor de magos Thaddeus Bradley, que resulta mejor investigador que Dylan Rhodes pero al que, salvo escenas sueltas, sólo aparece al fondo de la verdadera acción.

Todo el desarrollo de la historia confiere así unos personajes huecos, vacíos, incluso con un giro final que pese a sorprender, resulta inverosímil, pues la respuesta clave, sobre quién está detrás de los cuatro jinetes, obtiene una respuesta que ha sido tan cerrada durante todo el metraje, que no resulta creíble, ni siquiera para sus personajes.

Dave Franco como Jack Wilder
Confusión con magia y personajes apenas trazado alrededor de más preguntas que respuestas, con un futuro que queda abierto para la segunda parte, ya prometida, y que será dirigida por el mismo director, esperemos que con mayor acierto. Se ha logrado una película entretenida, con escenas espectaculares, aunque tan solo eso.

Se puede valorar el intento de crear un thriller combinado con magia, pero cuyo resultado es fallido, al conseguir sorprender más con los efectos y con la espectacularidad, más al son de una película de acción, que con la trama, cuyos personajes están huecos y no logran transmitir más que un estereotipo. No obstante, como aconseja el film, mejor alejarse del truco, y ver si esta pieza tendrá sentido en un futuro, mientras tanto, nos sentiremos un poco desilusionados con el mago Leterrier y su intento de lograr un Ocean's Eleven mágico.

Isla Fisher como Henley Reeves
Escrito por Luis J. del Castillo




Música Inolvidable (XVI): Fleetwood Mac

19 septiembre, 2013

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Wait a minute baby, stay with me a while.
Said you'd give me light but you never told me about the fire.

Drowning in the sea of love where everyone would love to drown.
But now it's gone, it doesn't matter what for.
When you build your house then call me, “Home".
(Sara, Tusk, 1979)


Ejemplo de grupo “orgánico”, en continua evolución, Fleetwood Mac fue fundado en 1967 por el batería Michael “Mick” Fleetwood, el bajo John McVie y los guitarristas Peter Green y Jeremy Spencer. De la formación original solo permanecerán estables Fleetwood y John McVie, el resto será un ir y venir de guitarristas.

Esta sucesión de personajes entrando y saliendo durante los primeros años de existencia de la banda (desisto de proporcionar una lista, el lector interesado podrá hallar exhaustiva información en la red), dio finalmente como resultado, a mediados de los años setenta, una formación equilibrada, y lo mejor, profundamente renovadora. Esta formación será la que defina durante veinte años el estilo y personalidad del conjunto en la que es su trayectoria más conocida.


Veinte años en los que, no obstante, se despliega un número limitado de trabajos discográficos, haciendo buena la expresión de que más vale calidad que cantidad. En cuanto a la formación, esta acabó siendo la compuesta por Mick Fleetwood, percusión y batería, John McVie, guitarra y bajo, Lindsey Buckingham, guitarra y voz, y junto a la principal vocalista, Christine McVie (también teclados), se sumó la voz inconfundible de Stevie Nicks.

Como comentábamos, el sonido de la banda tampoco se “definió” inmediatamente. A lo largo de ir probando diferentes tendencias, lo que demostraba buen gusto y conocimiento de todo tipo de música y estilos, Fleetwood Mac pasó de ser una banda de blues a un grupo de rock, mezclado con pop y country. Pese a lo que esto pueda parecer, el periplo desembocó en un estilo bien definido y homogéneo. De hecho, en 1975, y ya para Reprise Records / Warner, la nueva alineación encontró la cima de la popularidad por medio de unos temas tan originales como pegadizos.



A partir de los ochenta, varios componentes (Stevie Nicks a la cabeza), decidieron probar fortuna en solitario -la maldición de muchos conjuntos-, aunque en este caso, sin dejar de lado la agrupación original, ya mítica. Así, de manera periódica pero firme, Fleetwood Mac continuó ofreciendo sus propios e inolvidables relatos musicales. A Fleetwood Mac (1975), trabajo que marca el renacer del conjunto, se sumaron sin prisas, Rumours (1977), Tusk (1979), Mirage (1982), Tango in the night (1987) y Behind the mask (1990).


For you, there'll be no more crying,
For you, the sun will be shining,
And I feel that when I'm with you,
It's alright, I know it's right.

(Songbird, Rumours, 1977)


Entre los temas más reconocidos y exitosos de la banda, destacan Dreams, Go your own way, Rhiannon, Hold me, So you love me, Sara, Tusk, Tell me lies y Gypsy (de estos dos últimos temas emblemáticos ofrecemos el enlace correspondiente a Youtube).


Escrito por Javier C. Aguilera "Patomas"


Descubriendo Nunca Jamás, de Marc Forster

18 septiembre, 2013

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Las vidas de los escritores que nos han deslumbrado con historias universales siempre han resultado interesantes para el mundo cinematográfico, sobre todo teniendo en cuenta el interés biográfico que una parte de la crítica literaria siempre ha suscitado por estos autores. Los hechos verídicos que rodean la creación de una obra pueden resultar así realmente interesantes para crear una película, como resulta ser Descubriendo Nunca Jamás, sobre la vida del famoso autor de Peter Pan, Sir James Matthew Barrie. 

Este film de 2004 no es el primero, ni será en último, en acercarse a la figura de un escritor, incluso aquí ya hemos hablado de Tierras de Penumbra, sobre un periodo en la vida de C. S. Lewis. Ambas películas comparten características, quizás por contener historias similares, aunque la dirigida por Marc Forster presta más atención a la creación de la obra más célebre de Barrie, Peter Pan, fruto de su relación con la familia Llewellyn-Davies. El director que apostó por esta historia se había hecho conocido con Monster's Ball (2001), tras la cual estrenaría este film con considerable éxito. En la actualidad, tras haber realizado Quantum of Solace (2008) dentro de la serie de James Bond, ha dirigido Guerra Mundial Z (2013).

Barrie: Los niños nunca deberían ir a la cama, cuando despiertan son un día más mayores.

Lejos de la acción y los thrillers en los que el director se ha visto envuelto en los últimos años, aquí tenemos una pieza más dedicada a la emoción y a los sentimientos, pero sobre todo, a la imaginación y a los sueños. El mundo de Nunca Jamás se deja vislumbrar gracias a Barrie, interpretado por un Johnny Depp menos esperpéntico de lo habitual en sus últimos papeles, y que nos regala una actuación digna. Su personaje es, sin duda, el centro de la historia, el que más se explora, y, sin embargo, el gran incomprendido. No lo podemos valorar por lo que piensa, pues pocas veces lo cuenta, pero sí podemos verlo, descubrir junto a él ese Nunca Jamás que crea junto a los niños. La película nos deja esa comparación entre el estreno de su obra anterior y el de Peter Pan, incluyendo para ello el breve papel de Eileen Essell como la señora Snow, que nos deja en su segunda intervención una brillante conversación con Depp, donde sin duda queda reflejado el propósito de Barrie con su obra.


Señora Snow: Ya sólo queda la labor del cocodrilo y su "tic tac", el tiempo nos termina dando caza a todos

Alrededor del escritor, otros personajes por los que sobrevuela el argumento, trazando pinceladas sueltas. No hay actuaciones brillantes, sobre todo por la poca profundidad que se les otorga, salvando al pequeño Peter, interpretado por un Freddie Highmore que se estaba dando a conocer con esta actuación tan lograda. No obstante, el film, pese al melodrama, planea superficialmente por las circunstancias de sus personajes, insinuando, enseñando, pero sin dar explicaciones, aligerando la marcha y siguiendo siempre el rastro, las dudas y las emociones de Barrie, combinando la tristeza, que aumenta según avanza el film, con los momentos de humor, que nunca se pierden. Se logra así un film que deja algunas dudas, pero que logra emocionar, que acabe con la sensación de lo necesaria que es la magia, volver a encontrarse con ese Peter Pan que era el autor.

Nos deja así el film a un autor un tanto idealizado, en contra de las convenciones sociales que trataron de tacharlo, pese a que la historia finalmente ha mostrado que no fue deshonesto en sus acciones. También se toman algunas licencias para aumentar el drama y se tacha a personajes como Mary Ansell Barrie o Emma du Maurier por pertenecer a esa alta sociedad estricta, aunque también se haga de forma equivocada, dadas las razones que ambos personajes muestran. Julie Christie dibuja una Emma luchadora y estricta, que sólo muestra su verdadero carácter al final, y Radha Mitchell actúa como la esposa de Barrie de una forma un tanto anodina, pasando por encima y sin llegar a transmitir lo que sería necesario para su papel.


Barrie: Cuando se atisba un resquicio de felicidad siempre hay alguien que quiere destruirlo.

Al otro lado, tenemos a Kate Winslet que crea a una madre cariñosa y, a la vez, una mujer cansada, que lucha contra lo imposible por mantener la infancia de sus hijos, guardar el paraíso que la muerte de su marido les ha cerrado. Sin duda, se trata del personaje que nos deja con momentos más emotivos junto a Barrie y a Peter, momentos brillantes que, sin embargo, pueden resultar algo huecos en su conjunto. La posible relación entre el escritor y la viuda queda también en el aire, quedando claro el cariño que ambos se tenían, pero más centrado en los hijos de esta que entre sí.


Así pues, la película de Forster deambula entre la vida real de Barrie y su mundo imaginado, el que a veces sorprende al espectador con escenas oníricas, sacadas casi de películas para un público infantil y que nos devuelve también a esos juegos infantiles e imaginativos. Junto a ellos, las primeras representaciones de Peter Pan en un logrado recuerdo al teatro de principios del siglo XX, por el que vale la pena echar un vistazo a las escenas del teatro en la parte final. Finalmente, una mención aparte para el polaco Kaczmarek, que nos deleita con una banda sonora idónea para el film y por la que ganó un Premio Óscar.


Escrito por Luis J. del Castillo





California Suite, de Herbert Ross

12 septiembre, 2013

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Hablar de Neil Simon (Nueva York, 1927) es hablar de uno de los más importantes comediógrafos de toda la segunda mitad del XX. Retratista mordaz, pero sin abandonar nunca, como diría Graham Greene, el factor humano, Simon comenzó su brillante trayectoria trabajando para cómicos de la talla de Sid Caesar y Phil Silvers. No es difícil intuir que, junto a su naturaleza intrínseca, ello le ayudó a convertirse en el agudo observador de idiosincrasias antropomorfas que es. ¡Lógico de alguien que siendo un niño recibió como regalo de cumpleaños un estetoscopio relleno de caramelos! Como seña reconocible de identidad, Neil Simon ha trabajado con naturalidad la identificación con el público. Sus personajes están vivos; de hecho, creemos que tienen una existencia anterior a la obra, y que tendrán una futura: su carnalidad les predispone a acometer su propia vida.

California Suite (Columbia Pictures, 1978), es la adaptación de una de sus obras teatrales, estrenada dos años antes, de la cual se ocupó el propio Simon, corriendo la dirección a cargo del competente realizador Herbert Ross.

A día de hoy, continua siendo un refrescante e irónico retrato, al margen de algunos apuntes de corte caricaturesco, que actúan a modo de “alivio cómico”.


Cinco parejas, una de Nueva York, una de Filadelfia, una de Londres y dos de Chicago, convergen en un hotel de Los Ángeles, California, para proporcionar todo un rosario de “personalidades”, celebridades ficticias o modelos-tipo reconocibles. Éstos no dejan de representar ciertos estereotipos (en el sentido más positivo), filtrados por el agudo sentido del humor y la observación de su autor. Están desde el que se “crece”, porque considera que en esta sociedad el que cede es considerado un débil, al que se muestra vulnerable para salvarse de la pena “por desliz”.

Cinematográficamente, ante la avalancha de reproches agudos y reconcentrados -convención asumida en una obra teatral por cuestiones de tiempo-, Herbert Ross deja que la acción respire cambiando de decorado durante el desarrollo de los distintos “actos”, los cuales no se acumulan, se entrelazan, proporcionando además una puesta en escena dinámica en la cual los actores se mueven por el “escenario” como reflejo de su nerviosismo, e interpretan con todo el cuerpo (y como se dice en política, con los tiempos “bien medidos”).


Desglosando las citadas parejas, encontramos a Diana y Sidney (espléndidos Maggie Smith y Michael Caine), un “matrimonio de circunstancias” inglés. Sus conflictos se centran en la inseguridad y el envejecimiento del personaje femenino, una actriz curtida en el teatro de qualité, que ha sido nominada al Oscar por una comedia tontorrona (cameo de James Coburn incluido), pero que hace las delicias de los espectadores (maldad de Simon), y su apego a un esposo sardónico aunque comprensivo, que cambió su mismo oficio, probablemente por los mismos temores que ahora la acosan a ella, para hallar cierta estabilidad en la profesión de restaurador, y en la aceptación de su propia naturaleza.

Otra pareja es la que ya no forman Hannah y Bill (Jane Fonda y Alan Alda). Hannah es sinónimo de la fortaleza que conviene adoptar ante un mundo despiadado, y madre sobreprotectora, emocional e intelectualmente, enfrentada a su ex marido, ya asentado en Los Ángeles, por la custodia de la hija.

El psicoanálisis, las apariencias, la sexualidad, el egoísmo, la rivalidad, el engaño y la intelectualidad neoyorquina frente a la aparente banalidad “playera” de la ciudad de las estrellas de cine, se desarrollan con corrosiva astucia en este otro excelente segmento.

 
El episodio de Marvin y Millie (Walter Matthau y Eleine May), y el de las dos parejas de color, los doctores Gump y Panama y sus esposas (Bill Cosby, Richard Pryor, Gloria Gifford y Sheila Frazier), son más intrascendentes en apariencia (una infidelidad conyugal y la rivalidad profesional y personal), pero suponen el adecuado contrapunto humorístico, y no están exentos de detalles malévolos.

El primero está resuelto a modo de situación vodevilesca clásica, y el segundo se muestra más cercano al espíritu del slapstick, no menos clásico; una comedia destrozona e hiperbólica en la que soportarse durante las vacaciones hace aflorar inquinas y rencores, provocando toda una batalla campal, “rematada” por un partido de tenis que se convierte en una competición a vida o muerte.

Neil Simon
California Suite es una obra sobre la frustración, a varios niveles: intelectual, profesional o artístico, y familiar. Por supuesto, también sobre las relaciones que se han roto, las que están a punto de romperse y aquellas que demuestran que, transitada ya la época de la pasión, lo que al final importa más es el cariño y el respeto mutuos, por cursi que parezca.

Entre los actores de apoyo encontramos a Herbert Edelman, el inolvidable Stan de Las chicas de oro (impagable su aparición con el chándal), asiduo del teatro, la televisión y también de las adaptaciones de Neil Simon.

Finalmente, pero no menos importante, hacer mención a la vivaracha e inspirada música de Claude Bolling, que imprime una personalidad bien definida a todo el conjunto.






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