Dentro del mundo de los musicales, existe un tipo muy determinado que se encarga de recuperar las canciones de algún grupo mítico para intentar construir una historia en torno a sus canciones, los denominados musicales jukebox. Ese ha sido el caso del grupo ABBA y el musical Mamma Mia!, que tras su exitoso paso por los escenarios tanto ingleses como estadounidenses, incluyendo Broadway, dio al salto al cine con la dirección de Phyllida Lloyd en 2008. Fue un éxito en su momento, lo que en parte ha permitido que en esta época de secuelas, remakes y reboots varios, haya tenido también su propia continuación con Mamma Mia: Una y otra vez (2018), con la dirección de Ol Parker.
En primer lugar, debemos considerar que ambas obras son ligeras y pretenden ser agradables. Mamma Mia! parte de un argumento bastante simple: antes de su boda, una joven, Sophie Sheridan (Amanda Seyfried) decide invitar a tres hombres, Sam (Pierce Brosnan), Harry (Colin Firth) y Bill (Stelan Skarsgård) que estuvieron con su madre, Donna (Meryl Streep), dado que alguno de ellos podría ser su padre.
A partir de ahí, entre reencuentros y un espíritu festivo y relajado, se desarrolla una comedieta con enredos varios. El interés principal de la trama es descubrir quién es el padre, algo que aunque a la protagonista se le antojaba sencillo, no lo será, e ira acrecentando no solo sus propios nervios, sino cierta tensión, en realidad casi mínima por el desarrollo que se le da, que finalizará con una resolución por parte de todos los personajes. Sin olvidar el final feliz para cada uno de ellos.
En primer lugar, debemos considerar que ambas obras son ligeras y pretenden ser agradables. Mamma Mia! parte de un argumento bastante simple: antes de su boda, una joven, Sophie Sheridan (Amanda Seyfried) decide invitar a tres hombres, Sam (Pierce Brosnan), Harry (Colin Firth) y Bill (Stelan Skarsgård) que estuvieron con su madre, Donna (Meryl Streep), dado que alguno de ellos podría ser su padre.
A partir de ahí, entre reencuentros y un espíritu festivo y relajado, se desarrolla una comedieta con enredos varios. El interés principal de la trama es descubrir quién es el padre, algo que aunque a la protagonista se le antojaba sencillo, no lo será, e ira acrecentando no solo sus propios nervios, sino cierta tensión, en realidad casi mínima por el desarrollo que se le da, que finalizará con una resolución por parte de todos los personajes. Sin olvidar el final feliz para cada uno de ellos.
Entre medias, la película se detendrá en mostrarnos la forma de ser de cada personaje, gracias tanto a las breves conversaciones como a los números musicales. Así veremos cómo Donna es una mujer rebelde e independiente que ha puesto todo su empeño en que su hotel, Villa Donna, se mantenga en pie, habiendo criado sola a su hija. Junto a ellas, para alivio cómico, encontramos a Rosie (Julie Walters) y Tanya (Christine Baranski), sus dos mejores amigas, que mantienen un espíritu juvenil y festivo, encargándose de aconsejarla en cuanto a los asuntos amorosos. A su vez, los tres hombres protagonistas están definidos por características muy específicas: el aventurero y más liberal Bill, navegante y escritor, el más seco y rígido Harry, banquero, cuyo contraste y evolución funcionará como recurso cómico, y el apuesto y más parental Harry, arquitecto que sigue prendado de Donna.
Atendiendo, pues, a este tipo de argumento que no tiene más fondo y que tampoco lo desea, lo atractivo de la película es el trato que se le dan a las canciones del mítico ABBA. Como era de esperar, en algunas ocasiones se engarzan dentro de la historia casi a la fuerza, en otras se procura un número vistoso, aunque poco creíble, algo usual en este tipo de obras y que entra dentro de lo esperado, pero también hay espacio para auténticos momentos emotivos, como escuchar un sentido The winner takes it all por parte de Meryl Streep, así como algunas divertidas adaptaciones, como unas corales Dancing queen y Super Trouper.
En el mismo sentido surge Mamma Mia: Una y otra vez. La secuela podría haber explorado muchas historias, pero se limita a poner imágenes a una de las narraciones que contenía la anterior entrega, es decir, que su argumento es, en realidad, un refrito de unos acontecimientos ya conocidos por el espectador. Como en la anterior ocasión, se parte de una invitación, en esta ocasión a la reinauguración de Villa Donna por parte de Sophie tras el fallecimiento de su madre. Ante diversas vicisitudes para llevar a cabo la fiesta, la protagonista se planteará cómo tuvo Donna la fuerza para seguir adelante, lo que provocará una comparativa continua entre una versión joven de su madre (Lily James) y su actualidad. A través de diversos flashbacks se nos contará cómo esta mujer de espíritu libre e inquieto decidió asentarse en la isla griega donde fundó su hotel, su amistad perenne con Rosie y Tanya así como la narración de las tres relaciones que mantuvo hasta su embarazo.
Para todo ello, lo cierto es que la obra traiciona un tanto la narración original que se daba en Mamma Mia! en diversos aspectos, como el orden o el lugar donde conoció a estos tres hombres, incluso la forma en que adquirió el edificio donde después haría Villa Donna. No obstante, son cambios menores. En la trama de la actualidad, se plantean problemas mínimos para mantener cierta motivación a la hora de montar espectáculos. Destacan las actuaciones de Julie Walters y Christine Baranski, mucho más humorísticas que en la primera parte, mientras que otros pasan más desapercibidos. Además, los cameos de Meryl Streep y Cher quedan un tanto desinflados, la primera, eso sí, consigue una participación muy emotiva gracias al número musical, mientras que la segunda pretende ser más graciosa de lo que al final resulta. Por no mencionar su forzado reencuentro con un viejo amigo, al son de una divertida versión de Fernando.
Como aliciente principal, Mamma Mia: Una y otra vez mantiene un buen equilibrio de humor y espectáculo gracias a sus números musicales. Además, su guion está liberado de las ataduras que daba el hecho de adaptar un musical teatral al cine, por lo que hay un mayor juego con las localizaciones, algo notable sobre todo en el cambio de planos durante las secuencias musicales.
En este sentido, es más rica que su predecesora cinematográficamente hablando y emplea distintos recursos que consiguen potenciar el efecto deseado. Se incorporaron además nuevas canciones mientras que otras, como Dancing queen o la inevitable Mamma Mia!, fueron reutilizadas. Ahora bien, le falta alguna actuación tan desgarrada como la ya mencionada The winner takes it all, que bien podría ser sustituida por una más sentimental My love, my life, en una de las secuencias más logradas de la película.
En este sentido, es más rica que su predecesora cinematográficamente hablando y emplea distintos recursos que consiguen potenciar el efecto deseado. Se incorporaron además nuevas canciones mientras que otras, como Dancing queen o la inevitable Mamma Mia!, fueron reutilizadas. Ahora bien, le falta alguna actuación tan desgarrada como la ya mencionada The winner takes it all, que bien podría ser sustituida por una más sentimental My love, my life, en una de las secuencias más logradas de la película.
El principal problema de ambas obras, dado que lo comparten, aunque más acentuado en el segundo caso por la falta de originalidad, es que son musicales vacíos, hechos para ser agradables y alegres, pero sin más: no hay personajes creíbles, las tramas pueden evolucionar de forma ridícula sin que a estos les importe, y su principal reclamo es el espectáculo realizado a partir de las canciones ya conocidas por el público, a fin de que el impacto emocional sea seguro.
Claro que también hay que reconocer que en este sentido cumple ese papel a la perfección, lo que seguramente fuera su objetivo. Lo demuestra la distensión de sus actuaciones, el empeño puesto en lograr un buen efecto musical y una puesta en escena que llega a ser resultona e incluso espectacular, gracias sobre todo a los exteriores. En definitiva, dos películas para pasar un rato agradable, disfrutar de la música y no darle demasiadas vueltas a lo que estás viendo.
Claro que también hay que reconocer que en este sentido cumple ese papel a la perfección, lo que seguramente fuera su objetivo. Lo demuestra la distensión de sus actuaciones, el empeño puesto en lograr un buen efecto musical y una puesta en escena que llega a ser resultona e incluso espectacular, gracias sobre todo a los exteriores. En definitiva, dos películas para pasar un rato agradable, disfrutar de la música y no darle demasiadas vueltas a lo que estás viendo.
Escrito por Luis J. del Castillo
Tengo muchas ganas de ver la secuela de Mamma Mia. La primera me gusta mucho, y no sé si estará a la altura. Espero que sí, porque lo que yo espero de estas películas es emocionarme, reír y pasar un buen rato.
ResponderEliminarA ver si lo consigo :D
Por las reacciones generales del público de la sala en la que estuve, te digo que sí, logra las tres cosas. Para mí, lo malo es la falta de novedad en la historia o que algunos supuestos chistes dejaban que desear, pero tiene buenos momentos ;)
Eliminar¡Un saludo y gracias por comentar!