Mostrando entradas con la etiqueta Didí Escobart. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Didí Escobart. Mostrar todas las entradas

Tiempo al tiempo, de varios autores (I)

29 septiembre, 2013

| | | 2 comentarios
Portada de la obra Tiempo al tiempo, edición de Stonewall
Portada del libro
Otro año más, la editorial Stonewall ha sacado un volumen de relatos que reúne a varios de los autores que han publicado bajo su sello. El número ha aumentado considerablemente, consiguiendo así un libro con más contenido y multiplicando sus páginas, de seguir así, en un par de años publicarán tomos que superen las mil páginas; aunque de momento, nos quedamos con Tiempo al tiempo. En esta ocasión, el prólogo ha sido realizado por Miguel Cabañas Agrela, de mejor calidad e instrucción que el de Nocturnabilia, que fue más informativo. El prologuista consigue realizar un rápido análisis de la historia en relación a la homosexualidad y la represión de la sexualidad, que quizás en tan poco espacio deja algunos comentarios en los que sería necesario profundizar, aunque para ello remite a dos libros sobre el tema, uno publicado por él mismo, Reyes sodomitas (2012), y otro de Anna Clark, titulado Deseo. Una Historia de la sexualidad en Europa (2010). También nos señala el camino para los relatos de este volumen, que contiene historias ubicadas en diferentes épocas históricas, acompañando a cada pieza una breve descripción con fotografía de cada uno de los autores, aunque cada una en un estilo diferente y personal.

Debido a la considerable cantidad de relatos que componen este libro, con un total de dieciséis piezas, hemos considerado oportuno dividir nuestra reseña en dos partes. Esta será la primera entrega, escrita por servidor, que abarcará los ocho relatos iniciales. Mariela B. Ortega se encargará de culminar nuestro repaso a esta obra con las narraciones restantes.


Así pues, nos embarcamos en esta aventura con Didí Escobart y su particular visión de un prehistórico clan que destila, sin ninguna duda, una clara comparación con los tiempos más actuales, bajo el título Sexo, drogas y... tamtam. Si bien la propuesta resulta original, finalmente se convierte en un abuso excesivo de los mismos recursos, con especial hincapié en transmitirnos todos los quehaceres festivo-sexuales de esta tribu troglodita. Al final, el relato es demasiado extenso para el poco contenido real de la historia que nos transmite, profundizando sobre todo en clichés, utilización de nombres graciosos y un triángulo amoroso para concluir que, seguramente, sea lo que más se salve de esta pieza. A estas alturas, no es escandaloso, pero sí abusivo para el lector desplegar todo este juego narrativo que no parece conducir a ninguna parte y que apenas puede ser tomado en serio.

Tomando otro rumbo, Sofía Olguín nos entrega un relato que bien podría extraerse de Las mil y una noches, con una buena ambientación y una narración acogedora. Se trata de una historia de amor sin palabras, de crímenes con sabor a justicia y de un giro final que puede provocar la sonrisa cómplice en el lector, quizás al descubrirse sorprendido. Olguín acierta al mostrarnos la bondad en una creencia firme y amorosa como motor de un cambio en la vida de su protagonista, Gestas. Con un estilo cuidado y desplegando de nuevo una ternura que ya nos demostró en el relato que pudimos disfrutar en Nocturnabilia, El silencio del estanque deja un buen sabor de boca con el que continuar la lectura.

Cristo en el monte de los Olivos, de Giovanni Bellini
Siguiendo esta senda, llegamos a una narración sencilla, con forma casi de cuento, donde se vislumbra el encuentro entre la ignorancia y la desesperación. En Año 33, Juan Flahn nos deja ya el aviso en el título de qué personaje aparecerá en esta pieza, algo que a algunos lectores podría parecer extraño, pero que es conducido dentro de esta ficción consigue transmitirnos el desconcierto de un personaje ante una escena tan peculiar como la que vive. Cerrando su relato, nos muestra lo fútil que resultó un encuentro tan curioso, pero a su vez, nos deja la sensación de que hemos leído algo trascendental, olvidado por el devenir de una vida, al abrirnos la ventana a ese capítulo en las vivencias del pastor Noam.

Con otros matices más novelescos, Cuerpos de Misericordia se abre como una obra de intrigas históricas en la Ferrara de principios del siglo XVI. Guillermo Arróniz nos transmite un argumento que podría explotarse en una obra mayor, dibujando a un buen personaje en una narración protagonista que mantiene la tensión a la par que añade precisas conversaciones. Ofrece, además, un espacio para la crítica a la represión con una comparación final esclarecedora y muy meritoria. Sin duda, un excelente relato que deja al lector con la necesidad de saber más.

Didí Escobart, Sofía Olguín, Juan Flahn y Guillermo Arróniz
Tras atravesar el ecuador de estos ocho relatos, alcanzamos el quinto de la mano de Gustavo Liévano, al que en otras ocasiones hemos conocido como Galileo Campanella con su novela Heliópolis: El Blues del Hada Azul. En esta ocasión, abandona su mundo literario, junto a su seudónimo, para adentrarse en este relato que combina dos historias entrelazadas en un juego de narración al que los lectores ya están habituados, pero que funciona perfectamente para la ocasión. La primera parte, en un presente que recuerda otro tiempo, se combina la seriedad del recuerdo con intromisiones humorísticas que pueden provocar la risa al lector inesperado, acompasado por un tono coloquial del narrador protagonista, que se dirige al destinatario de sus recuerdos. Quizás debería cuidarse, no obstante, de repetir la misma broma en un mismo relato, pues la segunda ocasión pierde el factor sorpresa. Sin embargo, lo realmente interesante se sitúa en la parte central de la pieza, donde nos trasladamos a la Inglaterra del siglo XVI con el pintor Holbein el Joven; en este punto, Liévano consigue fragmentos literariamente magníficos, y aunque el lector en este caso esté prevenido de las acciones siguientes, el relato resulta, sin duda, original y, en otros términos, cultural, por las diferentes referencias que se realizan del cuadro, que añadimos en esta entrada y al que no hay que perder de vista durante nuestra lectura de Los embajadores. Nos deja un final con tono melancólico que supone un digno colofón para tan buena obra.

Los embajadores, de Holbein el Joven.
Continuando con esta línea novelesca, Javier Quevedo Puchal nos muestra La mirada de Gorka, situado a mediados del siglo XVII, aunque por la ambientación y expresiones, bien podría tratarse de un contexto del XIX. Este relato discurre entre el miedo de su protagonista y el arrepentimiento final, fruto todo de una autorepresión que queda bien reflejada en el deseo visto como tentación. De los relatos recopilados en esta primera entrega, este es el que consigue transmitir la sensación de mayor injusticia, porque aunque Gorka sea la víctima de la pieza, Domingo, que debería ser el culpable, queda finalmente marcado como otra víctima, en este caso de su propios temores y de la represión marcada desde su infancia por la religión. Quevedo consigue, a su vez, recrear a la perfección en su relato los equívocos, las malinterpretaciones y la sensación de oscuridad que conducen al resultado final.

Raquel G. Íñiguez nos permite disfrutar del primer relato íntegramente lésbico de Tiempo al tiempo situado a finales del siglo XVIII y con el título, ya de por sí una pista, de La maja. Desde los ojos inocentes de Claudia Sanz, observaremos un relato sobre la esclavitud en la servidumbre, donde los ultrajes sexuales de una duquesa van contra el sentimiento mutuo entre dos de sus doncellas. Íñiguez consigue recrear escenas muy sensuales gracias a sus descripciones. Pese a lo implícita que puede llegar a ser, no resulta excesivo, sino suficientemente erótico. No obstante, su peso argumental puede resultar algo flojo en comparación a otras piezas antes analizadas.

La maja desnuda, de Francisco de Goya
Junto al relato anterior, Víctor Manuel Ruiz recrea también a parte de la nobleza española, con estos ilustres personajes que pueden resultar muy humanos. Si bien la duquesa de La maja resultaba una déspota, en El amante del Borbón encontramos a un dulcificado rey consorte Francisco de Asís. El autor de La confianza en el freno motor despliega sus saberes narrativos para trasladar al lector al otro lado, junto a esos palacios del exilio en Francia donde Francisco se alza casi como un mártir de sus circunstancias reales. A través de flashbacks comprenderemos los entresijos de su relación con Antonio y, también, con Isabel II. Un relato muy logrado que nos muestra, además, esa doble moral que provoca el mundo de las apariencias, extrapolable a otros casos con sus debidos matices. Ruiz cierra esta primera parte de Tiempo al tiempo junto al siglo XIX, abriendo la turbación en la vida de este rey consorte, en boca de todos por su homosexualidad en la época, con el que nos sentiremos tan cómplices como Víctor Manuel nos ha permitido con su escritura.

Gustavo Liévano, Javier Quevedo Puchal, Raguel G. Iñíguez y Víctor Manuel Ruiz

Concluimos esta extensa entrada invitándoos a conocer esta obra completa, disponible en Amazon, Universogay, Librería Berkana o en Casa del Libro, teniendo en cuenta que el 10% (el 20% en la versión digital) de los beneficios irán destinados a proyectos solidarios LGTB. La próxima semana, ya en octubre, concluiremos nuestra reseña de este libro con los ocho relatos restantes.

Escrito por Luis J. del Castillo



Nocturnabilia, de varios autores

22 septiembre, 2012

| | | 0 comentarios
La editorial Stonewall trabaja desde 2011 para traer al mundo de los libros una temática concreta, apostando por libros a los que otras editoriales mayores cerrarían sus puertas. Colaborando con los distintos autores que han conseguido publicar a través de ellos, sacaron a la luz un tomo que reunía nueve relatos bajo el nombre de Nocturnabilia. Esta obra fue publicada, tal y como anunciamos en su momento, en julio de 2012, e hilaba con sus historias el mundo de la noche desde la vista de personajes homosexuales y en las que se combinarán el humor, el erotismo, el amor o la fantasía. Cada relato viene precedido por un esbozo de la biografía de cada autor, para que conozcamos mejor a quien escribe y podamos encontrarlo en la red a través de los diferentes enlaces que nos ofrecen. Aquí dedicaremos su debida atención a cada uno de los relatos que componen Nocturnabilia, analizando cada uno.


Carlos G. García
El primer relato que nos encontramos tras los prólogos y agradecimientos de la presidenta de FELGTB y de la editorial Stonewall pertenece a Carlos G. García, periodista, colaborador de Universo Gay y bloggero que nos presenta Sonicia, yo no he venido a esto, un relato que es pura crítica mordaz a la par que directa y divertida. A través de los ojos de sus protagonistas, David y Sonicia, veremos las desgracias de una noche que estaba marcada a ser un antes y un después en la vida de ambos, aunque no del modo en que cada uno lo hubiera sospechado. La crisis económica, el mundo de la televisión sórdida, los problemas y las enfermedades sexuales, el miedo a ser como realmente somos o la pérdida de nuestra integridad por el dinero son los temas que se tratan con un tono a medias entre el humor satirizado y la tristeza de ver como una especie de parodia está más cercana a la realidad de lo que pensamos.

Y de David pasamos a otro personaje, que nos muestra un mundo oscuro, el de la noche, donde la necesidad de un encuentro fugaz pero completamente pasional lo llevan a perderse entre las calles de Madrid, buscando anhelante alguien que alivie su libido, sin necesidad de quererse. Estamos ante el relato Destellos, donde la protagonista sólo quiere sentir algo al besar, en gran parte todo surge de la necesidad de sentirse querida por alguien a quien pueda amar realmente, porque ella es lesbiana y aunque su mejor amigo la quiera tanto, no es lo que necesita aunque él la entienda. La autora, Mónica Martín, nos conduce con sus letras a diferentes juegos de palabras, en ocasiones creando oraciones preparadas para confundir y quizás enmarañar demasiado el relato, con elecciones precisas y algunos fragmentos exquisitos, como las frases finales. Aunque corre el riesgo de cansar al lector o causar confusión en quienes se pierdan en los párrafos de su relato. Aporta, no obstante, una reflexión sobre los amigos heterosexuales que aman a quienes no pueden quererlos, pero que acaban siendo comprensivos y no abandonan, aunque eso pueda producir dolor a ambos.

Didí Escobart, alias Diossa
Saliendo del anterior relato, nos encontraremos con el escrito por Didí Escobart, en lo que será una curiosa mezcla de un estilo muy coloquial con una escena que repite, aunque de forma distinta y más explícita, el segundo relato. Pero el lenguaje en esta ocasión es el monólogo interior de cualquier persona de la calle, con pensamientos comunes, con sus noséqués, que logran eficazmente una reproducción de lo más fiel a la conversación diaria, pero que, empleado de forma abusiva, puede llegar a cansar al lector, sobre todo tras la escritura, un tanto más refinada, del anterior escrito. En Gavilán... o palomo (cojo) el personaje central es un travesti que nos mostrará con sus ojos el espectáculo que estamos acostumbrados a ver desde el puesto del espectador. Nos revelará sus secretos, sus encantos y sus trampas, pero sobre todo se mostrará como una persona más, en la cercanía de estar dentro de su mente, que suele centrarse en otro tema central de la obra: el sexo. Así daremos con el otro personaje clave del relato, aunque algo más mudo, el macho ibérico (físicamente hablando) por antonomasia, que realmente guarda con recelo su preferencia sexual. De esta forma, un relato que a simple vista, escrito de tal forma, podría resultar extravagante, nos plantea algunas reflexiones inquietantes. Y con una pequeña sorpresa final, para sonrisa del protagonista, incluída.

Varios autores de Nocturnabilia en la presentación del libro
Siguiendo la estela de Destellos, el novelista Eduardo García nos presenta Criaturas de la noche, donde lo que parecía una noche aburrida para nuestro protagonista gay, da un vuelco con una llamada telefónica que lo llevará a una serie de casualidades (si acaso existen) que lo conducirán a una fiesta de cumpleaños excéntrica. No obstante, este relato seguramente presenta muy bien la esencia de Nocturnabilia, ofreciéndonos diferentes historias en pocas páginas, desde la perspectiva de una noche más en la vida del personaje, las historias de cotilleos de un bloque de viviendas, la revelación de la verdadera orientación sexual de su mejor amigo, una invitación afortunada a una fiesta de criaturas nocturnas, una fiesta única donde se encontrará con varios personajes que nunca hubiera imaginado y que, posiblemente, podrían existir en un glamour algo siniestro.

Nocturnabilia por casa
El artífice de este cumpleaños es Rodrigo, quien recuerda por este tipo de fiestas y por el misterio que rodea a su persona (en edad, en fortuna, en trabajo) al Gatsby de Fitzgerald. El romance sexual viene de la mano del recién conocido Mauricio en unas menciones más suaves y menos explícitas por parte de Eduardo, que además desarrolla un estilo más sobrio, desde la perspectiva de la primera persona, pero como un novelista, de forma más clara que lo realizado por Mónica Martín, pues no juega tanto con el lenguaje y permite visualizar sus descripciones.

Diferente al resto, incluso con el ambiente nocturno, surge El bigote del portero, de Juan Flahn, que recupera el espíritu crítico del primer relato. En esta ocasión paseamos junto a Agustín, un hombre maduro y gay que busca inspiración para su próxima novela; aunque no sea un autor conocido, se esfuerza por ello. En su camino se cruzará con Igor de la Cuesta, portero de la selección que está grabando un anuncio. Juntos desarrollarán un diálogo humorístico que culminará con un giro curioso y gracioso, sin abandonar la crítica al mundo de las celebridades, del famoseo, de las injusticias económicas y, especialmente, del difícil camino del autor novel o casi desconocido. Agustín, según anochece, se adentra también en esa noche del resto de relatos.

Con La rueda del tiempo, de Sofía Olguín (conocida como Nimphie Knox), nos adentramos en un relato que mezcla tiempos y estilos. Nos narra la relación entre Agustín y Andrés, una relación complicada por la enfermedad del primero, aunque para Andrés eso nunca fue un defecto. Conoceremos su historia entre fragmentos de cuando se conocieron, de cuando desarrollaron su relación mejor y finalmente, su camino juntos. Intercalando en esos trozos encontramos poemas varios, escritos por un anónimo (y que cobrarán su sentido y su autor mientras se lee). El estilo de Sofía emplea la variante austral de la lengua española, empleada en la zona de Argentina, por lo que debemos conocer el doble significado de algunas expresiones en aquel lugar para entender bien la historia. Por lo demás, sigue la estela de Eduardo García y Mónica Martín, sin emplear mordacidad o coloquialismo por un empleo más propio de la novela. En el libro, seguramente, la relación más tierna está en este relato.

Sofía Olguín
Y de Sofía pasamos a César Augusto Cair, quien abre su relato Mañana dormirás con un monólogo interior que parece salido de una obra teatral, el estilo al que su autor se ha dedicado en varias ocasiones. Casi nos podemos imaginar el fondo negro con su voz en off y las palabras que nos llegan entre puntos suspensivos. Un estilo que se extiende en exceso, pudiendo cansar a algunos, aunque debemos comentar que, pese a emplearlo de forma continua durante el relato, nos presenta su historia de forma precisa, pudiendo sentirnos identificados con esos pensamientos que nos llevan a los momentos de toda una vida que siente miedo ante la muerte y la pérdida de quien tanto quiere. Se van enumerando diversas reglas de supervivencia y de vez en cuando observamos una línea de diálogo de una voz de la que desconocemos su procedencia. Es, seguramente, el relato con el estilo más peculiar, que combina además, de forma ambiciosa y muy acertada, la intriga por el presente (y futuro) de la voz que nos narra con los momentos de su vida y las reflexiones que va realizando entrecortadamente. Con un final que nos proporciona no sólo un giro inesperado, sino dos. En un extraño sabor agridulce.


Primer tomo de Heliópolis
Como broche final, dos relatos relacionados con obras mayores. El Vals del Hada Verde y El catedrático se componen de estilos diferentes, pero cumplen la misma función. El primero forma parte del mundo de Heliópolis, presentando en forma de relato la historia de uno de los personajes de esa obra de la que ya hemos hablado en algunas ocasiones. Realmente, no es necesario conocer la primera novela, El Blues del Hada Azul, para acercarte a este relato, pero te perderás los guiños que hay en él, además de que seguramente te sorprenderás más de encontrarte con personajes tan conocidos como Hansel y Gretel en situaciones muy diferentes a las de su cuento original. Galileo Campanella es el culpable de esto, con su estilo habitual, novelesco y, a la par, cercano, incluso coloquial con transcripciones del ingles (inolvidable el uan mor taim que se repite en varias ocasiones), pero con una gran sensibilidad, presente especialmente en el inicio del relato con la historia del niño, niña, Argestes, y su objetivo principal: ayudar a los demás, aunque los humanos no la acepten de buen grado. El final abierto del relato, aunque nos deja con la sensación de que se ha cerrado un círculo con la primera escena, nos envía directamente a Heliópolis: El Blues del Hada Azul y al otro relato que encontraremos en exclusiva dentro de este libro, El Tango del Hada Roja. Nos podemos preguntar si este cuento de hadas también tiene cabida dentro de Nocturnabilia, pero está claro que la crítica, dentro de la metáfora de este mundo, está servida, y que la noche es el estado eterno de quienes habitan en la Travesía del Arcoiris, el hogar de la protagonista de nuestro relato.

Campanella en la presentación de Heliópolis y Diego M. Béjar en la presentación de Stonewall

En otro apartado tenemos El catedrático, que sirve como prólogo, presentación de personajes, de otra novela publicada por Stonewall, y, obviamente, del mismo autor. Diego Manuel Béjar nos presenta desde la vista de su protagonista una de las historias que nos suceden en la vida y que conforman lo que llegamos a ser. Corren los años noventa en la capital madrileña y el personaje es un joven que desea ser un pingüino, tener una relación duradera, tras el bacatazo sentimental que ha tenido con su ex. Y la primera noche que intenta recuperar el tiempo perdido entre lágrimas será la que lo cambie todo, conociendo personas que serán relevantes para su vida, aunque él pudiera desconocerlo en ese momento, y cerrando el círculo que había abierto con Gregor, su antiguo novio, su particular bache. Un relato que nos deja, sin embargo, insatisfechos, con algunas historias abiertas adrede y que prometen completarse en Cómo seducir a un hetero. Destila, no obstante, un estilo también fresco, coloquial en su justa medida y con un buen despliegue de juventud entre sus personajes, quienes están en el camino de llegar a ser lo que quieren ser.


Y, tras unos agradecimientos finales, concluye este libro de la noche, no apto para cualquiera, pero dispuesto a que lo descubráis. Con autores que quizás no conozcáis que os ofrecen una muestra de su trabajo para que os animéis a encontrarlos en otras obras. Una editorial joven que nos ofrece unos relatos actuales donde no se evade ningún tema, y menos la homosexualidad, centro de los relatos, pero no la única temática que en sus páginas podréis encontrar. Se disfruta de su frescura y, aunque no todos los relatos nos agraden de la misma forma, seguro que encontraréis alguno que os aporte algo, aunque sea una visión diferente a la vuestra.

 
Escrito por Luis J. del Castillo


Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717