Historias de la radio, de José Luis Sáenz de Heredia

02 enero, 2015

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La en su día llamada “política de autor”, emprendida por los colaboradores de la revista cinematográfica francesa Cahiers du cinéma (más tarde pasados muchos de ellos a la dirección) tuvo una virtud que llevó pareja una consecuencia bastante funesta. La primera fue “redescubrir” a ojos críticos (que como de costumbre, al público no había que convencerlo tanto) toda una serie de realizadores que merecían una mejor atención analítica cuando se hablaba de cine como expresión artística. La segunda fue que, al emprender esto con un exceso de vehemencia, se cayó en el reduccionismo y comenzó a juzgarse –también en España- en un sentido ideológico, dando de lado a realizadores, no por motivos estilísticos, sino de afinidad (es lo que tienen las ideologías).

Pasado el tiempo, algunos comprendieron tales excesos (caso de Truffaut) y acabaron moderando sus posturas, máxime cuando se convirtieron en realizadores “al modo” de muchos de los directores que antes habían criticado. De un tiempo a esta parte, también en España se han hecho necesarias las relecturas. Aunque aún se siga usando, lo cierto es que ya no es prudente el empleo del tan socorrido “punto de vista sociológico”, en el que se ha venido haciendo un excesivo hincapié a la hora de abordar la crítica de una determinada película o realizador (por defecto, todas las obras cinematográficas son el reflejo de una época y una sociedad determinadas). 

Suelen ser escritos conmiserativos que oscilan entre el ejercicio de disculpa o la proclama de los que aún piensan que al público hay que castigarlo en las salas. Vendedores de miseria, en películas, ensayos o novelas, que aún se sorprenden de que un cura pudiera actuar como tal (en el caso que nos ocupa, el interpretado por Pedro Porcel), cosa que les enoja enormemente, además de echar mano a la cursilada de motejar a aquellas personas que nos precedieron de “españolitos”. Una vez hecha esta, creo que necesaria, introducción, centrémonos en la película que he seleccionado para inaugurar mis reseñas de este nuevo año.


Historias de la radio (Suevia Films, 1955) puede considerarse un clásico del cine español. Fue escrita y dirigida por José Luis Sáenz de Heredia (1911-1992) y contó con la música de Ernesto Halffter (1905-1989). Decía Aldous Huxley (1894-1963) que convenía alejarse de las personas que te quitan la soledad pero no te dan la compañía. La radio sí cumple con ambos requisitos. Tanto antes como ahora, la compañía que proporciona la radio la ha convertido en el medio mejor valorado por los consumidores.

La película da comienzo cuando un tipo se despierta y pone la radio: ciertamente, se vivía con ella, de igual modo que hoy lo hacemos con otros aparatos. Como irónicamente comprobamos, en este caso, se trata de que dos de los inquilinos de una casa de huéspedes puedan hacer sus habituales ejercicios de gimnasia. Pero el invento tiene también la propiedad de poder llegar hasta los rincones más remotos, como sucede con ese pueblo perdido en la montaña llamado Horcajo de la Sierra, donde su alcalde (Adrián Ortega), ante el problema médico que se plantea (un muchacho –Carlos Acevedo- requiere de dinero para poder operarse y salvar la vida), recuerda que “el estado no está para esas cosas”. Es por ello que todos los habitantes se aprestan a la ayuda, bajo la emocionada figura del maestro de escuela (Alberto Romea).


De este modo, Historias de la radio se estructura en capítulos que forman un todo y cuyo nexo son las retransmisiones desde Radio Madrid, donde además tienen lugar las sentidas interpretaciones de algunos grupos vocales (Los Xey), la entrevista real a un torero (Rafael Gómez, el Gallo), un programa de preguntas y respuestas, los esponsos radiados, la atención a personas minusválidas, la actuación de una folclórica (Gracia Montes) o llamadas telefónicas por sorpresa.

Otro de los sucesos que tendrá a la radio como germen es el del “pan de San Antonio”, por el que un sacerdote intercede, “barriendo para casa”, entre un ladrón “interesadamente” arrepentido y la persona que ha sido objeto del hurto (respectivamente, el citado Pedro Porcel, Ángel de Andrés y José María Lado). Igualmente sucede con el episodio del premio destinado a quien primero aparezca por la emisora… disfrazado de esquimal, con perro y todo. Una inclemente anécdota que permite sacar las cámaras por la capital, mostrando algún que otro descampado con pisos en construcción y unas calles bulliciosas.


Pero además, hablábamos de las retransmisiones en sí mismas. Estas tienen por protagonistas, junto a profesionales como Bobby Deglané (1905-1983), a dos jóvenes locutores: la comprensiva y competente Carmen (Margarita Andrey) y el trepa y soberbio Gabriel Macías (Francisco Rabal), cuyas vivencias personales son narradas en flashback. Junto a ellos, rostros tan conocidos del cine español como los de Tony Leblanc, Juanjo Menéndez, José Luis Ozores o José Orjas –aquí con muletas-.

Historias de la radio es un extraordinario fresco de marcado tono costumbrista, punteado esporádicamente por una voz en off, en claro homenaje a un medio “que se acuerda de todos” y en un tiempo de emisoras con público en directo y micrófonos colgados o de pie. Frente a estos, en un apunte final, participamos de la vivaracha presencia de las personas que hicieron posible aquella radio.

Escrito por Javier C. Aguilera



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