Las puertas de Anubis, de Tim Powers

07 agosto, 2018

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Si bien hay una serie de nombres que forman parte de la literatura universal, encontramos otros imprescindibles dentro de los géneros concretos que, salvo que decidas introducirte en ellos, te resultarán más bien desconocidos. El escritor estadounidense Tim Powers forma parte de esa pléyade de autores de literatura en torno a la ciencia ficción, la fantasía o las ciencias ocultas, con obras como la que le dio el reconocimiento y a la que hoy nos acercamos: Las puertas de Anubis (1983).

No ha sido azarosa mi mención a esos tres pilares de ciencia ficción, fantasía y ciencias ocultas, dado que las tres cuestiones se dan la mano en esta aventura donde se combinan los viajes en el tiempo, los hechizos y las creencias en los antiguos dioses egipcios. Nos situamos a principios del siglo XIX, cuando el Imperio Británico está extendiendo su poder por el mundo y ha logrado imponer su dominio en Egipto. Un grupo sectario de hechiceros planean expulsarlos o conseguir que el imperio pierda su poder, para lo cual intentarán convocar el poder de los dioses egipcios. Sin embargo, el ritual romperá el flujo del tiempo y permitirá que en 1983 un millonario excéntrico invente el modo de usar tales agujeros para viajar en el tiempo. 

Brendan Doyle será nuestro particular protagonista: un estudioso de la literatura inglesa que ha dedicado gran parte de su tiempo a una biografía sobre Samuel T. Coleridge (1772-1834) y su época, habiendo prestado ahora atención al más desconocido poeta William Ashbless. Doyle es convocado por un excéntrico millonario, Darrow, para dar una conferencia sobre el célebre poeta inglés, aunque lo que descubrirá nuestro protagonista es que la dará como anticipo de un viaje en el tiempo para disfrutar de un coloquio con el auténtico escritor en 1810. Esta será el inicio del periplo de nuestro protagonista a través del tiempo, dado que durante la excursión será secuestrado y quedará atrapado en el siglo XIX, teniendo que sobrevivir como mendigo e investigando la forma de regresar a su tiempo mientras trata, a la par, de descubrir más sobre el misterioso Ashbless. De forma paralela, son varios los sucesos que acontecen entre las sombras: una sociedad de vagabundos y gitanos están a merced de un tétrico payaso y un médico turco, tejiendo la forma de derrocar al Imperio Británico, y un criminal llamado Joe Cara-De-Perro anda suelto por Londres con la capacidad de intercambiar su mente con sus víctimas.


En un argumento donde se entremezcla la tecnología que permite a Darrow viajar en el tiempo con la fantasía de la hechicería egipcia y el relato histórico en el que Powers se luce gracias a los datos sobre literatos ingleses como Coleridge o Lord Byron así como con sucesos diversos que dan sentido y fondo a la obra, podría parecer que Las puertas de Anubis es una novela bastante atractiva. Sin embargo, la forma de proceder del escritor a la hora de plantear el desarrollo de las tramas puede provocar que la lectura resulte tediosa.

Para empezar, el autor demuestra una gran capacidad para el detalle y la descripción, logrando situar al lector ante el ambiente deseado, a la vez que hila y posiciona a sus personajes de tal forma que la historia avance con los giros suficientes para mantener la intriga y el interés. Incluso, y con gran acierto, proporciona datos al lector que sus personajes desconocen, lo que nos sitúa en una escala superior a estos y, por tanto, nos sentimos más motivados a descubrir cómo lograrán salir airosos y victoriosos de esas situaciones. 


Sin embargo, en muchas ocasiones dedica un gran espacio a la creación de un ambiente o a la introducción de nuevos personajes secundarios, que después son despachados abruptamente, o que no tendrán más intervención a lo largo de la historia, como sucede, por ejemplo, con el grupo de mendigos al que se une Brendan al principio de la novela o con los egipcios con los que entablará amistad hacia el final del relato. En algunos casos, incluso podríamos notar cómo el autor quiere transmitirnos alguna clase de emoción, pero no lo logra por la rapidez con la que ha liquidado a esos personajes. El problema es que intenta provocarlo siendo bastante detallista a la hora de explicarnos quiénes son o qué relación tienen con otros personajes, pero sucede tan poco entre tan prolija descripción y su desaparición que el esfuerzo resulta innecesario y acaba por cansar.

Algo similar sucede con la forma en que trata la aparición de los personajes. Por ejemplo, pueden llegar a pasar una gran cantidad de acontecimientos intermedios antes de descubrir qué ha sido del protagonista, o un personaje tan relevante como lo será Jacky, o Elisabeth, acaba por desaparecer durante un gran periodo de tiempo, sintiéndolo bastante desaprovechado. Eso provoca que el lector tenga que recapitular sobre la situación en la que quedó tal o cual personaje o incluso que sea el narrador quien lo haga, cuando de haber situado los capítulos a menos distancia no hubiera sido necesario. En general, se notan errores en el ritmo y la cadencia de la historia, como seguramente en la cantidad de tramas que se crean en la novela o que se retoman de forma repentina tras un lapso considerable de tiempo, lo que crea confusión y tedio, además de no permitir que se perciba mejor la evolución de los personajes, que acaban sintiéndose más planos de que realmente son. Aunque no se evita en ningún caso que los villanos de turno, con confusión de nombres incluida, sean pusilánimes. Quizás tan solo Horrabin o Joe Cara-De-Perro proporcionan más interés, por su cercanía a un ambiente más tétrico y terrorífico.

Tim Powers
Ahora bien, eso no quiere decir que la historia no resulte atractiva o que tenga varios puntos de interés, por ejemplo, la ironía de una magia en decadencia justo en una época en la que se está iniciando la Revolución Industrial, con unos dioses que han perdido todo su poder, al estilo de lo que sucedía en American Gods (Neil Gaiman, 2001), o la forma tan dickensiana de mostrar los bajos fondos. Tim Powers crea expectación e intriga y puede sorprender con sus conclusiones, incluyendo giros inesperados o aún habiendo avisado de lo que va a suceder gracias a los viajes en el tiempo, sorprendiendo por la forma en que después se suceden los hechos. Podríamos destacar, por ejemplo, el rifirrafe en el agua a tres bandas entre Brendan Doyle, el payaso Horrabin y sus hombres de cuchara y Jacky, toda la trama relacionada con Joe Cara-De-Perro, el encuentro de Jacky con los Errores o el enfrentamiento entre Brendan Doyle y el doctor Romany, incluyendo un viaje más al pasado. Más innecesarias se sienten las tramas relacionadas con Lord Byron o lo que acontece en Egipto; es más, la tendencia del escritor en la novela es ridiculizar a los villanos, por lo que el poderoso Amo queda fácilmente denostado, aunque cabe mencionar que su última estratagema está bien ideada.

En definitiva, Las puertas de Anubis es una novela de contrastes. Si bien logra tanto transportarnos a un ambiente histórico en el que se mezcla la fantasía y el terror donde no falta la intriga, el relato llega a ser confuso y acumula una gran cantidad de tramas que pueden producir cierto tedio por la falta de ritmo. De haber pulido esos detalles, la novela mostraría mejor sus cualidades.


1 comentario :

  1. A mí me decepcionó un montón. No acabé de verle ni pies ni cabeza a la historia y me acabé el libro llevada por la inercia, la verdad. Me parece que es una idea sugerente muy mal llevada a término.

    Un saludo :D

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