El príncipe de Egipto, de Brenda Chapman, Steve Hickner y Simon Wells

13 abril, 2015

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Cuando Dreamworks nació en 1994, lo hizo en una nueva época dorada de animación de Disney. Sin embargo, el proyecto de esta empresa surgía auspiciado por tres fundadores que conocían la materia con la que trabajaban: el cineasta Steven Spielberg, el productor David Geffen y Jeffrey Katzenberg, este último antiguo ejecutivo de Disney que trabajó precisamente para algunos de sus grandes éxitos en esta época, como La sirenita (1989), La bella y la bestia (1991), Aladdín (1992) o El rey león (1994).

No debemos extrañarnos que de este trío surgieran ideas que consiguieron gran fama a finales de los noventa y principios del siglo XXI, entre los que podemos nombrar esta película de animación tradicional que analizamos hoy: El príncipe de Egipto (The Prince of Egypt, 1998).

Aunque la empresa se ha especializado en la animación por ordenador, con ejemplos como Antz (1998), Shrek (2001) o Cómo entrenar a tu dragón (2010), lo cierto es que demostró con esta película que era capaz de realizar grandes proyectos con el equipo del que disponían.


La idea de trasladar a la pantalla la historia de Moisés de nuevo, realizando una especie de remake de Los diez mandamientos (The Ten Commandments, Cecil B. DeMille, 1956), fue a petición de Spielberg al productor Katzenberg (tan solo volverían al tema bíblico con Joseph: Rey de los sueños, una película de menor calidad sacada directamente en formato doméstico en el año 2000). Tras plantearse la posibilidad, se acabaría por llevar a cabo bajo la dirección conjunta de Simon Wells, Steve Hickner y Brenda Chapman, esta última la primera mujer en dirigir una película animada dentro de los considerados grandes estudios de animación, además de ser la creadora y directora de la reciente Brave (2012).


Asumir el reto de llevar de nuevo la historia de Moisés al cine tras la gran película del cineasta DeMille era arriesgado, aún más al intentar convertirlo en un musical animado en la línea de lo que estaba realizando Disney en estos años. Sin embargo, el estudio Dreamworks logra crear una película de gran cariz dramático empleando el recurso de la nostalgia a través de la relación fraternal de Ramsés y Moisés. El argumento de la historia nos lleva precisamente al sacrificio de los recién nacidos hebreos para impedir el aumento desmesurado de esta población en Egipto, ante lo cual una de las familias decide guardar al hijo en un cesto en el río, con tal de que se salve.

De forma milagrosa, el niño llega a salvo a manos de la esposa del faraón, que lo adoptará, según la película, como un hijo más. Tras este prólogo, que comienza la historia de forma trágica a través de la canción principal de la película, comienza la historia realmente con un anticlímax humorístico, seguramente la parte más floja de la película, que nos simula a los hermanos como una especie de muchachos traviesos pero no del Egipto antiguo, sino al estilo de las películas sobre trastadas universitarias o pillos adolescentes.


Si bien estas escenas no cuajan con el resto de la película, debemos reconocer que el carácter amistoso y fraternal que logran generar servirán perfectamente para encajar con el debate sentimental que se crea entre ambos personajes a partir de la mitad de la película. No obstante, considero que podía haberse resuelto de otra forma, adaptándose mejor a la época y a los personajes, más que sustituyendo coches por cuadrigas, casi en guiño a Ben-Hur (William Wyler, 1959) o mostrando el destrozo real de las esfinges egipcias como si fueran causadas por estas travesuras.

En el resto de aspectos, la película alcanza un cariz dramático de gran calado que la constituye como una película de animación más adulta de lo que se podría considerar bajo el concepto de lo marcado por otras compañías hasta la fecha (o incluso por Dreamworks dentro de la mayoría de producciones realizadas ya en el siglo XXI, dirigidas principalmente a un público infantil). Podemos remarcar, por ejemplo, la transición que sufre Ramsés tras su reencuentro con Moisés, pasando de la felicidad de volver a ver a su hermano con vida hasta la frustración y la ira por los mandatos que realiza el recién nombrado profeta y liberador. De forma sutil, se logra con la animación justa el efecto deseado y de cierta complejidad psicológica. Ambos personajes principales, frente a otros secundarias que están menos desarrollados, apegados a ciertos roles arquetípicos, tienen una evolución interesante que les otorga un carácter más humano.

Moisés, por ejemplo, no se presenta como un líder a seguir al principio, aunque se deja ver ciertas reflexiones ante el faraón que le otorgan humildad y respeto por la familia, pero el quantum que se produce tras la revelación de sus orígenes le hacen rechazar continuar viviendo en una ciudad que ya no puede ver con los mismos ojos ni oír de la misma forma. Ahí está la voz de Ramsés cada vez más baja frente al volumen de los latigazos. 


Incluso el rechazo que muestra frente a la zarza en llamas a ocupar el puesto que Dios desea para él da una interesante visión de este personaje, más desconfiado en sus posibilidades, sobre todo al saber que a quien se tendrá que enfrentar es su hermano, al que no puede evitar querer pese a ser enemigos. En la misma encrucijada se encuentra Ramsés, que a pesar de la alegría que le produce el reencuentro con Moisés, pesará más sobre él las acusaciones de su padre, que repite en presencia de su hermano: no seré el eslabón débil de la cadena. En efecto, no estamos ante un personaje maniqueo, malvado hasta la médula, sino uno que siente la situación que está viviendo, pero que no se ve capaz ni de rechazar la vida que lleva ni de convertirse en aquello que su padre ya presagió y que convirtió en una carga a sus espaldas como futuro faraón.

La forma en que crece el conflicto entre ambos personajes aumenta la tensión de la película, al igual que el espectáculo visual de la película, cuyos efectos están muy relacionados con la trama que se nos narra y no de forma inversa. Las plagas son contrarrestadas por trucos de los sacerdotes, pero la película se encarga de mostrarnos toda una serie de juego de luces y espejos que sirven para aumentar la sensación de que el dios verdadero es el de Moisés, frente a la cantidad de ídolos egipcios, como se desprende de una obra que adapta el relato bíblico. No obstante, y además, la presencia del Dios hebreo en la zarza ardiendo nos ofrece una imagen hermosa y atractiva, pero a la vez enigmática, fuerte en su expresión y de gran serenidad en su resultado, cercano al dios bondadoso que se transmite en el cristianismo que al del Antiguo Testamento.


Todo ello potenciado a su vez por la banda sonora de Hans Zimmer, cuyas melodías fomentan el recuerdo del visionado de la película, aumentando la emoción que pretenden transmitir las imágenes. Incluso las canciones de Stephen Schwartz colaboran con el avance de la trama o para mostrar con profundidad lo que sienten los personajes, rechazando por otra parte la inclusión de canciones pegadizas, una tendencia contraria a lo realizado por Disney, lo que en cierta forma colabora con mi afirmación de que frente a la idea de que la animación es solo para niños, existen obras de animación cuyo valor van más allá del dirigido al público infantil. La música, en esta ocasión, tiene un carácter más sobrio, en la mayoría de ocasiones, que en otras películas infantiles.

En definitiva, una película que toma la historia bíblica y también la cinematográfica para crear un nuevo drama a través de la relación fraternal y consiguiendo una gran calidad en su animación y, por tanto, en sus escenas, de las que podemos recordar especialmente la conversación muda entre Séfora y Moisés tras la revelación, el reencuentro entre los hermanos, la sucesión de plagas en Egipto o la revelación divina a través del fuego de la zarza. Una película que tiene defectos claros, especialmente en su primer tramo, pero que ha pasado desapercibida entre otros grandes éxitos y que merece la pena ser recordada por lo bien realizada que está y por la buena construcción de personajes que logra.





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