Animando desde Oriente (XXII): Neon Genesis Evangelion

13 septiembre, 2021

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En este análisis se comentan detalles importantes del argumento de la serie y de las películas.

En la trayectoria del anime, hay ciertos puntales que resultan imprescindibles para entender su avance y evolución no solo en Japón sino a nivel internacional, es más, podríamos afirmar que sobre todo en su reconocimiento mundial. Dentro de estos puntales encontraríamos la producción de Akira (Katsuhiro Otomo, 1988), la fama y popularización del shonen en dos tramos, primero con Dragon Ball (Akira Toriyama, 1986-1989) y Dragon Ball Z (1989-1996) y posteriormente con Naruto (Masashi Kishimoto, 2002-2007; y su secuela, Naruto: Shippuden, 2007-2017), One Piece (Eichiro Oda, 1999, en emisión todavía) y Bleach (Tite Kubo, 2004-2012), y también el importante efecto del Studio Ghibli, con Hayao Miyazaki (1941) a la cabeza, que junto a Isao Takahata (1935-2018) ya había extendido series infantiles como Marco (1976), Heidi (1974), Ana de las Tejas Verdes (1979) o Sherlock Holmes (1984-1985) por el mundo. A todo ello podríamos sumar el triunfo de Mazinger Z (Go Nagai, 1972-1974) y, con él, la apertura al género mecha, historias con robots gigantes pilotados por humanos.

Resulta evidente que en esa trayectoria, de la que solo hemos mencionado algunos títulos de los que ya hemos hablado en nuestra sección Animando desde Oriente, tiene un lugar especial Neon Genesis Evangelion (1995), en adelante Evangelion, que supuso una profundización en el género mecha para tantear cuestiones más profundas e íntimas del ser humano. Como siempre hemos comentado en relación a la ciencia ficción (o a la fantasía), esta siempre suele servir para hablar de la condición humana.

Hideaki Anno (1960) lideró como director y creador la serie y las películas que se realizaron posteriormente, tanto la recopilación y revisión del final que supusieron Evangelion: Death and Rebirth (1997) y The End of Evangelion (1997) como el proyecto de Rebuild of Evangelion iniciado en 2007 con la primera película y concluido en 2021 con la cuarta y última entrega. Así pues, podemos considerar que Evangelion tiene dos grandes partes, aparte de mangas, videojuegos e historias aparte que diversifican demasiado lo que ya es un argumento enrevesado. La primera parte es la serie original de los años noventa, que atravesó por serias dificultades económicas que provocaron un final abrupto en su realización y bastante inquietante de ver por proponer una perspectiva de monólogo interno, gracias a las voces en off, combinado con imágenes entremezcladas que no tienen relación con lo expresado, incluso en algunas ocasiones con secuencias de acción real. Gracias a su éxito, pudieron realizar una película, The End of Evangelion, que se podría considerar una versión paralela a ese final interno, es decir, una visión externa de los acontecimientos que narraban las conversaciones en off del último capítulo. Sin duda, una conclusión mejor realizada, consecuente con el estilo de la serie y más clara para el espectador. 

La segunda parte es la tetralogía que se ha realizado entre los años 2007 y 2021, que podría considerarse un remake, pero que, al final, se ha revelado como una propuesta alternativa de la historia o, incluso, como una continuación. Luego veremos por qué. No nos debe resultar extraño esta forma de proceder, dado que uno de los géneros más populares en Japón son las novelas visuales, es decir, videojuegos que narran historias en las que el jugador interviene con sus decisiones, lo que provoca que existan múltiples versiones según las decisiones adoptadas. En esto, Fate/stay night (Kinoku Nasu, Type-Moon, 2004) es uno de los ejemplos más evidentes, con varias series de animación que cuentan los distintos arcos narrativos posibles.

De esta forma, debemos entender que la base que nos encontramos al iniciar nuestra travesía por Evangelion es un paradigma sencillo: los humanos tratando de defenderse de unas criaturas sobrehumanas mediante unos robots gigantes. Sin embargo, su complejidad aumenta cuanto más conocemos sobre los auténticos objetivos de las organizaciones que mueven el mundo y se eleva aún más cuando el foco se centra en la psique de unos personajes traumatizados. 

En el año 2000 tuvo lugar el denominado Segundo Impacto, la primera toma de contacto con unas criaturas a las que se denominaron ángeles. Este acontecimiento provocó un cataclismo que liquidó a la mitad de la población del mundo, de la misma forma que el Primer Impacto liquidó a los dinosaurios. A partir de entonces, NERV, una organización militar creada por la ONU, se encarga de investigar y derrotar a los ángeles que aparezcan, con el fin de evitar un Tercer Impacto, que resultaría fatal para la humanidad. En ese contexto, conocemos al joven Shinji Ikari, que llega a Tokio-3 convocado por su padre, el comandante Gendo Ikari, con la intención de que pilote la unidad 01 de los Evangelion, robots biomecánicos que solo pueden ser pilotados por adolescentes elegidos y que son el arma definitiva contra los ángeles.


Según avancen los episodios seguimos un esquema reiterativo, en el que aparece un nuevo ángel contra el que los protagonistas deben luchar empleando cada vez nuevas tácticas. En la serie se desarrollan diecisiete ángeles, que tendrán mayor o menor impacto según el espécimen en concreto. Pero, de nuevo, este esquema no es lo más relevante. La serie se detiene más en mostrarnos cómo viven los personajes estos sucesos y cómo su personalidad afecta al devenir de los acontecimientos, atravesando diversos hechos traumáticos. Podríamos señalar que los personajes se muestran distantes, incapaces de lograr una relación cercana e íntima, encerrados en un caparazón. Es notable cómo se refleja la forma en que los adultos usan a los adolescentes para lograr sus objetivos, sin pensar en sus vidas. La violencia va in crescendo hasta una conclusión en la que los personajes se han degradado moralmente. Y, a pesar de ello, queda siempre un factor de esperanza en su resolución, de carácter apocalíptico en la serie y mucho más marcado y significativo en la tetralogía. 

Pero, además, todo está barnizado de una capa de simbología que da sentido a la cosmogonía de este particular universo. En este sentido, Evangelion me recuerda al estilo de Jorge Luis Borges (1899-1986): una obra con múltiples referencias, un crisol de posibilidades interpretativas que, en realidad, oculta ideas más sencillas y directas que las que quiere aparentar. Es más, la propia mitología de Evangelion se reviste de términos judeocristianos: los nombres de los diferentes ángeles, incluyendo a Adán y Eva, los Manuscritos del Mar Muerto o armas como la lanza de Longinus. Toda una armazón cosmológica que no se explica más que con sutiles menciones en algunos puntos de la serie, sobre todo porque los auténticos protagonistas lo desconocen. Son muchas las lagunas que debe rellenar la interpretación del espectador. Cabe mencionar que ocultar información para hacer más confusa la trama no hace mejor una producción. Por su parte, la tetralogía sí nos brinda más escenas que revelan cuestiones relevantes para comprender este universo: una lucha constante entre dos seres, los que tomaron el fruto de la vida y proceden de Adán (los ángeles) y los que tomaron el fruto de la sabiduría y proceden de Lilith (los humanos), que conlleva un continuo reinicio de las vidas de todo el planeta. De esa forma, los ángeles y los humanos solo representan los dos lados posibles de la creación. De ahí que presenten algunas diferencias; por ejemplo, los campos AT, que sirven como escudo de los ángeles y de los Evangelion, son una representación física del espíritu y la voluntad del ser que lo crea. Los seres humanos, por contra, no pueden expresarlo porque forma parte de su interior. 


Es decir, existe un debate de carácter filosófico sobre el uso que se hace de los elementos de la serie: si se permite que los ángeles alcancen su destino, la humanidad se extinguiría para dar paso a nuevos seres que dominarían el planeta, pero si son los humanos quienes consiguen el poder de la creación, serían ellos quienes decidirían su propio destino. Una de las principales propuestas que se hacen en la serie es el Plan de Complementación (o Instrumentalización) Humano de SEELE, que consiste en forzar la evolución humana para lograr una nueva entidad que aunaría todas las almas y conciencias en un único ser. Este concepto no es nuevo en el mundo de la ciencia ficción, estando ya presente en El fin de la infancia (Arthur C. Clarke, 1954), además de haberse rescatado posteriormente en otras obras; se me viene a la mente La emperatriz de los etéreos (Laura Gallego, 2007). Esta propuesta es un plan secreto de SEELE a la que, en realidad, se oponen los demás personajes, aunque lo desconozcan. La excepción la marcaría Gendo Ikari, que actúa a las órdenes de SEELE ocultando sus auténticas intenciones: conseguir ese poder divino para hacer un nuevo mundo a su antojo. Lo cierto es que la propia serie tiene una resolución contraria a ambas visiones y resulta más valiente, pues supone la aceptación de la imperfección de la humanidad y de nuestro dolor. El final se revela como la sanación de una depresión al aceptar no solo el trauma pasado, sino también el dolor futuro.

No obstante, como mencionábamos antes, todo es más sencillo de lo que quiere aparentar. Es algo que también sucede en la tetralogía, sobre todo en las dos últimas entregas. Por ejemplo, las naves de Gendo y Misato en la cuarta película son indeterminadas e incomprensibles para el espectador, a pesar de que los personajes parezcan estar completamente familiarizadas con ellas. Como sucede en la mayor parte de ocasiones, la carencia de explicación es lo que conlleva su complejidad. Todo es así porque sí, aunque existan razones para su funcionamiento. Por ello mencionaba anteriormente que me recordaba al estilo de Borges, dado que todo está enmascarado de referencias y elementos ocultos, pero su fondo es más sencillo pese a lo enrevesado de su forma. Y esa es la razón por la que el debate de carácter más filosófico queda ahogado por una mejor representación de la psicología de los personajes.


En efecto, entre la cosmogonía y la creación de personajes, resulta más interesante el segundo punto. Nuestros protagonistas están dañados de múltiples formas y son imperfectos. Viven, como mencionábamos antes, aislados de la necesaria empatía con los demás y de la comprensión de uno mismo. Shinji Ikari, que es la cabeza de Evangelion, resulta llamativo por su carácter contrario al cliché de protagonista, pues se trata de un muchacho acobardado y pusilánime que duda de la necesidad de su propia existencia. Como sucede con los demás personajes, está marcado por la ausencia de vínculos cercanos: huérfano de madre e ignorado por su padre. Son reiterativas las secuencias pausadas en que escucha y rebobina una cinta mirando al techo, aislado del mundo. En la tetralogía descubriremos la importancia de esa cinta, pues es un intento más de comprender a su padre. 

Además, si se embarca en esta aventura al pilotar la unidad 01 es por su necesidad de satisfacer a los demás y que así reconozcan su existencia, empezando por su padre y siguiendo por Misato o los demás compañeros. En realidad, es incapaz de comprender sus propios deseos y suele sentirse culpable por pilotar el EVA. En este aspecto, es llamativo cómo la primera vez que derrota un ángel siente cierta satisfacción por los elogios de Misato, consiguiendo aumentar su autoestima, para después ser criticado y golpeado por sus compañeros de clase, que le echan en cara su inexperiencia pilotando el EVA. Esos vaivenes en la relación con los demás personajes provocan que Shinji se sienta mal consigo mismo, al no entender cómo podría estabilizarlas. De ahí que caiga fácilmente en la depresión (cuyo punto más extremo se ve al principio de la cuarta película en la tetralogía) o que cometa actos inmorales de los que se arrepiente (el acto tan repulsivo que comete en los últimos capítulos de la serie con Asuka). Además, es preciso remarcar cómo el final de la serie y de la tetralogía lo tienen a él como centro. En el primer caso, para que sea responsable de la decisión final y, por tanto, tenga un deseo propio que cumplir. En el segundo caso, para resarcirse y mostrar su madurez en la creación de un nuevo mundo (es reseñable el importante cambio que adopta Shinji en la última película, siendo consecuente con sus acciones y logrando no solo comprenderse a sí mismo, como hiciera al final de la serie, sino también comprender a los demás personajes, especialmente a su padre).


En realidad, como protagonista, Shinji Ikari no se distancia tanto de un modelo habitual en el anime, pero la diferencia la marca su actitud: no tiene ninguna motivación personal ni quiere ser un héroe ni pretende solucionar un pasado conflictivo. Solo actúa así porque se lo piden, pensando que así pueda lograr el reconocimiento de su padre. En efecto, mientras que en otras series hemos tenido a personajes con un pasado traumático, como es el caso de Naruto, de la serie homónima, Eren Jaeger, de Ataque a los titanes (Hajime Isayama, 2009-2021), o los hermanos Elric, de Full Metal Alchemist (Hiromu Arakawa, 2001-2010), todos muestran una predisposición a cambiar sus vidas, a perseguir una meta y a hacer todo lo posible por lograrlo, mientras que Shinji acaba zarandeado por las circunstancias. De ahí que Asuka Langley sirva de contrapunto perfecto.

El personaje de Asuka, que aparece en el octavo capítulo de la serie y en la segunda película de la tetralogía, tiene una actitud más acorde con el protagonista habitual, incluso sobrepasándose. Es eficaz y sobresaliente en sus capacidades, lo que la lleva a actuar de manera engreída y soberbia. Como acabará demostrando, esa actitud es también una forma de llamar la atención de los demás y protegerse a la vez, evitando que se descubran sus heridas y traumas. Ya mencionamos antes que todos los personajes comparten un pasado traumático que es representado por una pérdida cercana, la mayor parte con carácter de orfandad (las madres de Shinji, Asuka y Ritsuko, el padre de Misato), con la honrosa excepción de Gendo, que perdió a su esposa. No obstante, cada personaje adopta una postura ante esta pérdida y las de Asuka y Shinji resultan antitéticas, de ahí que desde el principio choquen tanto.


Junto a ambos, encontramos a Rei Ayanami, uno de los personajes más misteriosos en el inicio de la serie y que después se revela como una entidad vacía. Rei representa a la perfección la (supuesta) carencia de emociones y sentimientos, siendo una marioneta en manos de Gendo Ikari, de quien se irá distanciando conforme aumente los vínculos con otros personajes. Sin embargo, debemos destacar dos cuestiones sobre ella. En primer lugar, si no fuera por su naturaleza descubierta en la serie, representaría muy bien la frialdad que se refleja desde el espectro autista, que no muestran el cariño ni el odio de manera corriente, pero sí son capaces de establecer vínculos, como Rei acaba haciendo tanto en la serie como en la tetralogía. En segundo lugar, la evolución de este personaje es mucho más rápida y rica en la tetralogía, teniendo como punto álgido su vínculo con Shinji y posterior sacrificio en la segunda película y su tercera versión en la cuarta película, en la que consigue tener una vida plena como nunca antes lo había conseguido ninguna de sus versiones anteriores, en lo que podríamos considerar un alegato de la vida sencilla y campesina, muy en la línea de las obras de Studio Ghibli. Su desarrollo final en la serie resulta bastante inquietante, pero debemos tener en cuenta que su naturaleza es distinta a la de otros personajes de la serie: su cuerpo biológico es un clon de Yui Ikari, mientras que su conciencia es la de Lilith.

Solo Kaworu Nagisa puede considerarse su igual, ya que contiene en su interior la conciencia de Adán. Sin embargo, este misterioso y crucial personaje, que aparece en el capítulo 24 de la serie y al final de la segunda película, siendo fundamental en la tercera, de la tetralogía, tiene un carácter distinto a Rei. Este personaje es consciente de su papel en esta historia, de su rol como ángel destructor y de su relación con Shinji Ikari. En ambas ocasiones, tanto en la serie como en la tercera película, Kaworu aparece en un momento de desesperación y soledad de Shinji y se convierte en una amistad inigualable, incluso de tintes homosexuales, cuando Kaworu le revela que le gusta. En cierta forma, este personaje desarma las barreras de Shinji y logra una gran cercanía con él como medio para conocer mejor a los seres humanos, a los que no acaba por comprender. En suma, Kaworu representa la confianza que Shinji necesitaba, pero también se acaba convirtiendo en un profundo trauma para el protagonista, tanto por considerar que le ha traicionado como por su obligada muerte (en la serie a manos del propio Shinji, en la película sacrificándose para salvar a Shinji). 


Aparte de Shinji, Asuka, Rei y Kaworu, hay otros pilotos de EVA que deberíamos mencionar. En primer lugar, Toji Suzuhara, que tiene un rol muy distinto en los dos formatos. En ambos es compañero de clase de los demás personajes junto a Kensuke, y forman parte de los civiles. Pero en la serie acaba convirtiéndose en otro piloto, aunque con un destino funesto. En la segunda película, sin embargo, esta papel acaba ocupado por Asuka, que sufre la misma suerte que Toji en la serie. En la tercera película se nos revelará que tanto Toji como Kensuke siguen sus vidas normales en una comunidad de supervivientes, como civiles responsables. En segundo lugar, un personaje exclusivo de las películas: Mari Illustrious Makinami. La verdad es que su actitud es parecida a la de Asuka, demostrando siempre una gran habilidad para controlar su EVA. No obstante, su rol es bastante misterioso, parece oponerse a Gendo Ikari de manera clara, pero no tiene una trascendencia determinada. Incluso podríamos considerar que se trata de un añadido de la tetralogía que funciona en ocasiones como un deus ex machina.

Misato Katsuragi ocupa uno de los roles más relevantes de la saga. Es un personaje crucial dado que se convierte en la mentora directa de Shinji y en uno de los pocos perfiles adultos que más se cuestiona lo que está sucediendo. No obstante, es un personaje que siente la carga de sus obligaciones. Por una parte, trata de ser una madre para Shinji, pero, por otra, se aprovecha de él y lo presiona, incluso recurriendo a una muestra más sensual, con un beso, para tratar de convencerlo. Ahora bien, este comportamiento responde a una razón bastante clara que la tetralogía incluso subraya: Misato cree en lo que hace y lo lleva hasta las últimas consecuencias. En la cuarta película veremos hasta donde iría por lograr el bien común, incluyendo el sacrificio de no cuidar de su hijo.


Como mencionábamos, asume el rol de mentora con una dualidad entre lo cómico (por su carácter irresponsable en la casa que comparten) y lo dramático (al liderar las acciones bélicas y empujar a Shinji a seguir adelante). Se siente ligada a los adolescentes conflictivos que tiene a su cargo porque en ellos ve parte de sí misma: la mala relación paternofilial de Shinji y Gendo o la actitud y el comportamiento más salvaje de Asuka. Sin embargo, no es capaz de llegar hasta ellos. Eso se reafirma en la tetralogía, sobre todo en el cambio que se produce en ella en las dos últimas películas, cuando decide convertirse en la némesis de Gendo, siendo su equivalente, pero sin un deseo egoísta. Al contrario, Misato se entrega a los demás incluso rechazando sus propios deseos por un bien común. Por ejemplo, evita a Shinji a fin de no volver a presionarlo como antaño, para evitarle un sufrimiento, que era justo lo que hacía en la serie original. 

Mientras que Misato representa el carácter más bélico, Ritsuko Akagi representa la ciencia y Ryoji Kagi, el espionaje. Estos dos últimos personajes tienen más recorrido en la serie que en la tetralogía. La primera era la científica y responsable técnica de NERV, encargádose de supervisar a los tres superordenadores que forman MAGI (otro símbolo religioso cristiano: los tres reyes magos), herencia desarrollada por su madre. Akagi es también un personaje frágil a pesar de su apariencia, sintiéndose siempre a la sombra de su madre, Naoko. No obstante, en la serie juega un papel más siniestro, llegando a traicionar su amistad con Misato y siendo una de las principales responsables de todo el Proyecto de Complementación Humana junto a Gendo y su lugarteniente, Fuyutsuki. Por contra, en las películas, su rol se ve mucho más reducido, a fin de cuentas no se hace tanto hincapié en la selección de los niños, en el desarrollo de los Evangelion ni en todos los combates con los ángeles, y permanece siempre al lado de Misato.


Al igual que Ritsuko, el papel en la tetralogía de Ryoji está más reducido, pero es esencial: le proporciona a Gendo la herramienta para alcanzar un estado superior, pero también es quien le da a Misato el valor y el ejemplo para seguir adelante. Además, la relación con Misato es posible en la tetralogía por la mejoría de sus caracteres. Incluso es llamativa la conversación que tiene con Shinji en la segunda película, mostrándose como una figura ejemplar para el muchacho y haciéndole ver aquel pasado por el que está luchando (tanto en el centro de investigación marina como en el huerto). Sin embargo, en la serie actúa de forma más independiente y suele actuar en segundo plano, salvo acciones concretas (tiene también conversaciones de tono filosófico con Shinji, para ayudarle a mejorar su dinámica social). Su trabajo como espía evita una relación cercana con Misato, a pesar de intentarlo, y actúa con frivolidad de manera general, salvo contadas ocasiones. Su ansia por descubrir la verdad, independientemente de su fidelidad a una organización, le llevará a la muerte. Sin duda, es un personaje sincero en su desarrollo, que ha sabido comprender su dolor y no se ha quebrado como el resto de personajes, aunque tenga un carácter pesimista y melancólico.

Por último, pero no menos relevante, Gendo Ikari es el padre roto. Su actitud despótica y cruel solo persigue satisfacer un deseo personal. Es la representación de quien no ha sido capaz de superar el duelo, en este caso por la pérdida de su esposa, y es capaz de arrastrar a toda la humanidad consigo con tal de volver a tenerla consigo. Por ello, es castigado al final de la serie por Yui, mientras que en la tetralogía logra la redención e incluso se sacrifica para ayudar a su hijo. Gendo es uno de los grandes motores de toda la franquicia, además de ser el antagonista a los ideales perseguidos por todos los demás personajes. De ahí que el final de la cuarta película sea la ansiada conversación entre padre e hijo por la que logran un entendimiento mutuo. 


Durante nuestro comentario, hemos señalado varias veces la diferencia entre serie y tetralogía, pero debemos tener en cuenta que la tetralogía podría considerarse una continuación de la serie. Con la teoría del eterno retorno, tras el final de la serie, todos los acontecimientos volverían a repetirse ad aeternum, pero con una diferencia crucial: las almas aprenden de estas repeticiones. De ahí que en la tetralogía se nos muestren cómo los personajes logran una mayor cercanía que en la serie. Sin duda, entienden mejor la situación que están viviendo. Pero todo se precipita por la relación más íntima entre Rei Ayanami y Shinji Ikari, que causan el Tercer Impacto. Aunque son detenidos por las lanzas de Longinus de Kaworu, el decimotercer ángel. Las dos siguientes películas ahondan en la guerra infinita entre la antigua NERV, es decir, Gendo Ikari, y los humanos supervivientes que tratan de hacer frente a su deseo egoísta, liderados por Misato. La tercera entrega sigue a Shinji Ikari hacia el punto más bajo de su depresión, mientras que la cuarta supone el punto culmen de la serie y la tetralogía: la conversación entre padre e hijo y el surgimiento de una nueva realidad definitiva que rompe el ciclo.

En definitiva, Evangelion es una saga cuyo eje central es la superación del dolor. Todos sus personajes huyen de este dolor o no quieren enfrentarlo y por eso son tan imperfectos como nosotros. A partir de un espectáculo bélico de criaturas gigantescas y robots humanoides se nos cuenta una historia que apela a la depresión, a la ansiedad y a los conflictos internos de la psique humana. No es una producción amable y está barnizada por una simbología enrevesada, pero es normal que se haya convertido en una obra de culto por su madurez y su transgresión. A pesar de lo cual, presenta varios defectos, como su carácter diseminado y fragmentario, una cosmología poco clara o algunas decisiones poco acertadas en su desarrollo. Con todo, es una de esas obras de anime de las que hablábamos al principio: un imprescindible para entender todo lo que vino después. Una obra capital e influyente.

Escrito por Luis J. del Castillo

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