Mostrando entradas con la etiqueta Andy Serkis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andy Serkis. Mostrar todas las entradas

La guerra de las galaxias. Episodio VII: El despertar de la Fuerza, de J.J. Abrams

21 diciembre, 2015

| | | 0 comentarios
Este análisis comenta cuestiones relativas al argumento, contiene spoilers sin giros importantes de la trama.

La expectación es un arma de doble filo. Debemos partir de la base de que no se puede complacer a todos, ni siquiera las considerables mejores obras son del gusto de todos de la misma forma. Aunque los parámetros en que se mida la calidad de determinada materia artística puedan establecer si una obra es magistral o no, lo cierto es que hay un campo que va más allá de esos parámetros, algo que se ha venido a denominar de muchas formas, como el duende flamenco, el hado o, casi en términos platónicos, el alma.

Ahora bien, debemos impedir quedar cegados por nuestras emociones más intrínsecas o, peor, por una mitomanía exacerbada y pueril a la hora de analizar lo que vemos, leemos o escuchamos, aunque no por ello despreciemos que algo nos ha gustado, que lo hemos disfrutado, a pesar de reconocer sus carencias y sus fallos. Porque, entrando ya en materia, lo cierto es que La guerra de las galaxias. Episodio VII: El despertar de la Fuerza (2015) tiene carencias, esencialmente en el esquema argumental con respecto a la originalidad, pero no por ello deja de ser una película de un gran entretenimiento, quizás hasta hipnotizadora y con una gran fuerza a base de levantar emociones muy humanas: el sentido de la justicia, el abandono, la duda, el humor y la fraternidad sirven de ejemplo.

Por todo ello, hay que acercarse con cautela a esta nueva entrega de la saga ideada por George Lucas, Star Wars, dado que no podemos apresurarnos a llamarla obra maestra (habría que plantearse qué entendemos por obra maestra), pero tampoco despreciarla de forma absoluta. Se debe huir de las críticas que queden cegadas por los extremos sin argumentar con lo que uno se encuentra en pantalla, aquellas que argumentan a partir de lo que hubieran deseado ver.

J. J. Abrams y Kathleen Kennedy
Resulta imposible olvidar el fenómeno que La guerra de las galaxias ha supuesto para la industria del cine y para toda una generación, o varias, de espectadores. A esa presión se enfrentaba J. J. Abrams (1966-) cuando fue seleccionado por la nueva compañía dueña de la saga, Disney, para dirigir el que ha supuesto el primer paso de una nueva trilogía, la tercera ya, y de toda una serie de películas derivadas, como la futura Rogue One (2016) o el spin-off dedicado a un joven Han Solo (2018). Pero, además, era la continuación directa de la primera trilogía, la de los episodios IV, V y VI, aquella que la mayoría de seguidores consideran la mejor de toda la franquicia, a años luz de la generalmente denostada trilogía-precuela.

Con la tutela e insistencia de la productora Kathleen Kennedy, actual directora de Lucasfilm dentro del conglomerado Disney, J. J. Abrams se atrevió a ponerse a los mandos de la película no sin cierta reticencia, pues pesaba sobre él la idea de estar convirtiéndose en un chico de secuelas. Aunque Abrams tenga una carrera televisiva (Felicity, Alias o Lost dan cuenta de ello) y cinematográfica que empezó en los noventa, tan solo ha dirigido tres largometrajes antes de enfrentarse a Star Wars, y dos de ellos han sido continuaciones: Misión: Imposible III (2006) y Star Trek (2009), siendo Super 8 (2011) su única pieza individual, heredera del cine de aventuras juvenil de los ochenta. Lo que resulta evidente es que Abrams es también un seguidor de aquello que le han encargado realizar y, por ello, este Episodio VII bebe de las mismas fuentes que lo hiciera la trilogía original.


El inicio de cualquier película de la saga es mundialmente conocido, lo extraño es encontrarse con un número más, dado que la trama principal y final de los episodios II y III eran previsibles, pero este nuevo nos adentra en la dimensión desconocida: ¿qué ha sucedido tras derrocar al Imperio Galáctico? La primera frase con la que se abre la película, en el habitual texto ascendente sobre fondo estrellado, es el objetivo de la película: la desaparición de Luke Skywalker (Mark Hamill) y su necesario regreso para hacer frente, como el último Maestro Jedi, a la nueva amenaza que pende sobre la galaxia, la Primera Orden. Sin embargo, esta aventura comienza lejos de nuestros estimados héroes, en el planeta Jakku, donde se encuentra la única pista del paradero de Skywalker.

Pero el destino actúa en un juego de casualidades siniestro y nos conduce a la unión de dos personajes distintos, pero afines. Por una parte, un desertor de la Primera Orden que hará suya la empresa del piloto rebelde Poe Dameron (Oscar Isaac), que acaba por aceptar el nombre de Fin (John Boyega) y cuyo anhelo es huir, escapar de la maldad que ha presenciado desde dentro; por otra, la chatarrera Rey (Daisy Ridley), que fue abandonada en este planeta cuando era niña y que aún espera a su familia, a que regresen a por ella, por lo que no puede arriesgarse a escapar, a buscar una aventura pese a que es lo que más desea. La misión de Dameron y del pequeño y simpático droide BB-8 empujará a ambos a escapar del desértico planeta en busca de respuestas. Así, juntos deberán enfrentarse a sus propios miedos y deseos para hallar una nueva vida, quizás lejana a aquella que esperaban, y embarcarse en una aventura que decidirá el futuro de la galaxia.


El despertar de la Fuerza sigue las ideas básicas de Una nueva esperanza (1977), pero les otorga una nueva identidad, personajes con más desarrollo interno y un enfoque distinto respecto a ciertos hechos. Abrams podría haberse distanciado aún más de la que fue la primera película de la franquicia, pero lo cierto es que ni siquiera El retorno del jedi (1983) lo hacía, imitando también un modelo similar, con respecto a la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte. El comienzo en el planeta Jakku resulta trepidante y en poco menos de media hora nos ofrece la perspectiva de que estamos ante un nuevo enemigo temible, como lo era el Imperio, y que la situación de los rebeldes no ha variado tanto a pesar de contar con el apoyo de una nueva República. A su vez, plantea de forma ligera algunas características de los que serán los dos protagonistas y también el antagonista.

La segunda parte nos lleva a terrenos conocidos, especialmente con la aparición estelar de Han Solo (Harrison Ford) y su sempiterno compañero Chewbacca (Peter Mayhew). Curiosamente, la película tiene una escena un tanto absurda en esta ocasión con una resolución un tanto desconcertante, aunque pronto se recupera para continuar la travesía espacial hacia nuevos horizontes que pondrán un nuevo reto a cada uno de los protagonistas: seguir adelante en la aventura o asumir su papel en el equilibrio de la Fuerza. Finalmente, la base Starkiller de la Primera Orden se sitúa como el equiparable (o, más bien, como superior) a la amenaza de la Estrella de la Muerte, y estaremos en el tramo final dentro de una aventura contrarreloj para destruirla y, además, para rescatar a uno de los personajes; se concluye así con un duelo doble: entre las fuerzas de los rebeldes y esta organización heredera del Imperio y entre el lado luminoso y el lado oscuro de la Fuerza.


Resultaría absurdo ponerse a medir o calcular el número de referencias o similitudes con el Episodio IV, desde detalles tan curiosos como la reaparición de la bola de entrenamiento con la que se entrenó Luke con Obi-Wan hasta las similitudes más evidentes, como la sucesión de acontecimientos: droide con información vital para la Resistencia acaba perdido, joven con potencial en la Fuerza, la aparición de ese montón de chatarra que es el Halcón Milenario, la aparición de un personaje-mentor que se convierte en una especie de figura paternal para la protagonista, un amenazante villano oculto tras una máscara, un arma tan poderosa que es capaz de arrasar mundos, pero con un punto débil que puede ser atacado con naves espaciales...

Seguramente, se trata del hecho más molesto de la película, es decir, notar que no se ha buscado una trama global novedosa dentro de la franquicia, algo que quizás sí aportaba la trilogía-precuela, aunque su desarrollo no fuera el adecuado. No obstante, todo se envuelve de un halo de novedad, gracias sobre todo al trabajo realizado con los personajes, a la forma de narrarlo visualmente logrando una mezcla perfecta entre el estilo clásico de la saga y unas incorporaciones digitales poco saturadas, y, en definitiva, a otorgarle un espíritu fidedigno a la saga, pero innovador en determinados aspectos, aunque no sea el caso del entramado principal.


Entre las novedades, seguramente el carácter de los protagonistas, incluido el principal antagonista. Tanto Finn como Rey no se muestran como personajes planos, sino que, al revés, dudan acerca de lo que tienen o deben hacer. Para el espectador, resulta fácil sentirse relacionado con unos personajes que se ven arrojados a una aventura espacial, siendo perseguidos por una entidad oscura, y dudan sobre qué hacer. Seguramente podríamos desear que ambos tengan mayor determinación, por ejemplo, cuando Rey comienza a comprender qué es la Fuerza, desearíamos que asumiera ese papel de heroína al instante, pero no lo hace, y eso la convierte en alguien no cobarde, sino más humano. En esto, debemos admirar el potencial de la actriz Daisy Ridley, un descubrimiento para la saga que consigue encarnar a Rey con naturalidad, en esa mezcla de adicta a la mecánica, proto-guerrera jedi, superviviente nata y necesitada de una vida nueva, más estimulante.

A la zaga también va John Boyega encarnando al soldado de asalto desertor de la Primera Orden, quizás menos logrado que su compañera, pero soportando un papel que aúna los nervios y el temor que provoca su idea continua de huir junto a un necesario espíritu de justicia y fraternidad que origina un retorno y, por supuesto, que ocupe el papel que le pertenece en el entramado. Si cuando Han Solo huía en Una nueva esperanza comprendíamos que estábamos ante un hombre algo canalla, pagado a sí mismo y poco interesado en perder la vida por algo en lo que no creía, aquí es comprensible la actitud de Finn ante los terribles sucesos de los que ha podido ser testigo, que, por otra parte, permanecen en el misterio. Por cierto, no se deja nada al azar y la película otorga explicación a por qué no son clones los soldados de esta Primera Orden; en este sentido, cabe destacar cómo se logra dar respuesta a algunas dudas con una sencilla intervención o frase en el punto adecuado.


Por otra parte, cabe destacar la creación de una relación entre amistosa y romántica entre Finn y Rey de una forma tan natural que supera, sin duda, las riñas de Han y Leia en la trilogía original y la artificiosa relación de Anakin y Padmé en las precuelas. Se marca así un nuevo tipo de conexión que junta cierta sutileza con algunas frases románticas que no resultan cargantes ni otorgan un cariz excesivo, sino que, por contra, resultan creíbles. Incluso podemos afirmar cómo ambos se complementan y gracias a su mutua colaboración logran superar sus dudas internas. Hasta podemos considerar que Finn es el responsable final de que Rey ocupe el papel de heroína jedi, siendo él también capaz de enfrentarse a sus temores aunque sea con un arma, la espada láser, que, como la película se encarga de remarcar, no está hecha para él.

Por contra, frente a estos dos nuevos protagonistas postulados al lado del bien, en el lado de los villanos encontramos una situación desigual. Kylo Ren (Adam Driver) deviene a ser un Darth Vader previo, seguramente un mejor Anakin en proceso de cambio hacia el lado oscuro de lo que fue el que vimos en La venganza de los sith (2005). Aunque resulta imponente y sanguinario, se puede notar cómo no actúa realmente como lo hacía Vader, siendo incluso más piadoso con sus hombres (lo que otorga un punto cómico al hecho de que arroje su ira sobre parte del mobiliario espacial) y con una posición menos segura y determinada (hasta su espada láser se muestra inestable). Quizás revelan su identidad excesivamente pronto, aunque ello no resta valor dramático a los acontecimientos posteriores y a comprender las razones para que nos encontremos ante un villano que, igual que los dos protagonistas, duda sobre lo que está haciendo, a pesar de su idolatría a lo que Vader representaba. Como él dirá en la película, hay algo que lo está desgarrando desde dentro.


A su lado, el general Hux (Domhnall Gleeson) y la capitana Phasma (Gwendoline Christie) resultan ridículamente artificiales. El general actúa de una forma tan fría, con ecos de despotismo, pero con la ausencia de la personalidad que desprendía, por ejemplo, Peter Cushing en Una nueva esperanza. Desconocemos si es Gleeson el que no está acertado en su interpretación o si, por contra, está respondiendo justamente a lo que le requerían. No obstante, en el espíritu de esta nueva película, personajes tan huecos o planos quedan atrás con respecto a lo que estamos viendo.

A su vez, la capitana Phasma acaba por ser un personaje ciertamente ridículo, mal empleado y completamente desaprovechado; era de esperar que, ya que se incluía por primera vez un personaje villano femenino en la saga y en una película donde se motiva la exploración interna de los personajes, se le diera algo más no solo de presencia, sino de desarrollo. Lo mismo sucede en el caso del piloto Poe Dameron en el bando rebelde, cuyo carisma inicial, muy semejante al de Solo en la trilogía original, es desperdiciado en la mayor parte de la película.


A otros personajes de la vieja escuela también se le da poca cancha, como sucede con Leia Organa (Carrie Fisher), que vuelve a dar muestras de su vinculación con la Fuerza en una escena similar a la de Yoda en La venganza de los sith, mostrando así su lado sensitivo. También es el caso de los droides R2D2 (Kenny Baker) y C3PO (Anthony Daniels), que pasan a un segundo plano con respecto a BB-8, otro de los fenómenos más identificables del espíritu de este Episodio VII. Por otra parte, tenemos la inclusión de un imponente villano en la sombra, el Líder Supremo Snoke (Andy Serkis) desde este primer episodio de la nueva trilogía se distancia del enigma con respecto al Emperador en las otras entregas, aunque su historia siga siendo un misterio. En el lado del bien, un nuevo personaje recreado con CGI que emula algunas características de Yoda y del Obi-Wan interpretado por Alec Guinness, ejerciendo casi como una sustituta de Maestro Jedi, a pesar de reconocer que no lo es: Maz Kanata (Lupita Nyong'o le da voz).

La carga dramática de la película la sobrellevan de una forma sutil y especial los personajes Han Solo y Leia Organa en este reencuentro entre Ford y Fisher después de tantos años. Solo se muestra algo envejecido y no falto de la chispa original, siendo el miembro del elenco original que más interactúa con los nuevos personajes, cediendo así el testigo. Ambos personajes nos hacen ver que, después de tanto tiempo interno como externo, siguen manteniendo algo mutuo, aunque los problemas, generalmente elididos, hayan provocado una actitud melancólica entre ambos. Sus diálogos dan una buena muestra de cómo lo hecho con cierta simpleza sutil puede llegar a ser no solo suficiente, sino hasta más brillante que los diálogos demasiado explicativos.


Con respecto a otras características generales, debemos apuntar hacia el humor que recorre como una espina dorsal toda la película, estando mucho más presente que en otras entregas gracias, sobre todo, a su naturalidad y a un reparto equilibrado durante todo el metraje. Además, hay distintos personajes que dan cabida a distintas expresiones graciosas, como la ironía de Poe, la torpeza de Finn, la socarronería de Solo, las siempre elocuentes intervenciones de Chewbacca, la ingenuidad genuina de C3PO o la personalidad heredera de R2D2 pero con mayor movilidad y, por tanto, expresividad, de BB-8. Y esto no se deslinda de una carga dramática también presente, especialmente en el último tramo de la película; a destacar aquí el plano tenebrista, con un excelente juego de claroscuros que otorga un mayor carácter épico, con el que se nos presenta la caída definitiva en el lado oscuro de Kylo Ren.

No faltan el resto de elementos de la saga, desde la introducción clásica hasta las cortinillas de transición, aunque estas últimas no llegan a ser excesivas ni el único modo de cambiar de escena. Regresan las naves con trepidantes escenas de acción espacial, aunque en este caso concreto sea más acción planetaria, incluyendo una sorprendente persecución en el primer tramo, una especie de llegada del séptimo de caballería, al estilo de los westerns clásicos, en el segundo tramo, y la batalla final. También se ha logrado unir la tensión dramática de los duelos de espada láser de la trilogía original con la espectacularidad, algo más relajada, de la trilogía-precuela, en la que se nota como una lucha equiparada que ha sido criticada por resultar incoherente con la franquicia, aunque la película se haya encargado de subrayar la capacidad innata de la protagonista.


La intención evidente de Abrams de unir la cinematografía clásica, incluso en formato y escenario, con los adelantos digitales, nos arroja un resultado más auténtico a la vista. Además, no fuerza la confusión en las batallas, lo que es de agradecer, filma de forma correcta y nos arroja algunos planos, como el mencionado de tonos tenebristas, de valía. También el confuso montaje de la secuencia revelatoria que sufre Rey logra reunir inquietud y asombro, mientras que otras secuencias logran animar el espíritu en excelente combinación entre imagen y sonido. Precisamente, a nivel musical, quizás no hay temas novedosos que nos otorguen la sensación de que John Williams vuelve a innovar en la saga; por contra, la reutilización de temas clásicos, algunos leitmotivs, sigue siendo tónica habitual, y nada despreciable (escuchar algunos de esos temas, como la propia introducción, en el cine resulta una delicia). No obstante, hubiéramos esperado alguna sorpresa del talento de Williams, como sucediera en el Episodio I con el tema Duel of the Fates.

En definitiva, El despertar de la Fuerza logra un ejercicio de naturalidad que nos hace creer que estamos de nuevo ante el espíritu de lo que es Star Wars, aunque le pesa la semejanza con lo ya visto. Una película trepidante, que consigue un entretenimiento que atrapa al espectador, con quizás un segundo acto menos emocionante, pero que como resultado final nos arroja una perfecta unión entre acción, emoción, humor y aventura. El final nos arroja hacia el futuro y cabe esperar que este sea, ojalá, el peor de los próximos episodios, porque eso querrá decir que hemos ido a mejor. Un despegue de una nueva trilogía a la altura, aunque esperemos que en el futuro opten por ofrecernos un argumento más original, pero sin perder nunca el espíritu al que esta película rinde culto.



Adaptaciones (X): El señor de los anillos, de Peter Jackson

14 diciembre, 2012

| | | 1 comentarios
En 1999 se reunieron los requisitos para crear la última gran aventura épica que ha vivido el cine. En gran medida, una de las culpables, junto a la exitosa saga de Harry Potter, del boom de adaptaciones cinematográficas que se están dando en la literatura de fantasía, propiciando un descubrimiento para las productoras a nivel de recaudación. Si bien es cierto que literatura y cine han ido de la mano desde los inicios del séptimo arte, la trilogía de El señor de los anillos logró transportar a la gran pantalla no sólo la narración de Tolkien, sino también la posibilidad y la oportunidad de llevar otros libros de iguales características. Sobre las virtudes y defectos de estas adaptaciones se podrían escribir ríos de tinta, pero es preferible centrarse en el material que tenemos entre manos.


Peter Jackson
La Tierra Media, un lugar extraño que Tolkien creó a partir de los antiguos mitos escandinavos, un mundo en el que se encargó de conformar toda una historia, una idiosincracia, que se ha rescatado de todo lo que desarrolló en vida. Sin duda, su obra de fantasía más conocida sobre este universo es El señor de los anillos, una trilogía donde replegó sus artes de gran narrador, con un detalle único para recrear todo el ambiente y la imaginación necesaria para lo que quería mostrar al lector. En este sentido, Peter Jackson, director de los films, se vería en el reto de transportar de aquellas páginas las imágenes que mostraría en sus fotogramas. El resultado no disgustó, pese a una recepción inicial de la crítica algo fría, pero que lograría caldear tras la proyección del último film, que le valdrían un total de once Óscar, igualando el número de Titanic (James Cameron, 1997) y Ben-Hur (William Wyler, 1959), formando un trío cinematográfico bastante peculiar.

Acecando nuestra mirada a la historia, seremos transportados al hábitat de unas criaturas simpáticas y bonachonas que nos transmitirán la serenidad y la alegría de unos tiempos de paz: los hobbits. Similares a los enanos, pero lampiños, dados a las labores de campo más que a la guerra, y de un carácter más festivo y campechano. Aunque no todos son iguales, Bilbo Bolsón, protagonista de la novela El hobbit, resulta ser casi un extraño, el único que se embarcó en una aventura lejos de la querida Comarca. Y junto a él, su sobrino Frodo, futuro protagonista, inocente de un destino nada favorable, que admira y quiere a su tío, aún viviendo feliz en aquel territorio de ensueño.


Todas estas sensaciones e imágenes son captadas por la cámara, con los adecuados arreglos a la escena y la música perfecta para la ocasión, y para todas las demás ocasiones. No en vano El señor de los anillos se caracteriza por tener una serie de leitmotivs muy reconocibles y que nos acompañarán en las tres películas, creando un ambiente musical capaz de ser interpretado con los ojos cerrados. Con esos mismos ojos con los que se nota la oscuridad que la trama va tornándose tras la aparición de un misterioso anillo de oro, propiedad de Bilbo, y con la extraña cualidad de tornar invisible a su portador.


Como nos descubrirá el carismático personaje de Gandalf, el anillo tiene un pasado cruel, signo del mal. Comienza así La comunidad del anillo su travesía desde la Comarca hasta Rivendell, donde se formará una compañía de nueve personas (un elfo, un enano, dos hombres, cuatro hobbits y un mago) para destruir el anillo en el lugar donde fue forjado, un reino que es la antítesis de la Comarca: Mordor. En el camino se sucederán las batallas, los encuentros con seres extraordinarios, las traiciones, los sitios más oscuros y los más bellos; en conclusión, un viaje a través de toda la Tierra Media donde los personajes evolucionarán, madurarán y ocuparán sus destinos inevitables.

La Comarca y Mordor
Bajo la sombra del miedo que emana Sauron, un malvado identificado con un gran ojo ardiendo, la comunidad del anillo tendrá que enfrentarse a las hordas de orcos que forman su ejército, lo que llevó a representar diferentes batallas a lo largo de las películas, in crescendo hasta la batalla final en El retorno del rey. No obstante, como nos muestra la película, en ocasiones las pequeñas personas son decisivas para el destino común. Por ello serán los hobbits, esas criaturas inocentes y alejadas del mundo las que sufran una mayor evolución, conformándose como verdaderos aventureros y guerreros.

Si bien la carga argumental de la trilogía cuenta con muchas escenas, la idea matriz es simple, al igual que los matices de los personajes. El eco de lo que vemos en el film es la adaptación fiel, agradecida por los seguidores de los libros, de la obra de Tolkien, quien, pese a ser un grandísimo narrador, tiñó sus historias de una lectura simple e ideológicamente cristiana: bien contra mal. Este hecho no nos debe enturbiar la diversión y el espectáculo que tenemos ante nosotros, pues no es la primera obra ni la última donde hallaremos esa lucha entre malos y buenos.

El ojo de Sauron, villano del film
Retornando a lo mencionado antes, Peter Jackson logra transportar con la fidelidad de un seguidor de Tolkien los tres libros, alcanzado la notable cifra de 683 minutos, es decir, más de once horas, en la versión final, reducida considerablemente para la proyección en salas. Es necesario, sin embargo, visionar las tres películas en su duración completa, comprendiendo mejor la trama, especialmente por los fragmentos que omitieron en El retorno del rey, en ocasiones relevantes para entender mejor algunos sucesos. Como es obvio, con esta conclusión de la trilogía Peter Jackson obtuvo fama mundial, pero también sirvió para engrandecer a actores que habían alcanzado ya cierto prestigio, como Ian McKellen (actor de Gandalf), que el año anterior había interpretado a Magneto en la película X-Men (Bryan Singer, 2000).

También para lanzar al estrellato a otros intérpretes, como fueron los casos del desconocido Orlando Bloom, que ocupaba el papel del elfo Légolas aportando más belleza masculina que dotes interpretativas; Viggo Mortensen, cuyos cuarenta años sirvieron para la experiencia que pudo aportar a un Aragorn inolvidable; o Elijah Wood, que ya tenía una carrera como niño estrella, pero con cuya interpretación de Frodo Bolsón, protagonista del film, despegaría hacia otros horizontes.

A nivel técnico, aún hoy, habiendo transcurrido más de diez años, desprende una magia con sello personal, con efectos especiales que no han quedado obsoletos, como han podido hacerlo otros films de la misma época. 


La banda sonora, como ya mencionamos, se ha convertido en una de las más reconocibles de los últimos años, con una fantástica melodía épica como representante de toda la saga y la canción May it be, de Enya, para los títulos de créditos del primer film y que obtuvo una gran popularidad. No podríamos dejar atrás un detalle de importancia: el uso del lenguaje élfico creado por Tolkien en las películas, otorgándoles un mayor realismo a las escenas, aunque para interpretarlas necesitemos subtítulos.

La comunidad del anillo

Gollum
Cabe mencionar, a modo de curiosidad, que no fue la primera adaptación que se hizo de esta trilogía, varios años antes se hicieron unas películas animadas sobre El hobbit y la trilogía El señor de los anillos con dibujos algo toscos y con medios que recordaban al cine clásico, una rareza de la que, sin embargo, se desprenden similitudes con la versión que nos trae Jackson. Por otra parte, merece la pena mencionar el claro hecho de que gracias a estas películas, el imaginario de Tolkien ha pasado a ser un rasgo cultural de Occidente y es fácil encontrar menciones a realidades de esta obra, como los orcos de Mordor como insulto de fealdad o la expresión del personaje Gollum, mi tesoro. Además de multitud de parodias, entre las que merece ser destacada el doblaje íntegro realizado por el grupo gallego TrolaFilms, con un lenguaje mucho más soez y referencias españolas.


La trilogía merecería una buena revisión de cada uno de sus films de forma independiente, aquí os hemos dejado una semblanza general de lo que supone hoy volver a ver esta trilogía en su totalidad, con pequeños apuntes a todo lo que supuso en su momento. Su perpetuidad en los puestos de honor en el cine está, de momento, asegurada, al menos como la gran adaptación de literatura fantástica que es. Y sirve, además, como prólogo, pese a ser el desarrollo argumental posterior, del visionado de El Hobbit: un viaje inesperado (2012), de inminente estreno.

Poca relación real hay entre ambas obras, pues la aventura que nos narra la precuela de El señor de los anillos contiene un peso más liviano para el espectador y para la obra. Resulta así curioso la división en tres films de una novela más breve que el primer libro de la trilogía; lo cual nos puede asegurar que Peter Jackson ha aprovechado cada línea de la novela, o ha decidido inventar. Sea cual sea su decisión, esperemos ver su resultado, y observar si logra mantener el espíritu no de El señor de los anillos, sino de la Tierra Media del fantástico Tolkien.



Escrito por Luis Jesús del Castillo Montes


Google+

Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717