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Thor: El mundo oscuro, de Alan Taylor

07 octubre, 2023

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Llevamos siglos narrando las mismas historias con distintos personajes y elementos. Por eso resulta fascinante pensar cómo a veces un narrador da con la clave para cautivarnos con lo que ya conocemos: la batalla entre el bien y el mal, la salvación épica de nuestro mundo gracias a un héroe. Y por eso también resulta fácil caer en lo tópico y en lo anodino, solventar la historia predefinida sin gracia y sin apenas atractivo.

En su fusión con la mitología nórdica, Marvel apostó por cierto continuismo a lo establecido por Kenneth Branagh en la primera entrega de Thor (2011) añadiendo lo acontecido en Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) y dejando la dirección a Alan Taylor, más impersonal en su propuesta que la teatralidad y los planos holandeses que ofrecía su predecesor con el personaje. En cierta forma, nos encontramos en Thor: El mundo oscuro (2013) con la entrega menos carismática del personaje, que después atravesaría por un tono más cómico, quizás excesivo, en manos de Taika Waititi a partir de Thor: Ragnarok (2017). Sin embargo, sí se permite expandir los horizontes de su propio universo, permitiéndonos conocer más sobre Asgard y pretende aunar épica, romance y humor, aunque sin lograr brillar en ninguno de los tres aspectos.


El continuismo con Thor lo notamos en la épica con que se enfoca la historia y a los personajes, incluyendo un prólogo en off que cuenta la historia de otro de los reinos nórdicos que estuvo en guerra con Asgard, en esta ocasión, el de los elfos oscuros. De nuevo, el pasado de los asgardianos afecta a su presente, siendo esta una constante en la historia del personaje. En esta ocasión, tras lograr apaciguar los reinos al recuperar el Bifrost y haber detenido a Loki, que queda recluido en prisión, se avecina un acontecimiento único que afecta a todos los reinos: la Convergencia. Gracias a este alineamiento de los reinos, comienzan a aparecer portales que los conectan y que podrían amenazar su estabilidad. En La Tierra será Jane Foster (Natalie Portman) quien comience a investigar los portales, con la fatídica casualidad de viajar al reino de los elfos oscuros y absorber el éter escondido por el padre de Odín. De esta forma, se convertirá en el objetivo de los antagonistas, dispuestos a recuperar este poderoso arma que se encuentra en el interior de Jane.

Sin duda, la ambientación y la aventura pretende ser más espectacular que la anterior entrega, ampliando sus escenarios y siguiendo la estela dejada por Los Vengadores. En ello colabora el recurso de los portales, que permitirán cambiar de localización esporádicamente e incluso creando situaciones cómicas. No obstante, el tramo de mayor impacto tanto en espectáculo como en historia se da en el ataque a Asgard por parte de los elfos oscuros, mientras que la batalla final queda deslavazada y resuelta mediante deus ex machina oportunos. Por su parte, el villano de turno, Malekith (Christopher Eccleston) es completamente plano. A pesar de que su historia trasluce tragedia y venganza, no hay ningún intento por permitirle desarrollo alguno. Es el personaje a derrotar para evitar la destrucción, siendo, por tanto, un fantoche de usar y tirar.


Por contra, la película sí ofrece espacio para el crecimiento de Thor (Chris Hemsworth), su relación con Jane y la evolución y redención de Loki (Tom Hiddleston). En el primer caso, se sigue el rumbo marcado por el inicio del personaje: sigue sin sentirse realmente digno del rol que le han encomendado. A pesar de haberse convertido en un héroe y haber traído la paz a los distintos reinos, no se siente preparado para reinar como sí pretendía aquel bravucón que era en origen. También comienzan para este personaje las pérdidas y el sentido del sacrificio, que serán su leit motiv durante las siguientes entregas. Por ejemplo, su relación con Jane queda reafirmada, pero mientras ve cómo su mundo comienza a derrumbarse tras perder a dos seres queridos. No obstante, serán consecuencias que se desarrollarán posteriormente, no en esta película. En el segundo caso, el personaje de Jane vuelve a ser un recurso para la trama de Thor, pero resulta interesante su integración en el mundo de Asgard, especialmente en la manera en que se relaciona con el resto de personajes. 

En el tercer caso, Loki se erige como un gran antihéroe, rompiendo con el esquema de villano tradicional y siendo un personaje ambiguo, emocional y de gran carisma. En el caso de este personaje, logra crecer en su relación con Thor y también sentirse más cercano por la conexión que mantiene con su madre adoptiva, Frigga (Rene Russo). De nuevo, Loki vuelve a ser lo más destacable en una película de Thor. El resto de personajes quedan bastante desdibujados o caricaturizados en esta película, como los compañeros de Thor, que acabarán por ser cameos en siguientes entregas, el exiguo rol de Heimdall (Idris Elba) o la poca brillantez de un Odín severo e inflexible (Anthony Hopkings), destacando quizás el papel que juega Frigga, como mencionábamos antes. Tampoco los amigos de Jane Foster colaboran adecuadamente en el tono de la película: el doctor Selvig (Stellan Skarsgård) aparece ridiculizado por completo, mientras que Darcy Lewis (Kat Dennings) no es más que un alivio cómico. Provocan cierto desequilibrio, pues si en Thor la gracia se encontraba en el contraste de Thor con las costumbres terrestres, en esta ocasión, simplemente encontramos a dos personajes apayasados con tal de servir de chiste al público.


No es de extrañar que Thor: El mundo oscuro sea considerado una obra menor en su franquicia y una película anodina en su conjunto. Entretiene, qué menos, pero no logra el equilibrio necesario, la épica suficiente o la fuerza que sus elementos podrían otorgarle, a pesar de que tenía recursos para lograrlo al haber contado con más elementos narrativos. Su irregularidad en el tono, la manera en que algunos elementos se toman demasiado en serio pero sin darle un necesario fondo o sentido, así como lo planos que resultan sus personajes, hacen que sea fácilmente olvidable. 

Escrito por Luis J. del Castillo



Thor, de Kenneth Branagh

16 octubre, 2022

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Cuando acudimos a los orígenes de la ficción, contemplamos dos ideas que se entrecruzan. Uno es la necesidad de explicar el mundo que nos rodea, el segundo, ofrecernos modelos a seguir. No cabe duda de que mitología y épica son categorías que relacionamos directamente con el arte más clásico y tradicional, con las raíces que conforman las culturas modernas. Sin embargo, ambas siguen vigentes y producen nuevos frutos a pesar de los siglos transcurridos, porque enlazan con hechos primordiales que aún nos identifican. Los héroes mitológicos rezuman humanidad, pues les proporcionamos dones, pero también emociones propias de nuestro sino. Los dejamos disfrutar con su vanidad y les torturamos con nuestros miedos. Son un reflejo de nuestras metas y de nuestros defectos.

Los superhéroes son la evolución más evidente de los héroes mitológicos. Pero es más, la industria del cómic recicló los mitos para proporcionar versiones renovadas de aquellos personajes. En el pasado comentamos cómo DC había creado a Wonder Woman a partir de las amazonas griegas, incluyendo a los dioses del Panteón como personajes de su historia o villanos. Así sucedió en Marvel con el origen de Thor, que tiene sus raíces, evidentemente, en la mitología nórdica. Y como parte de su universo cinematográfico, llegó a la gran pantalla con la dirección de Kenneth Branagh (1960) en el año 2011. La elección resulta curiosa si tenemos en cuenta el historial del director británico, con una fuerte impronta shakespeariana en sus inicios a la que recurre en esta película.


Lo afirmamos así porque en la película encontramos una trama muy teatralizada, con tintes de tragedia épica clásica. Nos referimos a todo lo relacionado con Asgard, el reino en el que viven los dioses nórdicos bajo el reinado de Odín (Anthony Hopkins), quien fue capaz de (im)poner paz en los demás reinos con su poder y sus ejércitos. Ahora ha llegado el momento de ceder su corona a uno de sus hijos, por lo que ha elegido a Thor (Chris Hemsworth) para tal encargo frente a su otro hijo, Loko (Tom Hiddleston). Sin embargo, por culpa de su arrogancia y temeridad ante la amenaza de unos viejos enemigos, los Gigantes de Hielo que habitan en Jotunheim, Odín decide exiliar a su hijo a la Tierra, también conocida como Midgard, despojándolo de sus poderes y encantando su arma predilecta, el martillo Mjolnir, para que solo una persona digna pueda empuñarlo.

Todas las interacciones entre estos personajes rezuma clasicismo y se dan los diferentes elementos para que así sea: una conspiración palaciega, una trama relativa a la herencia al trono, el descubrimiento de un secreto relacionado con la identidad de uno de los personajes y también el sacrificio final, en diversos sentidos, junto a la redención y la evolución de los personajes. Odín se comporta como un rey típico de las tragedias, resolutivo y claro, que clama y sentencia al hablar, lo que queda potenciado por la interpretación de Hopkins, no especialmente brillante, pero digna dentro de los parámetros de la película. Por ejemplo, queda muy bien reflejado cuando dialoga con el rey de los Gigantes de Hielo, Laufey (Colm Feore), como en la escena en que destierra a Thor. También la reina y madre, Frigga (Rene Russo), detenta un papel secundario, ejerciendo de puente entre los personajes, pues demuestra tener cariño hacia sus dos hijos, tratando de mitigar la distancia entre todos. Destaca sobre todo en los diálogos con Loki.


No obstante, son los dos hermanos quienes tienen un papel relevante como protagonistas reales de esta historia, aunque en roles antagónicos. Thor es puro músculo, confiado hasta rallar en la arrogancia y en la vanidad, un guerrero que prefiere la fuerza al pensamiento, la venganza a la diplomacia. La película supone un primer paso para cambiar esta actitud a partir del castigo de su padre. Ahora bien, su desarrollo es irregular. Hemsworth le da una gran entereza en las escenas de acción y funciona en el lado cómico del personaje, pero se siente extraño y exagerado en su lado más melodramático. En este aspecto, no ayudan ni la diferencia en el nivel interpretativo de sus compañeros ni el abuso del plano holandés de Branagh, que proporciona al visionado una sensación extraña, de estar casi siempre ante personajes perturbados de forma innecesaria por este acento visual. 

El breve periplo por la Tierra, que transcurre en Nuevo México, tiene como centro narrativo su encuentro con un equipo de investigación universitario formado por la astrofísica Jane Foster (Natalie Portman), su asistente Darcy Lewis (Kat Dennings) y el doctor Erik Selvig (Stellan Skarsgård), mentor de Foster. Este grupo está investigando la existencia de agujeros de gusanos que permitirían viajar entre distintos planetas, algo que acabará por confirmar a partir de las posteriores explicaciones de Thor. Pero entre medias, se desarrollan diversas situaciones cómicas para mostrar el choque de culturas entre el protagonista y la Tierra, con ciertos gags que se repiten ocasionalmente, como el hecho de que lo atropellen, y otros más puntuales. Además, no será algo que le suceda solo a Thor, ya que otros personajes también serán ridiculizados por no adecuarse al comportamiento que se esperaría de un humano. Es más, la película resalta en varias ocasiones a sus alivios cómicos: Darcy y los compañeros guerreros de Thor, Hogun (Tadanobu Asano), Volstagg (Ray Stevenson), Frandral (Joshua Dallas) y, en menor medida, Sif (Jaimie Alexander), que es un personaje destacado frente a los otros.


El humor empleado es completamente blanco y en ocasiones absurdo, pero Branagh lo combina siempre con un tono épico en el que asienta toda la trama de Asgard, como ya mencionábamos antes. Es decir, las bromas y chistes quedan sobre todo relegados a ciertos personajes dentro de Asgard y a todos en su cruce con la Tierra. Algo que también se nota incluso en el estilo de enfocar las diferentes escenas que se dan durante la película. Por ejemplo, las conversaciones entre los personajes en Asgard resultan muy estáticas, plano contraplano, frente al dinamismo que encontramos en las interacciones entre el grupo de Jane Foster. De la misma forma, no desarrolla específicamente las tramas que no le interesan. Así, el romance entre Foster y Thor surge más como flechazo que como relación real, con algunas interacciones bastante forzadas o ridículas.

Por contra, cuando la historia se centra en el tema de la dignidad, despliega mayores recursos dramáticos. A mitad de la película se sitúa, por ejemplo, la ocasión en que el protagonista descubre que no es digno y que no podrá recuperar sus poderes hasta que lo sea, en una secuencia que combina acción, ambientación e interpretación. De la misma forma que, a pesar de titularse Thor, hay un gran foco puesto sobre el otro hermano, Loki, en su desarrollo como villano y antihéroe, una ambivalencia en la que el personaje siempre se sitúa. 


Efectivamente, a Loki se le proporciona una trama más compleja, en tanto que trata de mover los hilos de todos los personajes mediante sus conspiraciones y tretas y, a la vez, atraviesa una crisis de identidad. En este caso, la actuación, comedida en gran parte de la obra, pero muy expresiva en los puntos necesarios, de Hiddleston ayuda bastante a la credibilidad del personaje, que se balance en la moralidad de su actos. Igual que su hermano, Loki tendrá un punto culmen cerca de la mitad de la película, que se desarrolla en una conversación con Odín. Ahora bien, no hay grandes giros de guion. Branagh ahorra en suspense en este sentido, ya que para el espectador las cartas están siempre sobre la mesa, pues solemos saber más que el protagonista, Thor en este caso, a excepción de algunas revelaciones necesarias para otorgar cierta sorpresa a la trama. A mi parecer, su desarrollo acaba siendo más satisfactorio por su complejidad que el de Thor, aunque ambas tramas personales sean las más elaboradas de la película. 

Al final, Thor acaba por ser una obra algo anodina con una mezcla de tonos poco convincente. El desarrollo de Thor y Loki es lo más interesante que ofrece, pero está acompañado por personajes más insulsos que ejercen un rol bastante plano. El romance o la acción no acaban siendo especialmente destacables frente a algunas conversaciones y escenas evidentemente potenciadas, como las que hemos mencionado antes. El tono clásico que confiere Branagh a Asgard chirría con parte de su estética, pero confiere un halo más épico que otras versiones posteriores del personaje, que se han decantado más por su lado humorístico.

Escrito por Luis J. del Castillo



Thor: Ragnarok, de Taika Waititi

23 noviembre, 2017

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Aunque hablemos del género de los superhéroes, lo cierto es que tan solo tiene un requisito: la existencia de un ser con poderes, o al menos algunas habilidades considerables, que tienen un efecto en la sociedad que le rodea, generalmente salvadora. A partir de ahí, el esquema se adecua a las preferencias de quien dirige la película. Así podemos tener un thriller con El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), una road-movie con ecos de western crepuscular en Logan (James Mangold, 2017), una mezcla entre ciencia ficción y drama adolescente con Chronicle (Josh Trank, 2012), una aventura clásica y risueña con Superman (Richard Donner, 1978) o una comedia gamberra y satírica con Deadpool (Tim Miller, 2016). Al final, se trata de emplear al personaje dentro del tipo de historia que prefiramos, porque se puede tratar con gran versatilidad.

En este sentido, el personaje de Thor, surgido a partir de la mitología nórdica para llegar al mundo de los cómics desde el trabajo conjunto de Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby, ha sufrido en el mundo cinematográfico diversas interpretaciones. Primero llegó la película Thor (Kenneth Branagh, 2011), prosiguió con apariciones en películas conjuntas de Marvel, como Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), y siguió con su trilogía particular con Thor 2: El mundo oscuro (Alan Taylor, 2013). No ha sido el personaje mejor tratado de la factoría Marvel, con un resultado bastante irregular, pero su última película parecía querer mejorar el rumbo llevado: Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017).

En esta ocasión, acompañamos a Thor (Chris Hemsworth) mientras trata de impedir que suceda el Ragnarok de Asgard, es decir, la destrucción de su planeta. Cuando considera que ha logrado detenerlo, regresa a su mundo para descubrir que su hermano Loki (Tom Hiddleston) ha usurpado el puesto de su padre, Odín (Anthony Hopkins). Al tratar de reinstaurar la normalidad, descubrirá que tenía otra hermana, Hela (Cate Blanchett), diosa de la muerte, quien quiere ocupar el trono de Asgard. Tras caer derrotado con facilidad y perder su poderoso martillo, Thor acaba en Saakar, un mundo convertido en basurero espacial dominado por Gran Maestro (Jeff Goldblum), un tirano que organiza combate entre gladiadores. El héroe asgardiano deberá escapar de Saakar y regresar a su mundo para salvarlo.

De esta forma, a lo largo de la película podemos observar tres tramos diferenciados: la introducción, que se inicia situándonos en el presente de Thor tras dos años de ausencia así como la situación de Asgard tras el dominio de Loki y la aparición de la villana principal, Hela, con la mención de fondo del Ragnarok; un segundo tramo donde se plantea la caída en desgracia de Thor y su decisivo empeño en salir de Saakar y salvar su mundo; y, finalmente, un tercer tramo donde se sitúa la batalla final y la resolución. La estructura es clásica, pero la forma en que se desarrollan deja bastante que desear.


Por una parte, la introducción es bastante acelerada para todos aquellos elementos que quiere presentar. Incluso se permite el cameo de Doctor Extraño (Benedict Cumberbatch) en una escena en exceso humorística y alargada de más. Además, no se logra ni siquiera trascendencia en un momento que debería ser emotivo y al que se va a remitir constantemente en el resto de la película. A ello debemos sumar, por último, la aparición de una villana, Hela, que está más vacía de lo que aparenta, pues si bien es cierto que contiene tras de sí una reflexión en torno a la perversión de la historia por parte de los gobernantes o a la eterna cuestión de los secretos familiares, lo cierto es que a estos aspectos se les dedica un tiempo mínimo, y el personaje no deja de ser maniqueo y típico.

El segundo tramo se convierte en el más largo y aunque se supone que estamos ante la caída en desgracia del héroe, del que incluso esperaríamos una pérdida de confianza por la pérdida de su martillo, lo cierto es que Thor se mantiene siempre fiel al espíritu rebelde y arrogante que ha caracterizado al personaje, lo que impide que exista algún momento en que se pueda empatizar con este protagonista. El resto de personajes que le rodean se sienten bastante vacíos. Valquiria (Tessa Thompson) parece tener un traumático pasado que es revisado en un flashback muy efectista, pero también muy simple para darle un auténtico fondo al personaje. Y Hulk (Mark Ruffalo) crece en tanto que se le otorga una personalidad propia, que es prácticamente un respiro cómico, pero no aporta mucho más que pura espectacularidad. Casi se podría decir que el mejor dúo en pantalla es el formado por Loki y Thor, en tanto que sus constantes giros entre la rivalidad y la fraternidad funcionan siempre y se asientan en una relación desarrollada con anterioridad.


Por último, el tercer tramo bascula entre el clímax y el anticlímax, pero se siente fugaz. El duelo entre Hela y Thor apenas dura, y no se logra alcanzar la tensión ni la transcendencia necesaria, dado que su final está motivado por los hechos del inicio, que apenas tuvieron tiempo para desarrollarse y alcanzar un mayor matiz trágico. En este sentido, la película está poco equilibrada, dado que no hay lugar para la épica ni para la tragedia, que acaban absorbidas siempre por la comedia, lo que provoca que sintamos que todos los personajes están vacíos, más al servicio del chiste que a una evolución personal.

La comedia parecía haberse convertido en la principal aliada de la obra de Waititi, siguiendo la estela de otras producciones Marvel, pero lo cierto es que se ha convertido en un arma de doble filo. En Thor ya se empleó el humor para mostrar las diferencias entre el héroe asgardiano y la Tierra, algo que siguió presente en Los Vengadores, pero que casi desaparició en Thor 2: El mundo oscuro, una aventura más típica y que aporta más bien poco. Sin duda, la comedia había sido su principal baza para distanciarse de este recorrido, pero acaba por devorarlo todo, sobre todo a sus personajes, que acaban convertidos en chistes. En la segunda parte de Don Quijote (1615), Cervantes (1548-1616) expone a sus dos protagonistas a toda una serie de burlas y tretas perpetradas por una pareja de condes, lo que acaba convirtiéndose en una propia parodia de los personajes que puede incluso incomodar al lector, dado que una cosa era verlos vivir accidentes fruto de la confusión y del encuentro con la realidad y otra que sean otros quienes procuren reírse a su costa, desvirtuándolos por completo hasta perderles el respeto que habían mantenido hasta entonces. Algo similar sucede con Thor: Ragnarok.


Como ya mencionábamos, incluso en los momentos épicos, todo se convierte en chiste. Por situar un mero ejemplo, cuando Bruce Banner decide entrar en acción como Hulk de nuevo. Ese cúmulo de burlas hacia los personajes acaba resultando cansino y rompe el equilibrio narrativo de esta clase de historias. A raíz de su argumento, ha sido bastante comparada con Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014), pero lo cierto es que las películas de la patrulla espacial sabe respetar a sus personajes, permitiendo momentos dramáticos y épicos, incluso aunque se introduzca algún gag no se pierde la dinámica dado que no se burla en sí del personaje, sino que nos reímos con ellos y con lo que hacen. Y así, hasta la buena lógica con la que se construye el fondo de la historia, con la gran ironía que conlleva el propio hecho del Ragnarok, acaba pasando desapercibida entre tanto efectismo y tantas ganas de provocar la risa hasta con los recursos más manidos y simples.

En definitiva, Thor: Ragnarok puede llegarte a hacerte reír, porque no le faltan intentos para hacerlo, pero acaba por ahogar todo lo demás. Es decir, estamos ante una película de superhéroes que pierde toda su épica y trascendencia no adrede, dado que está presente, sino porque la comedia invade cualquier escena. Este afán por provocar la risa impide que los personajes resulten verosímiles o profundos, estando la mayoría vacíos de desarrollo. Y aunque pueda resultar una aventura entretenida, tiene tramos pesarosos, donde los chistes van perdiendo gracia por acumulación.

Escrito por Luis J. del Castillo


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