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El autocine (0): Presentación

24 mayo, 2014

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A MODO DE MANIFIESTO BLOGAL

Unas palabras previas si me permite el amable lector -pero que naturalmente puede evitarse, simplemente pasando al siguiente epígrafe-.

Cuando hace dos años Luis J. del Castillo me ofreció la posibilidad de colaborar en el blog que había fundado junto a su compañera Mariela B. Ortega, me interesó, además de volver a ejercitarme escribiendo, la posibilidad de poder ponerte en “comunicación” con un público tan disperso (en sentido espacial) como afín, porque significaba volver a actuar como –modesto- divulgador de aquellos asuntos y obras que particularmente nos gustan, a través de textos razonados –aunque no siempre se esté de acuerdo-, que focalizaran su esfuerzo no solo en el material literario, sino también en el musical o cinematográfico, aspecto último que, guste o no –que otra cosa es el desconocimiento que se tiene de él-, y pese a seguir siendo objeto de multitud de tópicos y toda (mala) suerte de lugares comunes, ha sido el arte definidor del pasado siglo XX por excelencia (del XXI aún no estoy seguro, aunque humildemente creo que, con toda probabilidad, no será el cine, que ya dio sobradamente lo mejor de sí, con todas las excepciones que se puedan sumar).


En segundo lugar, y creo poder hablar por los tres componentes del blog, nos anima el hecho de ofrecer un tipo de propuestas de análisis, acertados o no, pero personales, no de oídas; es decir, habiendo leído el libro (¡y no solo las solapillas!) y visto –o revisado por enésima vez- la película. Algo que puede parecer muy obvio…

En tercer lugar, y teniendo muy presente que la nuestra no tiene intención de convertirse en “la última palabra” de nada, está esa posibilidad de poder acceder a un buen número de aficionados, porque yo sí creo que –tristemente y todo lo que se quiera-, en estos momentos, lo que no aparezca en la red apenas si existe. Con todo lo injusto que esto pueda parecer para el material con soporte físico ya editado, de los que cada vez se acuerda menos gente (es la triste realidad que constato), y con todo el peligro que supone el quedar “perdido” entre el maremágnum de información que se encuentra en internet. Pese a ello, pensamos que merece la pena, y si no aspiramos a estar de acuerdo siempre con todo el mundo, si al menos a que nuestras opiniones sean respetadas; con eso nos damos por muy satisfechos.

(Dicho lo cual, en el Baúl somos un grupito de privilegiados que sigue gastando su escaso peculio en libros, como valiosos objetos físicos; de hecho, algunas de nuestras secciones glosan ediciones pasadas: el mercado del libro usado también representa a un determinado tipo de lector).


Cuarto, como no nos gusta el reduccionismo que presuponen los listados -al estilo de “¡Las cien mejores películas de no sé qué!” ó “¡El mejor poeta hispanoamericano!”-, nos hemos propuesto, en la medida que el tiempo y nuestras posibilidades lo permitan, abordar con respeto todo género artístico, siempre que la obra presente una mínima dignidad creativa. Esto es, no nos resulta menos loable un film de serie B, si está bien filmado -como sucede en la mayoría de casos-, que una superproducción, del mismo modo que una superproducción no es menos “cinematográfica” por el hecho de haber requerido más dinero, frente a un producto “prefabricadamente alternativo”, pongo por caso. Nos interesan los resultados, el saldo objetivo de una obra, no su adscripción o conveniencia ideológica; del mismo modo que no se nos caen los anillos si una gran obra de la literatura comparte cercanía con nuestra jolgoriosa y más desinhibida sección de Otros Mundos.

Granada al atardecer (fotografía de Mariela B. Ortega)
Quinto. Personalmente, y dejando al margen las novedades literarias o cinematográficas, que requieren de un tratamiento crítico pleno, a estas alturas he decidido no montar una jeremiada de aquellos productos que me decepcionan o disgustan; al contrario de lo que han venido pensando algunos críticos poco clementes, creo que con evitar hablar del asunto, solucionado -de nuevo dicho lo cual, ello no excluye algún que otro tirón de orejas, más que a determinadas obras, hacia determinadas actitudes, como el lector tendrá ocasión de comprobar algo más abajo, cuando aborde el “estado de la cuestión” de la ciencia ficción; además de que, por descontado, ¡aún quedan infinidad de obras que quisiera reseñar en este blog!

En último lugar, reitero mi agradecimiento a Luis, al que cariñosamente he venido en apodar “mi editor”, pues es quien se las apaña con las fotos y el material escrito que le envío para componer y “colgar” los textos, muchos de ellos redactados con bastante anterioridad, sobre todo en aquellas épocas de más trabajo. Quiero decir con esto, y nuevamente creo hablar por los tres, que si seguimos haciendo Baúl del castillo es, sencillamente, porque nos gusta y pensamos que merece la pena. Esperamos que el lector esté de acuerdo y siga favoreciéndonos con su compañía, para nosotros siempre personal, y sirvan estas palabras como anticipo a la nueva sección que inauguramos hoy en Baúl del Castillo, y que ya paso a detallar (a partir de la segunda imagen, en compañía del ilustrador Virgil Finlay, 1914-1971, del que también se cumplen cien años de su nacimiento).

A MODO DE MANIFIESTO FANTACIENTÍFICO

Imagen de Bruce Kaiser (2007)
A finales de los noventa aparecieron algunos documentales dedicados al cine clásico de terror y ciencia ficción de resultados bastante decepcionantes, no solo por desperdiciar a un maestro de ceremonias del talento de Christopher Lee, sino también por perpetuar el tópico más rancio. Cual engendro de Frankenstein, se trataba del típico producto túrmix, que amalgamaba un batiburrillo de imágenes -extraídas de los trailers, principalmente-, más apresurados que meditados, y paupérrimamente sazonados con el comentario de alguna que otra “estrella” en su ocaso.

Como comentamos en su día en la presentación de la sección Otros Mundos, el tópico se resiste a perpetuarse, instalándose servilmente en las conciencias. Hasta he llegado a escuchar recientemente que la ciencia ficción es “eso que gusta a los de ciencias” (¡arrea!) -en este caso flaco favor les hacía a las mismas, habida cuenta del mal empleo que hacía del idioma; la conclusión inevitable fue que “mola mucho” (sic)-.

En la medida de lo posible, y sin tener que renunciar a un tono cercano y cómplice, trataremos de evitar ese “colegueo” que parece ser la única forma de aproximarse a estos asuntos, según ese complejo de inferioridad que aún hoy detentan libros y películas de ciencia ficción (aunque las malas también existan, naturalmente), y que acaba por estropear programas y escritos que, a priori, podrían haber sido muy enriquecedores para el oyente o el lector común.

Al contrario de lo que se ha señalado a veces, yo no creo que el género de ciencia ficción careciera de identidad antes de los años cincuenta. Aunque dicha entidad no estuviera aún totalmente definida o consolidada, no puede minimizarse el papel de las revistas pulp, o de historietas tan influyentes en la imaginación y la cultura popular como Flash Gordon (de Alex Raymond), Superman (de Jerry Siegel y Joe Shuster) o Buck Rogers (mi favorito, de Philip Francis). De igual modo, quisiera recordar aquí la imprescindible colección de cómics de la E.C., al mando de Bill Gaines, que me temo, proporcionaría más de un sobresalto a los detentadores de la “originalidad” fílmico-literaria moderna.

Pero es que además, se da el caso de que el género fantástico fue una importante fuente de recursos narrativos y estéticos ya desde la época del cine mudo; baste recordar los nombres de Murnau, Protazanov, Lang o Harry O. Hoyt y Willis O’Brien (también espero que haya ocasión de reseñar alguno de estos títulos, ¡en el colmo de la gamberrada bloguera!).

Así mismo, pienso que no debemos caer en el error –tan atractivo parece, a algunos- de reducir el contexto social y cultural en que se desarrollaron buena parte de estas obras –me refiero a la década de los cincuenta-, a una mera “maniobra ideológica”. En cualquier caso, fue la interacción con otros géneros (cine negro, melodrama, comedia…) lo que enriqueció a la ciencia ficción. El hecho de que estas películas participen de estos, no quiere decir que estén exentas de entidad, porque la ciencia ficción sí llego a poseer un lenguaje propio: el cinematográfico.


El daño de cierta crítica intelectualoide ha sido proverbial (por ejemplo, con respecto al cine español de décadas pasadas), más interesada en criticar desde un punto de vista ideológico o antojadizo todo lo que se moviera -en la pantalla- (luego se quejan de ostracismo). Desde luego que el esquematismo fílmico existe, pero también la historiografía cinematográfica bajo unos parámetros anquilosados, adornada con unos comentarios que ya nacieron envejecidos.

Son posicionamientos excluyentes que considero absurdos: lo mismo podemos entresacar un valor positivo del periodo de la Ilustración, que de un ensayista que no comulgue –empleo el término no solo en sentido religioso- con nuestras ideas. Sin esta visión ecléctica, la labor de un historiador, de un filólogo o del simple aficionado, carece de sentido. En lugar de sumar lo mejor que cada arte y tendencia ofrecen, corremos el riesgo de caer en -por poner un ejemplo- el aluvión de estudios literarios, todos excluyentes entre sí, que surgieron a raíz del positivismo.

Se objeta, así mismo, que el papel de la ciencia en muchas de estas películas –no necesariamente las más malas-, es irrisorio, lo que no resulta rebatible, pero bien pudo despertar en multitud de jóvenes su interés por la auténtica ciencia y la investigación; al margen de que emplear esta argumentación denota cierta estrechez. Pero es verdad el aforismo que dice que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio…

La década de los cincuenta proporcionó nuevos argumentos en base al desarrollo científico y técnico que se prolongaría hasta las décadas siguientes, nutriéndose, es cierto, del temor a lo desconocido, o del pánico a una invasión más de este mundo que del de más allá. 

Pero conviene recordar que al otro lado sucedía lo mismo, fomentándose el recelo o el resentimiento más abyecto (aunque rara vez trascendiera: privilegio de los totalitarismos).

Otro punto se refiere a los grandes estudios cinematográficos, para los que el género de ficción estuvo relativamente desatendido, lo que no es totalmente cierto, modas aparte, pues constituía una nada desdeñable fuente de ingresos extras. Otra cosa es que se pensara que su producción debía ceñirse a la estructura de una modesta serie B (en el mejor de los casos). Unos logros que a nivel argumental, solo se atribuyen a determinados autores hispanoamericanos –magníficos escritores, por otra parte-, cuando es evidente que se sustentan en buena medida en el auge desplegado por esta “cultura popular”, a la que ellos sí se acercan sin resquemor, y que ya comienza a romper los márgenes genéricos y los límites narrativos (suele suceder en poblaciones con escaso conocimiento histórico-cinematográfico).


Con el género fantástico puede ocurrir de todo, la anormalidad se agazapa entre las situaciones más ordinarias, surgen monstruosidades físicas y psicológicas (no, no hemos pasado a hablar de política), se concreta la experimentación de lo sobrenatural, esa manipulación de las llamadas leyes naturales -también de forma aleatoria, debido a un “accidente”, por ejemplo-; símbolos de los anhelos más desatados (entonces, hoy casi nada está reprimido), representan el desorden de lo establecido, y no solo la fría respuesta a un mundo dividido en bloques.

De hecho, tan racista no debió de ser, sino toda, buena parte de la sociedad americana y la industria del cine en particular, cuando acogió a tantos profesionales foráneos, huidos de países con regímenes dictatoriales (la lista de personajes es inmensa).

Tampoco está de más recordar que “ciencia-ficción” fue un término acuñado por el ingeniero y editor de las Amazing Stories, Wonder Stories y Astounding Stories, el luxemburgués Hugo Gernsback (1884-1967), quien además ha dado nombre a uno de los más prestigiosos galardones para las novelas del género.

Por otro lado, no descubro nada si recuerdo que solo se pone en valor lo reciente, aquello que nos es contemporáneo, salvo tal vez, y no siempre, en el ámbito de nuestra propia especialidad. Por eso tendrá cabida en este apartado desde la imaginería gótico-romántica de las producciones de los años treinta, la eclosión de los cincuenta, y otras especulaciones posteriores, ya se trate de ciencia-ficción per se o de “fantaciencia” (que no excluye elementos más definidores del fantástico).

Con la liberación del átomo cambió la visión que de lo científico y lo humano se tenía, y pronto, el optimismo dio paso al cuestionamiento. Estos cambios van parejos a la madurez del género de la ciencia-ficción, tanto en lo literario como en lo fílmico. De modo que tendremos ocasión de disfrutar de una serie de diálogos tan “sujetos a derecho” como acientíficos, estos últimos, proporcionados por el desprejuiciado escenario paralelo de unas producciones irrepetibles.


Por descontado, está de más recordar que no todo lo legado tiene un mismo valor, ni siquiera que tenga algún valor. Dentro de sus posibilidades, exiguas en muchos casos (pero no vamos a llegar a tanto), disfrutaremos de películas con sonados hallazgos imaginativos, visuales y conceptuales. Y si es cierto que el tiempo determina, no es menos cierto que también hace caer en el olvido –o en el tópico reduccionista-, por lo que pienso que no está de más finalizar esta presentación, loando esa característica que no suele citarse a la hora de abordar estos productos: su capacidad, tanto entonces como ahora, para desarrollar la imaginación.

El arranque oficial tendrá lugar pronto. Desde luego, no todos los títulos serán lo que entendemos por “obras maestras”, pero la diversión está asegurada.

Escrito por Javier C. Aguilera


¡A ponerse series! (0): Presentación

23 septiembre, 2012

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Las chicas de oro
Amigos del Baúl, parece claro de un tiempo a esta parte que, tras haber pasado por un proceso de reciclaje y haber superado una larga etapa de mediocridad e insulsez, el medio televisivo se ha convertido, con pleno derecho, en refugio del lenguaje cinematográfico bien entendido, además de constituir un adecuado lugar de trabajo para muchos actores acosados por la tiranía de los ratings, santo grial de los magnates que lideran a golpe de estadísticas los hace tiempo extintos estudios cinematográficos (ahora corporaciones, holdings o lo que sea), ahogado al cine en una amalgama de innecesarios remakes, spin-offs, reboots, secuelas, precuelas y tontemas.

Sí, ministro
De tal manera que hoy día podemos hablar de un auténtico renacer del género televisivo, de nuevo bien entendido. Hubo un tiempo en que la televisión fue así, caldo de cultivo para los buenos productos (incluso en España), y el que se esté volviendo a ofrecer series de calidad, esto es, bien escritas, ambientadas, dirigidas y protagonizadas, resulta esperanzador y grato al televidente. No porque con estos productos no se pretendiera -o pretenda- ganar dinero (tontos serían), sino porque no se ha olvidado un alto nivel de calidad por el camino.

Star Trek

Con esta nueva sección no pretendemos hacer un análisis exhaustivo de todo el panorama serial televisivo (ya se encargan otras publicaciones, blogs y hasta espacios radiofónicos), sino recordar una pequeña muestra de aquellas series que marcaron época, o que la están marcando, y que a día de hoy, continúan siendo buenos ejemplos que se pueden seguir disfrutando. Y aunque no todo en el monte de las series es orégano, la idea es ofrecer una suerte de top-ten, aunque diez sea poco porque series hay muchas (seguramente lleguemos a quince). Digamos pues que se trata solo de una muestra (la preferida por Patomas, si me lo permiten, no necesariamente la mejor), donde se cumple el viejo axioma de si son todas las que están.

Poirot y Los Roper
 ¡Espero que os agrade la sección! Dicho lo cual, ¡nos vamos directos a Florida!

Escrito por Javier C. Aguilera “Patomas"


Nota de la administración de Baúl del Castillo: Esta sección ha sido creada por Javier C. Aguilera para nuestro blog, realizando por su parte un listado de series limitado que reseñará. No obstante, el equipo del blog puede usar esta sección para reseñar series que no pertenezcan a la muestra que nuestro estimado Patomas pretende realizar. Si sólo queréis conocer las reseñas realizadas por Patomas, acudid a su ficha personal para buscar sus artículos o a las secciones.

En tres, dos, uno... (I): Cortos para comenzar

31 agosto, 2012

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Inauguro esta sección mensual donde analizaremos cortos cinematográficos de una forma amena y completamente personal, analizando los apartados de argumento, actuación y música. Además, pretendemos dar a conocer este cosmos que se encuentra dentro del macrocosmos que es el cine. Al igual que la literatura, que tiene sus microrrelatos, los cortos sólo difieren en duración, pero pretenden contarnos grandes historias en menos tiempo que un largometraje.


La razón de que esta sección sea mensual tiene dos propósitos: mantener una pauta en su publicación dentro de este blog, a diferencia de otras secciones que son mucho más volubles, y proporcionarnos el tiempo para encontrar nuevos cortos que comentar, intentando, además, la colaboración los integrantes de nuestro equipo. Valoraremos, no obstante, como aficionados, pero no expertos, intentando aportar una visión de crítica constructiva, además de admirar lo sobresaliente en cada corto (siempre que lo haya). Aunque no daremos una puntuación, tan sólo la valoración subjetiva de los cortometrajes.

En este sentido, si eres un director de cortos, especialmente si lo eres amateur, y tienes tu video publicado en alguna plataforma, como Youtube, Vimeo o Dailymotion, entre tantas otras, estaremos encantados de analizarlo en esta sección, proporcionando no sólo una crítica, sino, además, una promoción en nuestra página, colaborando para dar a conocer tu obra a más personas. Para ponerte en contacto con nosotros sólo tienes que pulsar el botón de Contacto que encontrarás en la esquina inferior derecha de tu navegador.
Así pues, además de aquellos cortos que nos puedan llegar de vuestra parte, cada mes escogeremos personalmente tres cortos que tengan alguna característica común.

Pero, en esta ocasión, y por ser la inauguración de esta sección, vamos a traer tan sólo dos cortos analizados, diferentes entre sí, pero que quizás comparten el estar realizados por personas no profesionales. Al final os dejo de regalo el corto Steamboat Willie (El botero de Willie), el primer corto animado con sonido, seguramente una de las más conocidas historias iniciales del ratón Mickey (recordando, además, nuestra anterior noticia). Recordamos que nuestra valoración habla sobre el argumento, por lo que es recomendable visionar antes el material.




Corto:  
Rapiña
Realizado por Dupla Takes, bajo la dirección de Álvaro Sarró y Daniel Sanz

Historia:
La idea original parte de un grupo que debe realizar un corto, como los propios directores en este caso, pero realmente la historia no se centra en cómo hacerlo, sino en cómo solucionar un problema surgido a raíz de este. Los protagonistas deberán pagar una deuda de 20.000 euros y para ello recurrirán a un plan que les llevará a la ruina.

Sin duda, el proyecto es original, aunque pueda resultar surrealista por los acontecimientos que se van desarrollando de forma tan rápida, sobre todo a partir de la mitad del corto, cuando han conseguido el dinero. Se consigue, sin embargo, mantener unos perfiles concretos, como un químico psicópata, que, junto al protagonista, tiene las mejores frases del corto (salvando la excepción de ese "invencibles que te cagas" que no combina con el monólogo -latín incluído- pronunciado anteriormente).


El giro final da una sorpresa al espectador, seguramente ante el personaje más apartado del cortometraje y del que se han dejado pistas a lo largo del mismo mostrando su constante interés por conseguir el dinero, primero aceptando el plan loco de sus compañeros y después pidiéndole que coja el dinero al protagonista.

Así pues, en general, la historia está muy bien realizada, manteniendo la intriga con un guión que cuida parecer natural y algunas líneas muy bien marcadas para según qué personajes.

Actuación y aspecto técnico:
Podemos destacar dentro de estos actores amateurs las realizadas por Álvaro Sarró como Samuel, protagonista de la historia, Daniel Sanz como Keko, el personaje chungo, y la colaboración realizada por Luciano Sarró, interpretando en un principio al profesor. Estos resultan ser los más naturales en sus interpretación. Precisamente Álvaro Sarró y Daniel Sanz son los dos directores del corto, por lo que han estado más relacionados con la historia desde sus orígenes. En el caso de Luciano Sarró, podemos hablar de que, pese a su breve aparición, consigue dar a ese profesor una interpretación adecuada y con los tonos necesarios.

Samuel (Álvaro Sarró), como protagonista y narrador, presenta una interpretación natural y propia del personaje que realiza, proporcionándole una personalidad concreta que coincide con su actuación. En la otra parte, Keko (Daniel Sanz) consigue transmitir la oscuridad, podríamos decir, de su personaje, el más chungo del grupo y el que propone el plan. Aunque en un principio se muestra cuerdo, llegado cierto punto de la historia, cuando el dinero está en juego, tomará su furia para acabar con el químico en un combate que se llevará, de forma excesiva, cerca de un minuto de metraje.

Y siguiendo con el combate que mantiene Keko con el químico, debemos mencionar los buenos efectos que se realizan en las dos peleas producidas, pero sólo en algunos momentos clave. Por ejemplo, la primera pelea realmente no lo parece, siendo sin embargo muy bien realizado el puñetazo final. El caso de la segunda, tiene un buen comienzo, pero después, durante el minuto 19, se mantiene un plano de Keko donde parece estar casi bailando de forma extraña. Justo después se muestra la sangre, pudiendo haber sido Keko maquillado en diferentes ocasiones, para mostrar cómo el químico iba sangrando poco a poco. En otros casos, como el uso del bate o de la pistola, debemos felicitar a este equipo por realizar un uso que, pese a la falta de recursos, proporciona cierto realismo a los objetos empleados. Peor es el caso del maquillaje con sangre, que puede mejorar.

Un aspecto negativo en la interpretación son Ana Moreno y Sergio Moreno. Si bien ambos tienen un peso importante en la trama, siendo Sergio Moreno, como el químico, el personaje con las líneas más marcadas -en este caso, de psicópata- y un buen diálogo, desaprovechado en este caso por una interpretación algo superficial, que pretende mostrar a un personaje ausente, pero que lleva a la sobreactuación. En el mismo caso tenemos a Sara (Ana Moreno) que sobreactúa especialmente en la voz, creando tonos poco naturales y que resultan muy llamativos especialmente en las dos preguntas que realiza al principio y en la llamada telefónica. Quizás su mejor escena es cuando se aleja con el dinero al final, proporciona más mensaje a través del lenguaje corporal que por su voz. Pasa más desapercibido Alberto Rodríguez (interpretando a Álex), con un personaje más lineal, de pocas intervenciones. El diálogo con el químico es quizás la mejor muestra de su trabajo.

Fotografía de uno de los escenarios, tomada por Daniel Sanz de Dupla Takes
En los demás aspectos técnicos, cabe valorar que el montaje en algunas cosas resulta forzado, quizás mostrándose con más errores en el minuto 13, donde se realizan diversos cambios de cámara demasiado veloces. Por otra parte, la recuperación del químico en el minuto 14 resulta bastante buena, aunque quizás se alarga demasiado el efecto de mareo, desvaneciéndose de golpe cuando se podía haber disminuido lentamente.

Música:
Sin duda, un aspecto bastante positivo, con buenos efectos de sonido (la pistola es un buen ejemplo) y añadiendo la música en los momentos adecuados. La melodía que acompaña, in crescendo, la escena inicial, resulta perfecta y se coordina muy bien con la sucesión de las imágenes, incluyendo matices algo oscuros que ya anuncian algo de lo que nos vamos a encontrar. Además, en las escenas de acción se han seleccionado tracks que parecen extraídos de películas del mismo género, coincidiendo bastante bien con lo que se nos está mostrando. No obstante, se producen cambios bruscos al desaparecer la música y escucharse mejor el sonido de fondo -siendo pájaros en varias ocasiones al grabar en exteriores-.

Por último, la canción de los créditos deja un buen sabor de boca, pues comienza con la huída de Sara y ese fantástico giro final de la trama.



Corto:  
Jueves lluvia
Realizado por Side JF Productions, bajo la dirección de Juan Félix Castaño.

Historia:
Comenzando con una escena que será realmente el inicio de la última, nos introduce en lo que podemos uponer una historia trágica, conseguida a través de los gestos y la música de la introducción. Los motivos de esta escena serán revelados a través de un flashback que nos revelará la historia detrás de lo que acabamos de ver. De forma acertada -pues se trata de un corto- se elude toda la relación a través de pocas imágenes que nos hacen imaginar la buena relación que mantienen los dos personajes. Posteriormente surgirá el problema: el síndrome de Down del futuro hijo de ambos. Este hecho marcará a ambos personajes, que deberán tomar la decisión más importante de su vida. El personaje femenino lo tiene claro como muestran sus líneas, mientras que él, que parecía aceptar la situación, no soporta esa presión y sale a emborracharse. A su regreso realizará un monólogo sobre la igualdad de las personas y cómo realmente no debemos estar orgullosos de haber nacido de una u otra forma, pues eso lo provoca la suerte. El monólogo, sin embargo, contradice sus acciones.


Este hecho nos muestra la confrontación psicológica que el personaje tiene, trazándose así el conflicto de la historia a través de su duda y ofreciéndonos un buen personaje para el corto. Finalmente, tras destrozar la vida de la persona a la que quería y de su futuro hijo, él también muere con el coche. En las escenas finales se nos produce una ilusión: el niño sobrevivió. Esa misma ilusión que la voz en off nos irá transmitiendo en un monólogo final donde nos transmitirá la conclusión de la protagonista sobre lo sucedido. Destacan en el guión ambos monólogos como líneas principales, escaseando realmente otras, pues durante el corto se emplea más las escenas donde se refleja todo por la gestualidad o la música que por la voz, lo que confiere mayor fuerza y emotividad a la producción.

Si bien la historia de la surge es sencilla, el proceso se complica con el enfrentamiento que mantiene el personaje masculino en su indecisión: no puede afrontar su suerte. Pero ya se anunciaba desde el principio que estábamos ante una tragedia.

Actuación y aspecto técnico:
El espíritu del corto es, sin duda, María Castaño en el papel protagonista. Ella consigue transmitirnos desde el principio el sufrimiento, quizás no tan logrado con lágrimas, pero sí con gestos. Un gran trabajo en el que colabora, por supuesto, un buen montaje de luces y fotografía. Además, es la que mejor mantiene su línea y actúa con más naturalidad, quizás en algunas partes un poco sobreactuado, pero consigue transmitir lo que el corto pretende. Diferente es el caso de Miguel Monedero, quien falla al interpretar los diálogos, pues en las escenas donde interpreta gestualmente realiza bien su papel. Pese a la profundidad psicológica de la confrontación de su personaje, en ocasiones no consigue transmitir esa idea, pudiendo resultar el cambio de opinión entre tener o no a su hijo algo que sucede en su cabeza de golpe.


La doctora, interpretada por María José Maestra, interviene bien en su papel, aunque el guión es algo escabroso en esa escena, aportando algo de confusión al diálogo hasta la aclaración final. Falla ligeramente la aparición de laca Nelly en un estante del centro de salud, pero es algo perdonable como un descuido. Y por supuesto, a Francisco León Hernández sólo cabe decir que consigue aportar lo que se pedía: una gran muestra de cariño hacia el personaje interpretado por María Castaño en esa imagen que, fundida en tonalidades blancas, nos crea la ilusión nostálgica de un futuro que no ha sido posible, y que realmente concluirá en la exaltación de furia y en el duro monólogo con el que se despide el corto.

Técnicamente, cabe destacar la fotografía. Juan Félix, el director, consigue colocar la mira de la cámara en el paisaje justo. A destacar las imágenes del principio, las del coche de juguete, las de lluvia y el atardecer del final; además de un montaje que es suave y, sin complicaciones, consigue ser bueno. Quizás algunos errores en las escenas de la relación al principio, sobre todo en esa mirada de flechazo. A mejorar, quizás, el cuidado con el escenario, como ya mencionamos con el centro de salud.

Música:

En este caso se ha recurrido a varias canciones que aportan lo requerido para las escenas que acompañan. Intensa la melodia inicial que recoge nostalgia y melancolía en ese piano de Untitled 3 del grupo Sigur Ros, a quien recurre con otras dos canciones muy bien escogidas. En todo caso, la música consigue el objetivo: hacer llegar al espectador mejor los sentimientos o las emociones que los personajes denotan.

Hubiera sido un trabajo más elaborado crear música concreta para el corto, pero dada la dificultad de esto, se ha realizado un buen trabajo con las canciones escogidas para las escenas.



Cabe mencionar el hecho de que algunas escenas de este corto fueron censuradas por maltrato animal, como podemos observar a partir del minuto 5. Fue estrenado en 1928.

Y con esto terminamos esta presentación, el próximo mes esperamos ser mas homogéneos en los cortos seleccionados.

 
Escrito por Luis J. del Castillo


Otros mundos (0): Presentación

15 agosto, 2012

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El mundo de lo inexplicable, lo desconocido, lo paranormal (no, no vamos a hablar de política), es un tema que interesa, pienso, prácticamente a todo el mundo, pero que no siempre va acompañado de una adecuada información. Páginas hay, y alguna notable, pero dar con ellas es lo dificultoso, casi tarea de nigromante. El material hallado no es siempre el más aconsejable, siendo lo habitual penetrar en el reinado del lugar común, la leyenda urbana o el comentario espeluchado. Este es un blog de cine, música y literatura que pretendemos, modestamente, de interés algo más que anecdótico, y con esta nueva sección no se persigue otra cosa. Quiere esto decir que, no por tratarse de un tema tan singular, vamos a dejar de hablar de aquellos libros que de alguna manera, fueron significativos, tanto por el tema abordado, como por estar bien escritos.


Sin pretender saberlo todo, que no es el caso, vamos a desgranar a través de esta sección, una serie de libros -en consecuencia temas- interesantes sobre tan espinosa materia (o inmateria), para que, como nos decía el recordado Fernando Jiménez del Oso, sea el lector, en este caso, el que disponga de la mayor cantidad de datos fiables para poder sacar sus propias conclusiones. Nuestro grano de arena consistirá en ofrecer, a medida que el tiempo lo vaya permitiendo, una selección de obras de referencia, que no por atesorar riqueza en longevidad, resulten menos atractivas e interesantes para el lector actual. De ese modo uniremos nuestro cariño por los libros y las pasadas ediciones, con el interés por todo aquello que se oculta en el Baúl del terrícola de a pie. Y es que dentro de la divulgación esotérica, llamémosla así, existen también niveles de calidad. Naturalmente, los títulos aquí ofrecidos, serán producto de una selección totalmente personal pero, espero, transferible.


Esta sección retoma el nombre de una conocida colección de libros sobre el tema publicada por Plaza & Janés (concretamente, de 1967 a 1981, aunque prosiguiera hasta 1985 bajo el epígrafe de Realismo Fantástico u Horizonte), que a su vez tomaba prestado el título de una no menos célebre sentencia del escritor francés Paul Éluard, que venía a decir aquello de que “existen otros mundos, pero están en este”, con todo lo que ello implicaba. Y en este juego de cajas chinas no resulta desacertado constatar la influencia de la sentencia que Hamlet dedicaba a su amigo Horacio en la obra de Shakespeare de igual título, en la que le decía “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sospecha tu filosofía”. Y así hasta el principio de los tiempos.

Habrá muchos autores relevantes en esta colección, como corresponde a una época fértil y de calidad como fue las de los 60 y 70. Algunos solo están relativamente olvidados, digamos que en estado de hibernación. Otros son bastante conocidos por el aficionado, pero nuestra labor será la de comenzar de cero. Y si me apuran, pueden leer estas obras, ¡incluso como excelentes piezas de ficción!


La extrañeza ante lo extraño

¿Qué pretende esta sección, libros aparte? Vayamos a un ejemplo práctico. Año 2009, un debate (renuncio a llamarlos tertulias) en un conocido espacio de la radio española (la televisión hace tiempo que dejó de interesarme), donde el tema es “¿Cree usted en los Ovnis?” Observar, en primer lugar, que tras lustros de aplicada información -o visto el resultado desinformación-, se nos presenta un coloquio donde se sigue planteando el fenómeno de los no identificados en clave de fe, de creencia. Al año siguiente vuelta al asunto (para que luego ellos mismos se quejen de la excesiva recurrencia del tema), y donde las tres razones “racionales” que se esgrimían para explicar la fascinante cuestión eran -no las reinterpreto, las transcribo, conservo todos estos audios, aunque solo sea como valoración sociológica: a) Stephen Hawking chochea (tal cual) al proponer la posibilidad de vida en otros mundos, b) alucinaciones, producto de nuestros miedos y frustraciones; y la mejor c) consecuencia de la crisis del petróleo del 73 (que por lo visto aún padecemos).


Por desgracia esto no es una excepción. Basculamos con alegre frecuencia del hay-que-estar-abierto-a-todo -campo abonado para el relativismo-, a la más mostrenca cerrazón, a veces invocando a la Ciencia con mayúscula, pero siempre propiciada por la falta de información (por muy formado que sea el experto en cuestión en su profesión particular). Pues bien, el único dato objetivo esgrimido en el coloquio fue uno muy científico: la famosa retransmisión radiofónica que del clásico La guerra de los mundos de H.G. Wells llevó a cabo un joven Orson Welles para la CBS en 1938. La conclusión era que como los americanos son tontos del capirote, el fenómeno debía por fuerza ser otro camelo.


Sin menoscabo para todo lo bueno que la ciencia nos ha deparado, lo cierto es que en 2009 o 2010, que un programa que pretenda formar (o informar) al oyente sobre un asunto tan complejo, y con independencia del medio, plantee la cuestión en idénticos términos que en 1969 resulta cuanto menos chocante, aunque muy ilustrativo. Si fuéramos perversos sería fácil concluir que el humano está (pre)destinado o condenado a repetir los mismos tópicos y no aprender nada de si mismo ni de su pasado, pero como queremos ser benévolos y asegurar que los egipcios fueron la única civilización en el mundo cuyos conocimientos, parece que abundantísimos, no pasaron a las generaciones posteriores, convengamos que cada cierto tiempo es necesaria una buena tarea de divulgación (que no todo es cuestión de tecnología), para no caer en las edades oscuras, aunque estas sean digitales. Aparte de que suponer que la ciencia lo sabe todo es pura soberbia.


En cualquier caso, mi más rendida simpatía a los estupefactos -más que indignados- oyentes del citado programa, para los cuales la desinformación y el empecinamiento no son las únicas constantes del universo. Tuvieron motivos para su asombro, en el programa (mismo espacio) dedicado a los cuarenta años de la llegada del hombre a la luna, el veterano periodista que retransmitió el evento sentenció que aquello “no significó nada” (literal).

Creer no es, por tanto, la clave, a pesar de ser el lema de una popular y estupenda serie de televisión. Como constataremos, una cosa es creer y otra es saber. Así, la información será el único motor que nos permita interesarnos por lo trascendente. Y a partir de ahí se podrá debatir hasta hartarse.


De ese modo, aún sin pretender -insisto en ello- saberlo todo, miraremos de cuando en cuando al cielo (el nocturno es más agradecido), con cuidado de bajar la vista para no tropezarnos, recordando que el universo también existe y que podemos sonreír a esas personas a las que parece que les fastidia que pueda haber vida en otros lugares, a veces con absoluta irritación antropocéntrica, fraudes aparte (que siempre los habrá).

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