Spider-Man, de Sam Raimi

21 mayo, 2017

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Cuando pensamos en un superhéroe, es habitual pensar en sus grandes capacidades, en la seguridad con la que se desenvuelve y en cómo sale victorioso de los retos que van surgiendo en su vida. En la mayoría de casos, ha habido diversas historias sobre sus orígenes, mostrándonos sus primeras aventuras, su crecimiento y también sus fallos. En el caso de Spiderman, su historia en los cómics ha sido casi siempre la historia de ese crecimiento. Aunque es cierto que ha llegado a obtener su cénit como superhéroe, en él siempre ha jugado un factor bastante determinante la dualidad entre su vida privada como Peter Parker y el héroe arácnido de Nueva York. No en vano, en sus inicios era tan solo un adolescente que se convertía en un superhéroe por su cuenta y riesgo en una época en la que los adolescentes aparecían en los cómics como ayudantes o aprendices de otros superhéroes, al estilo de Robin con Batman.

Por ello, sin duda resultaba interesante acercarse a Spiderman desde esa perspectiva dual por la que seríamos testigos de cómo un tímido y solitario Peter Parker adquiría sus poderes y se convertía en el célebre amigo y vecino (o amistoso vecino) Spiderman, con mayor carisma y excentricidad, quizás por ser el refugio perfecto a la timidez de su alter ego. 

Y esa fue seguramente una de las ideas principales que recorre la trilogía dirigida por el director Sam Raimi (1959). Un cineasta que por entonces era conocido por sus películas de terror de cine B, entre las que se sitúa su célebre saga de comedia de terror The Evil Dead, iniciada en 1981, así como por haber participado en series de televisión de aventuras en las que trabajó en los noventa, como Hércules: Sus viajes legendarios (1995-1999) o Xena, la princesa guerrera (1995-2001). A colación del tipo de películas que pudieron influir en Spider-Man (2002), cabe rescatar también su película Darkman (1990), que podemos considerar una mezcla entre el argumento usual de una cinta B y una aventura de superhéroes.

Sam Raimi durante el rodaje
La historia nos lleva a la vida del introvertido Peter Parker (Tobey Maguire) está acabando su último año en el instituto. Su forma de ser junto a sus aficiones provocan que se convierte en víctima de la marginación de otros estudiantes, mientras que vive enamorado de su vecina desde que era un niño: Mary Jane Watson (Kirsten Dunst). Durante una excursión, una araña modificada genéticamente le morderá provocando que adquiera superpoderes. Tratando de aprovecharse de ellos, descubrirá que todo acto egoísta conlleva una consecuencia, y a partir de entonces tratará de emplear sus poderes para mantener a salvo a Nueva York como Spiderman. De manera paralela, Norman Osborn (Willem Dafoe), padre de Harry (James Franco), el mejor amigo de Peter, decide someterse a una prueba experimental a uno de sus productos con tal de no perder un contracto millonario con el gobierno. Ignorando las advertencias de sus científicos, provocará que una parte de él se convierta en el temible Duende Verde.

El argumento se desarrolla en tres apartados. El primero nos presenta a los personajes más relevantes y da origen tanto a Spiderman como al Duende Verde. Podríamos considerar que esta primera parte funciona como prólogo, incluso teniendo lugar de forma algo apartada a Nueva York, escenario permanente del resto de la película. Su conclusión supone la justificación de la vida heroica que decide adoptar Peter, mientras que las siguientes suponen la fama que adquiere como superhéroe y su primer encuentro con el villano antes de concluir en un tercer tramo dedicado a su enfrentamiento final, tras lo cual se sitúa un epílogo que cierra la película. 


De esta forma, podemos considerar que estamos ante una historia sobre los inicios de Spiderman unidos al origen de Duende Verde. En las siguientes entregas, también se trabajará el origen de los distintos villanos, mientras que sobre Peter Parker se seguirá tanteando la importancia que supone ser un héroe. El protagonista es una persona torpe e introvertida, considerado la figura un tanto nerd, aunque la película no desarrolla en exceso su cercanía a la ciencia, y que sufre acoso por todo ello. En este tipo de perfil encaja bastante bien la actuación que proporciona Maguire con cierto tono patético, que no resulta tan adecuado para lo pícaro que llega a ser el superhéroe cuando está enfundado en su traje. En esta situación descrita, sin tener ningún trauma o historia especial a sus espaldas, adquiere superpoderes con los que empieza practicando y, finalmente, jugando para conseguir un fin concreto y lúdico. Sin embargo, su irresponsabilidad le llevará a provocar una situación que le marcará profundamente, creándole un sentimiento de culpabilidad, como se reafirmará en Spiderman 2. No será el único efecto negativo que su nueva vida como héroe le provoque, dado que el propio final de la película supone otro hecho por el que aumentar su pesar.

En cuanto a Norman Osborn, estamos ante el usual enfrentamiento entre Jekyll y Mr. Hyde, que también pudimos ver en el personaje de Gollum. Como un empresario sin demasiados escrúpulos, su ambición le lleva a forzar un experimento que saldrá mal y que le arrastrará hacia un ansia de venganza y destrucción. Curiosamente, se trata de un personaje cercano a Peter que se vuelve maligno de forma indeseada y casual, cuestión que seguirá estando presente en toda la trilogía. Aunque la construcción del personaje resulte interesante, dado que la obra le otorga su propio espacio para desarrollarse y le otorga un final interesante, hay ciertos elementos cutres y grotescos, como su vestuario, o algo ridículos, como el histrionismo que llega a alcanzar en determinadas escenas la actuación de Willem Dafoe. Con todo, se convierte en uno de los elementos más reconocibles de esta primera aventura del hombre araña.


Ambos serán los personajes que más atención reciban y que más evolucionen, mientras que el resto resultarán excesivamente planos o arquetípicos. Será el caso de Mary Jane, que tan solo funciona como damisela en apuros, es decir, como justificación para que Spiderman se arriesgue en su empresa. En ese intento de relación romántica entre ambos personajes encontramos falta de química unida a unos diálogos que dejan bastante que desear. Además, aunque se le intenta dar un trasfondo con una familia rota o con un deseo de prosperar como actriz, nunca se pondrá el foco en la película en estos aspectos de forma determinante. Curiosamente, no será la única dama en apuros, dado que debemos sumar aquí a la tía May (Rosemary Harris), que también ejercerá como guía o conciencia en determinados momentos de la trilogía.

Junto a ellas encontramos a Harry Osborn, el hijo que se siente rechazado por su padre y que a pesar de ser amigo de Peter, se convertirá en una especie de rival romántico. Su desarrollo será mejorado a lo largo de la trilogía, hasta otorgarle un sentido más profundo del rol más estereotipado que tiene en esta primera entrega. Por último, debemos mencionar al tío Ben (Cliff Robertson), esencial por su legado moral a Spiderman, sin más, y a J. Johah Jameson (J.K. Simmons), que podemos incluir como el tipo de jefe cruel y despótico, casi paródico por entregarnos varios gags.


En el estilo que Sam Raimi despliega para esta primera entrega de su trilogía podemos percibir la influencia de su trabajo en series televisivas de la segunda mitad de los noventa. Por ejemplo, en el montaje notamos algunas escenas que tienen un evidente carácter televisivo, como el fundido entre varias tomas de la cara del protagonista superpuesta. Lo podemos percibir también en su nivel de acción, que en comparación a otras películas de superhéroes o a sus propias secuelas, es bastante flojo y artificial, incluyendo un prematuro CG y combates excesivamente coreografiados, cuestión usual en las series de aventuras.

Sobre los efectos especiales, encontramos buena una combinación entre los efectos realizados por ordenador y los artesanales, gracias a la preferencia de Raimi por este terreno donde se sentía más cómodo frente a los novedosos medios. No obstante, la parte realizada por ordenador ha envejecido bastante en determinadas secuencias donde no contaba con apoyo real. En otro orden de cosas, la música fue compuesta por Danny Elfman, habitual compositor de las películas de Tim Burton que ya había colaborado con Raimi anteriormente. Entre los composiciones de la cinta encontramos un tema principal que entremezcla la épica con cierto sentir esperanzador, siendo usuales los in crescendos que pueden remitirnos a los movimientos del propio Spiderman. De la misma forma que a los temas relacionados con el Duende Verde le otorga gran presencia a la percusión. No obstante, no resulta innovador y recurre a varios recursos seguros.


Sin duda, la película tiene un carácter bastante cercano al cómic, incluyendo la exageración de ciertos personajes que parecen tanto en actuación como en caracterización caricaturas de personas reales. También se nota la influencia del cine B en el uso de algunas técnicas, incluyendo ángulos poco naturales, o incluso en el argumento, con la presencia de científicos locos que también tendrá su correlato en la inmediata secuela. 

Todo ello lo convierte en una aventura entretenida y simpática, fácil de seguir, quizás típica y algo naif pero disfrutable, que no pretende simular lo que no es, ni aparentar más profundidad de la que tiene. Con el drama justo, el toque romántico de una relación que permanece entre tiras y aflojas y la dualidad de un protagonista bastante bien manejada.

Escrito por Luis J. del Castillo


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