Clásicos Inolvidables (LXVIII): Luces de bohemia, de Ramón M. del Valle-Inclán

29 junio, 2015

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Entre finales del siglo XIX y principios del XX nos encontramos ante una crisis del pensamiento artístico. Las corrientes positivistas de finales del siglo XIX dejaban paso al pesimismo del siglo XX, que concluiría en la gran desilusión que fueron los dos primeras Guerras Mundiales. En el primer cuarto de siglo, España vivió ajena al enfrentamiento bélico directo, pero ello no dejó de repercutir en la sociedad española, que percibía a su país en un punto de crisis política, social y artística. Algunas corrientes estéticas como el Modernismo ya apuntaban a la falta de utilidad del arte, mientras que el regeneracionismo de la Generación del 98 asentaba las bases de la crítica hacia el Estado. 

Una de estas formas críticas, que partieron de un autor esteticista, fue el esperpento, creado por Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936). Este autor partió del esteticismo del Modernismo que conoció en su viaje a México durante 1892, donde se pondría en contacto con Rubén Darío y con toda la cultura modernista hispanoamericana. Destaca de esta etapa el ciclo de las sonatas, protagonizadas por el marqués de Bradomín: Sonata de otoño (1902), Sonata de estío (1903), Sonata de primavera (1904) y Sonata de invierno (1905), que suponen una elegía a un mundo tradicional y aristocrático, considerado ya en decadencia.

Ramón María del Valle-Inclán
Durante esta etapa, Valle creó una máscara en torno a su escritura y a sí mismo, convirtiéndose así en un personaje más de la sociedad. En este sentido, nuestro autor era consciente de la existencia de una máscara que sirve para ocultar la realidad a través de una elaboración, el arte, que la oculta. Para ello, se puede recurrir a dos procedimientos: idealizar la realidad o caricaturizarla. Durante su primera etapa como modernista, se acercó al primer camino, pero a partir de 1916 se decantó por el segundo, que daría paso a la creación del esperpento, la sátira de la realidad. 

No obstante, Valle-Inclán apenas fue representado, cuestión por la que encontramos en varias de sus obras un carácter más literario que teatral. Debemos tener en cuenta la crítica social que contenían sus obras y que se dirigía a la burguesía, principal consumidor de este tipo de espectáculos. Por ello, y dado que el teatro existe como empresa comercial, pocos se atrevían a incorporar y llevar a escena obras que no fueran a tener éxito, dado que supondría pérdidas. Una presión comercial que también tiene relación con el hecho de que suponía una fuente de ingresos para los escritores, que ganaban muy poco con otro tipo de publicaciones.

La Vie De Bohème, de Alfred Pages
Una situación que también viviría Federico García Lorca, cuyo primer fracaso con El maleficio de la mariposa (1920) le sirvió para tratar de encontrar una vía para acercarse al público sin abandonar la innovación que pretendía. Valle-Inclán, por su parte, ignoró tales pretensiones y llevó a cabo sus esperpentos al menos como publicación literaria. Esta decisión se relaciona con la bohemia, que, como consagración al arte, evita malvenderlo, pues tal acción supondría rendirse al dinero. Pero también se relaciona con las ideas estéticas del autor gallego, diferentes a las de Benavente o a las de Lorca, que pretende mediante la exageración crear un distanciamiento y observar el espectáculo sin crear un vínculo o una identificación con el espectador.

El esperpento se convirtió en el recurso de Valle para mostrar la realidad a través de una imagen deformada de la misma, un modo de ver la vida a través de la literatura, como un espejo cóncavo, tal y como lo define Max Estrella en la escena XII del máximo ejemplo de este género, Luces de bohemia. Esta obra verá la luz en 1920 en la revista España, aunque su versión definitiva se publicará cuatro años más tarde en forma de libro, con algunos cambios con respecto a la versión inicial. El argumento narra un viaje dantesco por Madrid siguiendo los pasos de Max Estrella, trasunto de Alejandro Sawa (1862-1909), con quien comparte varias características, como la ceguera o la esposa francesa, aunque no se trate de una biografía ni de un estudio sobre este autor, sino más bien la recuperación del espíritu bohemio que representaba tanto él como Valle-Inclán.

Alejandro Sawa
Sawa fue un escritor talentoso y bohemio que se dedicó a crear una literatura de carácter anti-burgués dentro de la sociedad de la segundad mita del siglo XIX, generalmente novelas de crítica social sórdidas, como La mujer de todo el mundo (1885) o El crimen legal (1886). Precisamente, se convirtió en el modelo de bohemio a su regreso a España tras permanecer un tiempo en París, donde hizo amistad con poetas como Verlaine o Rubén Darío. No se trata del único personaje real al que podemos encontrar en la obra, puesto que Valle inserta en Luces de bohemia a los personajes que conforman la sociedad madrileña, en ocasiones con nombres alterados, con la finalidad de revelar la realidad a través de la exageración del esperpento.

La estructura del viaje que Valle-Inclán nos ofrece en Luces de bohemia es circular, en tanto que empieza y acaba en el mismo sitio. Estrella va acompañado de don Latino, que, frente al protagonista, representa todo lo negativo del bohemio, a la librería de Zaratrustra para reclamar más dinero por una venta de una obra suya. Sin embargo, este será solo el primer destino de una travesía nocturna a través de las calles madrileñas, de sus cafés, de las redacciones de las revistas, del cementerio (con el entierro de Víctor Hugo en presencia de Darío y del marqués de Bradomín, fusionando ficción y realidad) y hasta de la prisión.

Todo este camino sirve para reflejar diferentes encuentros con todos los estadios de la sociedad, incluyendo comerciantes, borrachos, poetas modernistas, prisioneros, guardias civiles, ministros, prostitutas, mendigos y otros artistas bohemias. Destaca, por ejemplo, el encuentro con el ministro, antiguo amigo suyo de la bohemia, que no duda en malversar fondos para ayudar a la endeble situación financiera de Estrella, o el cruce con una mujer que sostiene a su hijo muero en sus brazos. Toda una serie de circunstancias grotescas que dan cuenta de la realidad nacional y que culminan en el desastre para Estrella, su familia y, finalmente, para don Latino, acechado por las sombras de la codicia.

Esta destrucción con la que concluye Luces de bohemia se distancia del perdón con la que finalizaba otro de sus esperpentos, Divinas palabras (1920). Se ha producido un cambio hacia una mentalidad más vanguardista, que considera que tan solo la destrucción permitirá la creación de algo nuevo. Por ello, el Madrid de la obra representa una España rota y hundida en la miseria, con perfiles rotos o corruptos y donde se incluye a todos: desde el rey hasta el último mendigo. Se eleva así la queja a todo el conjunto de la sociedad, que necesita un cambio, una renovación. 

En medio de esa vorágine, Estrella es un bohemio heroico, es decir, un genio que no tiene suficientes medios para sobrevivir. Por el contrario, don Latino supone la figura de un golfo que se aprovecha de los auténticos bohemios para sacar beneficios; aunque no será el único que lo haga. Este dúo bien podría recordarnos a un Quijote y Sancho Panza parodiados, envueltos en la oscuridad de las calles madrileñas de principios del siglo XX. Incluso compartiendo finales semejantes: ninguno de los dos podían vivir en una sociedad a la que realmente no pertenecían. Precisamente, la sociedad de Luces de bohemia, en cuanto a que se encuentra dentro de un ambiente y un estado corrupto, es culpable del final de Max Estrella. Sin embargo, no se responsabiliza de ninguna muerte, sino que, por el contrario, se autojustifica, como en el caso del niño muerto; esas cosas pasan.

Esta deformación se traslada también al lenguaje y a los recursos que emplea Valle-Inclán. Podemos observar cómo se usan citas o nombres concretos para parodiar e ironizar, puesto que su uso no se corresponde realmente con el suceso real al que acompaña.

Dandy / mono, de Francisco de Goya (1797)
También se entremezcla la lengua de los barrios madrileños con la jerga habitual de determinados círculos sociales, como el de la bohemia, y que podrían dificultar la comprensión de algunos fragmentos desde una lectura actual. Por ejemplo, estar afónico hace referencia a estar sin dinero, mientras que se está empalmando significaba que se estaba preparando para luchar, refiriéndose a la navaja que se abría. Valle introduce palabras coloquiales, acortamientos o motes junto a palabras muy cultas, creando un lenguaje vivo, pero deformado; un recurso coherente con la imagen deformada que quiere transmitir en Luces de bohemia.

Esta obra se erige así como una sátira contra la situación española que funciona como crítica social y política ante una situación de gran pobreza, donde lo patriótico, el prestigio y el honor son duramente criticados en tanto que se sustenta en un país en crisis, que mira a otro lado ante la tragedia y que permite que sus ciudadanos malvivan entre las calles de sus ciudades. Una lectura que se aprecia mejor cuando conocemos las referencias en las que se escuda Valle y la situación que se vivía en esa España aparentemente lejana, pero en la que podemos encontrar el reflejo de nuestras miserias.

Escrito por Luis J. del Castillo


1 comentario :

  1. Luces de Bohemia del autor fue una lectura obligado
    Me acuerdo que el primer año no lo disfruté, pero el que repetí si que lo hice
    un beso

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