X-Men: Días del futuro pasado, de Bryan Singer

10 junio, 2014

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Cartel del film
En catorce años hemos podido contar un total de seis películas centradas en el mundo de los mutantes de Marvel. La primera trilogía, que se cerró en 2006 con X-Men: la decisión final (X-Men 3: The Last Stand, Brett Ratner), pareció sepultar en silencio a la franquicia, a excepción de las películas derivadas y centradas en Lobezno, hasta que Vaughn tomó las riendas de la dirección de X-Men: primera generación (X-Men: First Class, Matthew Vaughn, 2011) con Bryan Singer como parte de la producción. Esta película supuso una revitalización de la franquicia, una resurrección y una reconciliación con el público. Y la última entrega supone el regreso a la -buena- dirección de superhéroes de Bryan Singer, tras el batacazo de Superman returns (2006).

Singer resplandeció en sus primeros films junto a su buen tratamiento de los mutantes, cayendo a partir de entonces en diversas muestras cinematográficas de menor calidad final. Pero no podemos dudar de su buena mano para estos particulares superhéroes, consiguiendo en gran parte el espíritu de los cómics con la profundización lograda en X-Men 2 (2003).

Bryan Singer en el centro junto a parte del reparto de la cinta
No obstante, en esta última entrega también se nota la sombra de Vaughn, en una buena combinación de ambos lados: los del pasado, que ya brillaron en la precuela, y los de la trilogía original. Precisamente, de unión de tiempos va el argumento de una película que se centra en solucionar el presente cambiando el pasado, en un argumento similar a lo que sustentó la franquicia de Terminator desde sus orígenes en The Terminator (James Cameron, 1984).

Se nos presenta una Tierra casi apocalíptica, con el dominio de unas sanguinarias máquinas llamadas Centinelas que han destruido el mundo que conocimos anteriormente y que ha servido para aniquilar a mutantes y a humanos que pudieran procrear algún tipo de mutación, llevando a toda la sociedad al borde de la extinción. En ese paradigma, sobreviven algunos grupos de mutantes, herederos del espíritu de los X-Men. La unión de dos de estos grupos, cuya situación anterior queda en el aire, pero fácilmente imaginable, sirve para enviar a uno de los personajes principales, el carismático, por partida doble, Lobezno (Hugh Jackman), al pasado, único mutante capaz de resistir tal viaje.


A partir de aquí, este enviado deberá cambiar los sucesos del pasado para crear otro futuro, aunque ello suponga ser la única persona que sea consciente del cambio. Mientras él permanece en un estado comatoso, serán los otros quienes tengan que protegerlo, para variar con respecto a las anteriores entregas. En este sentido, el film se atreve a mostrarnos sin miramientos el asesinato de varios de estos personajes, contando para ello con una serie de efectos especiales de alto nivel y de la sensación de que los mutantes no son intocables ni todopoderosos.

No obstante, la parte del pasado es la que tiene mayor peso argumental y de metraje, dejando por tanto al mayor grupo de reparto con menos tiempo y, por tanto, menos aparición en pantalla. Quizás como una herencia simbólica del testigo hacia un reparto nuevo: Patrick Stewart e Ian McKellen llenan con su presencia la pantalla e, incluso, parecen mostrar la reconciliación posible entre dos personajes fundamentales en la franquicia como son el profesor X y Magneto. El primero incluso lega parte de su conocimiento a su versión juvenil de los setenta, encarnada por James McAvoy, que da un buen repertorio de actuación con su interpretación de un desmejorado Xavier en pleno proceso de aceptar la crueldad que invade su vida y sustituirla por esperanza en un futuro mejor.


Lo mejor de esta opción es que elimina uno de los defectos de la franquicia: la imposibilidad de manejar tantos personajes. Curiosamente, se trata de una de las entregas con las que más reparto se ha contado, dejando sin presentar a varios de los nuevos personajes para agilizar la cinta; los hechos servirán para presentarlos.

En la época del futuro bélico, contando con una presencia disminuida por las circunstancias, encontramos a viejos conocidos como Magneto (Ian McKellen), el profesor X (Patrick Stewart), Kitty Pryde (Ellen Page), ocupando un papel esencial en la trama al ser la responsable del viaje en el tiempo, Iceman (Shawn Ashmore), Tormenta (Halle Berry) o Coloso (Daniel Cudmore), y algunos nuevos como Lucas Bishop (Omar Sy), Blink (Fan Bingbing), Sunspot (Adan Canto) y Warpath (Booboo Stewart), todos ellos mostrando habilidades sorprendentes en su lucha contra los Centinelas, pero sin otros aportes.


En la parte del pasado, menos presencias, pero con el mayor peso de la cinta: James McAvoy como la versión joven de Charles Xavier; Michael Fassbender aportando un talante idóneo a una versión de Magneto de las más oscuras; Nicholas Hoult repitiendo como Bestia, pero con una valentía y un arrojo que se echaba en falta en el film anterior; y Jennifer Lawrence, que parece encajar a la perfección para seguir interpretando a una Mística más dubitativa que nunca, alejada de la sensible muchacha de Primera generación y de la fría apariencia de la trilogía original.

Lucas Till también vuelve a la franquicia como Havok, aunque como otros personajes nuevos, como Mortymer Toynbee (Evan Jonigkeit) o Eric Gitter (Gregg Lowe), solo tiene presencia en un par de escenas sin demasiada relevancia para el argumento principal. En este mismo cuadro podemos encontrar a Evan Peters en su actuación de Quicksilver (o Mercurio), pero con la diferencia de que a este se le concede una de las mejores escenas, mezcla de acción-humor, de toda la cinta, ganando además un carisma que compite con el de Lobezno, Xavier o Magneto; lamentablemente, el personaje tampoco goza de demasiada presencia.


En el lado de los antagonistas, Bolivar Trask, interpretado por Peter Dinklage, famoso por su intervención en Juego de tronos. Un rival que no se puede comparar con el malvado Stryke de anteriores entregas, que también tiene su cameo en el film, ni con el mutante Magneto, que en esta cinta vuelve a ocupar ese papel con más fuerza aún que Trask, a fin de cuentas un científico a mitad de camino entre la admiración por los mutantes y el terror hacia lo desconocido, uno de los principales motores que motiva el odio de los seres humanos. Es más, los Centinelas, pese a ser máquinas, ofrecen un aspecto de maldad superior al de su creador.

Hay también diferentes cameos de actores típicos en la franquicia, sobre todo recuperados a través de recuerdos y escenas de anteriores películas, como los de Pícara (Anna Paquin), la versión adulta de Bestia (Kelsey Grammer), Cíclope (James Marsden) o Jean Grey (Famke Janssen). Todas estas apariciones, conjugadas con algunas explicaciones que se dan durante el metraje, sirven para solucionar algunas de las incongruencias creadas en el resto de films, aunque no las solventen todas.


Entre otras cosas, se descubre que gran parte de los personajes de la anterior película han fallecido o han sido asesinados, como es el caso de Azazel, Emma Frost o Angel. Además, los hechos de la película se enlazaron mediante sus anuncios virales con hechos históricos como el asesinato de Kennedy, el mandato de Richard Nixon (interpretado por Mark Camacho) o la guerra de Vietnam, de la misma forma que Primera generación se centraba en el conflicto de los misiles de Cuba.

Antes de terminar, faltaría una mención a una banda sonora a la que falta lucirse. Ottman, fiel compañero de Singer, se sirve de compases ya conocidos y, básicamente, potenciadores de la acción, pero faltos de cierta personalidad propia. Todo lo demás, se balancea entre lo correcto y lo óptimo, especialmente en el apartado de efectos especiales y en el apartado fotográfico.


En conclusión, una película que ha optado por mantener la tensión, pero acompasada con toques humorísticos que recuperan el espíritu de la saga en ese sentido, especialmente con los aportes de Lobezno, Mercurio e, incluso, Charles Xavier. No faltará la acción ni los momentos dramáticos, aunque al final sea la palabra el mejor arma de los mutantes para lograr su objetivo, resultando seguramente menos espectacular que el primer tramo de la película, pero resultando fiel a la personalidad de sus protagonistas. Le falta la redondez en su epílogo, aunque quizás se trate de dejar la puerta abierta al futuro o, en este caso concreto, a la anunciada X-Men: Apocalipsis. Gran entretenimiento que continúa con buen pie una franquicia de altibajos.

Escrito por Luis J. del Castillo


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