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Adaptaciones (XVII): El gran Gatsby, de Baz Luhrmann

19 junio, 2013

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No es la primera vez que hablamos del clásico norteamericano de Scott Fitzgerald, ya lo hicimos en 2011 en nuestra sección de Clásicos Inolvidables, donde ofrecimos diferentes perspectivas ofrecidas por la crítica para comprender los entresijos de la novela. Comentábamos entonces que se habían realizado diversas adaptaciones cinematográficas, entre las que destacaba la de 1974, dirigida por Jack Clayton y protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow, añadiendo que estaba próximo el estreno de una nueva revisión dirigida por Baz Luhrmann y protagonizada por Leonardo DiCaprio. Ese film es ya realidad y hoy os ofrecemos este análisis del mismo.


El argumento nos es familiar, el joven Nick Carraway nos cuenta la historia de su encuentro con el misterioso Gatsby, un rico extravagante que organiza fiestas multitudinarias y cuyos propósitos esconden asuntos más personales que incumben a un pasado que se nos irá desvelando poco a poco. Como en la conocida adaptación de Clayton, Luhrmann ha preferido centrarse en la historia de amor, aunque acierta en el tratamiento que le ofrece al proporcionar a los personajes ciertos aires de cinismo e hipocresía que concuerdan no sólo con la novela original, sino con los diálogos reproducidos. La excentricidad de Gatsby reluce perfectamente junto al nerviosismo del joven enamorado que es, según nos proyecta la imagen de este film. El personaje está logrado por un Leonardo DiCaprio en su madurez cinematográfica, que actúa con acierto y cierta brillantez, convirtiéndose en la estrella inevitable de la película.


A su alrededor, las actuaciones de Tobey Maguire, con quien vuelve a coincidir veinte años después de Vida de este chico (1993), en el papel de Nick Carraway, donde se mantiene correcto, aportando con su expresividad reconocible un cariz de auténtica pusilanimidad, y Carey Mulligan en el papel de Daisy, la otra gran protagonista de esta historia. Mulligan nos proporciona la fragilidad que el personaje requería así como la liviandad de movimientos acompasados a ese aire despreocupado pero traumático. Destaca también, por su importancia, la interpretación de Joel Edgerton como Tom Buchanan, ofreciendo un perfecto equilibrio entre la imagen de hombre fuerte e inflexible y los verdaderos miedos que preocupan a este perfecto burgués, como la pérdida de su situación perfecta.

Jason Clarke, Isla Fisher y Elizabeth Debicki se llevan papeles menos agradecidos, sobre todo por la poca relevancia que se les otorga en el film a sus personajes. Los dos primeros actores interpretan al matrimonio de George y Myrtle Wilson, a quienes otorgan cierto aire dramático y penoso, especialmente Clarke. La tercera, Debicki, interpreta a Baker, cuya relación con Carraway parece desaparecer por completo en esta adaptación y goza tan solo de unas contadas apariciones donde no logra resaltar. Este elenco principal destaca por unas actuaciones ciertamente logradas, en un ambiente que, gracias al maquillaje y los vestuarios, logran recrear bastante bien el de la novela.


Sin embargo, el director de films como Moulin Rouge (2001) o Australia (2008) confecciona una película que está envuelta en una imagen artificiosa, con colores excesivamente vivos y brillantes. Si la intención era aumentar la sensación de la falsedad presente en la sociedad estadounidense de los años veinte, seguramente lo logre, pero a costa de sobreponer sobre las actuaciones y los escenarios una imagen que les resta credibilidad. Efectivamente, la facturación, especialmente el vestuario, son exquisitos visualmente, pero el conjunto ofrece la perspectiva de estar viendo más que una adaptación cinematográfica, una cinemática renderizada de algún videojuego.

Pese a ello, podríamos seguir hablando de una técnica que realza lo artificial, redundando aún más en los diálogos recogidos de la obra de Fitzgerald, salvo por el detalle de que Luhrmann destroza ese ambiente a través de una banda sonora inapropiada. Cuando, de una forma precipitada, acabemos en las fiestas del misterioso señor Gatsby, nos habremos trasladado de los años veinte a la época actual, con remixes actuales, cantantes de moda y música que suena hoy en las discotecas.

Una novela que engarzaba perfectamente con la época del jazz ve en su adaptación la desaparición de esa ambientación musical tan necesaria para enmarcar con acierto la época a la que la obra original nos remitía. Si bien es cierto que nos regala alguna canción acertada, la mayoría están fuera de lugar y proporcionan música de fondo al videoclip que Luhrmann está recreando más que a la adaptación que debería realizar.

De esta forma, el que podría haber logrado ser una acertada adaptación de la novela norteamericana, peca finalmente de resultar demasiado falsa, incoherente y demasiado atada a una lectura amorosa del libro. No obstante, no seríamos justos si no admitiéramos el buen trabajo del elenco o del vestuario, así como algunos efectos visuales logrados, pese a lo artificial que resultan aún hoy, deberemos observar si el paso del tiempo no acaba por envejecerlos en sobremanera. En definitiva, hemos disfrutado de una buena recreación de los conflictos personales y humanos que Fitzgerald planteaba en su novela con una ambientación poco adecuada. El director contaba con los elementos técnicos y personales a su favor, pero, a nuestro juicio, no ha sabido jugar bien sus cartas.



Escrito por Luis J. del Castillo




Clásicos Inolvidables (IV): El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald

08 septiembre, 2011

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Un clásico que quizás no nos resulte familiar, pero que forma parte del amplio espectro de novelas estadounidenses que se han ganado este adjetivo en su país con el paso del tiempo. Después de todo, tiene como trasfondo una serie de acontecimientos que compone uno de los hechos históricos más recordados por Estados Unidos: los felices años veinte que acabaron en el célebre crack del 29.

El autor, F. Scott Fitzgerald, pertenece a la denominada Generación pérdida de EE.UU., junto a otros escritores como Hemingway, Dos Passos o Cummings, y está considerado como uno de los grandes retratistas de la sociedad estadounidense de principios del siglo XX. 

Precisamente, supo mostrar el desencanto de la juventud de su generación en plena época del jazz así como plasmar la hipocresía bajo la que se erigía la sociedad que le rodeaba. De forma reciente, algunas de sus obras han sido trasladadas al cine, como sucedió con su relato El curioso caso de Benjamin Button (1921), que fue libremente adaptado en 2008 por el director David Fincher. Ahora bien, una de sus obras más célebres es la que hoy comentamos: El gran Gatsby (1925).

Francis Scott Fitzgerald
La historia de la novela es narrada por uno de los personajes, Nick Carraway, que nos contará su propia historia durante la época en que se cruzó con el misterioso Gatsby, un extravagante caballero que se dedica a celebrar fiestas dilapidando grandes cantidades de dinero; pero, ¿quién es Gatsby y cuáles son sus propósitos?

Fitzgerald, a través de los ojos del joven emprendedor Nick, nos presentará a los personajes que serán la clave de esta novela: el matrimonio Buchanan, compuesto por Tom y Daisy, el matrimonio Wilson, compuesto por George y Myrtle, la joven Baker y, por supuesto, el propio Gatsby. Según avanza la novela se va desvelando, a través de diferentes capas de conocimiento, el pasado de Gatsby, y las razones por las que acabó siendo quien era y buscando la oportunidad perdida años atrás en el amor. La novela puede ser analizada desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, se puede considerar que El gran Gatsby es una gran historia de amor, teoría que se refleja en la adaptación cinematográfica de 1974 que protagonizaron Robert Redford y Mia Farrow. Sin embargo, desde otra perspectiva, esta novela es una crítica al tipo de vida de la época, dada a la inmoralidad o a la diferencia clasista que provocaban crisis en las relaciones personales.

Dentro del psicoanálisis, por ejemplo, se encuentra como punto común en el análisis de los personajes el miedo a la intimidad, es decir, el temor de los personajes a que otros los conozcan en profundidad. De esa forma, Daisy mantiene su relación con Tom pese a sus infidelidades porque así no tiene una pareja que intime con ella y se siente, por tanto, protegida. Igualmente, Tom, gracias a su relación con Daisy consigue cierta posición social y mantiene su ego masculino a través de sus amantes, con las que tan solo tiene relaciones breves y distantes. 

En el caso de Gatsby, este personaje impide que cualquier otro llegue a conocerlo de forma completa, ni siquiera la persona de la que está enamorado. Nick, nuestro narrador, nos muestra que él es también distante en sus relaciones, incluso al contarnos al principio que viaja hacia la costa este de EEUU escapando de una relación anterior.

Estructuralmente podemos percibir una serie de bloques organizados manteniendo un equilibrio: dos historias diferentes que se unen al final para provocar una resolución conjunta. En los capítulos intermedios, por ejemplo, podemos encontrar la narración del pasado de Daisy y del pasado de Gatsby, uniéndose en el siguiente capítulo en el presente. 

De esa forma, la novela entera mantiene una presentación de personajes junto a una siguiente narración de hechos que concluyen en una final donde se unen el pasado de los personajes junto a los hechos acontecidos a lo largo de la novela. Precisamente la novela transcurre en el periodo de los meses de verano.


En conclusión, tenemos una novela que nos adentra en un periodo de paz entre las dos guerras mundiales que nos demuestra la miseria que abundaba en la sociedad desde sus relaciones personales hasta las relaciones de las clases sociales; incluso nos muestra cómo el tener dinero no era suficiente en una sociedad donde las antiguas familias ricas mantienen el poder y son el referente de los nuevos ricos que quieren abrirse paso entre ellas.


La escritura de Fitzgerald es sencilla y comprensible, haciéndola una novela de lectura fácil aunque de comprensión más compleja, dado el carácter de los personajes representados. Se ha considerado incluso que el propio autor reflejaba sus vivencias y su forma de ser en la novela, dividiéndose entre un personaje de carácter romántico, Gatsby, y otro más realista, Nick.

La cuestión final queda invadida por el realismo pesimista que conformó la literatura de la época, en la que no podemos olvidar a otros grandes autores, como Kafka, que mostraban que, pese a haber terminado la Primera Guerra Mundial, esta había llevado al pesimismo a los habitantes del mundo. Pesimismo que en pocos años podremos ver en nuestras pantallas en una nueva adaptación protagonizada por Leonardo DiCaprio. Cabe preguntarse si logrará mostrar los temas más complejos de la novela o se enfocará, como en la adaptación de 1974, en la historia de amor.
 
Escrito por Luis J. del Castillo

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