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Momo, de Michael Ende

14 julio, 2014

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Ilustración extraída de Ediciona
La historia interminable (1979) eclipsó al resto de obras del alemán Michael Ende, siendo su novela más notable. Sin embargo, años antes, el autor había publicado una exquisita y sensible novela bajo el nombre de Momo (1973), la otra pieza más sobresaliente de Ende y que reúne en sí las críticas veladas a una sociedad de consumo y mercantilista hacia la que, según el autor, se dirigía la sociedad. La historia de esta novela parte con la llegada de la huérfana Momo a un barrio de clase media baja, donde será recibida, atendida y cuidada por los vecinos, quienes la querrán gracias a su facultad de escuchar a las personas para ayudarlas. Momo es una de esas personas especiales cuya presencia es suficiente para ayudarnos, aunque no diga nada. 

La primera parte de la obra, dividida en tres, se detendrá en las pequeñas aventuras de esta niña junto al resto de vecinos, tanto adultos como niños, tratándose quizás de una parte más insustancial para el lector ansioso o resabido, pero que contiene bellos fragmentos, como el cuento que narra Gigi Cicerone a Momo, que merecen su lectura. Además, el contenido de esta primera parte sirve de contrapeso a las intenciones oscuras de los antagonistas, presentados en la segunda parte.

Los hombres de gris representan la parte de la humanidad ahogada por el mercantilismo, por la necesidad imperiosa de hacerlo todo economía, de las prisas por ahorrar para el mañana, disfrutar después de las horas que tenemos ahora, haciéndolo todo con hastío y enfado. El sistema empresarial, el judicial y el bancario son tres ámbitos que representan los hombres de gris y que sirven para quemar el tiempo de los hombres. Su presencia se incrementa a lo largo de la novela y no solo se muestra a través de estos hombres de negocios que estafan a distintos personajes en la trama, sino que también están presentes en las prisas de las personas que rodean a Momo en la tercera parte, en los agentes que mantienen ocupado a Gigi cuando este alcanza la fama o en el control establecido desde las autoridades a niños y personas inocentes, como Beppo Barrendero. Las cosas buenas que hicieron por Momo desaparecen en pro de unos beneficios desconocidos y que nunca llegan, un paraíso destruido en búsqueda de otro prometido como mejor.

Michael Ende y Radost Bokel en la adaptación Momo (1986, Johannes Schaaf)
Esta desilusión no es original de Ende, ya estuvo presente a principios del siglo XX y condujo a la literatura a resultar crítica con la realidad hasta en su forma. No obstante, la escritura del alemán es tierna al mostrarnos con la sencillez de la infancia los problemas que los adultos han creado a su alrededor. No en vano, advierte el maestro Hora, los hombres de gris nacen a partir de los humanos, quienes les ofrecen su tiempo y les dan la oportunidad de estafarles; en definitiva, nos traicionamos a nosotros mismos. Se trata de una idea que no debe de resultarnos extraña, pues los sistemas que tantas veces nos cierran los caminos del futuro han sido creados por la humanidad a la que pertenecemos. Esa idea de autodestrucción viene en Momo con un hálito de esperanza, el que representa la protagonista, abanderada de la amistad, el juego, la imaginación y la alegría.

Será en la tercera y última parte de la novela cuando comience la trepidante aventura de Momo en la situación inversa a la original: su nueva llegada al mismo barrio sucede sin ninguna repercusión, ni siquiera sus antiguos amigos estarán para ayudarla y todo lo que ella conocía ha cambiado... ¡y tan solo en un año!

Ese ritmo vertiginoso también se da en nuestro tiempo, pero aún más, en muchas ocasiones, y en esta misma novela se menciona, no será el lugar el único que haya cambiado, también nosotros mismos.

La novela funciona uniendo antítesis: la primera parte se refleja de manera negativa en la tercera parte, cuando el mundo ha dejado de estar del lado de Momo para pertenecer a los hombres de gris. De la misma manera, Ende realiza juegos de palabra en los títulos de los capítulos enfrentando a contrarios, con ejemplos en la traducción de Susana Constante como "Una persecución alocada y una huida tranquila", "Miseria en la abundancia" o "Un viejo callado y un joven parlanchín".

Todo ello podría quedar en la ficción de una aventura infantil encabezada por una intemporal huérfana Momo y sus compañeros, tortuga Casiopea incluída, pero Ende da un giro de tuerca en su epílogo final al introducir al narrador en la propia historia, creando así un ámbito neofantástico: existe en nuestra realidad esta historia, aunque sea para todos desconocida o, quizás, aunque aún no haya pasado.

Momo y Casiopea en la adaptación de dibujos animados
Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas, Esta cosa es el tiempo. 
("La cuenta está equivocada, pero cuadra" - Momo)

Escrito por Luis J. del Castillo


Adaptaciones (XXIII): La historia interminable, de Wolfgang Petersen

29 enero, 2014

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Si el libro de Michael Ende ha pasado a ser considerado una de las mejores novelas juveniles del siglo XX, pese a las reticencias del autor en encasillarlo para un determinado público, también pese a la consideración del autor, su adaptación cinematográfica está unida inevitablemente a una época, los ochenta, y, en cierto sentido, a su gran expansión. 

Cinco años mediaron entre la publicación de La historia interminable (1979) y la producción estadounidense-alemana dirigida por Wolfgang Petersen en 1984, y esta última se relaciona indudablemente con toda una serie de películas, hoy ya tradicionales en la historia del cine, dirigidas al sector juvenil, imbuidas de una gran imaginación combinada con técnicas artesanales de recreación de esas fantasías: E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), Cristal Oscuro (Jim Henson y Frank Oz, 1982), Los Goonies (Richard Donner, 1985), Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) o Willow (Ron Howard, 1988). El director Petersen ha continuado su carrera con obras como Air Force One (1997) Troya (2004) o Poseidón (2006), que distan bastante del género al que esta pertenece, imbuida de magia y simpatía a partes iguales gracias a que toma el espíritu de la obra literaria.

Sin embargo, a pesar de que hoy podríamos considerarla un clásico, ya hemos comentado que Ende mantuvo su repudio hacia la adaptación durante toda su vida, algo que se debe, sin duda, a la mutilación que se realizó al material original. Desde los ojos de un espectador que no haya leído la novela original así como de quienes sean capaces de distinguir entre adaptación y traslación literal, la cuestión puede salvarse perfectamente, dado que este recorte no es notable ni afecta al desarrollo de la obra cinematográfica. Sin embargo, es una carencia importancia para la fidelidad del sentido del texto original, dado que al no adaptarse la mitad de la novela se desaprovechó el potencial de interpretaciones de la obra completa y el mensaje completo que Ende ofrecía en su historia.


Al menos ese es el recorte más relevante, más allá de cuestiones estéticas como pudiera ser el aspecto del dragón, que decepcionó a muchos al parecer más un perro que un auténtico dragón, aunque precisamente se haya convertido en un icono inconfundible del film. Por otra parte, podríamos considerar que la suerte de esta adaptación hubiera sido distinta en la actualidad. En esta época donde segundas partes, reboots, remakes y demás formas de llamar a la creación de productos normalmente con un fin comercial basado en la fama o rentabilidad de otra creación anterior, no hubiera resultado extraño que La historia interminable se hubiera dividido en dos partes, ¡aún mejor para los productores! Sobre todo cuando este film incompleto fue un éxito en taquilla. Con esto, sin embargo, no defendemos, ni podríamos, los intentos de Warners Bros. por continuar la saga con La historia interminable: el siguiente capítulo (George T. Miller, 1990) o La historia interminable III (Peter McDonald, 1994), dado que ambas no solo son malas adaptaciones con respecto a la trama y al espíritu de la novela, sino también películas con una calidad más que dudosa.

Regresando a la primera entrega, sin duda la más valorada y siempre considerada como una gran película fantástica, nos encontraremos con Bastian, un chico que sufre el acoso de compañeros de su colegio y que, huyendo de ellos, se adentrará en una librería peculiar, donde se encontrará con un libro inquietante. Decidido a leerlo cuanto antes e intentando evitar otros conflictos en su clase, se refugia en la buhardilla del colegio y comienza la aventura de las letras, la aventura de Atreyu para buscar la salvación de la Emperatriz Infantil y, por tanto, de su mundo, Fantasía. 


En ese viaje no se dejan atrás a criaturas fabulosas recreadas no por ordenador como ahora estamos acostumbrados, sino por creaciones mecánicas reales, hechas a mano. Mucho nos podremos quejar del aspecto de Fujur, el dragón de la suerte, pero debemos reconocer igualmente el trabajo que hay detrás de cada una de esas construcciones, como también es visible en la tortuga Vetusta Morla. Quizás el mundo de Fantasía peca de oscuridad, pero en el tramo de la novela que adapta, consideramos que es un tono adecuado, especialmente en las escenas clave relacionadas con el principal antagonista junto a la Nada, G'mork, o con el caballo de Atreyu, Artax.


En cuanto a los actores, predominan los tres protagonistas jóvenes frente a breves apariciones de algunos personajes adultos. Bastian Bux, desde la buhardilla leyendo su libro, es interpretado por Barret Oliver, que por entonces contaba con diez años y que un año más tarde recibiría el Premio Saturn por protagonizar D.A.R.Y.L. (Simon Wincer, 1985) y siguió en tramas de ciencia ficción con Cocoon (Ron Howard, 1985) y su segunda parte, Cocoon: el regreso (1988). Pese a sus inicios prometedores y a sus papeles protagonistas, bien interpretado en el caso que nos ocupa, abandonó el mundo de la actuación como sus compañeros, dedicándose finalmente a la fotografía profesional.

El otro peso de la película, Atreyu, es interpretado por Noah Hathaway, quien sufrió bastante durante la grabación, especialmente en las escenas que realizó junto al caballo o en el combate contra el lobo, muestra de entrega para un muchacho de trece años que, tras otras interpretaciones en films como Troll (John Carl Buechler, 1986) o Casebuster (Wes Craven, 1986), se acabó dedicando a varios deportes, aunque precisamente ganó el Premio Saturn por Atreyu en 1984 y parece haber intentado regresar tanto como doblador en Mondo Holocausto o actuando en Sushi Girl (2012), en esta última junto a otro actor muy popular en los ochenta, Mark Hamill, el sempiterno Luke Skywalker de la saga Star Wars.


La otra protagonista, que, como sucede en los libros, tiene una presencia referencial más que física, es la Emperatriz Infantil, es interpretada por Tami Stronach, que cumple con sus breves apariciones gracias a su apariencia en la que fue su única participación en un film, dedicándose posteriormente a la danza. De entre los adultos, quizás podemos destacar al señor Koreander, el librero del film, interpretado por Thomas Hill, habitual en series televisivas como Newhart (1982-1990) o V: The Final Battle (1984), y el único del reparto que volvería a su papel en La historia interminable: el siguiente capítulo (1990).

Aunque haya quienes afirmen que ha envejecido mal o que es una mala adaptación, no podemos negar que como film dirigido para niños puede seguir funcionando, sorprendiendo a estos con sus escenas, sus criaturas y su fantasía desbordante, así como avivando la nostalgia de aquellos ochenta y de aquella manera artesanal de hacer realidad los sueños a través del cine. Una aventura que ha perdido la filosofía y el contenido que Ende quería transmitir a través de su novela, pero que como película sigue teniendo un valor apreciable, no falto de todo ese contenido que muchos le han querido restar. Al final, sirve como puente tanto para futuros lectores de la obra como hacia una época de artesanía fílmica y buenas e inolvidables películas juveniles, que más allá de sus defectos y virtudes, hicieron mella en toda una generación.


Última mención también a la banda sonora, que acompaña inevitablemente al recuerdo de esta película y que fue trabajo de Giorgio Moroder y Klaus Doldinger, con la conocidísima canción de Limahl, NeverEnding Story. Como curiosidad final, un director también arquetipo de los ochenta, Steven Spielberg, tiene en su posesión el AURYN que se empleó en la grabación debido a la admiración que sintió por la película, y como petición, una revisión no solo de esta película, sino de la novela íntegra, que podría dar pie a una gran adaptación con los medios actuales, pero sin la magia de los ochenta.

Escrito por Luis J. del Castillo



La historia interminable, de Michael Ende

28 enero, 2014

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Para saber realmente lo que es Fantasía hay que leer este libro. El que tienes en tus manos. La Emperatriz Infantil está mortalmente enferma y su reino corre un grave peligro. La salvación depende de Atreyu, un valiente guerrero de la tribu de los pieles verdes, y Bastián, un niño tímido que lee con pasión un libro mágico...

Con un contexto así de atrayente y una trama llena de fantasía y magia, nos adentraremos en la historia de un joven protagonista que nos hará transportar a un mundo tan único y curioso como él mismo. Y es que poco iba a imaginarse Bastián que encontrar un libro, aparentemente especial, le iba a llevar a vivir una vivencia inolvidable. Huyendo de los típicos abusones de su colegio, se esconde en la librería del señor Koreander. Allí encontrará dicho libro, La historia interminable, con un diseño llamativo y el símbolo de un ÁURYN en la portada. Tanta es su curiosidad y fascinación que no duda en tomarlo prestado para poder leerlo tranquilamente. Y aquí comenzará su aventura, en el desván del colegio donde Bastián abre el libro y se sumergiría en su lectura por primera vez.


Tras empezar a leer y conocer la sorprendente historia del reino de Fantasía, nada sería lo mismo para Bastián. Aunque Atreyu haya sido el guerrero elegido para encontrar la cura de la Emperatriz atravesando los lugares más recónditos, es Bastián quien se convertiría en la persona responsable en salvar esta comunidad mágica, repleta de extraños personajes que solamente podrían residir en nuestra imaginación. Es por ello que la aventura de Atreyu le tiene fascinado, además de darse cuenta de que no son tan diferentes como podría parecer.

Pero una evidente preocupación bombardea la mente de Bastián: ¿cómo se sumerge una persona en la historia de un libro? Aunque pueda parecer de locos, nuestro protagonista demuestra que con voluntad, valentía y fe podremos alcanzar lo que deseamos en lo más profundo de nuestro corazón. Sin duda, la novela de Ende derrocha inocencia, originalidad e imaginación desde la primera a la última página de nuestra lectura.


La historia se divide clara y gráficamente en dos partes, cada una dependiente de la otra, con una innovadora narración: dos colores, verde y rojo, para diferenciar las partes de la novela en las que nos encontramos en Fantasía y en la vida real. Nombres como Atreyu, Fújur o Bastián nos resultarán entrañables conforme avancemos en la lectura, permaneciendo en el recuerdo como personajes más allá del papel. Porque ¿quién no se ha sentido tan inmerso en una lectura que ha tenido ganas de formar parte de ella? Ende pretende crear ese efecto en el lector, imitando lo que le sucede a Bastián y haciéndonos partícipes de cada uno de los capítulos de la novela, en la que cada personaje tendrá un cometido y del que, además, recibiremos una enseñanza. Si bien es cierto que a veces nos resultarán repetitivos, sobre todo cuando la sucesión de aventuras pueda parecer interminable, estamos ante una obra muy bien estructurada, de corte juvenil pero que atraerá a un lector de cualquier edad que lo tenga entre sus manos, y con una clara dualidad fantasía-realidad con la que concluiremos en que ambas se necesitan para coexistir.

Porque para sobrevivir a los problemas del mundo real solemos recurrir a la fantasía, a la imaginación, a una vía de escape que nos proporcione soñar más allá de lo que vivimos cotidianamente, y esa resulta ser la salvación a la existencia de Bastián. Un equilibrio entre dos mundos en el que una realidad depende de una fantasía.

Michael Ende
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...

Adentrarse en La Historia Interminable no solo supone dejarse entretener por esa aventura, sino descubrir también las personas y los aspectos más importantes en la vida, y lo fundamental que es luchar por cada uno de ellos. Pese a que la historia de Bastian es pura fantasía, con ella es posible aprender a enfrentarnos a la realidad, pero también a soñar, a no abandonar la imaginación por la vida cotidiana, porque a veces es esa creatividad la que nos puede infundir el valor para afrontar nuestra vida real.

Esta novela es, probablemente, una de las obras que mejor transmite la magia de leer, ya sea con metáforas, con juegos o a través de leyendas. Ende habla al lector de la mentira y la verdad, de la importancia de ser fiel a uno mismo, del valor de la amistad y, por encima de todo, de lo importante que es la lectura a lo largo de nuestra vida.

Cartel de su primera adaptación al cine
Tres películas, dos series, una ópera, un ballet, más de treinta y seis traducciones, alabada por jóvenes, por adultos, por lectores y por escritores de todo el mundo... son algunos de los hitos logrados por esta gran novela de Michael Ende desde su publicación en 1979. La historia de cómo Michael Ende escribió su novela más famosa fue casi interminable en sí misma. Se inició en febrero de 1977 con la visita del editor Hansjörg Weitbrecht, y tan pronto como se abordó el tema del siguiente libro a publicar, Michael Ende comenzó hurgar en una caja de zapatos y a pensar en un montón de ideas. En un pedazo de papel escribió el siguiente resumen: Un niño toma un libro, se encuentra literalmente dentro de la historia y tiene problemas para salir. 

Una vez que Weitbrecht expresó su aprobación, Ende prometió entregar el manuscrito antes de Navidad. Asumió que el proyecto sería sencillo, y en privado se preguntó cómo podía estirar el material para llenar un centenar de páginas. Pero la lucha del autor para escapar del mundo que había creado se convirtió cada vez más intensa. A menos que Ende pudiera encontrar una manera de salir de Fantasia, Bastian quedaría atrapado en su interior. Al final del año, incluso circunstancias ambientales parecían conspirar contra él; y es que el invierno de 1978 fue uno de los más fríos que se recuerdan, con una temperatura que llegó a bajar a menos diez grados. Las casas en Genzano no estaban diseñadas para resistir a tales extremos, y la de Ende no fue la excepción. Aún así, el autor siguió trabajando sin tregua. A pesar de esas difíciles condiciones, pudo finalmente encontrar una solución: ÁURYN, la Alhaja, uno de los símbolos más prósperos de la novela.


Como vemos, no sería la única vez que La historia interminable demostraría ser un libro mágico. Una novela que muestra que los libros son puertas, entradas a otros mundos, a vivencias increíbles y a personajes inolvidables. Porque nunca hay que perder las ganas de cruzar esa frontera a una incansable búsqueda de aventuras. 

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado.


Escrita por Mariela B. Ortega


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