Liga de la Justicia, de Zack Snyder

10 diciembre, 2017

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Este análisis comenta cuestiones relativas al argumento y a detalles de la trama (spoilers).

Regresamos al género de los superhéroes en esta especie de carrera espacial, al estilo de la que mantuvieron Estados Unidos y la antigua Unión Soviética durante el siglo XX, en que se ha convertido la competición de las grandes empresas por colapsar las salas con sus blockbusters. Sin duda, tenemos el ejemplo de la exitosa Marvel, mientras que otros proyectos, como el de Universal con sus monstruos, parecen existir para el fracaso. Aunque el competidor más claro ante Marvel es DC, en tanto que ambas marcas han sido las casas que han rivalizado también en el mundo del cómic. Pero si DC triunfó en el pasado con obras sobre dos de sus héroes, Superman y Batman, no parece haber sido capaz de cautivar por igual al público ni a la crítica con su proyecto de universo, iniciado con El hombre de acero (Zack Snyder, 2013).

Si en Marvel optaron por crear películas individuales para cada uno de sus superhéroes para finalmente unirlos con Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), en DC han decidido aumentar cada vez más el número de protagonistas antes de realizar entregas individuales. Así tuvimos Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016) y Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016) donde aparecen ambos superhéroes del título junto a la presentación de la amazona Diana Prince, que tendría su aventura individual en Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017). El siguiente paso ha sido Liga de la Justicia (Zack Snyder, 2017).

La película ha contado con una producción caótica en la se produjo un cambio en la dirección, Joss Whedon por Snyder, que tuvo que dejar el proyecto por cuestiones familiares, y que obligó a reconducir ciertas partes de la película, incluyendo un retorno al rodaje de actores que ya estaban inmersos en otros proyectos. Este hecho se ha percibido sobre todo en la promoción de la película, que ha contado con una orientación y con escenas dispares a las que después hemos podido encontrar en la obra concreta, y también ha derivado en un debate sobre qué pertenece a Whedon y cuál era la concepción inicial de Snyder. No obstante, consideramos que son debates irresolubles, siendo más relevante valorar la obra por lo que es y como ha llegado a las salas.


Así pues, tenemos un mundo donde ha desaparecido la figura del gran superhéroe, lo que ha abocado a la sociedad a un miedo atroz por su futuro. En esa situación, una amenaza en forma de extrañas criaturas alienígenas, los parademonios, ha puesto alerta a Batman (Ben Affleck), que ha iniciado su particular búsqueda de personas especiales que puedan ayudarle a enfrentar el mal que se avecina. Comienza entonces el reclutamiento de nuevos héroes para la Tierra, desde su ya conocida amiga Diana Prince (Gal Gadot), alias Wonder Woman, hasta Barry Allen (Ezra Miller), un joven muchacho con supervelocidad con el sobrenombre de Flash, un enigmático y dubitativo ser conocido como Cyborg (Ray Fisher) y un atlante taciturno y de mal carácter, el protector de los mares Aquaman (Jason Momoa).

De una forma clara, la película se divide en tres tramos, conectados por el hilo conductor que es la amenaza de Steppenwolf, quien desea conquistar y destruir la Tierra como venganza por una derrota en el pasado. Todo ello lo descubriremos conforme avance la trama, dado que en un principio se nos presentará el reclutamiento de los distintos superhéroes que compondrán la Liga de la Justicia por parte de Batman, empeñado en encontrar unos guardianes que suplan la pérdida de Superman. Precisamente, sobre su ausencia versa el bello inicio de la obra, que nos muestra la desolación y el miedo instalado en la sociedad por la muerte del héroe. El símbolo de la esperanza en que se había convertido se muestra en los distintos gestos de las personas anónimas como en las conversaciones entre algunos personajes principales, como Lois Lane (Amy Adams), Martha Kent (Diana Lane) o Bruce Wayne.


El reclutamiento sirve para presentar y asentar a los nuevos personajes, aunque todos estarán desarrollados de forma dispar. Por una parte, Flash sirve en todo momento de alivio cómico, siendo un personaje ligero y juvenil, cuyo contrapeso es el episodio trágico de su vida que tiene relación con la muerte de su madre y el encarcelamiento de su padre. Mención aparte merece su traje de superhéroe, aparatoso y poco atractivo. Barry Allen se convierte en el contrapunto a la experiencia y madurez de personajes como Batman, Wonder Woman o Aquaman, pero también de Cyborg, que aunque menos experimentado, vive atormentado por su nueva situación, teniendo que decantarse por cómo va a actuar en el futuro. Ambos, Flash y Cyborg, cuentan con un planteamiento interesante para futuras aventuras, aunque en el segundo caso su pasado haya quedado en menciones. Por otra, tenemos a Aquaman, de quien apenas tenemos algunos rasgos de su personalidad, además de un comportamiento algo irracional e incoherente. En el fondo, su unión a la Liga parece más un mandato de su mundo para proteger las cajas madre que una decisión personal.

Los casos de Batman y Wonder Woman funcionan mejor, dado que ya habían sido presentados con anterioridad. En esta ocasión, veremos al murciélago convertido en un apóstol del mensaje de Superman, cual San Pablo se tratase, incluida su conversión inmediata tras los acontecimientos de la anterior película. Hasta tal punto llega, que no dudará en afrontar un sacrificio casi seguro por salvar su mundo, aunque el resto de personajes lo impidan. Su primera escena en la película retorna al terror con el que el personaje ya ha sido tratado, y parece un replanteamiento del inicio de Batman (Tim Burton, 1989), donde también perseguía a un criminal por las azoteas infundiéndole miedo. Por su parte, Wonder Woman se debe enfrentar a su pasado y comenzar a erigirse como una nueva esperanza, para lo cual también deberá descubrir que también ella puede perder un combate.


A partir de este primer tramo, se inicia un segundo en torno a la forma de derrotar al villano en cuestión recurriendo a una medida desesperada. Todo el conflicto moral que se plantea entre los protagonistas durante esta parte así como su resolución son de lo mejor de la película. Se nos presenta además una situación de batalla inesperada y muy bien resuelta, incluso a pesar de que se recurre de nuevo a las emociones como ocurriera en el duelo entre Batman y Superman en la anterior entrega, pero de una forma más solvente y menos ridícula para el espectador. A partir de este momento, se sucederán los clímax y anticlímax en la lucha final con Steppenwolf, que, de nuevo, tendrá una conclusión alejada de lo convencional y relativa a las emociones, en este caso, al miedo. Curiosamente, se prescinde de una resolución espectacular como en Wonder Woman o tensa y dramática como en El hombre de acero.

Ahora bien, tras este repaso de los tramos en que se divide la película, debemos alejarnos para reflexionar sobre algunos aspectos a tener en cuenta. Para empezar, no debemos olvidar que todas estas aventuras de superhéroes parten del mundo de los cómics americanos, que tienen su propio sistema de lectura y referencias. En los últimos meses hemos reseñado varias obras de DC y hemos podido percatarnos de cómo muchas de ellas inician su trama con acontecimientos sobreentedidos, que apenas son mencionados por sus personajes, pero que tienen mucha relevancia. Este hecho se deriva de la forma en que estas historias se cuentan a través de diversas entregas que permiten diseminar referencia a acontecimientos futuros en tomos anteriores. El problema principal que se plantea en este caso es que el lector quiera leer una aventura en concreto y no entienda las referencias al pasado, lo que también se traslada a las películas. Precisamente, Marvel se ha encargado de diseminar referencias a las Gemas del Infinito en sus diversas entregas para adelantar el que será su próximo gran evento cinematográfico, Vengadores: Infinity War (Hermanos Russo, 2018). 



Pero, al contrario que su empresa rival, en el universo cinematográfico de DC han faltado menciones a elementos tan relevantes como las cajas madre o los parademonios, salvando la extraña visión de Bruce Wayne en Batman v Superman, que tampoco era una explicación. Así pues, hubiera sido fácil emplear la introducción no solo para mostrarnos el dolor y el caos producidos por la muerte de Superman, sino también cómo ese hecho estaba repercutiendo en el avance de la invasión por parte del villano de turno y sus secuaces, los parademonios. Resulta curioso que ni siquiera usen un periódico o las noticias para avisar de estos avistamientos, cuando en todo momento se nos muestra a Batman o a otros protagonistas enterados de la presencia de estas misteriosas criaturas, sin mostrar sorpresa alguna. 

A las carencias de la película se suma la poca consistencia del villano, que no es más que uno más de una larga lista de antagonistas olvidables y prescindibles, hecho además por CGI de forma completa. Su propósito vuelve a ser la destrucción por la destrucción, lo que lo diferencia de otros enemigos mejor formulados, como el propio general Zod, quien al menos quería rehacer su planeta Krypton aunque fuera a costa de la vida del planeta Tierra. Además, la amenaza que supone Steppenwolf se deshace cuando se plantea a un personaje tan poderoso como para poder combatir a la vez con el resto de componentes de la célebre Liga de la Justicia. Es más, los niveles de poder quedan ridiculizados y acaba por resultar tanto incoherente como poco dramático: sabemos que en estas películas el bando del bien triunfa, pero no debe ser tan sencillo. En este caso, tampoco ayuda su concisión, que si bien alivian el metraje, no permite desarrollar ninguno de sus elementos, especialmente a sus personajes.


Por último, debemos destacar su buen equilibrio entre el humor y la épica, al contrario de lo que mencionábamos en Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017) recientemente. Si bien no podemos destacar su montaje o la eficacia de todos sus recursos digitales, se logra combinar sus elementos dramáticos con escenas que acaban con la tensión gracias a un chiste bien traído y también bien combinado con la acción del momento. Ahí tenemos el caso de Flash cuando trata de ayudar al resto de la Liga a combatir junto al monumento de Superman, algunas intervenciones de Batman donde se ríe de sí mismo o la propia parodia que hace la película de los superhéroes, como la forma en que salvan a los civiles en el tramo final. 

En definitiva, Liga de la Justicia no es la mejor película de superhéroes de los últimos años, dado que redunda en una trama principal demasiado vista, apenas da espacio para el desarrollo de sus elementos y parte de un argumento que en ocasiones da por sobreentendido, pero mejora algunos de los aspectos menos valorados de DC en sus últimos intentos cinematográficos, convirtiéndose en su película más luminosa, en una buena revisión sobre el mito de Superman y en una equilibrada obra entre el humor, el drama y la acción. 


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