Eurekas y euforias, de Walter Gratzer

10 julio, 2012

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No es el campo de la literatura científica uno de los más representados en España, aunque haya un indudable interés en nuestro país. Pese a esfuerzos notables como fue aquella Biblioteca científica Salvat, con títulos básicos e inolvidables, alguna revista o algún que otro apartado (más escuálido que nutrido) formando parte de varias de las más prestigiosas editoriales, lo publicado ha sido escaso. Y para darse cuenta de ello no hay más que echar una ojeada al número de notas a pie de página con obras en inglés sobre infinidad de sucesos y la vida de sus descubridores (las pocas ediciones traducidas al español en los 70, 80 y 90 están más que descatalogadas). Pero de un tiempo a esta parte eso está cambiando. Y por ello es de agradecer la incansable labor editorial que desde hace unos años lleva a cabo Crítica / Drakontos en España, rescatando textos de enorme interés. Una colección dedicada íntegramente al estudio y divulgación del mundo de la ciencia desde una óptica -nunca mejor dicho- amena a la par de instructiva para con el ciudadano medio, no necesariamente un experto en ciencias, sino meramente un interesado por el mundo que le rodea.

Portada del libro
Dentro de esta ya bien surtida colección, destacamos una de sus últimas novedades (si bien, aunque reeditada en 2012, ya tuvo una primera edición con otro formato hace ocho años): Eurekas y euforias, que lleva el aclaratorio subtítulo Cómo entender la ciencia a través de sus anécdotas. Una recopilación de momentos estelares, repaso de chanzas científicas y recordatorio de ilustres colegas a un tris del olvido, realizada por Walter Gratzer, que como se nos indica, es catedrático emérito en el King’s College de Londres.

Afirma el autor en su introducción que la ciencia difiere de otros dominios del esfuerzo humano en que su sustancia no proviene de la actividad de aquellos que la practican. Espera ser descubierta, ya existe, y es colectiva. Citando a Claude Bernard recuerda además que el arte soy yo, la ciencia somos nosotros. Ambas disciplinas adquieren sentido cuando son compartidas, me permito añadir. Por la obra se pasean todo tipo de caracteres en distintas épocas del saber, como variada es la especie humana y su historicidad, constitutiva de toda comprensión, tal y como lo evidenció H. G. Gadamer, y pese a patrones casi siempre inalterables (la estulticia, por ejemplo; la obstinación, la vanidad, la imperiosa necesidad de llevar la contraria…)

Dmitri Mendeléyev, químico ruso (1834-1907)
De entre sus numerosos apartados, algunos de carácter más técnico, entresacamos varios pasajes fundamentales en la historia del progreso científico, de Hipatia a Newton, Lavoisier, Bunsen, Einstein, Darwin, Galvani, Herschel, Gauss, Marconi, Gamow, Hubble, y muchos más; así como los primeros experimentos con la electricidad, los celos entre paleontólogos, el descubrimiento del celacanto, el del radiocarbono, la penicilina, la aspirina, el DDT, las huellas dactilares del ADN (debidas a Alec Jeffreys), los neumáticos de Goodyear, la tabla periódica de clasificaciones de Mendeléyev, el fraude del cráneo de Piltdown, el origen de la expresión reacción en cadena, Edward Jenner y la vacuna de la viruela (que nos recuerda además el origen de la palabra vacuna), la medida del “metro”, las experiencias viajeras de Alexander von Humboldt, más el recuerdo de varias vidas truncadas, otras salvadas in extremis, sin excluir los descubrimientos en prisión, y multitud de anécdotas más.
Otto Stern (1888-1969)

De entre estas, entresaquemos algunas, como el curioso experimento sobre la desviación de un haz de átomos obtenidos del vapor de plata, al pasar a través de un campo magnético en el vacío.

Fue efectuado por el dicharachero y cinéfilo Otto Stern en EEUU (físico alemán, nacionalizado estadounidense; premio Nobel en 1943), y cuyo resultado dejó patidifuso a su artífice, cuando al observar la placa, el resultado quedó irremisiblemente alterado gracias al humo de los puros fumados por el científico, que solo unos días antes había cambiado su marca de tabaco de toda la vida, por una más barata y rica en compuestos de azufre, ¡todo lo cual procuró un inesperado avance en la comprensión de la teoría cuántica!

Pero en anécdotas gana por goleada (como se verá) Niels Bohr, el inolvidable físico danés, premio Nobel de física en 1922 y cuyo nombre fue puesto a un elemento químico (bohrio) y a un asteroide descubierto en 1985. Estando un día ejerciendo las labores físicas de portero durante un partido de fútbol, hubo de ser alertado por los gritos de la multitud ante la amenaza severa de un gol directo, mientras él se concentraba en desarrollar los conceptos de un intensísimo problema matemático en el poste de la portería.

Niels Bohr, físico danés (1885-1962)

No más en el mundo de los vivos que Bohr debió encontrarse André Marie Ampère, con cuyo nombre se conmemora la unidad de corriente eléctrica, el día en que acuciado por la necesidad de plasmar otro absorbente dilema matemático en plena calle, en el centro de París, halló oportunamente una pizarra negra donde escribir, que tras sesudos cálculos, resultó la parte trasera de un coche de caballos, que presto al servicio “huyó”, llevándose consigo todas las ecuaciones y la solución al problema para pasmo de Ampère. A lo cual debió exclamar el extraordinario hombre de ciencias –y perdón por el chiste fácil- ¡Esto no debe ser cosa corriente!

A. M. Ampère, físico francés (1775-1836)
Volviendo al imprescindible Niels Bohr, recordaba el físico James Frank como debido a la concentración ante una pregunta, Bohr quedaba transmutado en muñeco de peluche, con rostro plácido, mirada perdida, los brazos colgando, sin el menor asomo de vida. Hasta que repentinamente procedía a ofrecer la respuesta muy satisfecho. Durante una conferencia de Bohr en Edimburgo el físico Anatole Abragam relataba como advirtió la trascendencia de lo expuesto sin entender nada de su significado, ante lo cual preguntó a un compañero, Leon Rosenfeld, otro físico que hablaba francés, inglés, alemán, danés y bohr, “¿qué ha dicho en la conclusión?” Rosenfeld concluyó: “ha dicho que ha sido una sesión larga e interesante y que como debemos estar muy cansados es el momento para un refrigerio”.

Cuando Niels Bohr visitó el instituto de física de la URSS, a la pregunta de cómo había conseguido crear una escuela de físicos de primera línea, contestó: porque nunca me avergonzó confesar a mis estudiantes que soy idiota. Mención aparte merece el cómo Bohr se las apañó para hacer pasar desapercibidas tres medallas de oro (de dos colegas y la suya propia) ante los ojos de los hostiles nazis y de los inspectores de aduanas, en su huida precisamente del nazismo (estaba prohibido por Hitler sacar oro del país). Como recuerda el autor del libro, no es sorprendente que Niels Bohr fuera amado y reverenciado; era un hombre de valor moral y honestidad intelectual inflexibles, y totalmente privado de vanidad.

Francis Bacon, filósofo inglés

El experimento de Francis Bacon (1561-1626) y el pollo (1626-1626) es de no creerse. Intrigado acerca de la conservación de alimentos, detuvo su diligencia junto a una granja al norte de Londres para adquirir un pollo, que una vez preparado por la granjera, depositó en la carcasa, la cual inundaron de hielo y cubrieron de nieve, durante todo el trayecto que restaba a Londres. De esta guisa, Bacon enfermó de neumonía y escribió una última carta a su amigo el conde de Arundel diciendo que, aunque él estaba mortalmente enfermo, el experimento con el pollo había tenido un éxito excelente, dando muestras de su buen humor inglés.

A. Nalbandov (1912-1986)
Esta no sería la última vez que las aves proporcionaran respuestas a la ciencia. Con un final más feliz, el fisiólogo Andrew Nalbandov contaba como quedó desconcertado cuando comprobó que, efectuando la misma operación y bajo idénticas condiciones, un grupo de gallinas sobrevivía sin dificultad a su cirugía pituitaria (con el fin de descubrir la función de esta glándula) y otras no. Tras numerosas vicisitudes y vueltas a la cabeza, la solución vino cuando se descubrió que las gallinas en la oscuridad no comen (y por tanto desarrollan hipoglucemia, esto es, bajo nivel de azúcar en la sangre), algo de lo que no se podían recuperar, en tanto que las que permanecían iluminadas comían lo suficiente como para prevenir esta carencia. Todo dependió de la acción del conserje nocturno de la Facultad, que tras comprobar puertas y ventanas, prefería dejar las luces del animalario encendidas con el fin de encontrar con presteza la puerta de salida. Puesto que los periodos de supervivencia se correspondían con las ocasiones en que este conserje ocupaba su puesto, muchas gallinas le estuvieron eternamente agradecidas.

Humor, esta vez propio de un disparatado diálogo de besugos, es el ofrecido por dos eminentes geólogos, miembros de la expedición Ernest Shackleton a la Antártida en 1908. Ambos, E. David y D. Mawson, se proponían determinar la posición del polo sur magnético cuando sucedió que:

D. Mawson (1882-1958)
-Mawson
-¿Qué hay?
-¿Estás cambiando las placas?
-Sí.

Silencio durante un buen rato. 
-Mawson, ¿aún estás cambiando las placas?
-Sí.

Más silencio.
-¡Mawson!
-¿Qué pasa? ¡¿Qué quieres?!
-Bueno, Mawson, estoy en una posición más bien peligrosa. En realidad, ¡estoy colgando de mis dedos al borde de una grieta y no creo que pueda aguantar mucho más tiempo!


Glenn Seaborg, premio Nobel de química en 1951, fue consejero científico de una serie de presidentes norteamericanos. En una ocasión, un agresivo interrogatorio por parte de un comité del Congreso culminó en una pregunta retórica de un senador de mal carácter. Este le espetó: ¡Pero bueno, ¿qué sabe usted del plutonio?! Seaborg, emulando en la realidad a cierto personaje entrañable de una conocida película de Sáez de Heredia (Historias de la radio), respondió: “Bastante, fui yo quien descubrió ese elemento”.

Glenn Seaborg (1912-1999)
B. Silliman (1779-1864)

Benjamin Silliman, profesor en la Universidad de Yale durante la primera mitad del XIX, creó los laboratorios de química en dicha universidad. Se recuerda en el libro cómo encargó al fabricante local de instrumentos una docena de retortas, pero como solo tenía una muestra rota envió las dos piezas.

Tiempo después, Silliman recibió una docena de retortas de vidrio verde, cuidadosamente embaladas, todas quebradas por el cuello exactamente igual que donde estaba rota la muestra que había enviado. Recordaba el buen profesor con sorna sobre este hecho que la imitación, más que china, ¡solo podía haber sido hecha en Connecticut, ya que esta hubiera sido imposible en Filadelfia o Boston!


Max Born, uno de los fundadores de la teoría cuántica, acudió a un congreso internacional en Como en 1927. Durante una conferencia que le parecía un tostón y aprovechando la oscuridad que requiere el visionado de diapositivas, salió corriendo por el pasillo abajo comprobando que no era el único en hacerlo. El otro resultó ser Ernest Rutherford (premio Nobel de química en 1908), que se rió y espetó a Born. “Usted tampoco lo aguanta, ¿verdad?”. Paseando por el famoso lago surgió una solida amistad. Tanto fue así, que cuando poco después Max Born hubo de huir del nazismo como tantos otros, pudo establecerse en Cambridge y luego en Edimburgo por mediación de Rutherford.

Max Born (1882-1970)
Mención especial para todas aquellas mujeres científicas que sufrieron privaciones y ninguneo familiar y profesional por el simple hecho de querer dedicar su vida a la ciencia, asunto serio solo para varones. El autor recuerda a varias: Hipatia en la antigüedad, Madame Curie, Sofía Kovalevsky, Cecilia Payne, María Agnesi o la marquesa de Chatelet. Naturalmente, me sumo a la reivindicación de sus nombres.

Sofía Kovalevsky (1850-1891), Émilie du Châtelet (1706-1749) y Cecilia Payne (1900-1979)
 Abraham Pais, amigo, discípulo y biógrafo de Niel Bohr (nos despedimos con él, por supuesto) recordaba esta anécdota en el despacho de Bohr: Me pidió que me sentara y comenzó a danzar furiosamente por toda la habitación. Bohr nunca pronunciaba una frase completa. Con frecuencia se detenía en una palabra, la invocaba, la imploraba… para encontrar la continuación. Eso podía seguir durante muchos minutos. En ese momento la palabra era “Einstein.” Allí estaba Bohr correteando alrededor de la mesa y repitiendo “Einstein, Einstein…” Al cabo de un rato caminó hacia la ventana y miró afuera diciendo “Einstein, Einstein” […] En ese momento se abrió la puerta y entró Einstein de puntillas. Me hizo señas con un dedo para que me estuviese callado y quieto con pícara sonrisa en su cara. Entonces Bohr, con un sonoro y firme “Einstein” se dio la vuelta. No hace falta decir que Bohr se quedó sin habla. Allí estaba su amigo y colega, cuyos trabajos tantas vueltas le hacían dar a la cabeza, como si hubiera sido invocado. Instantes después, el hechizo se rompió cuando Einstein explicó el motivo de su visita y todos estallaron en carcajadas. El motivo fue que el doctor había prohibido comprar tabaco a Einstein. Sin embargo, no le había prohibido en modo alguno robar tabaco, que era lo que se disponía a hacer cuando entró en el despacho de Bohr. 

Einstein y Bohr
La estatua de Battersea
Estas y otras anécdotas, reales como la vida misma, tales como El caso de las orejas fláccidas, El asunto de la estatua del perro de Battersea, la vitalidad de los científicos en la época victoriana, los legendarios despistes de David Hilbert, o las predicciones de Werner Heisenberg, que dejamos ya para el lector, son una muestra de lo que el libro ofrece (la más jocosa para distraer al personal).

El boom Punset ha sido innegable. Las ansias de conocimiento del llamado ser humano son evidentes, y programas como el del citado ex ministro de Suarez y Calvo Sotelo en la televisión pública, han ayudado mucho a reavivar dicho interés por el mundo que nos rodea, visible o no, y a recordar, como ocurre en este libro, a aquellas personas que dedicaron su vida, a veces contra viento y marea, al desarrollo del progreso científico.


Escrito por Javier C. Aguilera

El tiempo que querría, de Fabio Volo

08 julio, 2012

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«Leer es simplemente maravilloso». Sin duda, una cita de Fabio Volo que podríamos aplicar con gran acierto a su novela El tiempo que querría. Intercalando el presente y el pasado, Lorenzo nos habla en primera persona del momento actual de su vida y de las vivencias en su niñez. En la novela nos encontraremos con situaciones y reflexiones en base a dos pilares fundamentales de su vida, intercalados capítulo a capítulo, y que se acaban tambaleando en un momento determinado. Esto lleva a nuestro protagonista a repasar las vivencias y los recuerdos más importantes de su vida, dándose cuenta de que sólo puede ser feliz recuperando el tiempo que ha perdido con ambas partes.


Fabio Volo es un autor italiano de 40 años que, además, ha realizado numerosas intervenciones en programas de televisión, series y películas haciendo de guionista, doblador y actor. Su anterior novela a El tiempo que querría, llamada Un día más, fue adaptada a la gran pantalla el pasado año por el director Massimo Venier en el territorio italiano. Además, Fabio ha prestado su voz a las películas de animación Kung Fu Panda (2008 y 2011), doblando al personaje de Po en su versión italiana. En definitiva, Fabio Volo es todo un personaje polifacético, cuyos libros son todo un best seller en ese mismo país.

A sus 37 años, Lorenzo es un profesional dedicado al mundo de la publicidad, pero, también, es una persona que no ha sabido demostrar sus sentimientos a lo largo de su vida. Ahora, tiene ante sí dos grandes historias de su pasado que debe reconstruir y reconquistar, dos noticias inesperadas que le obliga a emprender un viaje hacia sus recuerdos, su trayectoria y esos sentimientos que siempre ha guardado en lo más profundo de su ser.

Fabio Volo, autor de la novela
En los primeros capítulos descubriremos su historia desde la infancia, sobre todo la relación con su padre, un hombre al que nunca tuvo cerca a causa de su trabajo, que nunca le demostró abiertamente su afecto y que quizás sea la clave de todos sus problemas afectivos en la edad adulta. A medida que vayamos avanzando, iremos conociendo su historia con Ella, el gran amor de su vida y del que no sabremos su nombre hasta la última página. Con ella, Lorenzo ha tenido una relación complicada, que acabó dos años atrás pero que él aún no ha sido capaz de superar, sintiendo cómo no le encuentra a nada sentido sin tenerla a su lado. Sin duda, una historia apasionada en la que ella lo amaba sin reservas y él era incapaz de entregar su corazón completamente. En definitiva, le acompañaremos en estas dos historias que tanto han marcado su vida: conoceremos sus sentimientos, sus miedos y sus angustias. Cansado de esta vida, deseará una segunda oportunidad para recuperar el tiempo perdido junto a las dos personas más importantes de su vida.


Es el propio Lorenzo el que en varias ocasiones repite que él no sabe amar, que a lo largo de su vida sólo ha sabido dejarse querer y adaptarse a su pareja. Con las numerosas reflexiones consigo mismo y con las experiencias vividas a lo largo de su niñez y juventud, tanto personales como profesionales, nos encontraremos con un joven que nunca tuvo lo que deseaba. Necesita saber por qué el mundo le trata así, por qué todo cuanto hace nunca es suficiente; en definitiva, por qué siente tener una vida con un futuro vacío.

Del libro en su conjunto destacaría la alternancia entre los capítulos reflexivos de Lorenzo, que perfectamente pueden llegar a emocionar gracias al lenguaje empleado por Volo, y las bromas y ocurrencias por parte de Lorenzo y sus compañeros de trabajo en el resto de capítulos; algo que te hace arrancar una sonrisa tras lo que pudo ocurrir en el capítulo anterior. También me quedaría con la relación entre padre e hijo, desde la niñez, con la frialdad que existía entre ambos («Desde entonces, mi padre y yo estuvimos separados por un muro de lluvia, hecho de gotas de ausencia»), hasta su evolución en la actualidad.


Otro hecho que me resultó interesante fueron las páginas dedicadas a los libros y a la lectura, donde se expresan multitud de sentimientos hacia ellos y todo lo que ellos pueden proporcionar, todo ello con bellas palabras hacia la literatura. Estos capítulos sirven al autor, Volo, para hacer una selección de los libros que recomendaría, a la usanza de la quema de libros de caballería que hacen el barbero y el cura en el Quijote. Por resaltar algo que no me convenció de la novela, me decantaría por el lenguaje que, en ocasiones, es demasiado soez, apareciendo de forma espontánea junto a escenas de sexo que se repiten, pudiendo estar mejor si no se hiciera tanto hincapié en describirlas todas de la misma forma.

Como vemos, la novela transmite sentimientos muy reconocibles y bastante cercanos para cualquier lector, en los que la mayoría nos sentiremos identificados, como en el silencio de un padre o en el desamor más absoluto. Una historia hermosa sobre esos instantes que definen nuestra vida y sobre esas pequeñas lecciones que no deberíamos dejar escapar. Porque siempre se está a tiempo de comprender, perdonar, luchar, sentir, agradecer y amar.


Escrito por Mariela B. Ortega




Clásicos Inolvidables (XV): Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas

04 julio, 2012

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El teatro del siglo XIX sufre, como todos los géneros literarios en esta época, la desviación en diferentes corrientes de pensamiento que convivirán aportando diversas obras de características desiguales. En los treinta primeros años de este siglo se podría apreciar una involución del movimiento romántico que se vislumbraba a finales del XVIII, primando comedias de magia y comedia burguesa, pero será a partir de la década de los años 30 cuando la situación cambie, especialmente tras el fin de la Década Ominosa en 1833. Estos cambios se producen debido a la importancia del teatro como género que alcanza a una gran población, por lo que estuvo siempre influenciado por las condiciones políticas y sociales de cada época, desfavorables en este caso concreto.

A partir de este momento, se multiplicarán las traducciones, difundiéndose literatura extranjera, especialmente francesa, con el éxito del drama romántico francés y autores como Víctor Hugo (1802-1885) o Alejandro Dumas (1802-1870). Contra este movimiento liberal y extranjero, otra corriente más conservadora tenderá a la representación de las obras de teatro del Siglo de Oro, con reposiciones de Calderón de la Barca (1600-1681), Lope de Vega (1562-1635) o Tirso de Molina (1579-1648).

Esta confrontación se deberá a la polémica calderoniana, que enfrentó a los intelectuales entre conservadores y liberales, unos, con Böhl de Faber a la cabeza, defendían el retorno a los modos del teatro barroco español, mientras que otros, con José Joaquín de Mora como representante, rechazaban esta idea y defendían un avance hacia nuevas formas.

Debido a esta cuestión, Böhl de Faber asentará las bases de la corriente romántica tradicional de corte conservador, dominante en el siglo XIX. Surgirán varios autores del drama romántico, como Antonio García Gutiérrez (1813-1884) y su Trovador de 1836, Juan Eugnenio Hartzenbusch (1806-1880) y Los amantes de Teruel, del mismo año, o José Zorrilla (1817-1893), con su obra maestra Don Juan Tenorio, de 1844. Pero antes que estos autores, fue otra la obra que consolidó el pensamiento romántico en el teatro español: Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, estrenada en 1835. Este drama romántico supuso un enorme éxito y una gran conmoción en el plano teatral, similar a lo que sucedió con Hernani (1830), de Víctor Hugo, en Francia, aunque no de forma tan extremista; a fin de cuentas, se trata de una de obra conservadora sin ninguna carga ideológica liberal como la que tenía el drama francés. 

Ángel de Saavedra, el duque de Rivas
Sobre ello, debemos anotar que Ángel de Saavedra, conocido como el duque de Rivas, fue una persona relevante en la literatura de esta época, habiendo sido un joven liberal, con el paso del tiempo se inclinó hacia una corriente más conservadora, rechazando sus ideales pasados y situándose donde su categoría social de noble le exigía, habiendo recibido el título de duque a la muerte de su hermano mayor en 1834.

Aunque su nombre pasa a la historia como autor de esta obra de teatro, es importante señalar su labor poética, en la misma línea conservadora, siendo su obra más conocida los Romances históricos que dan buena muestra de su ideología con la recuperación del antiguo espíritu nacional.

En su drama Don Álvaro o la fuerza del sino, se dará una muestra de estos valores tradicionales pero centrándose en ideas completamente románticas, comenzando por su protagonista, Don Álvaro, un héroe enfrentado a la sociedad, que está solo contra todo y consumido por una pasión amorosa trágica. La obra se mueve así por las pasiones, como la venganza, la culpa o el propio amor.

El protagonista se ve arrastrado a vagar por culpa de un accidente que acabó con la vida del marqués de Calatrava, el padre de su amada, este hecho marcará su destino. Será perseguido por los hermanos de Leonor, que claman venganza en un acto de limpieza de la honra a través de la sangre, una acción más perteneciente al pasado medieval que al siglo XIX. Sin embargo, no se censura ni es negativa el asesinato por mantener la honra, incluso se puede observar en uno de los casos que no hay sentimientos de culpa aún cuando se asesina a personas de la misma familia.

Il bacio (El beso), de Francesco Hayez
Junto a esta característica conservadora, también podemos hablar del papel de la Iglesia, que se muestra como el único refugio final gracias a la religión. Es un paraíso ficticio donde terminan todas las pasiones, pero, como bien muestra el título, no se puede escapar del destino, el sino, y el final fatal, propio del movimiento romántico, estará presente también en esta obra. Otro rasgo tradicional es la inmovilidad de las clases sociales, viendo como imposible el amor entre un indiano adinerado y una joven noble. Es, en general, una sociedad fracasada, donde no hay armonía y donde las personas positivas, como don Álvaro, toman caminos que carecen de valores, lo que los conducen a un final trágico.
 
Pese al intento de enmendar su vida, tanto en el terreno militar como en el religioso, el pasado perseguirá a don Álvaro como un destino del que no puede escapar aunque pasen los años. Esta característica es propia del teatro romántico, que acabe con el orden realista de las unidades de tiempo y espacio, cambiando por escena todo el espacio y pudiendo transcurrir años entre acto y acto. Esto supuso una revolución en los teatros físicos, que tuvieron que modernizarse hasta lo que conocemos como la escenografía moderna.

Sátira del suicidio romántico, de Leonardo Alenza
Sin duda, estamos ante un drama romántico que, aún tratando de devolver a la literatura características tradicionales, no puede resistirse a renovar la temática. Mezcla, por ejemplo, la prosa y el verso, empleando el verso para las escenas elevadas de los personajes de clase social más alta, a la antigua usanza de las obras teatrales renacentistas. Cada acto, además, comienza con una conversación en prosa entre algunos personajes secundarios que sitúan al espectador en lo que verá a continuación, mencionando a los protagonistas de esa jornada, normalmente don Álvaro en su encuentro con otro de los personajes principales.

La tragedia de este drama fue suavizada en su versión como libreto para la ópera de Verdi La fuerza del destino, de 1862, salvando a uno de los personajes al final, quien se considera causante de toda esa fatalidad, como el principal motivo de aquel destino asolador que había rodeado al resto de personajes. La obra también fue representada en el programa Estudio 1 de RTVE.





Noticias: Próximamente en BdC

01 julio, 2012

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Iglesia de las naranjas (Nerja), fotografía de LJ
Este mes, lleno de responsabilidades académicas, ha mermado el número de entradas durante la primera quincena, aunque en esta última semana hemos conseguido publicar varias entradas y volveremos en julio a recuperar nuestra frecuencia. Seguramente por la falta de entradas nuevas, este mes hemos recibido menos visitas, con números similares a los de febrero de este año: 19.150 visitas, que nos llevan a los 146.000 que tenemos en general y que nos hacen rozar las 150.000. En seguidores hemos aumentado de 86 a 88, y en nuestro Twitter también subimos de 130 a 132. Pocos comentarios, por lo que volvemos a repetir que os ¡esperamos para compartir vuestras opiniones con nosotros!

Un mes variado, con dos entradas de cada uno de nuestros participantes, siguiendo con la nueva sección creada por Patomas y su crítica de Drácula, de Terence Fisher, y el regreso de la Publicidad No-Subliminal con una mención a la publicidad que rodea a la selección española de fútbol, actual campeona de Europa y del mundo. También hemos continuado con los Clásicos Inolvidables, avanzando hasta finales del siglo XIX con Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.

Kingdom Hearts Dream Drop Distances, a la venta el 20 de julio pero no en español

Queremos hacernos eco, además, de una noticia que nos ha llegado relacionada con el videojuego que reseñamos en nuestro blog, Kingdom Hearts, cuya última entrega para Nintendo 3DS no será subtitulada, como habitualmente, ni a español ni a italiano, llegando sólo en inglés al territorio español. Este hecho ha provocado el movimiento de recogidas de firmas, emails a Square Enix, responsables de esta decisión, y de llamadas al boicot, como señala Mireie Fernández en un artículo de ongames.es. Está claro que un boicot podría producir el efecto adverso de que Square Enix decidiera no lanzar próximos títulos de la saga en España, pero, sin duda, estaría perdiendo la oportunidad de un mercado que le ha sido fiel en estos últimos años y, además, eliminaría de sus traducciones un idioma que, actualmente, es el segundo más hablado en el mundo, pudiendo llegar también al mercado hispanoamericano. Lo que debería ser una estrategia de marketing tan idónea como llevarlo a español, algo que ha hecho siempre, se ha convertido en el foco de la ira de los seguidores españoles e italianos. Desde aquí queremos hacernos eco de este hecho.

Y siguiendo con información de nuestro blog, esperamos para este mes tener más actividad, posiblemente estrenemos secciones. Esperan nuevas entradas sobre literatura, música y cine, no os perdáis todas nuestras reseñas, críticas y novedades, desde una visión que trata de ser profesional pero, a la vez, personal. Ya comenzó el verano, ¡así que disfrutad, quienes podáis, de las vacaciones, pero comentad también en Baúl del Castillo!

Un saludo,
L.J.


PD: El grupo El Beso del Escorpión ya está trabajando en su próximo disco, os dejamos una de las canciones de su anterior trabajo, ¡os animamos a conocerlos y seguirlos!



"El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor"
                  -Rubén Darío





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