Algunas personas están acostumbrada a vivir las cosas tal y como están... y aunque estén mal, no pueden cambiar. Digamos que se rinden. Y cuando se rinden, todos pierden. Unas palabras llenas de verdad pronunciadas por Eugenio Simonet (Kevin Spacey), profesor de Ciencias Sociales y uno de los tres protagonistas de Cadena de favores, un film dirigido por Mimi Leader y cuyo reparto lo completan Helen Hunt y Haley Joel Osment. Se trata de una película estrenada en 2001 basada en la novela homónima de Catherine Ryan Hyde, y que contó con una gran repercusión gracias a los valores y principios transmitidos en ella.
Marcado física y emocionalmente por una oscura historia de su pasado, Eugenio plantea año tras año un curioso proyecto: propone a sus alumnos la tarea de buscar métodos para mejorar el mundo, o, al menos, el entorno que les rodea. Uno de sus chicos, Trevor McKinney (Haley Joel Osment), de 11 años, se lo toma muy en serio y le propone una idea original: cada individuo debe hacer un favor a tres personas diferentes, sin esperar que éstas se lo devuelvan; ellas deben ayudar a otras tres personas, y así sucesivamente. Deben ser favores sobre asuntos importantes, logros que el beneficiario no pueda conseguir por sus propios medios, generándose así una cadena de favores.
Sin embargo, Trevor se encontrará con un mundo en el que el egoísmo, los prejuicios y el miedo dificultarán su intento por lograrlo. Además, su casa tampoco es un hogar estable. Mantiene una relación tensa con su madre, Arlene (Helen Hunt), ya que es una mujer con problemas con el alcohol y acarrea un tipo de vida que disgusta demasiado a su hijo. A pesar de todo ello, el joven mantiene su ilusión por cambiar el mundo que le rodea y procede a ayudar a quienes más cerca están de él: su madre, su mejor amigo y su profesor, sin darse cuenta de la importancia que sus actos conllevarían.
En definitiva, una película que desde el primer momento se muestra sencilla, sin demasiadas pretensiones, pero que según evolucionan la trama y los personajes en torno a la cadena de favores, cautiva al espectador dejándole con una sonrisa. Muy buena y recomendable, quizás no tanto por su calidad cinematográfica, pero sí por su calidad humana. Porque siempre resulta esperanzador creer que otro mundo sin egoísmo, envidia o violencia puede ser posible.
Escrito por Mariela B. Ortega



