X-Men 2, de Bryan Singer

25 enero, 2014

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Seguimos analizando las adaptaciones cinematográficas de los mutantes más conocidos en el mundo de los superhéroes con la segunda película que realizó el director Bryan Singer sobre este universo de Marvel tras su primer acercamiento con X-Men el año 2000. Median entre ambas tres años que se notan en el resultado final si las comparamos, incluso en esta segunda entrega se añade más metraje, media hora más, y, sin embargo, tiene mejor ritmo que la primera. Porque sin duda, lo que no le falta a esta entrega es acción y efectos especiales, un cine de entretenimiento habitual en las películas de superhéroes que resulta suficientemente rápido para no aburrir, pero lo necesariamente equilibrado para no resultar agotador, y todo ello sin perder el debate al que tantas veces hemos hecho referencia y que traspasa toda la saga. Si la primera entrega nos mostraba a los humanos temerosos de los mutantes y a unos mutantes liderados por Magneto intentando cambiar la raza humana, ahora observaremos cómo los humanos también tienen entre sus filas a quienes harán todo lo posible por exterminar a los mutantes, sin ninguna consideración. Hasta el momento, esta cuestión de los cuatro bandos se ha mostrado mejor en X-Men: primera generación (2011), es en el film de 2003 donde se muestra completa por primera vez.

La historia se centra de nuevo en esa convivencia cada vez más evidente entre seres extraños, los mutantes, y los seres humanos, con una tensión creciente y apreciable por todos. Comenzando con una primera escena que nos augura cómo va a ser el resto de la película, se deja claro que hay quienes ya están dispuestos a comenzar una guerra dando un paso firme, como intentar matar al presidente de los Estados Unidos. Partiendo de esta cuestión, comienza una investigación para buscar al culpable, una trama donde los mutantes deberán unirse contra una amenaza que atenta contra sus vidas. Todo ello a través de un villano que odia tanto a los mutantes como Magneto odia a los humanos, y que intentará emplear un arma que no fue creada como tal y que estaba en poder de quien menos la emplearía, aunque finalmente su existencia acabará siendo un peligro tanto para mutantes como para humanos.


No podemos caer en el error, no obstante, de despojar a Magneto de su manto de malvado o villano principal, pues aunque haya alianzas temporales, solo un villano de sus características las aprovecha de la manera en que se muestra el film. Junto a él, todos los demás personajes principales están más trabajados, libres de la presentación que se les dio en la primera entrega, aquí existe una elipsis explicativa a favor de una muestra de los poderes de cada uno de los mutantes, a lo que se les ofrece mayor protagonismo. De esta forma, ahondamos mejor, por ejemplo, en la eficacia del poder cambiante de Mística (Rebecca Romijn), así como en su personalidad, más enriquecida si miramos al personaje desde la perspectiva de X-Men: primera generación, o los poderosos cambios de clima de Tormenta (Halle Berry), de los más trabajados en los efectos especiales.


De entre todos, el menos favorecido es Cíclope, tanto por el poco espacio que se le da en el metraje como por una interpretación vacía de James Marsden, pese a los intentos finales de darle peso a su personaje. El que fuera líder de los X-Men en los cómics es devorado, cinematográficamente hablando, por su sarcástica compañero, Lobezno (Hugh Jackman), que vuelve a ser una de las piezas fundamentales en la película y sobre el que descubriremos ciertos aspectos de su pasado, como el origen de su esqueleto de adamantium, aunque el resto de cuestiones se sugieran en lugar de mostrarse, dejando su historia para una posterior entrega que fue lanzada en 2009 bajo el título X-Men Orígenes: Lobezno. Aunque debemos admitir una evolución muy favorable de todos los personajes, una profundización en sus personalidades que faltaba explorar en X-Men (2000) y que aquí se solventa con algunas conversaciones clave donde se juega con un equilibro entre la acción, la tensión, el humor y el drama. Tanto Magneto como su rival y amigo, el profesor Xavier, vuelven a brillar, aunque en esta ocasión será Ian McKellen el que más oportunidad tenga, dando entereza a su personaje y la coherencia suficiente para comprender por qué es el principal enemigo de estos superhéroes. Su sarcasmo se iguala al de Lobezno y ofrece alguna de la frases más humorísticas en este sentido.


Al margen del humor, encontramos al personaje de Jean Grey, que interpretada por Famke Janssen, adquiere una mayor importancia en el film, mostrando desde el principio el augurio de alguna calamidad, como se va descubriendo según nos acercamos al final. El personaje queda como guiño para una futura trama de la franquicia, aunque el desarrollo de Jean Grey sea bastante aceptable en esta entrega. Siguiendo con esos malos presentimientos, tenemos a Stryker (Bryan Cox, en una excelente interpretación), el malvado de esta ocasión. A diferencia de la anterior entrega o como sucedía en X-Men: primera generación, en esta se ha optado por una reducción del número de enemigos, pero una mejor justificación de sus motivos, especialmente en el odio de Stryker hacia los mutantes o en el uso de una droga que domina la voluntad para los mutantes afines a su causa, aún cuando esta resulta perjudicial para su futuro. Otra consecuencia de esa cantidad menor de enemigos es la posibilidad de otorgarles mayor campo de acción y esa argumentación necesaria para comprenderles.

Dejamos aparte, por el poco metraje que se les presta, a los mutantes adolescentes, entre los que destacan tres: Pícara (Anna Paquin), Iceman (Shawn Ashmore) y Pyro (Aaron Stranford). Los tres ofrecen no solo la típica división de opiniones ya establecida entre los que no tienen nada en contra de los humanos y los que se sienten discriminados por ellos, sino la muestra del paso de la adolescencia a la edad adulta dentro de unas características tan especiales, perfilándose un debate interno en cada caso: la imposibilidad de contacto físico con las personas a las que se aman, el rechazo de la familia por miedo a la mutación o la envidia y la ira hacia el rechazo humano.


Sobre estas cuestiones también ahondan en sus conversaciones el personaje interpretado por Alan Cumming, Rondador nocturno, y Tormenta, donde se muestran dos posturas diferentes, pero posibles, en la convivencia con los humanos, como la ira o la piedad a través de la fe. No obstante, estas conversaciones, explotadas en dos puntos del film, parecen insertadas a la fuerza, quizás para otorgarle a Rondador nocturno un carácter más profundo, aportando además otro punto de vista en el encuentro entre humanos y mutantes por parte de uno cuya mutación es visible a simple vista. Lamentablemente, Rondador nocturno no ha tenido más espacio en otras entregas, pese al carisma del personaje y a haber protagonizado el acertado inicio del film.


Así pues, obtenemos una evolución considerable respecto a la primera entrega, con una película correctamente filmada y realizada con buen ritmo y equilibrio, centrado en el espectáculo, pero sin resultar excesivo, con briznas de humor y drama. Quizás su mayor defecto sea la necesidad de visionar la primera entrega para la introducción de los personajes y de las situaciones, precisamente la cuestión que más aletargó el primer film es lo que le falta a X-Men 2 para poder ser una película independiente en cuanto a su visionado.
 

Bryan Singer muestra cierta maduración, quizás al haber contado con más medios y mayor confianza de la productora, pudiendo desarrollar mejor su idea, teniendo en cuenta que formó también parte del equipo de guionistas junto a Zack Penn y David Hayter, este último único responsable del guión de X-Men y también posterior guionista de Watchmen (Zack Snyder, 2009). La música de John Ottman encaja bien con el film, pero no brilla, y toma ciertas melodías clásicas de la serie de animación, volveremos a oírlo en X-Men: Days of Future Past (2014), como en el caso de la dirección de Bryan Singer, que abandonó la franquicia para dirigir Superman Returns (2006) pese a que en esta segunda entrega dejó establecidas las bases para la futura entrega. Este honor recayó en Brett Ratner, que concibió X-Men: la decisión final (2006), film que cerraría esta primera trilogía y de la que hablaremos próximamente.

Escrito por Luis J. del Castillo


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