Hoy comienza mi andadura como colaboradora en este Baúl lleno de cultura, literatura, música, publiciad, noticias interesantes, etc. Espero con esta sección aportar otro punto de vista a la forma de reseñar literatura, y que podías verla y entenderla como lo hago yo, sintiéndola desde la magia de las letras. En esta sección hablaré de libros, pero además, os contaré cosas sobre mí para que entendáis cómo llegó el libro a mis manos. En esta primera ocasión, me gustaría hablar sobre un libro pequeño pero intenso, un libro que me compré hace bastante tiempo y por casualidad en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Granada, mientras trabajaba en uno de los puestos y me permití, el último día, echar un vistazo por los demás puestos.
Se titula Flush, una biografía de Virginia Woolf (1933) y cuando lo vi me pasó lo que considero que sucede en realidad entre un libro y su lector: no lo escogí yo, sino que el libro me escogió a mí de forma caprichosa. Sentí que ese libro me llamaba y quería formar parte de mi bonita colección de libros. Prefiero comprar libros, pues no me gustan los prestados o los de biblioteca (que no quiere decir que no me gusten estos establecimientos, sino que, con esa clase de libros prestados, no me siento cómoda, pues no son míos y no puedo dejar que su esencia se mezcle con el resto de mi colección).
Centrándonos en la novela, vamos a hablar de Flush, de Flush y de su dueña y de Londres. Y de cómo este libro me hizo sentir un amor aún más grande, si cabe, por los animales. Los protagonistas de la obra son Elizabeth, una mujer delicada y sensitiva, obligada por una enfermedad a vivir encerrada en su casa, y Flush, su perro, un cocker spaniel puro, que, nacido para correr libremente por campos y senderos, se convierte en el más fiel compañero de la soledad de su ama. Entre estos dos seres surge una conexión íntima, una complicidad, un amor puro y verdadero que son sometidos a prueba cuando secuestran a Flush, pero que no se consigue truncar por muchos cambios que experimente en la vida de Elizabeth Barret. Ella pasará sus primeros años con Browning y después nos llevará, en un recorrido por su vida, a su llegada a Florencia.
Lo más atrayente y peculiar de la narración es que es contada a través de su perro: las situaciones se ven siempre a través de la mirada del can, inocente de lo que racionalmente conoce el ser humano, pero, precisamente por este motivo, lleno de una sensibilidad especial, capaz de captar signos invisibles para los humanos.
Sólo Elizabeth, con su fragilidad, sabe en algunos momentos entenderlo y amarlo con la misma dulzura con la que él la ama. Es realmente sorprendente como Virginia Woolf es capaz de captar el verdadero carácter del perro, dotándolo, eso sí, de un ápice de rasgos y nostalgia humana. Por otra parte, en el libro la autora realiza un recorrido perfecto por Londres, por los barrios más conocidos y sofisticados, lo cual es muy interesante si no has ido nunca a la capital inglesa, aportando con su descripción un perfecto cuadro de la ciudad. Y si la has visitado con asiduidad puedes llegar a recordar cada rincón. También nos lleva a Florencia, lugar totalmente opuesto a Londres, lleno de luz, de libertad para Flush.
Flush, un libro para disfrutar palabra a palabra, sorbito a sorbito, como un delicioso té moruno en otoño. Agradable al paladar y nostálgico como la estación.
Lo más atrayente y peculiar de la narración es que es contada a través de su perro: las situaciones se ven siempre a través de la mirada del can, inocente de lo que racionalmente conoce el ser humano, pero, precisamente por este motivo, lleno de una sensibilidad especial, capaz de captar signos invisibles para los humanos.
Sólo Elizabeth, con su fragilidad, sabe en algunos momentos entenderlo y amarlo con la misma dulzura con la que él la ama. Es realmente sorprendente como Virginia Woolf es capaz de captar el verdadero carácter del perro, dotándolo, eso sí, de un ápice de rasgos y nostalgia humana. Por otra parte, en el libro la autora realiza un recorrido perfecto por Londres, por los barrios más conocidos y sofisticados, lo cual es muy interesante si no has ido nunca a la capital inglesa, aportando con su descripción un perfecto cuadro de la ciudad. Y si la has visitado con asiduidad puedes llegar a recordar cada rincón. También nos lleva a Florencia, lugar totalmente opuesto a Londres, lleno de luz, de libertad para Flush.
Virginia Woolf |
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