El universo gira a tu favor, de Sortilegio

22 agosto, 2018

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El tiempo pasa para todos y así vamos acumulando experiencias en nuestra vida. A veces no logramos transmitir todo aquello que aprendimos, sentimos o pensamos, pero se nos brinda la oportunidad de encontrarlo en las palabras, la música o el arte de otros. En el pasado, ya os hablamos del dúo Sortilegio, una modesta pareja de cantautores que desde la sencillez habían logrado crear un repertorio de canciones agradables, profundas y con un marcado sentimiento, como demostraron en sus discos anteriores: Universos de papel (2007) y Beber el tiempo (2011), además de la colaboración realizada con Dani Rovira en Érase una vez... un poderoso Rovilegio (2009). Después de siete años, han regresado para contarnos una nueva historia en El universo gira a tu favor (2018), libro-disco autoproducido gracias al mecenazgo de diversas personas a través de la plataforma de crowdfunding Verkami.

A pesar de todo este tiempo, ya habíamos tenido oportunidad, tanto en sus conciertos como en el disco que grabaron en directo gracias a su participación en Desencaja, de la Junta de Andalucía, de disfrutar de las nuevas canciones que estaban creando, y por entonces, en 2011, tenían el proyecto de crear un disco dedicado al proceso de embarazo, que se fue ampliando hasta la crianza y educación de los hijos. Ese es el tema central del disco, que viene acompañado por un libro de ilustraciones con las letras de las canciones. A lo largo de los dieciséis temas descubriremos un bello canto dedicado al paso del tiempo, a la infancia, al significado de ser mujer, al amor y al futuro.


El inicio evidencia el tema principal de todo el disco, sobre el que de una u otra forma vertebrarán todos los demás. En ¿Quién me lo iba a decir? se parte de esa interrogación retórica para caer en un tempus fugit, en un repaso existencial desde la niñez hasta el ser adulto que se va a convertir en madre o en padre. A partir de la anécdota universalizada de la infancia (abrazaba en la cama una muñeca [...] ayer perdí todas mis canicas) y un breve repaso a la unión de ambos, evidenciada por el cambio de voces y con algunos elementos ya usuales en Sortilegio, como la mención a Rayuela (Julio Cortázar, 1963), se concluye en el punto existencial presente: el embarazo. Este es, por tanto, el punto de partida de El universo gira a tu favor: el repaso a una vida que cambia en el momento del embarazo, cuando aquel paraíso perdido regresa en forma de hijo.

En la mayoría de las canciones encontramos una fuerte impronta de elementos de la naturaleza, con los que se relaciona sobre todo la relación materno-filial o en los caracteres tradicionalmente femeninos, algo que se relaciona con la tópica conexión entre lo sentimental, lo natural y la mujer. Lo podemos observar ya en esta primera canción, donde se menciona "Llevo un nido en la sangre", en referencia al embarazo. Volverá a repetirse en posteriores canciones con diferentes imágenes, como vemos en Luz, niña chamán ("Hecha de agua, / hecha de fuego"), Celebro ser mujer ("Ahora que soy fruta madura"), Semillas de plenitud ("Vamos de la montaña hacia el ancho mar") o en Clorofila ("Abro mis ramas al sol, / bebo licor de savia nueva / y me embriago de primavera").

No obstante, aquí hay un carácter expansivo, no restrictivo, dado que se aboga por una recuperación de ese estado más natural de conexión primigenia frente al apenas mencionado contexto urbano. Por ejemplo, en la canción dedicada a su estancia en Regensburg (Baviera, Alemania), Un puente sobre el Danubio, abundan las referencias a elementos naturales, como las referencias al árbol, al río, a las montañas o al paso de las estaciones, y los pocos elementos urbanos son tradicionales, como el puente, las campanas o el tren, pese a la modernidad de la ciudad.


En Olvidé cómo contar se prosigue con una reflexión sobre la identidad durante el embarazo, en esa diatriba de ser dos en una persona, algo que queda claro desde el principio: Tú respiras mi aire. Esa conexión se narra en torno a una serie de juegos de palabras y contrastes paradójicos entre el yo y el tú, el uno y el dos: Yo soy palabra en tu silencio. / Tú, lenguaje donde no hace falta hablar. El intimismo y la atmósfera creada por los dos primeras temas contrasta con el divertido ritmo de Donde sueñan los dragones, que recoge de nuevo elementos propios de la infancia, pero renovados a través de la mirada del hijo. Así, la canción propone una enumeración que acoge el optimismo, la vitalidad y los sueños infantiles junto a acciones o hechos cotidianos.

De esta forma, comienza con un listado de elementos que parecen provenir de la imaginación infantil, muy paradójicos ("Un cocodrilo algo asustado"), se prosigue con lo cotidiano ("Tropezar siempre con tus juguetes") y se finaliza con la identificación entre el hijo y lo infinito, en relación a la ilusión, los sueños y la imaginación imparable de los pequeños. Y todo ello concuerda con un mágico estribillo que aúna todo lo enumerado en un ambiente de cuento y juego. Al final, Donde sueñan los dragones nos presenta esa rutina junto a los niños como un regalo ("Presente se hace presente"), momentos eternos y divertidos ("El tiempo pasa sin tiempo") y se relaciona de nuevo con los elementos de la naturaleza, en este caso casi con carácter panteísta ("Eres la música de la constelación").

De un carácter más universal es el ya citado Un puente sobre el Danubio, que a partir de una situación inicial de migración ("He extraviado mis coordenadas [...] Me he enraizado en otra frontera") plantea una descripción que nos recuerda al hogar, un hogar posible en cualquier lugar, dado que se relaciona y conecta con una bandera en el fin del mundo. En este sentido, la única mención concreta que se hace al lugar real es la del río Danubio, mientras que las demás ideas se agrupan en torno a la naturaleza, una naturaleza que se siente viva y, por tanto, sin límites. Esta línea se continúa en Luz, niña chamán, una serie de consejos y peticiones que parecen conectar a la voz poética, o cantante, con la niña chamán, es decir, con la propia naturaleza creadora. Supone una invitación a conectar con el amor, con la naturaleza y con uno mismo.


Te prometo otra primavera sirve de contrapunto a la canción inicial. En una confesión amorosa, se reflexiona sobre el futuro para comprometerse a aprovechar el tiempo juntos. De nuevo, aparecen elementos concretos y propios del dúo, como el nombre propio de la amada (Laura) o su novela favorita, la ya citada Rayuela, pero el mayor interés reside en esa promesa que le da título y que compone todo el tema en sí: un carpe diem invertido, por tanto, una invitación a disfrutar de la vejez para recuperar y no olvidar la juventud. Hay incluso la sensación de proteger lo amado con la delicadeza de lo pequeño, en la unión entre la infancia y la senectud: te abrazaré para que duermas. / Te cuidaré de los miedos, temores, / romperé tus cadenas.

Podría malinterpretarse y caer en una polémica innecesaria con Celebro ser mujer, la séptima canción del disco, si entendiéramos que la plenitud de una mujer llega con la maternidad, dado que consideramos que dentro del contexto, en una obra que habla y alaba el carácter del embarazo y la crianza, lo que se hace es agradecer, celebrar como dice la canción, la posibilidad de haber sido madre por el hecho de ser mujer. Es decir, que en la plenitud de un embarazo ("Ahora que mi corazón / se acompasa / al compás de un pequeño / corazón, / celebro ser mujer"), se agradece el hecho de haber podido estar embarazada por ser mujer. Para ello, a través de paralelismos que redundan en la preparación del cuerpo de la madre (Ahora que mi útero / se expande / para abrazar la nueva vida), en la conexión materno-filial  (de nuevo con el juego de palabras entre yo y tú, o como vemos en "Ahora que bailas conmigo, ahora que canto contigo") y en la unión entre elementos naturales y humanos ("Crece mi savia / para alimentar tus huesos / y anidan flores en mi pelo"), se propone una oda alegre y vitalista.

Dibujo de Rodrigo Salas, portada interior del libro-disco
De forma semejante a temas anteriores, Semillas de plenitud reflexiona sobre el paso del tiempo, pero también sobre el sentido del legado, que siendo personal, también es universal. Así pues, la primera parte de la canción nos muestra el inevitable ciclo vital, con metáforas que ahondan en la tradición poética y en cierto sentir panteísta de conexión cósmica (guardo en mi vientre cientos de estrellas), algo que se reafirma con la mención a la infancia y a la vejez. Mientras que la segunda parte, señala el legado que se transmite de generación en generación, de forma que ese viaje existencial no está vacío, sino que se comparte con una invitación a disfrutar, a mantener las ganas de caminar.

En De viruta y cuerda se realizan diversos juegos de palabras con partes y componentes de la guitarra y de su creación, dado que se parte de la anécdota de la construcción de la guitarra que suena en el mismo disco, en relación también con su creador, Diego. La canción se sostiene a partir de la unión entre el amor y estas palabras técnicas, otorgándole un carácter bastante original al tema. En la décima canción, La vida que despierta, se retorna a lo ya visto en Olvidé cómo contar Donde sueñan los dragones, dado que se une la relación entre madre e hijo, aquí ya no en el embarazo, sino con el niño pequeño, con la pasión infantil por la imaginación, los juegos y el ansia de futuro. Se captura en esta canción la pureza de este amor pueril y también se incorpora, como novedad y quizás con vistas hacia los años que habrán de venir, que esta madre será el hogar donde volver, / la Ítaca de Ulises, recordando que siempre existirá este refugio.

Ya en La vida que despierta existe un canto hacia la libertad de elección y decisión de los hijos, en tanto que se da la oportunidad de que pueda ser la profesión que desee (Constructor, dibujante. / Pirata, explorador. / Aprendiz y maestro. / Poeta e inventor), algo que se reafirma en el siguiente tema: Carta a un pequeño capitán. En esta epístola musical se reflexiona sobre el momento en que el hijo tenga que abandonar el hogar, en forma de cuento de marinero, relacionando a la madre con un mar y unas aguas conocidas y el futuro como ese viaje que emprenderá tras haber aprendido en familia. Curiosamente, su colofón y cierre se olvida de estas aguas para devolvernos a una realidad, la del asfalto de la calle, una de las pocas menciones urbanas, pero recordando una lección vital: que lo pequeño es lo importante.


Quizás Clorofila podría haber sido intercalada antes, dado que se reitera en torno al embarazo y la convivencia entre familia e hijo a través de elementos naturales, siendo la canción que más emplea este tipo de metáforas, llegando a unir la imagen de la madre con la del árbol. También se incluye las referencias al barco como en Carta a un pequeño capitán, pero en relación no al futuro, sino al momento de la gestación ("Te doy un corazón / y un barquito en mis caderas, / un puesto de polizón, / y voy desplegando velas"). Aunque no lo recuerdes se centra en esas acciones que quedarán en el olvido para el niño, dado que esos primeros años de vida siempre se borran de la memoria. Sin embargo, aunque se olvide, todo aquello ocurrió y quedan los hechos y el amor compartido, un amor que se siente, de nuevo, panteísta y universal: En cada trazo siento / en el regazo el Universo / y, al amanecer, / la Tierra girando / bajo mis pies.

De regreso a la idea del legado, que ya encontrábamos en Semillas de inquietud, en Los hijos de tus hijos se habla de cómo pervivimos a través de las generaciones futuras, es decir, de nuestros hijos, dejando una huella en el mundo. La canción se sirve de metáforas en torno al trayecto de tren en tanto vida en la primera parte y el teatro para finalizar, pero también de menciones al mundo de la ciencia, como ocurría en su canción de Beber el tiempoCuando se apague la última estrella, haciendo referencia a la transmisión del ADN. Incluso se manifiesta en torno al futuro lejano, a ese legado que alcanzará a los hijos de tus hijos, llegando a un canto de esperanza. Algo similar encontraremos en Sin trayectoria definida en cuanto al mundo de la física del universo, relacionándonos con cuerpos celestes, estrellas, que erran y, por tanto, viven hacia la eternidad. Ambos temas aquí comentados se relacionan con la cercanía de Diego al mundo de la física profesionalmente. Además, como curiosidad, en Sin trayectoria definida participa Rodrigo, hijo del dúo, que sirve justo como punto de legado de ese devenir astral (y musical).

Concluye El universo gira a tu favor con una nana, Nana para dormir a una estrella, que sigue la estela de los anteriores temas y ahonda en la relación panteísta entre el ser humano y la naturaleza universal personificada: Te mecen los planetas [...] juega con las estrellas: el universo gira a tu favor. En el sueño, el niño puede viajar hacia ese mundo de estrellas que también es suyo, un mundo del que forma parte. Así finaliza el disco-libro que cuenta en su formato físico con unas agradables y bellas ilustraciones de Adolfo Cuevas y la tipografía manuscrita de Lauren Sebastian que retratan todo el camino que siguen los dieciséis temas. Debemos destacar la colaboración de distintos músicos que completan los arreglos musicales, originalmente solo con guitarra, añadiendo tanto piano, a las manos de Morten Jespersen, violonchelo, del que se encarga César Jiménez, o la percusión de Emilio Aparicio, el Cubanísimo, además de los coros de Rosa Zaragoza y Nuria Cervera en Celebro ser mujer o de la ya mencionada participación de Rodrigo en Sin trayectoria definida.


A pesar de tener un carácter cotidiano, extraído de su experiencia vital, las canciones de Sortilegio están trabajadas en torno a una tradición que bebe de la lírica y que conecta con sus discos anteriores de forma natural. Resulta evidente que dentro del carácter personal de estas canciones, todas esas anécdotas se han universalizado gracias al recurso de ciertos tópicos que pueden ser reconocidos por sus oyentes, o lectores, según el caso. Así, todos entenderemos que en Te prometo otra primavera, esa primavera es el recuerdo de la juventud, tan usual en el carpe diem, que además está presente en otros temas, como el inicial, ¿Quién me lo iba a decir?, donde se menciona aquella primavera como referencia al final de una juventud. En esta misma canción ya encontrábamos el recurso del tempus fugit.

Gracias a ello, como ya ocurría en sus anteriores trabajos, se logra una conexión con el oyente que va más allá, al abordar y compartir una experiencia que puede sentir como propia, a pesar de haber partido de unos hechos ajenos y concretos. En este sentido, hay algunos temas que funcionan mejor que otros, dado que eso dependerá siempre de la sensibilidad, la vida y las inquietudes de quien se enfrente a las canciones. Ahora bien, El universo gira a tu favor prosigue una línea narrativa que es ya un sello propio de Sortilegio, tanto musical como lírico, siendo una obra centrada en un universo concreto, pero abierto. Un canto vital, con ocasiones profundas y otras divertidas, que se agradece en la rutina de los días más grises.


1 comentario :

  1. Muchísimas gracias por haber realizado un trabajo excelente, cuidado y muy bien documentado. Felicidades por vuestra sensibilidad y buen hacer. Nos sentimos orgullosos de formar parte de vuestro universo musical. Os deseamos todo lo mejor en el camino. Un fuerte abrazo.

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