Otros mundos (II): El envés de la trama, de Antonio Ribera

19 septiembre, 2012

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¡El mundo está desquiciado! ¡Vaya faena, haber nacido yo para tener que arreglarlo! (HamletWilliam Shakespeare

Antonio Ribera
Antonio Ribera merecía ser el primer reseñado con un libro dentro de esta sección. Fue el primero y el mejor. Otros llegaron, pero no eran Antonio Ribera. Y no lo decimos por gratuidad, él fue el primer ufólogo español cuando en España ser ufólogo era una palabrota discordante. Se le ha llamado, con razón, el padre de la ufología española, si bien él no pretendía paternidad alguna. Solo le interesaba el trabajo bien hecho, serio, riguroso (se declaraba homo curiosus). Por ello cofundó en 1953 el CRIS, Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas, y en 1958 fundó el CEI, Centro de Estudios Interplanetarios, ambas instituciones decanas en la investigación en España.

A bordo de su biscúter-batiscafo-nave portadora, recorrió mucho mundo, entrevistando a testigos y haciendo amigos importantes a este y al otro lado del charco, como el investigador y científico de la NASA Maurice Chatelain, los ufólogos Aimé Michel y Fabio Zerpa, y el imprescindible Joseph Allen Hynek, astrónomo y asesor científico para el ejercito americano en el conocido Proyecto Libro Azul (hasta 1969, en que harto de injerencias decidió investigar por su cuenta), y que acuñó la no menos conocida terminología de los encuentros cercanos del primero, segundo y tercer tipo. Tal fue el prestigio de Antonio Ribera que fue el primer extranjero que habló en la Cámara de los Lores británica -sobre los no identificados-. Sucedió en diciembre de 1979.

 
Antonio sabía muy bien que aquello que no se podía explicar no era necesariamente inexistente, y menos que todo el mundo mentía como en una conspiración; Antonio Ribera creía en lo bueno del hombre, en aquellos conocimientos adquiridos, después perdidos, toda una constante en el estudio del pasado. Como si las culturas se quintaesenciaran para luego conocer una severa etapa de vacuo manierismo. En lo que no creía era en una tecnología enfrentada al conocimiento, en el progreso tecnológico sin más (eso que todos denuncian y que todos practican).

Su fin no era el de convencer a nadie, sino el de aportar hechos contrastados, si bien, al final de su trayectoria se permitió ofrecer sus propias conclusiones en una serie de libros temáticos, resumen de toda su experiencia hasta entonces (fueron los editados por Planeta, ya nos ocuparemos de ello), o como en el caso que nos ocupa, compendio de sus fenómenos favoritos, entre los cuales figuran algunos de los casos más recordados por el aficionado, como el sempiterno y simpático monstruo de lago Ness, durante décadas fuente de fascinación y misterio.

Edición del libro
En efecto, El envés de la trama (Plaza&Janés, 1987), uno de los últimos libros publicados por el autor (pese a fallecer en 2001; la década de los 90 fue más pródiga en artículos para revistas), puede ser una buena manera de acercarse a Antonio Ribera, precisamente por esa condición de compendio, de resumen. La exposición es amena y clara, y el placer de la lectura más la nostalgia por aquellas ediciones, se funde en íntimo diálogo con el lector. Fenómenos como los sueños premonitorios, los objetos desconocidos en el cielo, la telergia (acción a distancia de la mente sobre la materia), los campos energéticos en el interior de la Gran Pirámide, un sentido homenaje a San José Oriol, que incluye las manifestaciones paranormales en vida del santo, ya canonizado (su día en el santoral es el 23 de marzo), tales como poltergeist, sanación, levitación, telepatía, bilocación o ubicuidad, y precognición.


Un considerable bagaje que se ve fortalecido en un tiempo en que las publicaciones llamadas esotéricas en este país se ven forzadas (vamos a decirlo así) a aparecer en el mercado una vez al mes, lastre que a la larga conlleva un relativismo fatigoso donde los artículos acaban siendo más descriptivos que analíticos. Demuestra que, ya que estamos con el ejemplo, una parte importante de la ufología en España murió con Antonio Ribera, sobre todo cuando los nuevos re-pensadores se centraron más en los aspectos subjetivos de un fenómeno, que ya en su vertiente física resulta lo suficientemente apasionante.

Como el propio Ribera señalaba, el radar o el motor de un coche no acusan la influencia psíquica, se someten más a los fenómenos físicos. Dicho de otro modo, sin negar la impregnación subjetiva o la contaminación psíquica, para Antonio Ribera un fenómeno como el de los no identificados aporta suficientes pruebas físicas como tener que explicarlo siempre y en cada momento como un mero trastorno del psiquismo del individuo.

El eco (Paul Delvaux)
Algo se torció con la llamada segunda generación de investigadores, y se fastidió definitivamente con la tercera (fase), algo de lo que el propio Ribera se lamentaba amargamente al final de sus días. ¿Hemos dicho definitivamente? No del todo. Una cuarta hornada está volviendo a hacer acopio de pruebas materiales a través de las nuevas tecnologías, proponiendo interesantísimas teorías científicas. No en vano estamos ya inmersos en el país de las maravillas: la propia Tierra.

Escrito por Javier C. Aguilera

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