Mostrando entradas con la etiqueta David Opatoshu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Opatoshu. Mostrar todas las entradas

El cardenal, de Otto Preminger

16 abril, 2014

| | | 0 comentarios
La vida de El cardenal (The cardinal, Columbia Pictures, 1963), es la de un hombre al que le ha tocado observar el paso del optimismo desbocado que se instala tras la Primera Guerra Mundial, a la desolación de los tiempos previos a la Segunda. 

Una desolación que, no obstante, no está exenta de otro tipo de optimismo, menos vital que ideológico, que por fortuna y pese a la exagerada leyenda negra con que se le ha recubierto, tiene fecha de caducidad. Nos referimos, claro está, a la aquiescencia de una parte de la iglesia con el totalitarismo, o con la segregación racial, otro aspecto no exento de cierta connivencia.

Y es que, pese a lo que pudiera pensarse, el argumento de El cardenal no se centra tanto en los entresijos eclesiásticos como en ese discurrir de todo un periodo histórico, bastante confuso de por sí, aunque naturalmente, los interiores vaticanos tengan su relevancia, principalmente a la hora de abordar el choque entre renovadores y conservadores.

Estamos en 1963, otra época de cambios, reflejados ya más tangencialmente en la espléndida película de Otto Preminger (1905-1986), escrita por Robert Dozier (1930-2012), en base a la novela de Henry Morton Robinson (1898-1961), con fotografía de Leon Shamroy (1901-1974) y música de Jerome Moross (1913-1983).

Ésta vida está narrada en amplios flashbacks, que Preminger establece por medio de encadenados: el tiempo queda así inexorablemente ligado a esas vivencias, personales pero ecuménicas. Y también dolorosas, es éste un caminar de la mano de la inherente crueldad que proporciona el paso del tiempo. Ya durante los títulos de crédito, al maduro caminante le acompaña la soledad (más física que espiritual), además de la épica aunque nostálgica música de Moross. Nuestro personaje camina por calles y sube escalinatas, en una sencilla pero bonita metáfora de ese devenir, por el que los hombres pasan mientras los peldaños permanecen. El trayecto es tanto físico como vital, puede decirse que el ahora cardenal está literalmente pisando la historia, ¡como no puede ser de otro modo en Roma! No se me ocurre forma más gráfica y hermosa de comenzar el relato.

Otro elemento resulta destacable. A lo largo de la película, Preminger da relevancia a la profundidad de campo, presentando nítidamente figuras dentro del paisaje, al fondo. Sucede en un claustro, o durante la algarabía de unos estudiantes con las juventudes hitlerianas, en Viena. Hasta el humor tiene un claro fundamento, como ocurre con el comensal que se arrima a Steve durante un baile vienés, o con las voces de Hitler, a puerta cerrada (y tumba abierta).


Steve (Stefano para los italianos) Fermoyle (Tom Tryon) es un hombre que, en definición de su amigo y colega, el obispo Quarenghi (Raf Vallone), combina “el empuje norteamericano y el amor romano por la vida”. Es originario de Boston, y cuando regrese a visitar a su familia, de ascendencia irlandesa, se pondrán a prueba sus atribuciones.

El primer flashback se centra en la infelicidad de su hermana Mona (una estupenda Carol Linley), cuyo episodio con el joven judío Benny (John Saxon) refrenda que las religiones pueden ser excluyentes de un amor entre diferentes credos. “Creemos que solo nuestra Iglesia es la verdadera”, admite Steve. Éste será un hombre muy distinto al del final del relato, sin que ello signifique menoscabo en sus creencias. Lo que sí cambia es su acercamiento a ellas, el punto de vista en favor de una mayor humanidad, aunque siga manteniendo su ya temprana postura con respecto a no tomar las Escrituras “al pie de la letra”. Pero de momento, el hecho es que él cree que “un sacerdote ha de ocultar sus sentimientos”.

Steve desea trabajar como historiador y teólogo, pero para su desgracia, se ha convertido en un erudito en un mundo de administradores. Ya en la parroquia de Boston es testigo de la influencia de ciertos personajes pudientes y “distinguidos”. Y peor aún, comprenderá los motivos reales del esporádico apoyo a sus escritos. Más parece que sea el roce con otros seres humanos que la adscripción a unas determinadas creencias, lo que le hace reexaminar todo continuamente. La “cura” se la proporciona el cardenal Glenn (John Huston), cuando le envíe por un tiempo a una parroquia de pueblo, Stonebury, para echar una mano al padre Halley (Burges Meredith), y encontrar las raíces de su vocación.


El resto de rememoraciones de Steve también están cronológicamente fijadas. En Viena, 1924, el joven sacerdote aparece como un profesor de idiomas vestido de seglar, lo que favorece su amistad con la estudiante Anne Marie (Romy Schneider), en un momento en que sigue repensando su condición ministerial.

En Roma y Estados Unidos, 1934, tomará contacto con el racismo y la discriminación hacia las personas “de color”. Cuando una de las manifestantes le recuerda que su posición “está en la Biblia”, Steve comprende el peligro real de malinterpretar, o tomar “al pie de la letra”, las Escrituras. La comunidad eclesial es vista así como la tensión que se establece entre los motivos personales que han permitido a cada uno abrazarla, más la voluntad de adecuarla, frente al compromiso y obediencia generales. 

Sucintamente se apunta que, pese a la explicitud de una doctrina, hay varias iglesias dentro de la Iglesia, según las nacionalidades que la conforman (como sucede con la alegría o decepción que conlleva el que un Papa sea de tal o cual nacionalidad). En este sentido, Steve es el portavoz conciliar de la adaptación de la vida cristiana de los fieles.


Junto a la necesidad del pueblo por creer –incluso por vía de un falso milagro de la Virgen-, se agazapa la crueldad de las reglas divinas (o humanas), caso de la hermana, sin reparar en la crueldad que conlleva un consejo, solo porque así lo establecen dichas normas. Claro que se suele aprender con el transcurrir del tiempo, cuando el daño está hecho.

Debemos hacer mención a la excelente labor fotográfica de Leon Shamroy, que traslada todo este ocaso vital, por ejemplo, a la habitación donde está encamado Ned Halley, a la penumbra del cuartucho que habita Mona, durante la charla del aún sacerdote con el cardenal Glenn, en Roma, o a la iglesia vienesa donde Steve medita a solas. Así mismo, resulta estremecedora la conversación final entre Anne Marie y Steve, cuando ella ya ha sido encarcelada.

Premiger con Romy Schneider (Foto del rodaje)
Análisis de las carencias de una institución bastante humana, y así mismo recordatorio de las personas que con su honestidad y dedicación la pulen, El cardenal es, además, meta-cinematográficamente, el reflejo de otro momento trascendente, el del Concilio Vaticano Segundo.

Entre otros actores de soporte, destacan Cecil Kellaway, David Opathosu, Ossie Davis, Murray Hamilton y Arthur Hannicutt.

Escrito por Javier C. Aguilera


Para el sábado noche (XXX): Su mejor enemigo, de Guy Hamilton

03 febrero, 2014

| | | 0 comentarios
Con producción de Dino De Laurentiis (1919-2010) y bajo la dirección del británico Guy Hamilton (1922-2016), a quien recordamos por sus aportaciones a la saga del agente doble cero, Su mejor enemigo (I due nemici / The best of enemies, Columbia Pictures, 1961) aborda de forma desinhibida pero franca, las relaciones interpersonales que pueden establecerse durante un conflicto bélico, tan paradójicas como vitalistas.

Es un relato que nos recuerda que siempre hay otro lado en la moneda e incluso que “los otros” también son seres humanos. No en vano, además de contar con profesionales como Giuseppe Rotunno, encargado de la fotografía, o Nino Rota para la partitura, el guión fue obra de Suso Cecchi d’Amico, junto a Agenore Incrocci, Jack Pulman y Furio Scarpelli, en base a una historia de Luciano Vincenzoni. Estamos en la región de Abisinia -la actual Etiopía-, en 1941.

Los roles culturales se supeditan, en un principio, a la visión estereotipada que “del otro” tiene cada contrincante, lo que no quiere decir que dicha visión no se apoye en realidades sociolingüísticas codificadas: Su mejor enemigo es un boceto de caracteres. Así, episodios como el robo del té, o actitudes relacionadas con la disciplina y la marcialidad, darán paso, finalmente, al complicado idioma universal del respeto y la cortesía, elementos que proporcionan uno de los más emotivos finales que pueda tener una película.

Los principales representantes en lid están claramente definidos. Al mayor Richardson (David Niven) no le agrada que se burlen de él, e igual le sucede al capitán Blasi (Alberto Sordi). Mientras unos son más abnegados, retraídos y disciplinados, los otros, demuestran sus sentimientos de un modo más abierto y son más bravucones de palabra que de obra; pero ambos “sienten” a su manera.


De hecho, ¿qué ocurre cuando las personas se ven obligadas a permanecer juntas y relacionarse? Es cierto que suelen producirse alianzas ante una amenaza común, pero el guión no olvida cierto carácter de fatalidad: el fallo mecánico de un avión, al comienzo del relato, o la muerte de un animal, que provoca unas reacciones imprevistas. Simbólicamente, durante la resolución de este “episodio”, todos acaban metidos en la misma charca.

Y es que Su mejor enemigo no es exclusivamente una película sobre la guerra, sino sobre el respeto a las ideas y circunstancias del otro (y el tomarse la molestia de pensarlas), por mucho que unos tengan que ganar y otros perder, algo en lo que intervienen mucho los azares de la dinámica de una guerra. Estos, están vistos aquí bajo un prisma humorístico, pero no se trata de un humor chabacano, sino inteligente.

Es el humor que otorga a la imaginación -y el orgullo- la capacidad de convertir cada batalla en una victoria “histórica”, haya sido ganada o no. O el que culmina con los errores de un “servicio de información”, por el que la misma, es proporcionada al “enemigo” por sus propios agentes. O el que erige letrinas en pleno desierto. Junto a estos momentos, asistimos a una secuencia extraordinaria, aquella en que el capitán Blasi muestra sus fotos familiares a Richardson.


En Su mejor enemigo encontramos a buenos característicos como Harry Andrews (el capitán Rootes), Michael Wilding (el teniente Burke), y David Opatoshu (Bernasconi, el médico del bando italiano). Los actores sostienen un relato que es la recreación de cierto tipo de “incidentes”, más o menos habituales a lo largo de un conflicto bélico, y que conllevan el trato entre dos –o más- oponentes. Por ejemplo, el cese de las hostilidades para celebrar la Navidad (hecho acaecido en 1914), festejada con un partido de fútbol entre alemanes, franceses y escoceses.

En realidad, esta visión más idealizada -solo en apariencia-, ha proporcionado un subgénero dentro del género bélico, representado dignamente por trabajos como La gran ilusión (La grande illusion, Jean Renoir, 1937), La gran guerra (La grande guerra, Mario Monicelli, 1959), Todos a casa (Tutti a casa, Luigi Comencini, 1960), ¿Qué hiciste en la guerra, papi? (What did you do in the war, daddy?, Blake Edwards, 1966), La gran juerga (La grande vadrouille, Gérard Oury, 1966), Una tumba al amanecer (Counterpoint, Ralph Nelson, 1967), El secreto de Santa Vittoria (The secret of Santa Vittoria, Stanley Kramer, 1969), Oh, what a lovely war (Richard Attenborough, 1969), o Feliz Navidad (Joyeux Nöel, Christian Carrion, 2005). Su mejor enemigo se cuenta entre las mejores del grupo, proporcionando algo de paz en la guerra, tal y como reclamara Miguel de Unamuno. Son reflejos de la condición humana como farsa, más en un sentido ontológico que meramente despectivo.


Aparte de la versión original, los fragmentos que en su día no fueron doblados (pocos), se presentan en la edición para DVD en versión original subtitulada -que es lo que conviene hacer, en lugar de redoblar toda la cinta-.



Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717