Publicidad No-Subliminal (XXVIII): Marketing social, cuando en la publicidad nace la solidaridad

09 diciembre, 2013

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La solidaridad, el amor por el prójimo y el ayudarse los unos a los otros, es algo que hace al ser humano único, sobre todo recordando que las fiestas navideñas están a la vuelta de la esquina. Por eso, en cualquier ámbito cotidiano, hasta en la publicidad, podemos encontrar pequeños o grandes signos de solidaridad en los que alguien ha ayudado a otro alguien de forma especial. Cada día salen proyectos solidarios cada vez más originales y que cumplen  una serie de objetivos. Hemos visto campañas sociales donde las donaciones ya no son monetarias, sino que se paga con tiempo, o con otras acciones solidarias tan sencillas como dar un abrazo o compartir un lema. Hechos que conciencian a un segmento de la población a través de la psicología del consumidor  y bajo la transformación de un objeto que hasta ahora sólo había tenido una función (ser consumido) por, además, transmitir un cierto valor.


La publicidad social o solidaria, por tanto, no sólo consigue disparar las ventas, sino que además refuerza los lazos con el consumidor. La clave está en que uno de sus propósitos es añadir valor a la marca. Así lo demuestra un estudio realizado en España por Demoscopia para la Fundación Empresa y Sociedad, según el cual el 90% de los españoles asegura estar dispuesto a pagar un sobreprecio si el producto contribuye a ayudar a alguien. Además, la encuesta revela que serían los jóvenes con un nivel adquisitivo medio alto y alto los que estarían más dispuestos a pagar entre un 5% y un 10% más del precio inicial.

Una de las marcas pioneras en este tipo de acciones es Avón Cosméticos que, en algo más de diez años, ha logrado recaudar un millón de euros para financiar campañas informativas contra el cáncer de mama a través de Grupo Visión, institución creada por la propia empresa para esta iniciativa.


Y aún hay más ejemplos recientes. Así, Campofrío integró en su última campaña publicitaria a un joven en silla de ruedas. De esta forma Campofrío pone en práctica el protocolo firmado por el Comité de Apoyo a las Personas con Discapacidad en los Medios de Comunicación. El objetivo de este compromiso adoptado es demostrar que es posible contribuir a normalizar la imagen de las personas con discapacidad a través de la publicidad convencional.


Por otra parte, Tulipán apoya a través de un anuncio de televisión y de la web www.yotambienayudo.com al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. En el ámbito televisivo, Mediaset España desarrolla desde 1999 la campaña 12 meses, 12 causas, proyecto que se centra en intentar concienciar a la gente de los problemas sociales que nos rodean. Además, también surgieron los premios del mismo nombre para reconocer la labor de todos aquellos que contribuyen en proyectos solidarios.

Por otra parte, numerosos rostros conocidos se suman continuamente a campañas solidarias, ya que el beneficio y la contribución es mutua, y ayuda a incrementar el valor de marcas en ambos casos, ya sea en organizaciones no gubernamentales o en empresas que emplean la solidaridad en sus campañas de forma ocasional. De una manera ya más polémica pero igualmente válida para remover conciencias es el caso de la marca de ropa Benetton, cuyas campañas y anuncios siempre llaman la atención por ser demasiado explícitos o escabrosos, como ya descubrimos hace tiempo en nuestro blog.


En conclusión, la publicidad social debería ser un reflejo de lo que ocurre de forma cotidiana en nuestra sociedad, concienciando y dando a conocer los problemas que realmente nos rodean, dado que la publicidad ha evolucionado de la mano de los cambios en la sociedad. A mediados de la década de los cincuenta se consideraba que la prioridad era el crecimiento económico. De esta visión se pasó a que el desarrollo debía conseguirse mediante la distribución del ingreso y la asistencia social. Actualmente, se considera que el desarrollo se basa, como hemos destacado, en la educación global. Así, nos encontramos con usuarios y clientes cada vez más sensibilizados hacia temas sociales y humanitarios, además de que existe una gran cantidad de organizaciones y entidades conscientes de su dimensión y responsabilidad social. Toda campaña servida al cambio o al desarrollo social, aunque sea en una ínfima parte, habrá cumplido con su objetivo dentro de las inquietudes sociales actuales.


Escrito por Mariela B. Ortega




Dejad paso al mañana, de Leo McCarey

08 diciembre, 2013

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Dejad paso al mañana (Make way for tomorrow, Paramount Pictures, 1937) es una película sorprendente. En primer lugar, por su actualidad. Se desarrolla durante la Gran Depresión económica de los treinta y tiene por protagonistas a un matrimonio setentón, Barkley (Victor Moore) y Lucy Cooper (Beulah Bondi), que son objeto de un desahucio por impago. Pero tal vez lo más sorprendente sea la capacidad de su director, Leo McCarey (1898-1969), para narrar todo esto sin asomo de tremendismo, de manera contenida; y sobre todo, sin barrocos alardes visuales (esos que parecen ser tan necesarios hoy para “sobresalir” y convencernos a todos de que se es un realizador genial: nombres no faltan).

Dentro del aspecto argumental, en Dejad paso al mañana, la distancia entre jóvenes, adultos y “ancianos” es calificada de “abismo”. Tras la inicial reunión familiar (se habla de otra hija que vive en California, pero que no aparece físicamente), explota la “bomba”: los progenitores han de abandonar su casa. 

En un excelente apunte (de nuevo, de guión: ¡firmado por el propio McCarey como Viña Delmar!), el carácter de los hijos queda definido desde el primer momento: están el extrovertido, la hipócrita, el responsable… sin contar yernos y nueras. Un relato en que la falta de previsión del matrimonio (“no somos perfectos”, dicen en determinado momento), entra en colisión con la necesidad de los hijos de poder vivir su vida, de fijar sus propias reglas en un mundo cambiante (mudanzas de costumbre que se apuntan a través del personaje de la sobrina, Rhoda -Barbara Read-).


De este modo, la narración bascula entre el engorro de tener que cargar con el matrimonio mayor -en situaciones forzadas solo en apariencia-, al egoísmo biológico de los hijos, por medio de circunstancias que McCarey refiere de forma paralela. 

Malentendidos, conductas erróneas pese a la buena disposición, una ingratitud aparente… Esta “grisura” es lo que determina que el relato sea tan moderno; durante el reencuentro “último” de la pareja, tras un periodo de convivencia separada con los hijos, aparecerán otros personajes de tono amable (humano), como el maitre de un hotel o un vendedor de automóviles. Más que sobre la maldad o la bondad, se trata de una película sobre el paso del tiempo; no hay “buenos” ni “malos” en Dejad paso al mañana, y ese elemento es lo que otorga, a día de hoy, gran validez al conjunto.


La cercanía de lo cotidiano hace que el relato esté cuajado de situaciones fácilmente identificables (debidamente retratadas por la fotografía de William C. Mellor). Por ejemplo, cuando Lucy atiende al teléfono durante la “clase de bridge”, en casa de su hijo George (Thomas Mitchell), pese a la molestia que supone la presencia de la anciana, todos se conmueven al ser testigos involuntarios de la conversación. Exactamente igual sucede durante otro formidable momento: tras visitar el vestíbulo de un hotel frecuentado durante su juventud (y pese a los cambios sufridos), y después de disfrutar de un cóctel en la barra (al que son invitados), el matrimonio sale a la pista de baile, momento en que, desafortunadamente, la pieza musical lenta toca a su fin. Consciente de ello, el director de la orquesta tomará “cartas en el asunto”.

Y es en este mismo escenario donde, unos momentos antes, Leo McCarey ofrece otra lección de cine. Cuando la pareja está a punto de besarse, una pudorosa Lucy mira a cámara (esto es, a los extraños del salón; por extensión, al público), e interrumpe el amoroso acto.


Como vemos, existen muchos buenos momentos en la película. No podemos dejar de reseñar otras situaciones excelentes, como es la lectura de la carta escrita por Lucy. A Barkley se le han roto las gafas y pide ayuda a un amigo tendero; pero este se ve en la necesidad de detenerse en un momento determinado. En otra ocasión en que camina buscando empleo, alguien le pregunta si era contable, a lo que Barkley responde: “soy contable”. Por otra parte, cuando llega el momento en que “más hay que decir”, McCarey nos hurta el sonido de la réplica telefónica a una de las hijas, porque este no es necesario. Todo es prístino en Dejad paso al mañana, desde el guión a la puesta en escena.

Y es que para disfrutar de una película como la presente no es necesario ningún análisis sesudo, como sucede con todas esas obras “que hay que explicar” para que “puedan ser entendidas”, ya sean literarias, cinematográficas, musicales o pictóricas; como comentábamos con respecto a Umberto D. (Vittorio de Sica, 1953), estamos ante creaciones que se las “apañan” para ser contempladas y sentidas, puesto que “se explican” a sí mismas. Leo McCarey maneja los resbaladizos mecanismos de la emoción sin asomo de afectación. Existe ternura, pero no empalago -aunque los personajes pertenezcan a otra época-; hay una puesta en escena sencilla, pero no simplista; hay un ritmo pausado, pero no lento. Junto a la escritura, el valor del plano siempre fue el emblema de los grandes maestros.


Es en el referido segmento final de la película donde se concentran varios apuntes magníficos, visuales y argumentales. Argumentales porque, recordemos, es la primera vez que la pareja vuelve a estar unida desde el comienzo del relato; como parece que lo ha estado siempre (casi diríase que “felizmente aislada”); y visualmente, por ejemplo, en instantes tan espléndidos como la entrada de Barkley en una tienda, con la excusa de conocer el precio de un artículo, momento en que la cámara permanece fija, sin necesidad de ningún subrayado (léase, de insertos).

Leo McCarey
Dejad paso al mañana recuerda lo aprisa que pasa el tiempo, pero también lo importantes que son los recuerdos personales; hasta su sereno, y aún así, muy emocionante final (apoyado por la música de dos compositores de la talla de Víctor Young y George Antheil).

Una última indicación, si me permite el amable lector. Nunca he sentido reparo en reconocer mi afecto por el gran trabajo de los dobladores españoles (del pasado, principalmente); ahora bien, Dejad paso al mañana no fue estrenada en su día en España, por lo que la mejor manera de poder disfrutar de su contenido es verla en su versión original (muchos dirán de forma tajante que siempre lo es, por lo que recuerdo que mi opinión no es más que eso, una opinión, y que en cualquier caso, una postura no invalida la otra, sino que la complementa).

Escrito por Javier C. Aguilera


Concurso Libros y Literatura 2013

07 diciembre, 2013

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Hace unos días nos llegó una propuesta de un blog, Libros y Literatura, para participar en el concurso que organizan este año, donde participarán numerosos blogs con reseñas literarias, a las que podréis votar, considerando cuál es la mejor. Libros y literatura ofrece numerosos premios, desde un jurado y desde el voto popular a través de Facebook, así como sorteos entre los participantes y entre los que voten en la red social.


Este blog de reseñas y noticias literarias lleva mucho tiempo trabajando y colaborando con editoriales. Por ello, el jurado estará compuesto, además de los miembros del equipo de la web, por diversos escritores, editores y bloggers.

Nos complace volver a participar de forma consecutiva en este concurso; para ello, hemos seleccionado una reseña de una novela reciente, publicada en 2013, y de un autor del que hemos hablado en varias ocasiones en nuestro blog. Brújulas que buscan sonrisas perdidas es el último trabajo publicado por el polifacético Albert Espinosa, escritor que este año ha tenido una gran repercusión gracias al éxito de su serie televisiva Pulseras rojas y del lanzamiento de esta novela. Sin duda, 2013 va a acabar siendo un año inolvidable para Espinosa.

La reseña de esta novela fue publicada el pasado 27 de septiembre por parte de nuestra administradora MB. Esperamos que os guste nuestra entrada, la cual podéis leer aquí. El plazo de votación es del 9 de diciembre al 1 de enero, y podréis hacerlo entrando aquí.

Mucha suerte a todos los participantes.

Los animales son gente maravillosa, de Jamie Uys

03 diciembre, 2013

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Cartel original
Gente maravillosa, o como se comercializó recientemente en formato DVD, Los animales son gente maravillosa (Animals Are Beautiful People, Warner Bros., 1974), se abre con unas extraordinarias imágenes del desierto. Son la metáfora visual de la eterna lucha por la supervivencia en un medio hostil y la (bella) constatación de que la vida se manifiesta en cuanto tiene ocasión, ya sea en forma de extremófilos riotinteños, o de insectos tan campantes por los bastos y eternos arenales africanos.

La película fue minuciosa y pacientemente elaborada por el realizador sudafricano Jamie Uys (1921-1996), a quien también recordamos por la entretenida Los dioses deben estar locos (Gods Must Be Crazy, Twentieth Century Fox, 1980), ya con otros personajes de carne y hueso. En esta, su obra maestra documental, la vida se abre laborioso camino por los desiertos del Namib -Rojo y Blanco-, el Pre-Namib y el Kalahari. Son lugares hostiles, calcinados (inolvidable la imagen de esos “demonios polvorientos”), que curiosamente, también cuentan con sus jerarquías y “embriagamientos”.

Adaptación y supervivencia son personificados por unos seres entrañables, retratados por medio de una prosa ágil y divertida (dispensada por la voz en off), sin olvidar ciertos aspectos más que curiosos del “reino vegetal”: igual de inolvidables resultan las imágenes dedicadas al milagro de la floración.


Los seres que desfilan ante nuestros ojos muestran características y comportamientos tan humanos, que uno no puede por menos que recordar de dónde venimos (en un divertido juego, que cada cual escoja la especie). También hay entre los protagonistas buenos y malos (y feos, aunque a diferencia de algunos humanos, estos suelen serlo solo por fuera). Todo un ecosistema de madres abnegadas, estirados funcionarios, glotones empedernidos, reincidentes cabezones, y algún que otro humano que pasaba por allí.

Y es que este es el reino de los animales del desierto y la sabana, un hábitat que se han ganado a pulso, bajo esa característica tan fascinante como es el instinto.


Entre los momentos más celebrados y emocionantes, destaca aquel en que somos testigos de la lucha “elemental” y titánica que mantienen las nubes y el sol. También son retratadas las tribus que pueblan aquesta parte del mundo; por un momento, se nos hace partícipes de la idiosincrasia de los pueblos mahalaharis y la de los itinerantes bosquimanos, pero las auténticas estrellas del relato son los animalitos.

Gente maravillosa está narrada a modo de sketches o pequeñas historias, deliciosas aventuras protagonizadas por patos, peces, leones y suricatos. Una serie de historietas que alcanzan su más dramático momento con el relato de los pelícanos. La banda sonora se compone, principalmente, de una excelente y emotiva selección de piezas clásicas. He de añadir que, en la edición para video doméstico que conservo, existía un preludio en el que nuestro Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) se congratulaba por la película. Lamentablemente, esta presentación no se ha conservado en la edición digital.


Merece la pena, por lo tanto, conocer a toda esta “gente maravillosa”, y ensalzar la meritoria labor de Jamnie Uys al descubrírnosla. Su estela ha sido seguida después por otros grandes documentalistas, como David Attenborough (1926), pero Gente maravillosa supone un culmen difícilmente olvidable.

De hecho, aunque parezca un “lugar común” -y pese a que el desierto no suele ser precisamente “lugar común” para recordarlo-, Gente maravillosa desempolva la idea de que este planeta no nos pertenece a ninguno de nosotros, sino a sí mismo. Que del mismo modo, hay otros mundos paralelos que están en este, y que además, esto se puede decir con innegable gracia.




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