La teoría del todo, de James Marsh

22 febrero, 2015

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Estamos ante otro biopic de un personaje relevante a nivel internacional; es el caso del renombrado científico Stephen Hawking, cuyos valiosos y demostrados estudios sobre cosmología y astrofísica le han convertido en una de las mentes más brillantes de la historia. La película se centra en su figura, narrándonos casi tres décadas de su vida, desde su paso por la universidad, su relación con Jane y el avance de su fatídica enfermedad degenerativa.

El núcleo de la historia reside en la relación con su primera esposa, Jane, a la que conoció en la universidad. Con poco más de veinte años le diagnosticaron una enfermedad motoneuronal relacionada con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que empezó por ir paralizándole el sistema motor, músculo a músculo, que acabaría dejándolo inmovilizado de por vida, incluso perdiendo la capacidad de hablar por si mismo debido a diversas complicaciones respiratorias.


Como decíamos, la película es abordada en forma de biopic, con elementos tópicos, una escena y fotografía elegante, con una estructura lineal y, sobre todo, una de esas historias que entusiasman tanto al público como a la crítica. Con un guión convencional e inteligente, resulta en ocasiones demasiado frío, tanto al inicio del romance con Jane como en su final, teniendo, incluso, diálogos que dan por hecho información que el espectador desconoce.

Pero, sin duda, la emotividad y el amor incondicional son transmitidos por sus protagonistas, Eddie Redmayne y Felicity Jones, recreando a la perfección una Jane y un Stephen cuya maravillosa y trágica historia renace en dos horas de cinta. El joven intérprete, Eddie Redmayne, encarna el papel de su vida, basando toda su fuerza interpretativa en la impresionante labor física necesaria para plasmar el deterioro de su personaje. Una historia y un esfuerzo sacrificados, capaz de llevarnos a los rincones más oscuros del sufrimiento, desde su pérdida de movilidad hasta el demoledor momento de sentarse en una silla de ruedas. Y es que Stephen siempre ha intentado volar más allá de los límites del universo, en una demostración de tenacidad y valentía digna de elogios. La simbiosis que llega a producirse entre Redmayne y Hawking sirve para ofrecernos una de las mejores interpretaciones de este año y, sin duda, una de las más brillantes a nivel físico de los últimos tiempos.

Stephen Hawking y Jane Wilde & Eddie Redmayne y Felicity Jones
En cuanto a Felicity Jones, su templanza y coraje la hacen ser una digna Jane en la gran pantalla. Sus emociones y generosos actos componen un retrato perfecto de la esposa sacrificada y, en ocasiones, olvidada, que vive buscando su esencia a través de un amor muy distinto al que imaginaba en un primer cruce de miradas. La manera en que la que Felicity Jones transmite su carácter esperanzador, su fortaleza y debilidad, la contención de emociones de su personaje, dejando que estallen en impactantes escenas cargadas de emotividad, hace que su esencia fluya durante toda la película, sirviendo de inspiración a lo largo de la historia. Ante lo que están viviendo, los ojos de Felicity Jones, y sin mediar palabra, son capaces por sí solos de transmitir la sorpresa, cariño y el dolor que siente Jane. En definitiva, una unión fabulosa cuya historia consigue inspirar los sentimientos del público, gracias al espléndido trabajo de su pareja protagonista.

«Fue precisamente en Granada cuando me di cuenta de que me había enamorado de Stephen», recuerda Jane con el brillo de la nostalgia en sus ojos en una entrevista concedida al periódico El Mundo. «Después de terminar la carrera, pasé un verano viajando por España y estuve mucho tiempo en La Alhambra. Me senté en los jardines del Generalife, pensando mucho sobre mi vida, y me di cuenta de que verdaderamente estaba enamorada de Stephen porque no quería estar allí, en el lugar más romántico del mundo, sino que quería volver a Inglaterra para estar con él». También revela que, paradójicamente, la fe religiosa fue un pilar fundamental para ella a la hora de afrontar unos cuidados tan exigentes como los que necesitaba su marido enfermo (y ateo). «Yo entendía las razones de su ateísmo, porque si a la edad de 21 años se le diagnostica una enfermedad tan terrible, ¿va a creer en un Dios bueno? Yo creo que no», admite Jane.

Y es que la gran figura, y a su vez ensombrecida, de esta película biográfica reside en Felicity Jones, en Jane, siendo la compañera, esposa y cuidadora que tuvo que dejar a un segundo plano sus inquietudes y estudios (la filología y su afición por la literatura medieval española, entre ellas), para dedicarse en cuerpo y alma a su marido y a sus hijos. Además, La teoría del todo se basa en el mismo libro autobiográfico que ella misma escribió, Travelling to Infinity: My Life with Stephen (1999).


Nacida de las emociones y fluyendo a través de los sentimientos, La teoría del todo se confirma como una de las grandes favoritas en la ceremonia de los Oscars 2015. La pareja protagonista consigue eclipsar muchos otros factores relevantes de la película, como su cuidada elaboración, una preciosa banda sonora a cargo de Jóhann Jóhannsson y la correcta labor del resto del reparto, con nombres tan destacados como los de David Thewlis o Emily Watson. Sin duda, su director James Marsh y su guionista Anthony McCarten (Muerte de un superhéroe, 2006) consigue uno de los grandes títulos del año. Una película hermosa, que descansa en la infinita belleza de la teoría del todo y de la nada.


Escrito por Mariela B. Ortega 





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