Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ramón Jiménez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ramón Jiménez. Mostrar todas las entradas

Por obra del instante: Entrevistas a Juan Ramón Jiménez

07 marzo, 2014

| | | 0 comentarios
Soledad González Ródenas, catedrática a cargo de la edición de este libro de entrevistas con y sobre Juan Ramón Jiménez (1881-1958), señala en su prólogo las claves de un malentendido, o al menos de una hipérbole: la referida a la personalidad compleja, aunque no inescrutable, del poeta onubense, cuya biografía sigue siendo “bien documentada y peor conocida”, y por lo general, circunscrita a un “efectista repertorio de legendarias excentricidades”. De carácter inconformista, a ratos irascible y siempre purista, “raro es el autor que no refiera” su encuentro con Juan Ramón Jiménez. Su porte señorial lo asemeja más a un personaje decimonónico, con cuya existencia sorteó los disimulos, convirtiéndose en una “víctima de su entereza sin concesiones, de su independencia de criterio”.

Las notas a pie de página dan cuenta de bastantes de esos errores de apreciación y, una vez leídas la totalidad de entrevistas y cuestionarios que recoge el volumen, una idea inquietante sobrevuela el conjunto: el abusivo poder de la “imagen” -en este caso de la prensa y las amistades agriadas; hoy sería de todo lo relacionado con lo visual-, de modo que dicha imagen no solo vale ya mil palabras, sino que es su sustitutivo. Su propio lenguaje y, como todo lenguaje, manipulable.

El de Juan Ramón Jiménez fue recortado y tergiversado, y eso suele ser lo que queda siempre, aquello con lo que el historiador o el filólogo ha de edificar. Por otro lado, el poeta efectuaba sus propias correcciones de estilo, personales glosas del yerro ajeno; lo que los demás hemos de contentarnos con pensar –circunstancias obligan-, Juan Ramón -equivocado o no-, lo decía. Y también de forma predominante, sobre la opinión –y la propia obra-, planea siempre la decepción, o una eterna insatisfacción.

Imagen de Moguer
Entre el abanico de entrevistas que componen Por obra del instante (Fundación José Manuel Lara, 2013), y que abarcan el periodo de 1901 hasta el año de su muerte, encontramos, como decía, hasta algunos de los cuestionarios que le fueron enviados, como el de la Revista Caracola (1954), en el que advierte acerca del peligro de sustituir el espíritu poético por la forma, señalando que una poesía cargada se carga la poesía; así mismo, un objeto intangible que es como el tiempo y el espacio, siempre igual aunque distinto, por lo que “la poesía de los mejores poetas es válida en todas las épocas”.

Junto a otras firmas representativas, las de Ramón Gaya, Cipriano Rivas Cherif o Alberto Oliveras, la reseña juguetona y sincera de Ramón Gómez de la Serna, que podríamos subtitular “De los nombres de Juan Ramón”, o la de Carmen Conde, impresión impresionista la suya, que nos hace retener una conclusión -¿expresada por quién?-: lo mejor es no conocer a aquellos a los que admiramos. Impagables resultan las conversaciones transcritas por Rafael Cansinos Assens, en Juan Ramón Jiménez y Visita a Juan Ramón Jiménez, con un poeta medio moribundo, medio caricato.

Juan Ramón Jiménez a todo color
Un Juan Ramón al filo de la insubordinación, y sobre del silencio y la depuración poética, lo encontramos en Juan Ramón Jiménez, a cargo del poeta y diplomático peruano Alberto Guillén. Más solidario y cercano se muestra con Alma G. de Cecco: Con Juan Ramón Jiménez, especial para “Abraxas”, y en Ampliación a una interviú. Una carta del insigne Juan Ramón Jiménez; en suma, en aquellas ocasiones que no toman al autor por sorpresa, al arbitrio de los humores.

Entre los encuentros más emotivos, la visita del periodista francés Mario Maurin al “manicomio” de Puerto Rico (1952), y especialmente agraciadas, a modo de colofón, son las evocaciones de Rafael de Penagos (hijo), buen poeta, ocasionalmente actor y excelente doblador, en Con Juan Ramón, al pasar. En todas ellas se agazapa el relevante papel de Zenobia (La gloria y la muerte de un Premio Nobel). Y al fin, una relación de sus poetas predilectos, en Juan Ramón Jiménez y su Premio Nobel.

Juan Ramón Jiménez y Zenobia
Autor que continúa haciendo reflexionar, lúcido y atormentado a partes iguales, rehén de la necesidad de tener que ser inteligente las veinticuatro horas del día (su postura hacia el teatro), Por obra del instante es un material ineludible que resitúa la figura de “J.R.J.”; imprescindible por clarificador, y con la justicia que proporcionan los datos de viva letra.

Escrito por Javier C. Aguilera


Clásicos Inolvidables (XXIII): Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez

23 marzo, 2013

| | | 1 comentarios
-Er burro no pué’ntrá, zeño.
-¿El burro? ¿Qué burro? (…)
-¡Qué burro ha de zé, zeñó; qué burro ha de zée…!
Entonces, ya en la realidad, como Platero no puede entrar por ser burro, yo, por ser hombre, no quiero entrar, y me voy de nuevo con él, verja arriba, acariciándole y hablándole de otra cosa… 

(LXXVII. El vergel)

Juan Ramón Jiménez
Muchas personas me han preguntado si Platero ha existido. Claro que ha existido. En Andalucía todo el mundo, si tiene campo, tiene burros, además de caballos, yeguas, mulos (…) En realidad mi Platero no es burro sino varios, una síntesis de burros plateros. Yo tuve de muchacho y de joven, varios. Todos eran plateros.
(Del Apéndice I, “Prólogo a la nueva edición”, recogido por Michael P. Predmore en su edición de la obra para Cátedra, 1978-2007).

Pretendí que la relectura de Platero, al no tratarse de un libro muy extenso, no me llevara más que unos pocos días. Craso error. No es Platero un libro que pueda leerse con las prisas que imponen nuestros contratos sociales. Hay que hacerlo pausadamente si se está dispuesto a saborearlo. Para lo demás ya está la escritura (que no literatura) de consumo. Y es que Platero habla de la vida, de sus misterios y sus anhelos, siempre extrapolables, y lo hace desde la sinceridad y el agradecimiento a los años de mocedad.

Platero y yo (1917, versión completa), en efecto, no es extenso, pero sí es denso, en un sentido apacible y fabulador, no como sinónimo de dificultoso. De ahí que la obra original sea incluso más apropiada para adolescentes y adultos que para niños, o si se quiere para adultos-niños.

Ilustración de Ximena Maier
¡Qué pura, Platero, y que bella esta flor del camino! Pasan a su lado todos los tropeles – los toros, las cabras, los potros, los hombres- y ella, tan tierna y tan débil, sigue enhiesta, malva y fina, en su vallado solo, sin contaminarse de impureza alguna. 
(L. La flor del camino)

Reencontrarse con Platero es alcanzar la madurez ensoñadora (no necesariamente la biológica), repensar la juventud, con todo lo bueno que esta ofreció. Es la obra de la niñez vista por un adulto, pero que gracias a las distintas y acertadas adaptaciones que ha tenido, también puede convertirse en un valioso material para los niños.

Una narración lírica compuesta de estampas y vivencias tan inolvidables como El eclipse, Golondrinas, Amistad, El niño y el agua, Asnografía, La coz, El sello, El pozo, Ronsard, El Tío de las vistas, El Rocío, El árbol del corral… inútil proseguir con una enumeración, no es Platero un libro para selecciones, sino un todo orgánico que a día de hoy continua palpitando.

Un ramillete de vivencias con olor a pan, higueras y tierra mojada; ilustración de un retorno (¿mental?) a los paisajes físicos de la infancia, poblado de músicas, colores y sabores como inmejorables medios de transporte, a veces tan involuntarios como premeditados.


¡Qué encanto este de las imaginaciones de la niñez, Platero, que yo no sé si tu tienes o has tenido! Todo va y viene, en trueques deleitosos; se mira todo y no se ve, más que como estampa momentánea de la fantasía…  
(LXVII. El arroyo)

Son episodios cortos pero cargados con el significado de un recuerdo concreto. Forman un collage de la niñez del autor en Moguer (Huelva), pero que puede ser contemplado por cualquiera otra niñez de raigambre nostálgica, en su sentido más positivo y preciosista. Son las cuatro estaciones prosificadas. Recuerdos de una vida en la que se juega con la idea de un narrador del Espacio, que retorna a los paisajes idílicos e irreversibles de la juventud.

Juan Ramón se sirve del animal doméstico, el burro Platero, para llevarnos de la mano durante el camino. No escamotea ni lo irónico ni lo melancólico (la visita al cementerio). Lejos de resultar complaciente, muestra el autor la perversión heredada por una parte de la chiquillería, así como la injusticia naturalista del mundo agreste: las enfermedades y la muerte también alcanzaban a los más pequeños.


Platero acaba de beberse dos cubos de agua con estrellas en el pozo del corral, y volvía a la cuadra, lento y distraído, entre los altos girasoles. 
(LXXVIII. La Luna)

Pero Platero, aún siendo un personaje real, es más un confidente sobre el que el autor puede proyectarse, y al que puede hablar de personajes tan “tontos” como Pinito, que murió de borrachera, aunque probablemente feliz, y que ya forma parte del acervo cultural del pueblo. O con el que puede visitar el arroyo que ya apenas lleva agua; o el Río Tinto, repintado por colores cobrizos, recordando también así los años de privaciones (la familia de Juan Ramón se dedicaba al comercio de vinos). A modo de justicia poética, la obra en general de Juan Ramón Jiménez ha despertado un interés continuo, corroborado con la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956, siendo él profesor en la Universidad de Puerto Rico.

 
Por fin Platero, decidido igual que un hombre, rompe el corro y se viene a mí trotando y llorando, caído el lujoso aparejo. Como yo, no quiere nada con los Carnavales… No servimos para estas cosas…  
(CXXVI Carnaval)

Ante la pureza primigenia de Platero desfila el mundo encantado. Un mundo ajeno a los que parecen refocilarse en una naturaleza distinta, más insensible, de distracciones que suicidan el vacío de su tiempo (y muy lejos del auténtico calor festivo de una vendimia, con sus fuegos reales y artificiales).

Frente a estos, Juan Ramón, siempre acompañado por Platero, ve pasar la vida de los placeres sencillos, disfrutando del espectáculo de la naturaleza, ¡truenos incluidos!, y haciendo partícipe al lector. Así, vida y muerte se entrelazan poéticamente, que suele ser la visión más humana. Claro que todo esto ocurría antes de que la imaginación fuera impuesta por medio de las máquinas.

Escrito por Javier C. Aguilera 

Lo más visto esta semana

Aviso Legal

Licencia Creative Commons

Baúl de Castillo por Baúl del Castillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Nuestros contenidos son, a excepción de las citas, propiedad de los autores que colaboran en este blog. De esta forma, tanto los textos como el diseño alterado de la plantilla original y las secciones originales creadas por nuestros colaboradores son también propiedad de esta entidad bajo una licencia Creative Commons BY-NC-ND, salvo que en el artículo en cuestión se mencione lo contrario. Así pues, cualquiera de nuestros textos puede ser reproducido en otros medios siempre y cuando cuente con nuestra autorización y se cite a la fuente original (este blog) así como al autor correspondiente, y que su uso no sea comercial.

Dispuesta nuestra licencia de esta forma, recordamos que cualquier vulneración de estas reglas supondrá una infracción en nuestra propiedad intelectual y nos facultará para poder realizar acciones legales.

Por otra parte, nuestras imágenes son, en su mayoría, extraídas de Google y otras plataformas de distribución de imágenes. Entendemos que algunas de ellas puedan estar sujetas a derechos de autor, por lo que rogamos que se pongan en contacto con nosotros en caso de que fuera necesario retirarla. De la misma forma, siempre que sea posible encontrar el nombre del autor original de la imagen, será mencionado como nota a pie de fotografía. En otros casos, se señalará que las fotos pertenecen a nuestro equipo y su uso queda acogido a la licencia anteriormente mencionada.

Safe Creative #1210020061717