Mostrando entradas con la etiqueta Parque Jurásico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Parque Jurásico. Mostrar todas las entradas

Jurassic World: El reino caído, de Juan Antonio Bayona

14 julio, 2018

| | | 0 comentarios
La resurrección de la saga de Parque Jurásico ha continuado con la segunda entrega de la nueva trilogía iniciada por Jurassic World (Colin Trevorrow, 2016), que a partir de los mismos protagonistas, nos ha ofrecido un retorno a este peculiar mundo alternativo plagado de dinosaurios. No obstante, como sucede en la actualidad, la cuestión más evidente era saber si esta secuela estaría a la altura de la saga u ofrecería un espectáculo más, reciclando ideas como ya sucedió con la trilogía original de los años noventa, donde los retornos al extraordinario archipiélago donde habitaban los dinosaurios fue una constante no siempre bien llevada. Acerquémonos, por tanto, a Jurassic World: El reino caído (Juan Antonio Bayona, 2018).

Ha transcurrido tiempo desde el catastrófico final del parque Jurassic World y en la actualidad los dinosaurios que habitan la isla Nublar se encuentran en grave peligro por la inminente erupción de un volcán, reminiscencia evidente de una de las teorías de su extinción. Este hecho fragmenta a la sociedad en dos: quienes apuestan por el rescate de los dinosaurios, en tanto inocentes criaturas que fueron creadas por el ser humano y aisladas en aquella isla por su propia mano, o quienes consideran que la seguridad del mundo es más relevante, que los dinosaurios deben permanecer y extinguirse en aquella isla. No obstante, nuestra historia tan solo va a esbozar esta idea, sin centrarse demasiado en ella, dado que pronto nos pondrá en la perspectiva de Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), quien tras abandonar la gerencia de Jurassic World, ha fundado una asociación para cuidar a los dinosaurios, creando un equipo especializado que pretende lograr el rescate de los habitantes de Nublar.


Pronto le llegará la oportunidad de efectuar tal rescate gracias a la ayuda y colaboración de Benjamin Lockwood (James Cromwell), uno de los científicos que junto a Hammond (el creador del parque en la original, interpretado por el fallecido Richard Attenborough) lograron la clonación de las criaturas prehistóricas. La única condición para llevar a cabo la tarea será reclutar a Owen Grady (Chris Patt), el criador de velociraptores y protagonista de la anterior entrega. A partir de este planteamiento, la obra se divide en dos partes. La primera versa sobre el rescate de los dinosaurios y la erupción del volcán, mientras que la segunda nos expone el negocio turbio en torno a la venta de estos seres a diferentes millonarios con motivaciones poco éticas. Obviamente, nuestros protagonistas se encontrarán en mitad de todos estos problemas y deberán intervenir para evitar males mayores.

La propuesta de Jurassic World: El reino caído a nivel argumental se queda en un nivel superficial de sus ideas, plantea alguna pequeña novedad con respecto a la saga, sobre todo en lo relativo a la familia Lockwood, y apuesta por un tono algo más oscuro, pero sin perder la espectacularidad de la entrega anterior. De nuevo, los protagonistas se convierten en seres todoterreno, hasta cotas muy inverosímiles: sobreviven una y otra vez a situaciones en las que deberían haber muerto con relativa facilidad, tal y como sucede con otros personajes secundarios o con los propios antagonistas. Precisamente, una de las escenas más ridículas en este sentido la protagoniza Owen intentando arrastrarse para salvarse de la lava que se acerca a su cuerpo, una lava que avanza y retrocede según el plano sin mantener una velocidad constante. Por no mencionar las ocasiones en que los dinosaurios deciden ignorarlos, no los aplastan de manera accidental o se salvan en el último instante. Es obvio que forma parte de los tópicos de este tipo de películas de acción, pero en El reino caído se acumulan demasiadas escenas similares en este sentido, llegando a resultar absurdo.


El último tramo de la película agrupa algunas de las mejores secuencias con un ambiente de terror más íntimo gracias al uso de la mansión como escenario principal de la acción frente a la enorme y ya manida isla. Nos recuerda a algunas escenas memorables de la original Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), sobre todo a la secuencia de la cocina entre los niños y los velociraptores. Ahora bien, ello no impide que encontremos algunas incoherencias, como la repentina subasta pública con tanto público, pero tan poca seguridad, o el momento en que Maisie Lockwood (Isabella Sermon) se refugia en su habitación, mostrando un comportamiento quizás típico de una niña, pero ilógico con la actitud o con la oportunidad que le brindaban todas las demás opciones, incluso la de permanecer en el lugar en el que estaba, inaccesible para su cazador. Por cierto, Maisie se suma a la lista de niños que han desfilado por la franquicia, uno de sus elementos ya prototípicos. Como igual de tópicos y maniqueos son los antagonistas, que siguen la estela ya vista en la saga: militares o empresarios sin escrúpulos, que solo buscan su beneficio personal y que acaban siendo víctimas de tal codicia en forma de violenta muerte entre dentelladas de dinosaurio.

Como aciertos de la película, podemos mencionar algunos chistes que relajan la tensión de la primera parte, sobre todo gracias a la intervención de Franklin Webb (Justice Smith), aunque puede saturar en algunas secuencias y después, de forma repentina, desaparece hasta prácticamente el final de la obra. También, la mezcla entre la monstruosidad que representan los dinosaurios y la sensación de maravilla que sienten algunos personajes al contemplarlos, algo que se pretendía mostrar también en Jurassic World, pero que aquí se logra gracias a la mayor intimidad y cercanía entre los personajes y su encuentro con estos seres. A todo ello debemos sumar la buena mano de Juan Antonio Bayona y su equipo de fotografía para proporcionarnos algunas escenas de una belleza inusual, que rompen con la vorágine de la acción, como sucede, por ejemplo, con la despedida de la isla o con el final de la última batalla. Aunque ya sabemos cuál es el objetivo del director y en ocasiones retuerce demasiado el desarrollo argumental para lograr la secuencia deseada, suelen funcionar bastante bien y elevan la calidad artística de la obra. A nivel argumental, tan solo merecería la pena rescatar la idea en torno al personaje de Maisie Lockwood, que aporta una novedad relevante en la saga y a explorar en el cierre de esta trilogía.


No obstante, y para concluir, Jurassic World: El reino caído sigue la estela de su antecesora en proponernos una aventura entretenida con grandes medios a su disposición, pero en ocasiones resulta excesiva, incoherente o inverosímil, puede llegar a rozar el ridículo y resultar previsible a los espectadores experimentados, incluso en los giros argumentales que pretendían ser más sorprendentes. Presenta algunas secuencias bastante atractivas, logra mantener la tensión e incluso acercarnos a ciertos momentos de terror, pero también está demasiado atada a los tópicos de la saga y aunque intenta abrir las puertas a novedades en la franquicia, no se desarrollan en esta entrega, que queda por debajo de lo que cabría esperar. Es decir, seguramente no sea tan buena como para marcar un precedente, pero está por encima de algunas de las peores entregas de esta misma saga.


Jurassic World, de Colin Trevorrow

18 junio, 2018

| | | 0 comentarios
La fascinación que los dinosaurios han provocado a las distintas generaciones de los últimas décadas tuvo su proyección cinematográfica más atractiva en Parque Jurásico (1993), de la mano de Steven Spielberg (1946). Sin embargo, no era la primera vez que Spielberg estaba ligado a un proyecto sobre dinosaurios, ya fue productor de la primera entrega de la entrañable saga de animación En busca del valle encantado (Don Bluth, 1988) y tampoco su película fue el  único motivo por el que muchos niños se sintieran atraídos por estas criaturas, cuyo trágico final y sus vivencias anteriores a la existencia del ser humano han suscitado un interés único para la humanidad. Debido a ambos factores, y dado que nos encontramos en una época de rescates nostálgicos, también llamados remakes, reboot o secuelas, no nos debe extrañar que la saga fuera recuperada recientemente con una cuarta entrega: Jurassic World (2015).

Aprovechando la distancia temporal con la película original, la propuesta argumental es un mundo en el que, tras los acontecimientos de la primera entrega, se ha retornado a la isla Nublar para crear un parque como deseaba John Hammond (Richard Attenborough, cuyo personaje aparece mencionado y como estatua, al estilo de Walt Disney en los parques temáticos de la compañía).


El parque, financiado por Simon Masrani (Irrfan Khan), se llama Jurassic World y se ha convertido en un foco turístico muy beneficioso. A su vez, la presencia de los dinosaurios es aprovechada para experimentar con ellos, en una doble vertiente: estudiar su comportamiento e incluso domarlos, como pretende Owen Grady (Chris Patt), o intentar crear nuevos seres a partir de la manipulación genética, como pretende el doctor Henry Wu (B.D. Wong, rescatado de la película original) con el fin de crear criaturas aún más atractivas para el gran público... o quizás para un público más selecto: el militar.

Comenzamos nuestra visita al parque a través de los ojos de dos hermanos, Gray y Zach Mitchell (Ty Simpkins y Nick Robinson, respectivamente), siguiendo así con los paralelismos, que son varios. Ambos son sobrinos de la gerente del parque, la fría y distante doctora Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), que los dejará solos por las atracciones mientras ella se ocupa de una nueva criatura creada por la manipulación genética: el Indominus rex. Sin embargo, la forma de criar a esta criatura, como reverá Owen Grady, así como el conjunto de genes que le otorgan unas habilidades inesperadas, provocará que el dinosaurio se rebele y consiga crear el caos en el parque.


A pesar de las apariencias, la película está descafeinada A diferencia de aquellas escenas de cierto suspense terrorífico que logró Spielberg con los velociraptores, en esta no llega a existir tanta tensión: las víctimas resultan obvias, los protagonistas se salvan de forma continua y absurda, tampoco faltará el deus ex machina que tan simpático pudo resultar en Parque Jurásico, pero que aquí se ha convertido en un recurso más que manido y que representa bastante bien la falta de ideas que se encuentra en esta obra.

Es más, mientras que en aquella se jugaba con lo desconocido, esta cae en el error de resultar llamativa por los fallos tan pueriles que cometen sus personajes, todo por seguir una crítica contra el tejido empresarial que ya hasta resulta más que aburrido. Como de nuevo la vigencia de un representante del ejército, o peor, un mercenario, cegado por sacar beneficio de la situación. Maniqueísmo aún peor que en la original, dado que al menos allí existía un carisma del que aquí carecen la mayoría de personajes.


En este sentido, hay una falta de equilibrio en el desarrollo de los personajes. Owen Grady no pasa de ser un héroe arquetípico, que es honesto y honorable, que valora a la fauna con respeto y que rechaza los métodos tanto militares como empresariales voraces. Además, es capaz de salir de cualquier situación con ingenio y con una personalidad que casa bastante bien con el actor, tanto que podríamos sentir que estamos viendo al Star Lord de Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014) en un universo alternativo donde nunca hubiera abandonado la Tierra (sensación que se acrecienta aún más en la secuela). La protagonista, Claire Dearing, es un personaje inconsistente e incoherente, que pasa de ser una empresaria fría y distante, incapaz de abandonar los tacones o de lidiar con los mosquitos, a una especie de aventurera algo asustadiza e incapaz de controlar sus impulsos. Incluso podemos considerar que nunca llega a tomar el control de la situación como debiera, ni toma una decisión adecuada, por ejemplo, respecto a sus sobrinos.

Hay un intento de desarrollo emocional entre los niños, aunque se trata de un intento vacío y previsible de unión fraternal en la discordia. Si la aparición de niños en las entregas ha sido generalmente criticado como un defecto, aunque sea ya un elemento prácticamente imprescindible de cada entrega, lo cierto es que su rol en esta obra queda muy alejada de los hermanos Murphy en Parque Jurásico, a pesar de que aquellos pudieran resultar más pesados, al menos lograban una evolución más coherente y cohesionada además de tener algunas escenas memorables. Por supuesto, por la pantalla desfilan personajes prescindibles y sin carisma, sin faltar el antagonista maniqueo de turno o alguna muerte absurda por la forma en que se realiza.


En definitiva, Jurassic World intenta repetir la fórmula, pero con menor calidad y más dosis de ridículo en sus resoluciones. Hay homenajes a la saga incluso con la aparición estelar de las instalaciones originales o ciertas reminiscencias musicales, pero apenas cuenta con secuencias memorables, coherencia, evolución de los personajes o carisma más allá del arquetipo. Hay una carencia de sentido lógico por parte de la mayoría de personajes y el final queda abierto en exceso, a la espera de una evidente segunda entrega. Con todo, se puede rescatar algunas ideas que podrían haberse desarrollado más, como el adiestramiento de dinosaurios, o que algunas secuencias de acción se sitúan en la espectacularidad que se espera de un blockbuster. Obviamente, no se trata de una obra que pretenda ser profunda, pero lo que en los noventa podía resultar aún novedoso o válido, en esta época ha quedado ya repetitivo y cansino. Es decir, esta entrega pierde el carisma y el alma de la original, a pesar de no dejar de seguir sus pasos.


Parque Jurásico, de Steven Spielberg

10 febrero, 2014

| | | 0 comentarios
En un afán científico, pero sobre todo comercial, el empresario Hammond decide investigar sobre los dinosaurios para recrearlos en una isla que pasaría a convertirse en un gigante parque para turistas que quisieran disfrutar, por una considerable suma, de un espectacular zoo de dinosaurios vivos. Sin embargo, estos seres son excesivamente peligrosos, especialmente al resucitar, por cuestión de espectacularidad, especies carnívoras y, según pretende el film, realmente despiadadas. Fruto de esta ambición desmedida, ocurren los primeros incidentes, lo que provocará que los inversores decidan hacer una inspección mediante el ojo crítico de expertos en la materia; ahí entran en escena los protagonistas de esta historia, que descubrirán con asombro cómo su materia de estudio, extinguida en la realidad, ha cobrado vida en aquel negocio, el parque temático.

La historia pertenece en origen al libro homónimo de Michael Crichton, médico, escritor y director de cine de quien ya comentó nuestro compañero Javier su película Coma (1978), y fue causa de interés desde su publicación en 1990, hasta que Steven Spielberg consiguió los derechos. Del director norteamericano, denominado como Rey Midas de Hollywood poca presentación es necesaria, pues es conocido por casi todos por películas como la saga de Indiana Jones -especialmente la primera entrega, En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981)-, E.T. el extraterrestre (1982), La lista de Schindler (Schindler's List, 1993; del mismo año que la que hoy comentamos), Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), o de forma más reciente, Lincoln (íb., 2012); también de él comentó Javier el film 1941 (íb., 1979). Junto al célebre director, el propio Crichton junto a Malia Scotch Marmo y, especialmente, David Koepp, que además de guionista ha sido director de, entre otras, Sin frenos (Premium rush, 2012), otra reseñada en el blog que, además, muestra la gran versatilidad de tres de los grandes implicados en este film. 

Por cierto, recientemente pudimos verla en los cines en un innecesario 3D y, además, si no tuvimos suficiente con las dos secuelas de 1997 (The Lost World: Jurassic Park) y 2001 (Jurassic Park III), está pendiente una nueva trilogía a iniciar en 2015 con el título de Jurassic World.


El espectáculo estaba servido: toda una aventura con dinosaurios, el plato fuerte de la película que contaba, además, con unos efectos especiales admirados por todos para crear esta aventura de supervivencia en mitad de un parque temático. Los dinosaurios, auténticos protagonistas, viven pacíficamente como pueden en esta nueva realidad, actuando como seres instintivos que son, no podemos condenarlos aunque encontremos cierto maniqueísmo en el tratamiento de los famosos velociraptores o del gran Tyrannosaurus rex. La película, además, nos transmite el mensaje de que no controlamos a la naturaleza aunque lo pretendamos: los dinosaurios, como también pasa con los animales en el zoo, no siempre están dispuestos para agradar a los visitantes, y aún menos para vivir en un hábitat que puede resultar perjudicial para ellos. No entraremos a valorar si la base científica es verídica, ya hay muchas críticas a la veracidad de denominaciones, teorías científicas y demás cuestiones que, sin embargo, son verosímiles en la película, lo que en la ciencia ficción o en cualquier otro tipo de ficción es aceptable.

Los efectos especiales recreaban a la perfección unos completos dinosaurios donde se perdía lo artesanal, pero para hacerlo de forma brillante, tanto que aún hoy asombra. Los dinosaurios se encargan de protagonizar las mejores escenas del film, aquellas que desatan mayor tensión, como los coches atacados por el T. rex o la persecución en la cocina de los velociraptors que están al acecho de los niños. Por su parte, la parte humana está más hueca en su desarrollo. 


Si bien no podemos dudar de la labor de actores como Sam Neill o Richard Attenborough, la realidad es que el desarrollo de los personajes es bastante flojo, tan solo destacando pequeños aspectos, como el gusto por los niños del doctor paleontólogo Alan Grant (Sam Neill), la valentía de la doctora, experta en paleobotánica, Ellie Sattler (Laura Dern) o el sueño y la persistencia monetario de John Hammond; Richard Attenborough interpreta a este abuelete empresario del que incluso podemos sentir pena, pese a saber que sus acciones no son ni altruistas ni, mucho menos, científicas. Sobre esta cuestión, hay todo un aparato crítico a lo que rodea el parque temático que hay quienes lo han apreciado como un ejemplo de merchandising, todo una campaña que se ha valorado en algunos círculos como placement, publicidad encubierta dentro de la película, en lugar de, sin duda, observar la clara crítica a esta cuestión, pese a que, sin duda, se haya hecho caja en la realidad de todos los productos derivados de la cinta (¿aunque no es ese el propósito de toda empresa?).


En cuanto al resto, Sam Neill y Laura Dern tienen falta de química entre ambos, aunque individualmente se adecuen a sus papeles, especialmente Neill, y tampoco ayuda Jeff Goldblum como el matemático y teórico del caos, el doctor Ian Malcolm, único personaje que se mantiene igual a lo largo del metraje con una personalidad que no se aprovecha del todo. Los niños están ciertamente estereotipados, tanto en el caso de Joseph Mazzello en la piel del insistente y pesado niño Tim Muprhy, en la actitud de esos jóvenes fanáticos e insistentes así como cuasi periodista, como en el de Ariana Richards como la hermana mayor Lex Murphy, cuya mayor habilidad está en los ordenadores, seguramente una premonición de lo que son las nuevas generaciones tecnológicamente hablando. 

Los papeles menores son mínimos, destacando quizás el de Wayne Knight como Dennis Nedry, el encargado de estropear la utopía funcionando como una especie de antagonista dentro del espionaje empresarial, el personaje reluce antipatía; como curiosidad, la presencia de Samuel L. Jackson, como ingeniero de parque, y, como crítica, la esperpéntica actuación de Bob Peck como Robert Muldoon, oficial del parque y especie de cazador de dinosaurios.


La película se solventa mediante algunos Deus (o dinosaurus) ex machina bastante oportunos (y sorprendentes), que funcionan sobre todo para salvar al pequeño Tim. No obstante, no desmerece una aventura que aviva el gusto por los dinosaurios, esos seres que tanto nos fascinan, quizás porque nos hacen sentir pequeños e indefensos.

Escrito por Luis J. del Castillo


Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717