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Spider-Man: Lejos de casa, de Jon Watts

21 julio, 2019

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Este análisis comenta cuestiones relativas al argumento y a detalles de la trama de la Fase 3 del Universo Cinematográfico de Marvel (spoilers).

El Universo Cinematográfico de Marvel se ha convertido definitivamente en una serie de películas que conectan de forma irremediable y que afectan a todos sus personajes. Aunque siguen creando obras de orígenes o más desvinculadas a una trama principal, la futura Fase 4 estará irremediablemente afectada por los eventos de lo que ha sido el final de la Fase 3, como bien ha demostrado su colofón, Spider-Man: Lejos de casa (Jon Watts, 2019). Este cierre a la fase se hace con una conexión directa con los sucesos acaecidos en Vengadores: Endgame (Hermanos Russo, 2019), que sirve para explicar cómo ha impactado en el mundo dos cuestiones muy relevantes: el Lapso (el transcurso de cinco años sucedido tras el chasquido de Thanos) y la muerte de algunos de los superhéroes que conformaron a los Vengadores originales, sobre todo, por su efecto para nuestro protagonista, el sacrificio de Tony Stark (Robert Downey Jr.). A su vez, se prosigue en una cuestión que fue primordial en la anterior película de Spiderman, Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017): ¿qué significa ser un (super)héroe?

Con una secuencia previa que nos avisa del nuevo peligro al que se enfrentará nuestro protagonista y tras unas escenas iniciales bastante humorísticas, que rompen con la solemnidad del final de Endgame, vemos qué posición han ocupado los estudiantes respecto a aquellos acontecimientos, con vídeo tributo incluido a sus héroes y la explicación, válida también para el espectador, de qué es el Lapso y en qué consiste. Todo ello para después centrarnos en Peter, que va a emprender un viaje de estudios por Europa junto a sus amigos tomándose también un descanso de sus tareas como Spiderman. Aunque la aparición de Harold Hogan, alias Happy (Jon Favreau), advirtiéndole de que Nick Furia (Samuel L. Jackson) se va a poner en contacto con él pueden dar al traste con sus intenciones. A partir de ahí comenzará una disputa para considerar a qué le otorga mayor peso: a su vida personal o a su vida superheroica. Y la decisión no se planteará como una cuestión sencilla, porque este Spiderman no deja de ser también un adolescente con sus inquietudes personales por desarrollar y atender.


La historia se divide así en tres tipos de argumentos que se entremezclan necesariamente. Por una parte, tenemos una comedia romántica adolescente, en el que no falta el plan del protagonista para conquistar a su amada, un carácter tímido y poco dado a socializar que ya vimos en su anterior entrega y que le impide tratar de forma directa con MJ (Zendaya), una concatenación de errores, despistes y torpezas motivadas generalmente por su otra identidad y el surgimiento de un aparente triángulo amoroso por la inclusión de Brad Davis (Remy Hii), quien también está enamorado de MJ. Obviamente, esta trama bebe necesariamente de uno de los conflictos clásicos del personaje: la protección de su identidad secreta. Como sucedió en la trilogía de Sam Raimi, donde fue un tema recurrente, también en esta nueva versión se exploran los problemas que le causa a Peter tener que ocultar que es Spiderman, sobre todo a nivel personal, al no poder, por ejemplo, quedarse con MJ en la ópera o, simplemente, poder cumplir con su plan previsto. Incluso nos lega una de las escenas más graciosas y surrealistas de la película, en la que empleará accidentalmente el regalo de Tony Stark para matar a Brad, escena que también sirve como muestra del poder de los drones a los que después deberá enfrentarse. No obstante, la resolución de este problema con su identidad secreta es contraria a la que se le dio en la trilogía de Raimi y se asemeja más a la respuesta que se dio a este conflicto en el final de Iron Man (Jon Favreau, 2008), aunque a la inversa, dado que en lugar de ser él mismo quien revele su identidad al mundo, serán su enemigo quien lo haga.

Volviendo a la comedia romántica, cabe destacar que entre los dos actores principales, Holland y Zendaya, existe cierta química que funciona en pantalla, además de que sus escenas no tratan de ser idealizadas, sino más bien torpes, como los adolescentes que representan ser. No obstante, lo cierto es que la película no se esfuerza mucho, como tampoco ocurrió en Homecoming, en explorar esa relación. Todo es más bien sutil, porque nos dejan ver cómo MJ observa a Peter en varias ocasiones, y el propio protagonista nos cuenta desde el principio que está colado por su compañera, pero no se desarrolla mucho más en pantalla. Por otra parte, cabe destacar que MJ se distancia de los intereses amorosos habituales y no queda restringida en un rol de damisela en apuros, dado que ante la adversidad, es capaz de defenderse. Además, muestra bastante ingenio y una curiosidad innata que funciona bien para la trama superheroica, en la que también participa activamente. Por lo restante, tanto MJ como su relación con Peter necesitarían de un desarrollo algo más atento.


El segundo tipo de argumento es el de una obra sobre la formación de su protagonista, en líneas semejantes a lo que fue Homecoming. En realidad, y lamentablemente, hay cierto retroceso con lo ya expuesto anteriormente y con la conclusión tanto de su entrega anterior como lo ya visto en las aventuras grupales de Vengadores. Sin embargo, y por suerte, se da un paso hacia delante superando a lo ya visto y planteando también otras cuestiones que hacen crecer al personaje. En este Universo Cinematográfico, Spiderman no ha tenido historia de origen, sino una continua historia de formación de su identidad en base a sus apariciones esporádicas en historias grupales y aquella primera aventura bajo la tutela de Tony Stark. En este caso, el personaje está solo, como se subraya en el gracioso diálogo con Nick Furia donde Peter pregunta por otros superhéroes que podrían hacerse cargo del problema que tienen. Cabe destacar que la película no se corta a la hora de hacer referencias a todo el universo que Marvel ha ido construyendo en el cine ni tampoco a otras posibilidades futuras, como es el caso del multiverso, un hecho bien conocido por los lectores de los cómics.

Regresando a Lejos de casa, Spiderman se encuentra en la tesitura de encontrar su lugar en el nuevo paradigma que ha creado el Lapso, un nuevo paradigma en el que parecen empujarle a convertirse en el nuevo Iron Man. Esta presión se subraya en numerosas ocasiones, desde el regalo de EDITH, la forma en que Furia le cuestiona, los numerosos homenajes póstumos a Iron Man que observa Peter, especialmente en forma de grafitis, y, sobre todo, en esa secuencia en que Mysterio (Jake Gyllenhaal) emplea sus trucos para hacerle vivir una ilusión extrema, en la que un Tony Stark zombie le persigue. Pero por mucho que sienta ese peso, lo cierto es que también quiere tener una vida normal. Así se lo confiesa a Quentin, alias Mysterio, mostrándose cómo lo que es: un adolescente aún, un muchacho que tiene mucha vida por delante, pero que también se siente responsable, heredero de un héroe terrestre de la magnitud de Tony. En cierta forma, en el UCM, la responsabilidad moral que existía en Peter por la muerte de su tío Ben se traslada aquí a la responsabilidad ética que le otorga el sacrificio de Tony. Pero como le dirá Happy, tiene idealizado a su mentor, y donde él veía seguridad, también había miedo, donde él veía firmeza, también había errores. Nosotros, como espectadores, los hemos visto, pero Peter, en tanto personaje, solo conoce la figura idealizada de Iron Man. Al final, en la secuencia del avión en que viaja a Londres para rescatar a sus amigos acaba por convertirse en ese heredero Stark que tantos le reclamaban (la música acompañará, también la forma de abordar la tecnología y la ciencia), pero de manera natural y, sobre todo, siendo él mismo, que es lo que cabría esperar de un héroe.


En definitiva, que aunque Lejos de casa haga referencia a que Spiderman no está en su hábitat natural, que sería Nueva York, también hay un desplazamiento psicológico. Peter Parker se siente desorientado como superhéroe y cuando Mysterio le ataque en la escena, a mi parecer, más potente e imponente de la película, lo hará amenazando sus puntos débiles, sobre todo la inseguridad que le ha creado la pérdida de Tony. Por ello, no nos debe extrañar que posterior a ese primer enfrentamiento, veamos a un héroe frágil, tratando de orientarse.

No se trata de un anticlimax como el que encontramos en Homecoming cuando debía usar su fuerza para levantarse y salvar el mundo y a quienes quería, sino que entramos en un terreno más psicológico, una cuestión sobre la identidad, sobre encontrar su nueva posición en un mundo sin Iron Man. A fin de cuentas, se ha sentido presionado a ser su sucesor, aunque no llegara a comprender que Tony era más que aquella seguridad que siempre le mostró al muchacho, que también era un ser invadido de dudas e inseguridad, una persona frágil que en los momentos necesarios supo hacer frente a la adversidad, como ahora él debe hacerlo. Por eso, llegado el momento, no habrá dudas y decidirá seguir su camino, sin darse cuenta de que así es como realmente se convierte en un digno sucesor y en un auténtico superhéroe.


En relación a lo mencionado anteriormente, debemos también hacer referencia al rol que cumple Mysterio en esta obra. Repitiendo el esquema de Homecoming, incluyendo un giro argumental de distinta naturaleza, con aquel Buitre que era una persona normal aprovechándose de las circunstancias provocadas por los Vengadores, el villano en esta ocasión es un conjunto de científicos vilipendiados por Industrias Stark, es decir, de nuevo, personas corrientes que viven afectadas por las acciones de los superhéroes. Frente a la imagen idealizada que persigue Peter, los villanos tienen otro extremo, una patética y horrible de Tony Stark. Y Quentin no es más que una mala versión de lo que realmente debe ser un superhéroe: pretende conseguir la fama mediante el engaño, disimular acciones heroicas que no son más que una farsa y que no servirán para proteger a la humanidad llegado el momento. Además, sin tener en cuenta las víctimas que pueda arrastrar consigo.

En este sentido, el personaje funciona maravillosamente y es una gran recreación de las páginas del cómic adaptado a este universo. Como adulto, se aprovecha de la vulnerabilidad del adolescente que es Peter, se convierte en un confidente similar a quien fue su mentor, Tony, para jugar con él psicológicamente. Y, sin duda, tiene una secuencia con Spiderman que es pura fantasía extraída de las viñetas originales, de lo mejor de la película para mostrar el poder del villano y, a la vez, explorar los miedos e inquietudes del protagonista.


El tercer tipo de argumento es el de película de acción, en el que no faltarán diversos enfrentamientos y situaciones que, gracias a unos buenos efectos especiales, brillan con soltura y hasta sorpresa. Si bien los paisajes de Venecia o Londres sirven a la perfección y ofrecen diversidad a las historias de Spiderman, lo cierto es que se echan en falta los rascacielos de Nueva York, donde nuestro superhéroe parece encajar mejor con sus habilidades. No obstante, se recurre mejor a otros potenciales del personaje, en concreto, a su sentido arácnido, que nos brinda una secuencia de suspense bastante digna en el enfrentamiento final con Mysterio. Obviamente, los efectistas Elementales (especialmente el ígneo de Praga), toda la ingeniería de drones y la secuencia de Berlín son de lo mejor en este sentido dentro de la película.

En conclusión, Spider-Man: Lejos de casa es un buen colofón y una buena secuela del espíritu ya visto en Homecoming, donde se prosigue explorando la cuestión de la identidad del héroe a partir de un trauma a superar, la pérdida de Iron Man, y la disyuntiva entre su vida personal y su vida superheroica. Ahora bien, no acaba de ser una película tan redonda como cabría esperar. Por ejemplo, tiene un ritmo irregular en su primer tramo, a veces abusa de gracietas impostadas (especialmente en todo lo relativo al surrealista viaje escolar), aunque varias sean simpáticas, es predecible en ciertos tramos, la única evolución evidente entre los personajes la encontramos tan solo en Spiderman, se siente reiterativa en cuanto al conflicto personal del villano y hay cierto retroceso del personaje para que el avance en esta historia se sienta más amplio. Pese a esos defectos, no cabe duda de que logra mantener la esencia de lo ya planteado, muestra un debate identitario aún más profundo de esta nueva versión del personaje, cuenta con las agraciadas actuaciones de Holland y Gyllenhaal, aventura un divertido futuro para la saga y nos ofrece una aventura más que digna del fantástico hombre araña.


Spider-Man: Homecoming, de Jon Watts

23 agosto, 2017

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La época de superhéroes que vive actualmente el mundo del cine surge con fuerza a inicios de este siglo con dos trilogías que compartieron una característica tercera parte fallida: X-Men y Spiderman. Ambas han sido reseñadas con anterioridad, pero valga la referencia para hablar de la popularidad del héroe arácnido no solo en los cómics, sino también en el mundo audiovisual, incluyendo aparte de hasta cinco adaptaciones cinematográficas en apenas tres lustros, varias series animadas que gozaron o gozan de un éxito dispar, pero siempre contando con la atenta mirada de sus seguidores.

Ahora el increíble hombre araña ha regresado a las manos de Marvel gracias a un acuerdo logrado con Sony para formar parte del universo cinematográfico que han erigido en los últimos años con gran acierto de taquilla y una buena recepción crítica en general. Así ha llegado a nuestras pantallas un nuevo reinicio cinematográfico con el título de Spider-Man: Homecoming (2017).

A los mandos de la película encontramos a Jon Watts (1981), director aún poco conocido que tan solo tenía en su haber dos largometrajes dirigidos: Clown (2014) y Coche policial (2015), ambos de argumento semejante en cuanto a la intriga, la primera en el género del terror y la segunda en el de la road movie. A raíz de su afición por el cine de los ochenta y como fan del superhéroe arácnido, Jon Watts plantea esta versión en un tono adolescente que nos recuerda a ciertas historias ochenteras en torno a la figura del nerd, algo que se plasma incluso en los créditos finales, sin olvidarnos del homenaje inicial a la música de la serie animada de los sesenta y ciertos guiños a las anteriores versiones de Spiderman en el cine.


De esa forma, tenemos a un joven Peter Parker (Tom Holland) al que seguimos en sus primeros intentos de convertirse en un superhéroe. Su carácter juvenil le lleva a actuar con ganas para ayudar a su ciudad, Nueva York, mientras le va restando tiempo a su vida académica y personal de adolescente normal. Sus ansias por conseguir la atención de su mentor y de los Vengadores provocará que se inmiscuya en un negocio de armas y tecnología muy avanzada surgida desde el ataque alienígena de los chitauri, sin medir las consecuencias de sus actos o las vidas que quedarán afectadas. Sin duda, se trata de un adolescente bienintencionado, pero torpe. Capaz de mostrarse perspicaz y buena chispa humorística como Spiderman, pero que como Peter muestra cierta ineptitud social e inexperiencia en el mundo de los héroes. Todavía es un muchacho inocente demasiado inocente para el mundo en el que se está adentrando. A la vez, no deja de sentirse como un niño abandonado por Iron Man (Robert Downey Jr.), a quien ve como el guía para convertirse en el héroe que cree que podría ser.

Todos estos elementos se entremezclan para dejarnos uno de los mejores retratos del personaje en el cine sin necesidad de centrarse en sus orígenes o añadir un exceso de tragedia. Ahora bien, podemos notar cómo falta cierto carácter trascendental, sobre todo cuando el tema de fondo de la película es la cuestión del superhéroe y qué supone serlo y merecer tal nombre. Si bien tendremos varias escenas serias muy bien planteadas, como un excelente diálogo entre el Buitre y Peter Parker digna de un buen thriller o el clásico anticlímax en el que el protagonista sufre una crisis y debe asumir su deber como héroe frente a la adversidad, nos parece insuficiente frente al exceso de humor repartido entre prácticamente todos los personajes, pudiendo llegar a resultar cansino. Es más, otro de sus defectos es la ausencia de conflictos secundarios relevantes o meramente interesantes, dado que el resto de personajes del plantel, a excepción del antagonista, están vacíos o son estereotipos y clichés que solo sirven para aportar el perfil justo o la frase necesaria, sin más.


Ahí tendremos el interés romántico del adolescente, Liz (Laura Harrier), el simpático amigo aún más friki que el propio protagonista, Ned Leeds (Jacob Batalon), el rival o matón descafeinado en todos los sentidos, Flash Thompson (Tony Revolori), incluso la compañera de clase excéntrica y crítica que estará habitualmente pendiente o cercana al protagonista, Michelle Jones (Zendaya). Ni siquiera faltará la figura del mentor en Iron Man, la del profesor enrollado o una tía May (Marisa Tomei) más juvenil, alegre y alocada, en el rol de madre cercana y laxa. Por cierto, sin mención alguna al tío Ben o a su muerte, ni parece que haya ninguna necesidad.

Por contra, debemos alabar el desarrollo de un villano creíble gracias a un Buitre (Michael Keaton) que se inserta a la perfección en la lógica del universo cinematográfico y que se nutre de los acontecimientos anteriores para dar verosimilitud a su maldad. Estamos ante una especie de gángster moderno que se autojustifica en el porvenir de su familia sin atender al daño que está causando a su alrededor, llegando a ser tan astuto como despiadado. Cuando Spiderman comience a inmiscuirse en su camino, será el momento en que su rivalidad se convierta en algo personal, pero con un fondo de cierto honorabilidad, como comprobaremos en la secuencia de los créditos.


Toda la trayectoria del villano prosigue la línea de lo ya visto en anteriores películas de la franquicia: el efecto negativo de los actos de los Vengadores. Resulta relevante mencionar la importancia que tiene mencionar el universo cinematográfico que ha creado Marvel y donde se introduce este personaje gracias a esta película. A diferencia de otras versiones cinematográficas del personaje, este Spiderman vive su inserción en un universo que ya ha sido creado antes de su aparición. Quizás por ello, los responsables de la película no han dudado en dar un enorme peso a las consecuencias del resto de historias, lo que le otorga cierto carácter episódico posterior a la superior Capitán América: Civil War (Hermanos Russo, 2016).

Es decir, más que una historia sobre el héroe arácnido, estamos ante la narración de cómo se inserta al personaje en este mundo de Vengadores, invasiones extraterrestres y consecuencias reales, lo que acaba por restarle importancia al personaje en sí frente a la franquicia. Precisamente, estamos ante un cine de empresa, más que un cine de autor, como pudiéramos encontrar en el caso de Pixar, donde cada obra comienza a compararse entre sí por el sello y no por la mano de quien la dirige, quizás con la excepción en este caso de James Gunn (1970) con Guardianes de la Galaxia, sin dejar de estar cortada por un patrón semejante.


Al llegar a este punto, cabe plantearse qué valoración podemos tener de Spider-Man: Homecoming y tan solo sobresale su capacidad para entretener de forma vistosa, su posible gracia, aunque pueda llegar a resultar pesada la acumulación de chistes, su carácter adolescente que gustará a ciertas edades, su giro argumental poco sorprendente para los espectadores más habituados y una realización corriente, correcta, que brilla en ciertas ocasiones. No podemos sentirla más que como una aventura más a las que nos estamos acostumbrando en el panorama Marvel, quizás con una de las mejores y más divertidas encarnaciones del héroe arácnido, sin caer en excesos melodramáticos, pero que no ha tenido una historia tan firme y atractiva como se merecía. Quizás esté por llegar.


Spider-Man 3, de Sam Raimi

04 junio, 2017

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En la línea de las anteriores entregas, Sam Raimi volvía a exponer en Spider-Man 3 (2007) un relato en el que el protagonista se enfrentaba a las consecuencias de sus actos. Sin embargo, la diferencia radical era que su máximo enemigo era él mismo. Sin duda, la idea primigenia de esta obra era válida, dado que continuaba en la misma línea de la franquicia, hacía avanzar al personaje y daba un cierre a algunas de las subtramas abiertas anteriormente. Sin embargo, al final, observamos cómo la película trata de abarcar demasiado, cae en momentos ridículos y se queda más en un deseo de lo que podía haber sido, en un espectáculo que desmitifica el desarrollo logrado hasta el momento, que en una digna conclusión.

Después de los acontecimientos de Spider-Man 2 (2004), la vida le sonríe a Peter Parker (Tobey Maguire), que mantiene vivo su romance con Mary Jane (Kirsten Dunst), y a Spiderman, el aclamado héroe de Nueva York. Pero continuar con esa felicidad no resultará sencillo: Harry Osborn (James Franco) está deseando vengarse por el asesinato de su padre, Norman (Willem Dafoe), el auténtico asesino de su tío Ben, Flint Marko (Thomas Haden Church), se convierte en el villano Sandman accidentalmente, la relación con Mary Jane comienza a empeorar y, para colmo, una extraña sustancia venida del espacio parece manipular las emociones de nuestro superhéroe.


Observando la sinopsis, resulta evidente que estamos ante demasiadas líneas a desarrollar argumentalmente, especialmente cuando el director trata de finalizarlas todas en una misma película. Por una parte, todas las líneas tienen como objetivo la evolución del protagonista y su lucha no tanto con los enemigos a los que se enfrenta como consigo mismo.

El primer tramo nos enseña a un héroe admirado y a una persona feliz, excesivamente confiado. Será la primera ocasión en esta trilogía en la que veamos a un Spiderman perspicaz y socarrón, incluso en exceso, tanto que provocará algunas incoherencias, como que se convierta en alguien egocéntrico o acabe olvidándose de los momentos especiales vividos con Mary Jane, a quien siempre había demostrado devoción. Por no mencionar que la relación romántica nunca ha sido el punto más fuerte de esta franquicia dirigida por Raimi, pero que aquí llega a patinar con la aparición de una simplona e innecesaria Gwen Stacy (Bryce Dallas Howard).


A su vez, se nos presenta la historia de Flint Marko como prófugo que delinque por su hija, tratando de ofrecer una visión trágica sobre el personaje en la línea del doctor Octopus. Sin embargo, su historia se siente vacía y demasiado artificial: se nota que se busca la empatía del espectador de tal forma que cuando Spiderman le derrote por primera vez, sintamos lástima por el delincuente. Resulta curioso pensar que el superhéroe se convierte en villano al tratar de vengarse, una idea que es muy atractiva, pero que se ahoga entre tantas otras y acaba por sentirse hasta infantil por la forma en que se enfoca.

Por ejemplo, la presencia del fotógrafo rival, Eddie Brock (Topher Grace), aún más estereotipado que Marko, quien acabará por convertirse en un Venom bastante descafeinado y con una profundidad paupérrima. Ninguno de los dos llegará a tener el carisma de Duende Verde, a pesar del histrionismo de Dafoe, o de Octopus, que equilibraba mejor su tragedia y su amenazante presencia.


Mejor suerte hubiera tenido el Nuevo Duende que encarna Harry Osborn con una mejor planificación y una interpretación menos histriónica. El personaje no necesitaba nada más para lanzarse a luchar con Spiderman gracias a la evolución sufrida desde el final de Spiderman (2001), por lo que desde un principio comienza esa persecución entre ambos. Quizás se note precipitado y así lo tuvo que sentir Raimi, que pronto decide abrir un paréntesis para el personaje mediante una amnesia en lugar de haber permitido que Harry desarrollase su plan de venganza desde las sombras desde un principio.

Por suerte, el Nuevo Duende nos ofrecerá algunas de las mejores escenas de acción, tanto con la persecución inicial como con la batalla a puñetazos en su casa, ambos sirviendo de contrapunto al comportamiento de Spiderman antes y durante el efecto del simbionte. Lástima que la conclusión del combate en casa de Osborn acabe con una incoherente explosión que no mata al personaje a pesar de producirse a su lado. O que la redención del personaje llegue de manera repentina, a través de la confesión de un personaje menor y casi hecho ex profeso para esta entrega.


En otro sentido, el gran villano de Spider-Man 3 es el propio Spiderman en esa versión maligna en que se torna por culpa no solo del simbionte que le vuelve más poderoso y agresivo, sino también de todo lo que contenía Peter en su interior: la rabia, el ansia de venganza, la desconfianza y la frustración sentidas. Y aunque todos estos aspectos se muestran con bastante acierto en un primer momento, cuando Spiderman combate con Harry por ejemplo, después se corona en una de las secuencias más ridículas y vergonzosas que se recuerdan. Cuando llegue el arrepentimiento y el sentido de culpabilidad, se seguirán acumulando los desaciertos de guión hasta culminar en una espectacular batalla en la que faltan los lazos emocionales o los existentes se notan artificiales. Precisamente, el epílogo trata de mostrarnos un momento más intimista que no puede hacernos olvidar todos los defectos que ha ido sumando la película.

Quizás hubiera sido mejor decisión dedicar esta película a concluir el arco argumental de Harry Osborn en busca de un combate entre amigos, incluyendo quizás a Sandman como enemigo menor, pero relevante para que Spiderman se torne vengativo. Así se hubiera abierto la puerta a Venom en una entrega posterior, pero no se hubiera finalizado con un personaje tan pobre como el Eddie Brock de esta entrega. O incluso se hubiera trabajado con un posible Lagarto, gracias a la aparición del doctor Curt Connors (Dylan Baker). Sin embargo, ocurrió al contrario: se puso demasiado el foco en Venom incluso en la promoción de la película, cuando sin duda es lo peor de la cinta. Por cierto, en relación a otros personajes, la tía May (Rosemary Harris) proseguirá como aleccionadora moral mientras que J. J. Jameson (J.K. Simmons) ofrece la visión más ridícula de la caricatura que ya era el personaje.


Spider-Man 3 supuso una decepción para público y crítica, pese a que su pretensión era sorprender, fascinar y entretener. Se dieron demasiadas vueltas al protagonista, quizás con buenas ideas pero mal ejecutadas. También se introdujeron demasiadas tramas; ello a pesar de que las otras entregas habían funcionado mejor con dos tramas principales paralelas, la que dividían la vida del personaje entre Peter Parker y Superman, estando la historia del villano relacionada de forma directa con estas dos tramas.

Por no mencionar la cantidad de hechos que suceden por exigencias del guion y no de forma natural: el meteorito al lado de Peter, la introducción de un auténtico asesino del tío Ben, la amnesia de Harry o la actitud egocéntrica inicial de Parker. El intento de crear espectáculo con un combate final donde brillan los efectos especiales no borra la sensación de haber visto una película inmadura, ridícula en varios tramos y que no nos dejó la mejor versión del héroe arácnido. En conclusión, el intento de cierta ostentación efectista y melodramática arruinó la sencillez narrativa más efectiva de las entregas anteriores.


Spider-Man 2, de Sam Raimi

27 mayo, 2017

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En la mayoría de historias de superhéroes, si no en todas, se da algún punto de inflexión sobre lo que supone ser ese superhéroe y sobre lo que, a la vez, se sacrifica por serlo. Una reflexión que suele darse de forma estrecha con los orígenes, sobre todo por suponer el primer impacto de cambio, o con algún hecho traumático para el personaje. En Spider-Man 2 (2004), Sam Raimi, con el guion de Alvin Sargent tras valorar distintas propuestas anteriores, propone seguir un camino ya iniciado en Spider-Man (2002): el conflicto que supone para la vida de Peter Parker ser Spiderman.

Han pasado dos años desde que el superhéroe arácnido se dio a conocer derrotando al Duende Verde. Ahora, Peter Parker (Tobey Maguire) mantiene un difícil equilibrio entre sus dos identidades, pero distintas decepciones producidas en su vida cotidiana provocarán que decida abandonar la máscara. Sin embargo, un nuevo peligro encarnado por el Doctor Octopus (Alfred Molina) sitúa a sus seres queridos como objetivos y le obligarán a hacer frente a la amenaza para salvar la ciudad de una destrucción inminente.

Así, si en la primera entrega, Peter Parker debía afrontar su nueva identidad y convertirse en el héroe para sanar tanto sus propias heridas como las de la ciudad, en esta segunda entrega debe afrontar los problemas que supone tener una doble identidad, viendo cómo ambas se entorpecen mutuamente. No en vano, la anterior película marcaba varias ideas sobre esta cuestión: el peligro que suponía para sus allegados, como su tía May (Rosemary Harris) o Mary Jane (Kirsten Dunst), las consecuencias nefastas de sus aventuras, como las muertes de su tío Ben o de Norman Osborn (Willem Dafoe), padre de su mejor amigo, o el hecho de tener que rechazar al amor de su vida.


Todos estos eventos vuelven a estar presentes en esta secuela, dado que son primordiales para la evolución de todos los personajes. Pero, precisamente, el problema es dual, dado que no es Parker quien falla a sus amigos, sino él mismo al ser Spiderman: Harry Osborn (James Franco) le considera un asesino y Mary Jane cada vez perdona menos sus ausencias. El punto culmen en esta película será la confesión a tía May sobre su culpabilidad por la muerte del tío Ben. En este sentido, Raimi logra que todas las subtramas y heridas abiertas tras la primera película y las mostradas en esta segunda se cierren o continúen hacia un futuro incierto, como en el caso del hijo de Norman, en Spider-Man 3 (2007).

Así pues, a lo largo de la obra, nuestro protagonista deberá afrontar estos problemas y hacerles frente, en ocasiones de la forma más inesperada, otras siendo él quien de manera valiente desvele sus auténticos sentimientos. Todo el impacto emocional le provocará una inexplicable ausencia de poderes, momento en el que se desaprovecha la oportunidad de mostrar la parte más inventiva del personaje con, por ejemplo, la creación de sus telarañas artificiales. No obstante, deberá retomar las riendas de su vida y, a cambio, obtendrá las razones por las que debe seguir siendo el héroe que todos esperan, algo representado por esa agradecida escena del tren, donde los ciudadanos ven a la persona frágil (si es solo un chiquillo, podría ser mi hijo...) que les ha salvado la vida. Lamentablemente, no podemos dejar de notar una falta de evolución en su personalidad respecto a la primera entrega.


Esta dualidad también la encontramos en el Doctor Octopus. Este personaje no es un villano en sí mismo, sino que sufre una transformación a partir de un hecho traumático acompañado de cierto mecanismo neuronal que le nubla la conciencia. Descrito así, nos recuerda al mismo cambio que se produce con Duende Verde en la anterior entrega y lo cierto es que ambos personajes tienen un mismo desarrollo y final. Lamentablemente, este personaje está menos trabajado que el interpretado por Dafoe, se echa en falta cierta expresión de su tormento personal por lo acaecido y aunque nos entrega algunos momentos de acción junto a Spiderman, no acaba de sentirse como una auténtica amenaza. Por así decirlo, el centro de interés de esta entrega será siempre el superhéroe y su debate interno, por lo que quizás no se le presta suficiente atención el antagonista.

Y dentro del apartado del espectáculo, debemos recordar las secuencias del tren, que hemos nombrado antes, el atraco al banco o la explosión del invento de Otto Octavio. Junto a estas secuencias, debemos volver a mencionar la herencia del cine B que se ejemplifica en la violenta escena de los brazos electrónicos actuando y asesinando con vida propia. El tramo final resulta algo confuso a nivel visual y también hay momentos de cierta ridiculez que quizás auguraban el mayor de los defectos de la secuela. El esquema argumental reitera lo que ya ofrecía la anterior entrega, variando tan solo los datos concretos. Ahí tenemos de nuevo las dudas de Peter, el rescate que revaloriza a Spider-Man para la opinión pública, el secuestro de su tía, a Mary Jane en peligro y un villano que, en realidad, es víctima de sí mismo.


Sin embargo, logra ofrecer sensación de evolución, algo lenta, pero de cambio y reafirmación en las ideas finales de la anterior entrega, es decir, la aceptación de su identidad. Incluso se alcanza cierta redención personal y se asienta una de las tramas a explotar en el futuro, la del propio arco evolutivo de Harry Osborn. Quizás lo que se echa más en falta es una evolución en el aspecto más divertido y sarcástico del superhéroe, más fidedigna a las aventuras gráficas, dado que Raimi sí supo mostrar con las dos primeras entregas una buena versión de la torpeza social de Peter Parker.

Si bien no se trata de una joya del cine y podemos considerarla algo reiterativa, sí estamos ante una película de superhéroes bien construida, que humaniza a su villano y muestra los conflictos internos de su protagonista de forma centrada. Incluso anticipa o muestra a diferentes personajes que se erigen como posibles enemigos futuros de la tercera entrega, en el caso de Lagarto, que al final no sería, o un nuevo Duende.


Spider-Man, de Sam Raimi

21 mayo, 2017

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Cuando pensamos en un superhéroe, es habitual pensar en sus grandes capacidades, en la seguridad con la que se desenvuelve y en cómo sale victorioso de los retos que van surgiendo en su vida. En la mayoría de casos, ha habido diversas historias sobre sus orígenes, mostrándonos sus primeras aventuras, su crecimiento y también sus fallos. En el caso de Spiderman, su historia en los cómics ha sido casi siempre la historia de ese crecimiento. Aunque es cierto que ha llegado a obtener su cénit como superhéroe, en él siempre ha jugado un factor bastante determinante la dualidad entre su vida privada como Peter Parker y el héroe arácnido de Nueva York. No en vano, en sus inicios era tan solo un adolescente que se convertía en un superhéroe por su cuenta y riesgo en una época en la que los adolescentes aparecían en los cómics como ayudantes o aprendices de otros superhéroes, al estilo de Robin con Batman.

Por ello, sin duda resultaba interesante acercarse a Spiderman desde esa perspectiva dual por la que seríamos testigos de cómo un tímido y solitario Peter Parker adquiría sus poderes y se convertía en el célebre amigo y vecino (o amistoso vecino) Spiderman, con mayor carisma y excentricidad, quizás por ser el refugio perfecto a la timidez de su alter ego. 

Y esa fue seguramente una de las ideas principales que recorre la trilogía dirigida por el director Sam Raimi (1959). Un cineasta que por entonces era conocido por sus películas de terror de cine B, entre las que se sitúa su célebre saga de comedia de terror The Evil Dead, iniciada en 1981, así como por haber participado en series de televisión de aventuras en las que trabajó en los noventa, como Hércules: Sus viajes legendarios (1995-1999) o Xena, la princesa guerrera (1995-2001). A colación del tipo de películas que pudieron influir en Spider-Man (2002), cabe rescatar también su película Darkman (1990), que podemos considerar una mezcla entre el argumento usual de una cinta B y una aventura de superhéroes.

Sam Raimi durante el rodaje
La historia nos lleva a la vida del introvertido Peter Parker (Tobey Maguire) está acabando su último año en el instituto. Su forma de ser junto a sus aficiones provocan que se convierte en víctima de la marginación de otros estudiantes, mientras que vive enamorado de su vecina desde que era un niño: Mary Jane Watson (Kirsten Dunst). Durante una excursión, una araña modificada genéticamente le morderá provocando que adquiera superpoderes. Tratando de aprovecharse de ellos, descubrirá que todo acto egoísta conlleva una consecuencia, y a partir de entonces tratará de emplear sus poderes para mantener a salvo a Nueva York como Spiderman. De manera paralela, Norman Osborn (Willem Dafoe), padre de Harry (James Franco), el mejor amigo de Peter, decide someterse a una prueba experimental a uno de sus productos con tal de no perder un contracto millonario con el gobierno. Ignorando las advertencias de sus científicos, provocará que una parte de él se convierta en el temible Duende Verde.

El argumento se desarrolla en tres apartados. El primero nos presenta a los personajes más relevantes y da origen tanto a Spiderman como al Duende Verde. Podríamos considerar que esta primera parte funciona como prólogo, incluso teniendo lugar de forma algo apartada a Nueva York, escenario permanente del resto de la película. Su conclusión supone la justificación de la vida heroica que decide adoptar Peter, mientras que las siguientes suponen la fama que adquiere como superhéroe y su primer encuentro con el villano antes de concluir en un tercer tramo dedicado a su enfrentamiento final, tras lo cual se sitúa un epílogo que cierra la película. 


De esta forma, podemos considerar que estamos ante una historia sobre los inicios de Spiderman unidos al origen de Duende Verde. En las siguientes entregas, también se trabajará el origen de los distintos villanos, mientras que sobre Peter Parker se seguirá tanteando la importancia que supone ser un héroe. El protagonista es una persona torpe e introvertida, considerado la figura un tanto nerd, aunque la película no desarrolla en exceso su cercanía a la ciencia, y que sufre acoso por todo ello. En este tipo de perfil encaja bastante bien la actuación que proporciona Maguire con cierto tono patético, que no resulta tan adecuado para lo pícaro que llega a ser el superhéroe cuando está enfundado en su traje. En esta situación descrita, sin tener ningún trauma o historia especial a sus espaldas, adquiere superpoderes con los que empieza practicando y, finalmente, jugando para conseguir un fin concreto y lúdico. Sin embargo, su irresponsabilidad le llevará a provocar una situación que le marcará profundamente, creándole un sentimiento de culpabilidad, como se reafirmará en Spiderman 2. No será el único efecto negativo que su nueva vida como héroe le provoque, dado que el propio final de la película supone otro hecho por el que aumentar su pesar.

En cuanto a Norman Osborn, estamos ante el usual enfrentamiento entre Jekyll y Mr. Hyde, que también pudimos ver en el personaje de Gollum. Como un empresario sin demasiados escrúpulos, su ambición le lleva a forzar un experimento que saldrá mal y que le arrastrará hacia un ansia de venganza y destrucción. Curiosamente, se trata de un personaje cercano a Peter que se vuelve maligno de forma indeseada y casual, cuestión que seguirá estando presente en toda la trilogía. Aunque la construcción del personaje resulte interesante, dado que la obra le otorga su propio espacio para desarrollarse y le otorga un final interesante, hay ciertos elementos cutres y grotescos, como su vestuario, o algo ridículos, como el histrionismo que llega a alcanzar en determinadas escenas la actuación de Willem Dafoe. Con todo, se convierte en uno de los elementos más reconocibles de esta primera aventura del hombre araña.


Ambos serán los personajes que más atención reciban y que más evolucionen, mientras que el resto resultarán excesivamente planos o arquetípicos. Será el caso de Mary Jane, que tan solo funciona como damisela en apuros, es decir, como justificación para que Spiderman se arriesgue en su empresa. En ese intento de relación romántica entre ambos personajes encontramos falta de química unida a unos diálogos que dejan bastante que desear. Además, aunque se le intenta dar un trasfondo con una familia rota o con un deseo de prosperar como actriz, nunca se pondrá el foco en la película en estos aspectos de forma determinante. Curiosamente, no será la única dama en apuros, dado que debemos sumar aquí a la tía May (Rosemary Harris), que también ejercerá como guía o conciencia en determinados momentos de la trilogía.

Junto a ellas encontramos a Harry Osborn, el hijo que se siente rechazado por su padre y que a pesar de ser amigo de Peter, se convertirá en una especie de rival romántico. Su desarrollo será mejorado a lo largo de la trilogía, hasta otorgarle un sentido más profundo del rol más estereotipado que tiene en esta primera entrega. Por último, debemos mencionar al tío Ben (Cliff Robertson), esencial por su legado moral a Spiderman, sin más, y a J. Johah Jameson (J.K. Simmons), que podemos incluir como el tipo de jefe cruel y despótico, casi paródico por entregarnos varios gags.


En el estilo que Sam Raimi despliega para esta primera entrega de su trilogía podemos percibir la influencia de su trabajo en series televisivas de la segunda mitad de los noventa. Por ejemplo, en el montaje notamos algunas escenas que tienen un evidente carácter televisivo, como el fundido entre varias tomas de la cara del protagonista superpuesta. Lo podemos percibir también en su nivel de acción, que en comparación a otras películas de superhéroes o a sus propias secuelas, es bastante flojo y artificial, incluyendo un prematuro CG y combates excesivamente coreografiados, cuestión usual en las series de aventuras.

Sobre los efectos especiales, encontramos buena una combinación entre los efectos realizados por ordenador y los artesanales, gracias a la preferencia de Raimi por este terreno donde se sentía más cómodo frente a los novedosos medios. No obstante, la parte realizada por ordenador ha envejecido bastante en determinadas secuencias donde no contaba con apoyo real. En otro orden de cosas, la música fue compuesta por Danny Elfman, habitual compositor de las películas de Tim Burton que ya había colaborado con Raimi anteriormente. Entre los composiciones de la cinta encontramos un tema principal que entremezcla la épica con cierto sentir esperanzador, siendo usuales los in crescendos que pueden remitirnos a los movimientos del propio Spiderman. De la misma forma que a los temas relacionados con el Duende Verde le otorga gran presencia a la percusión. No obstante, no resulta innovador y recurre a varios recursos seguros.


Sin duda, la película tiene un carácter bastante cercano al cómic, incluyendo la exageración de ciertos personajes que parecen tanto en actuación como en caracterización caricaturas de personas reales. También se nota la influencia del cine B en el uso de algunas técnicas, incluyendo ángulos poco naturales, o incluso en el argumento, con la presencia de científicos locos que también tendrá su correlato en la inmediata secuela. 

Todo ello lo convierte en una aventura entretenida y simpática, fácil de seguir, quizás típica y algo naif pero disfrutable, que no pretende simular lo que no es, ni aparentar más profundidad de la que tiene. Con el drama justo, el toque romántico de una relación que permanece entre tiras y aflojas y la dualidad de un protagonista bastante bien manejada.

Escrito por Luis J. del Castillo


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