X-Men: Apocalipsis, de Bryan Singer

27 mayo, 2016

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Este análisis comenta cuestiones relativas al argumento y a detalles de la trama (spoilers).

Los mutantes más famosos del mundo del cómic regresan de nuevo a la gran pantalla con X-Men: Apocalipsis (2016) para completar un nuevo círculo y cerrar, podemos suponer, la nueva trilogía que surgió tras X-Men: Primera generación (Matthew Vauhgn, 2013) y abrir nuevos horizontes de futuro. Estos héroes víctimas del rechazo social fueron protagonistas del renacer de los superhéroes en el cine a principios de este siglo, pero tras lo que podríamos calificar como un bache, regresaron con fuerza en pleno auge del boom marvelita. No obstante, frente a otras grandes superproducciones, su presencia en los cines durante los últimos años ha sido menos populosa, a pesar de que siempre suelen situarse en boca de todos, como sucede con cualquier película de este estilo.

Bryan Singer vuelve a tomar la batuta como hiciera con las dos primeras películas de la franquicia y la anterior, X-Men: Días del futuro pasado (2014), que le sirvió precisamente para concluir con las incongruencias de la primera trilogía y avanzar en la historia que comenzó en la década de los sesenta con X-Men: Primera generación ya en los setenta, aunque a cabo con un mundo post-apocalíptico para los mutantes. 

Ahora con X-Men: Apocalipsis nos situamos a inicios de los ochenta, intuimos que en 1983 por el guiño al estreno de El retorno del Jedi (1983), completando así el paso por tres décadas del pasado, a falta de los noventa, y orientando la saga para la formación del equipo de X-Men que todos conocemos. La base de la historia parte de una amenaza latente en la Tierra con forma de un mutante todopoderoso, que en una época milenaria dominó el mundo y mantuvo su reinado transfiriendo su mente a otros cuerpos mutantes y absorbiendo sus poderes, incorporándolos a su arsenal. 

En la actualidad, un accidente provocará que ese peligro vuelva a despertar, ocasionando un conflicto que acabará con la débil paz lograda hasta el momento. En este tiempo desde el incidente con el presidente Nixon se ha hecho pública la existencia de los mutantes y nuestros protagonistas adoptaron distintas formas de vivir desde entonces. Sin embargo, cuando el peligro acecha, es el momento de recuperar aquella idea de un grupo de mutantes guerreros: los X-Men.


Espectacularidad y entretenimiento son la base de la mayoría de estas producciones, que suelen apostar por tratar temas de mayor o menor calado de una forma generalmente superficial. La franquicia de X-Men ha tratado siempre la problemática de ser diferente a los estándares impuestos; todos podemos recordar la incómoda escena familiar en X-Men 2 que tan bien funcionaba para mostrar la similitud de lo mutante con otras situaciones que son más cercanas. Este fue el asunto principal de la primera trilogía y del espíritu antiguo de la saga, pero es imposible que no sea un tema recurrente en una saga donde se habla de marginación y del miedo a lo desconocido y al otro. Un miedo que desde el bando humano se ha tratado desde el odio, representado por enemigos como William Stryker (Josh Helman en esta ocasión), bastante recurrente y presente también en esta obra, o Bolivar Trask, uno de los antagonistas de Días del futuro pasado.

Ahora bien, tanto Primera generación como Apocalipsis proyectan otra visión sobre el asunto, una referida a cómo el poder de los mutantes podría doblegar el mundo. En Primera generación se vio cómo la estrategia de un único mutante podía enfrentar a grandes potencias en el mundo. Días del futuro pasado abordaba, sin embargo, el reverso: cómo los humanos buscaban un arma para someter y/o acabar con los mutantes. En Apocalipsis se retoma en gran medida la idea de un ser capaz de alterar las nociones que la humanidad tiene sobre el mundo, tanto en creencias como en el dominio mundial. En este sentido, hay cierta sensación de que esta película es la heredera espiritual de la que hubiera sido la tercera película de la trilogía original que Bryan Singer nunca llegó a realizar, tras abandonar la franquicia mutante y dejar el puesto a Brett Ratner en X-Men: la decisión final (2006). De forma paralela a aquel cierre, aquí tenemos a un enemigo superior que con apenas esfuerzo logra desarticular todo el poder armamentístico de las grandes potencias y arrastrar consigo a mutantes poderosos para su causa, quieran o no.


El villano En Sabah Nur (Oscar Isaac), alias Apocalipsis, se desarrolla como un antagonista arquetípico: muy poderoso y con el plan de conquistar el mundo con su poder. Se erige como el claro ejemplo ex contraria de lo que un gobernante debería ser, es decir, un dictador o tirano solitario cuyo máxima ambición es obtener un poder que aún no tiene y con el que el control sobre todas las personas estaría garantizado a fin de evitar las traiciones del pasado. Es decir, un poder que se basa en la desconfianza hacia los demás a partir del odio que puede levantar no por ser un ser todopoderoso, sino malvado y cruel. Sería fácil adjudicar a este tipo de personaje la célebre cita de Unamuno (1864-1936): venceréis, pero no convenceréis.

Su modo de proceder no se basa en la atracción intelectual o ideológica, sino que atrae a secuaces por su capacidad para otorgarles mayor poder. Aunque es inteligente a la hora de buscar en la situación de estos mutantes para unirlos a su causa: erigirse como un liberador, cuando en realidad pretende esclavizar. Precisamente, hará notar la incoherencia del mundo en que vivimos, aún inmerso en una lucha fría entre potencias dentro de la carrera nuclear. La destrucción de toda esta armamentística sirve para dos cosas: mostrar cómo de indefensos están los humanos frente a los mutantes, pero también cómo sin ellos siguen siendo capaces de destruirse o de empeñarse en ello; no en vano el rearme comienza pronto y eso es señal inequívoca de cuánto puede desviarse la humanidad de sus ideales. Puede que no haya una gran lucha entre la humanidad y los mutantes reflejada en la película (tampoco ha sido el hilo general en la franquicia), pero esta nota, apenas anecdótica en la obra, nos señala: no han sido mejores las grandes potencias que Apocalipsis, no son los humanos tan buenos como desearía Charles Xavier (James McAvoy), pero los X-Men se basan en mantener la esperanza en el cambio, en un futuro mejor.

De forma paralela o, mejor dicho, de forma previa a la aparición de Apocalipsis, podemos ser testigos de las vidas que los personajes que ya conocíamos han escogido vivir. Así tenemos a Charles Xavier, alias profesor X, dirigiendo su escuela, recuperado ya de su depresión, aunque manteniendo su ideal pacífico sin aceptar la propuesta de Hank McCoy (Nicholas Hoult), alias Bestia, de preparar a sus alumnos para la batalla como los X-Men de antaño, aquel germen que pudimos ver en Primera generación. Erik (Michael Fassbender), alias Magneto, parece haber optado por una vida humana, siguiendo así el camino de redención por el que optó tras el final de la anterior película. Por su parte, Mística (Jennifer Lawrence) lleva una vida solitaria ayudando en lo posible a otros mutantes en situaciones indeseables, actuando de una forma realista ante problemas por todo el mundo, pero sin ser capaz de retomar su vida junto a quienes alguna vez quiso. Además, se ha erigido como una leyenda para los mutantes del mundo entero por sus acciones en el pasado, al detener a Magneto, por lo que ha acabado convirtiéndose en un símbolo que no deseaba ser.


La película no se detiene demasiado en ampliar la historia de estos personajes, a excepción de Magneto al que ya volveremos, dado que su historia continúa a partir de lo visto en las dos entregas anteriores. No obstante, sí introduce a nuevos personajes tanto para un bando como para otro, regresando a un número algo elevado que recuerda a lo que sucedió en Primera generación: resulta casi imposible profundizar plenamente en ellos, recurriendo muchas veces a lo que el espectador sabe que a lo que se muestra en pantalla. Este hecho es importante, dado que Apocalipsis tiene un tramo final donde se establece con claridad lo que se intuye en toda la película: que es una película de un grupo, un grupo en formación en este caso, pero coral a fin de cuentas. Al no detenerse en un determinado personaje, acaba por no ahondar en ninguno más de la cuenta, lo que impide profundizar en exceso y dejarnos más bien detalles de personalidad.

Quizás los casos más peculiares sean los de Charles Xavier y Magneto, dado que a ambos se les entrelaza en historias románticas y personales que engarzan con todo lo visto en esta trilogía, haciendo patente que son los personajes más trabajados y cuya relación mutua ha sido la base de las aventuras mutantes desde la creación de los X-Men en Primera generación o, incluso, desde siempre en la saga (la redención o reconciliación en Días del futuro pasado por parte de Magneto servía precisamente como punto culmen de su confianza y amistad en el profesor X, quien siempre creyó en él y en su bondad, como le ocurriría, por establecer un paralelismo, a Padme en La venganza de los sith (George Lucas, 2005) respecto a Anakin.

El primero ha erigido por fin su escuela para mutantes tras superar su depresión, pero sigue reticente a volver a crear a un grupo de héroes. Esta aventura cambiará esa determinación como también le hará reencontrarse con alguien a quien había borrado de su pasado: la agente Moira MacTaggert (Rose Byrne, de regreso a la saga para ejercer de única humana relevante en el bando del bien), y volveremos a ver así a un nervioso profesor que, a pesar de su poder psíquico, no puede reprimir sus emociones. El profesor X sigue siendo el idealista que cree en la tercera salida, es decir, en la convivencia entre humanos y mutantes sin el dominio de unos sobre otros. Un camino complicado que tratará de defender frente al convencimiento de Apocalipsis y el dolor tan humano de Magneto. La construcción del personaje desde la seguridad tan jovial y juvenil de Primera generación se completa por fin en Apocalipsis tras haber atravesado varias crisis al concluir con un personaje determinado que mantiene el mismo ideal, pero aceptando que el mundo necesita aún protección, vigilancia y, sobre todo, esperanza.


Respecto a Magneto, regresamos a su ambigüedad, siendo sin duda el personaje que más vueltas ha dado entre un bando u otro. En la primera trilogía, la decisión de Magneto siempre se decantaba por la destrucción de los humanos, pero en la reciente trilogía siempre ha actuado con menor determinación, marcado finalmente por las influencias de otros personajes cercanos, como Charles en Primera generación o Mística en Días del futuro pasado. Precisamente, el final de la anterior película orientó a Erik hacia un cambio en su vida y así lo encontraremos al inicio de Apocalipsis. Sin duda, entre los secuaces de Apocalipsis, es el personaje que cuenta con mayor fundamento para aliarse al villano, dado que es convencido tras atravesar uno de los momentos personales más dramáticos de la saga, habiendo retornado al lado oscuro por la destrucción de la vida que había construido.

El final de esta vida pacífica se relaciona de forma evidente con un clima político áspero o dictatorial, donde los vecinos se denuncian entre sí. Resulta curioso cómo el miedo a lo desconocido o a la relación con este tipo de personas provoque la traición de quienes eran amigos (no falta la referencia a que se compartieron momentos familiares, como una comida), aún más cuando Magneto es descubierto por salvar la vida a uno de sus compañeros. El resultado no puede ser más nefasto para la evolución maligna del personaje, que comenzará una escaramuza personal y sanguinaria perfecta para que Apocalipsis lo lleve a su bando. Esto responde de una forma práctica a una cuestión que también se planteaba en El hombre de acero (Zack Snyder, 2013) pero tan solo como hipótesis dialogada, cuando Jonathan Kent cuestionaba a su hijo por haber salvado la vida de sus compañeros en un autobús escolar. Por cierto, es una de las pocas veces que se nota una acción tan evidentemente negativa contra un mutante por parte de humanos normales no protagonistas de la película. Y cabe señalar también que toda esta idea se refuerza con la posterior visita a Auschwitz, donde Erik perdió por primera vez a su familia también a manos de humanos y que se convierte en el lugar donde se produce la comunión con los ideales de Apocalipsis.


Por su parte, Raven, alías Mística, es el personaje básico de esta trilogía que apenas consta de evolución en esta película, salvo por situarse como líder de una patrulla de mutantes que sirve de base a lo que serán los futuros X-Men, con el equipo clásico y habitual que comentaremos a continuación. No ayuda en esta cuestión que la actriz no parezca tampoco demasiado interesada en aportarle algo más al personaje, ofreciendo una sensación de cansancio. Su rol en esta película sirve de nexo entre el profesor X y Magneto, dado que tratará de convencer a ambos de tomar un objetivo diferente al que habían decidido (retomar los X-Men por una parte, abandonar a Apocalipsis por otra), además de ejercer finalmente como la heroína que todo el mundo mutante considera que es. Cabe destacar, por último, su papel en el tramo inicial, al actuar como una especie de mercenaria libre que trata de ayudar a liberar a mutantes en peligro o maltratados, como el caso del joven Rondador Nocturno (Kodi Smit-McPhee). Mencionamos también aquí a otros dos personajes que proceden de esta trilogía y que no cuentan en esta película con ningún desarrollo: Alex Summers (Lucas Till), alias Havok, cuya intervención en esta obra se reduce al reclutamiento de su hermano para la escuela del profesor X, la destrucción de Cerebro y su muerte (a la que apenas se le da alguna importancia, uno de los grandes defectos argumentales, además de haber desaprovechado al personaje tanto aquí como en Días del futuro pasado), y el ya mencionado Bestia, que colaborará principalmente en la batalla final como uno de los antiguos X-Men.

La línea de estos últimos personajes es la seguida a la hora de desarrollar a los nuevos personajes, lo cual desmerece bastante a la película, al no otorgar un trasfondo mayor a sus protagonistas, dado que, a diferencia de Charles, Erik o Raven, no tienen un pasado reciente sobre el que asentarse (quizás, en todo caso, un futuro, aunque sea distorsionado del que conocemos). Este hecho será más evidente con los secuaces de Apocalipsis, cuyas motivaciones están vacías, a excepción de Magneto; algo muy similar a lo que sucedía con el Club Fuego Infernal de Primera generación. Ahí tenemos a Ángel (Ben Hardy), del que sabemos que ha sido obligado a combatir contra otros mutantes, de lo que obviamente derivará su odio a los humanos, pero desconocemos todo lo demás, a Mariposa Mental o Psylocke (Olivia Munn), de la que solo sabemos que ejercía como guardián de Caliban en una especie de mercado negro y cuya posible motivación sea dejar de ser una esclava (aunque a fin de cuentas sigue siéndolo, pero para otro amo), y finalmente a Ororo Munroe (Alexandra Shipp), alias Tormenta, la primera en ser reclutada, una joven ladronzuela que roba para vivir, que se muestra idealista y que tiene como ídolo a Mística, pero que acaba seducida por la magnitud del poder de Apocalipsis, sin más. Con esta base tan pobre, es fácil tanto que el villano sea traicionado como que nos demos cuenta de que estamos más ante estereotipos que ante personales plenos.


En cuanto al bando de los X-Men, encontramos a las versiones jóvenes de distintos mutantes. Podemos comenzar por Rondador Nocturno, que regresa a la franquicia desde su aparición estelar como adulto en X-Men 2 (2003), rescatado por Mística, se muestra como un ser inocente y muy religioso, inseguro con sus poderes; se desconoce todo sobre él y parece actuar más por supervivencia y amistad que por alguna motivación concreta. Por otra parte, tenemos a Cíclope (Tye Sheridan), cuyo punto de vista es uno de los principales en el primer tramo de la película al desarrollar sus poderes de visión, comenzando posteriormente un entrenamiento que nos recuerda a lo que vimos en Primera generación. Cíclope siempre ha sido un personaje que ha recibido un tratamiento anodino en su traslación al cine, quizás por tratarse de un héroe más clásico en su código de honor. El hecho de tenerlo aquí en su etapa inicial, más inseguro, lo potencia y ayuda a situarlo. Sin embargo, aún queda mucho trabajo para lograr algo mejor que lo visto en esta película, aunque con ello nos haya parecido mejor a lo ya visto antes.

En cuanto a Jean Grey (Sophie Turner, conocida por su papel de Sansa Stark en Juego de Tronos), la encontramos en la misma posición que Cíclope: la inseguridad de un poder que la sobrepasa y aislada del resto de sus compañeros por miedo (en el caso del joven Summers, por ser el recién llegado). No obstante, este personaje acabará por ser crucial y será el que evidencia cómo ha cambiado Charles al enterarse del futuro que le mostró Lobezno en Días del futuro pasado, dado que en lugar de reprimir el poder del fénix, trata de conseguir que Jean lo controle, lo que al final determinará su victoria.

Por último, pero no menos importante, el retorno de Mercurio o Quicksilver (Evan Peters), que vuelve a protagonizar una de las mejores escenas de la película, similar y superior a la anterior, con mayor espectacularidad, y además cuenta con mayor peso en el tramo final de la película. Cabe mencionar que es un buen personaje para aligerar la tensión con ciertas notas humorísticas y, por otra parte, es el principal exponente de que nos encontramos en los ochenta, gracias a la estética de su habitación. Sin embargo, presenta, según mi opinión, dos defectos argumentales: el parentesco con Magneto, que proviene de los cómics, pero que nos resulta forzado y algo inverosímil, además de que al final quede en un secreto para el principal implicado, sin aportar nada a los sucesos de esta película, y, por otra parte, la desaparición de su hermana pequeña, que apareció brevemente en Días del futuro pasado, sin saber si eso tiene alguna repercusión para la saga. Dentro de la línea general de personajes más o menos esquemáticos, todos cumplen con su papel de forma correcta, estando más bien limitados a lo que el guion les ofrece.


En cuanto a otras cuestiones argumentales, debemos mencionar una confusión importante bastante extendida. Hay muchas personas que reclaman mayor congruencia con la trilogía original, dado que esta se distancia de algunos hechos que allí se contemplaron; lo cual no tiene sentido, dado que desde la película anterior, Días del futuro pasado, cambia el futuro y hasta hay un personaje, el profesor X, que conoce esa línea temporal y estaba dispuesto a cambiarla, con el resultado que vimos en el final de Lobezno. En este sentido, cuestiones como la importancia de Mística en esta cinta, la aparición de Lobezno que difiere de su spin-off o de lo visto en X-Men 2, el control de Jean Grey sobre los poderes del fénix o la forma de lidiar con ellos del profesor, etc. son cuestiones que no implican relación directa con el resto de películas, a excepción de los acontecimientos de esta trilogía (Primera generación y Días del futuro pasado).

Esa era la razón de ser de la entrega anterior, solventar estos problemas y zanjar aquella línea temporal, y precisamente esta película ya no cuenta con esa carga, sino que se desarrolla sobre sí misma, además de la base de los cómics. La forma en que Singer se apoya en el uso del flashback para potenciar el estado emocional de los personajes y enlazar con los acontecimientos de las películas anteriores sirve también para enlazar entre sí esta nueva trilogía y aportar una mayor sensación de cierre. En cuanto a curiosidades de la trama, esta entrega ha servido para explicar varios elementos habituales en la franquicia, como el origen del aspecto capilar de Tormenta o la calvicie del profesor X, pero deja también alguna inverosimilitud, como aquella escena final de la entrega anterior donde Mística era quien realmente se llevaba a Lobezno, al que aquí vemos en el proyecto del Arma X; algo inexplicable, que por entonces ya nos pareció innecesario, dada la situación de ambos personajes y de Stryker en esta película. Por último, cabe destacar que aunque el humor sigue estando presente, lo hace en menor medida, al estar concentrado sobre todo en el primer tramo, antes de la aparición pública de Apocalipsis.


En cuanto a aspectos técnicos y musicales, debemos señalar cómo el nivel de efectos especiales alcanza su máximo nivel en esta franquicia (precisamente, han contado con una cantidad considerable de empresas dedicadas a este aspecto), algo notable sobre todo en el último tramo, que ofrece en muchas ocasiones la sensación de ser una imagen falsa o de saturar, a pesar de lo cual el nivel es bastante bueno. Con todo ello, la obra aúna un formato de película de superhéroes junto al de catástrofes, con la destrucción de diferentes sitios en el planeta. La banda sonora de John Ottman se luce bastante a lo largo de la película, siendo una de las mejores composiciones de la saga, como nos muestra la introducción o los momentos de mayor dramatismo, además de ser incapaz de incluir una versión de la séptima sinfonía de Beethoven en la misma película donde oímos Sweet dreams de Eurothmics o Kill'em all de Metallica. Quizás como detrimento musical, el subrayado excesivamente épico de algunas escenas donde no hayamos tal correspondencia, algo similar a lo que sucedía con Batman v Superman: El amanecer de la Justicia (Zack Snyder, 2016), aunque en menor nivel, lo cual es positivo.

Sobre el ritmo de la película, tenemos una introducción donde encontramos un desarrollo independiente y que se sitúa entre los mejores de la saga, tras la que sigue una secuencia inicial de créditos bastante espectacular y en línea con lo que ya estableció Singer en entregas anteriores, en esta ocasión con un viaje a través del tiempo. El primer tramo consta de algunos cortes algo abruptos entre las perspectivas de los personajes, encadenados de forma poca fluida al querer presentar y plantear pronto las diversas historias. Por suerte, esta cuestión de montaje mejora cuando todos los personajes se concentran en grupos, como comprobamos en el segundo tramo, seguramente el más lento de la película, y la parte final, que se dirige al clímax.

Otra cuestión que en su momento causó cierta controversia es el aspecto de Apocalipsis. Aunque Oscar Isaac trate y consiga por momentos darle una entidad seria al personaje, el maquillaje y su estética desmerece el resultado, especialmente en planos más iluminados. Si bien es cierto que no resulta ser un parche como podía aparentar en un principio, quizás se podría haber optado por otra decisión más sencilla, en línea con el aspecto mejor llevado de Rondador Nocturno o Mística (que, por cierto, aparece poco en su estado natural). No obstante, hay que valorar el esfuerzo de buscar un recurso más artesanal en vez de optar directamente por el CGI.


En conclusión, otra película más de superhéroes y una más de la franquicia mutante. Sin duda, de un buen nivel general, pero con poca profundidad y desarrollo de personajes. El guion no resulta tan redondo como se podría esperar y la amenaza o el villano de turno actúa de forma típica, aunque su magnitud no lo sea. X-Men: Apocalipsis nos ofrece un cierre digno a esta última trilogía, quizás sin la brillantez de Primera generación o la complejidad de Días del futuro pasado, pero otorgándonos algunos momentos inolvidables para la saga y construyendo un relato que se siente real y coherente con lo construido hasta ahora, a pesar de ciertas irregularidades. El final deja una puerta abierta a continuar y quizás eso resta valor a lo que se suponía una conclusión, pero seguro que hay muchos que quieren volver a disfrutar de estas aventuras deseando que el nivel no decaiga, sino que se vuelva a elevar.

Escrito por Luis J. del Castillo


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