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28 febrero, 2013

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Valparaíso (fotografía de LJ)

Doble tanda de entradas para febrero. Pese a su brevedad nos ha dejado artículos relacionados con el sentimiento del que más se ha hablado en el arte, el amor, así como diferentes películas para ver y disfrutar. Nuestra media de visitas ha ido variando durante el mes, situándose más o menos en las 650 visitas diarias en los últimos días, haciéndonos alcanzar cerca de 20.000 visitas este mes. En seguidores subimos uno, con 115, y tres en el caso de Twitter, hasta los 193. Buenas noticias para nuestro Facebook, con el que llevamos poco tiempo, que ya cuenta con 40 seguidores.

El cine ha conmovido nuestras vidas y ha traído a nuestro blog cinco entradas. Volviendo la vista atrás, podemos escuchar aún las canciones de Los Miserables o recordar esa época tan conflictiva de nuestra vida como es la adolescencia con Las ventajas de ser un marginado. En otro contexto, la música ha puesto su granito de arena a febrero con dos entradas, entre ellas un recuerdo a José Luis Perales. Se ha ausentado la literatura, que será plato principal el mes que viene, ¡lo prometemos! O es más, ya estamos trabajando en ello. 

Un saludo,
L.J.

PD: Como de películas, música y amor ha tratado la cosa, os dejo con una fusión: un fragmento de la famosa banda sonora de Love Story.



"La historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las matemáticas, sutiles; la filosofía natural, profundos; la moral, graves; la lógica y la retórica, hábiles para la lucha."
                  -Francis Bacon

Descubriendo a (XIII): Sietemásuno, ocho voces dignas de Oscar

27 febrero, 2013

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Cuando la música se convierte en verdadero sentimiento, surgen proyectos tan artísticos como el que hoy descubrimos. Sietemásuno es un idea musical formada por ocho grandes voces que, unidas por una larga experiencia en la interpretación de música coral clásica, apuestan por viajar a través de los principales temas de la música moderna del siglo XX.

Este octeto de origen granadino está formado por José Antonio López Segura (tenor y director de la formación), Patricia Marín Yanguas (soprano), Ruth Theresia Obermayer (soprano), Rosa Plata Guerrero (contralto), María Concepción Cortés Domínguez (contralto), David Leiva Alonso (tenor), Antonio Jesús Molina Henares (bajo) y Pablo D. Fernández (bajo).

Integrantes de Sietemásuno
Con una sensibilidad y un cuidadoso respeto, tratan de versionar y reinventar temas míticos de la música internacional con el arma más fuerte que poseen: sus voces. Sin mayor acompañamiento musical que el de su canto, logran llenar todo un escenario con sus portentosas notas. Juventud y experiencia se ven unidas en todo un arte elaborado íntegramente con la voz.


Sietemásuno rinde así un profundo homenaje a diferentes momentos de la historia reciente musical, con una minuciosa selección de éxitos que, formando ya parte de la banda sonora de muchas generaciones, son reconocidos y aplaudidos por el público en general. Aunque han realizado versiones de los principales estilos de la música moderna, que van desde el jazz, soul o pop, pasando por el rock y las bandas sonoras, actualmente se encuentran inmensos en un nuevo proyecto musical dedicado especialmente a las grandes canciones del cine nominadas en los premios Oscar. Desde musicales, dramas, westerns, comedias o cintas de animación, todo ello lo encontraremos en And the winner is... Este espectáculo rinde homenaje al mundo del cine, y más concretamente a los temas ganadores de un Óscar a lo largo de la historia, desde que en el año 1934 se implantara la categoría de “Mejor Canción Original”. Desayuno con diamantes, El mago de Oz, Cabaret, El libro de la selva, Cantando bajo la lluvia o Titanic son algunos de los títulos que podremos disfrutar a través de estas prodigiosas voces.

Sietemásuno y su nuevo espectáculo

La última actuación que han realizado tuvo lugar el pasado 21 de febrero en Granada, dentro del festival internacional de cine clásico Retroback, dedicado este año a la figura cinematográfica de Drácula. En la misma, se anunció que ésta sería la última actuación en la que Concepción Cortés participaría, algo que contribuyó para que hacieran más único y especial el espectáculo. La administración de Baúl del Castillo tuvo la suerte de disfrutar del recital que ofrecieron en directo, un concierto en el que el público asistente al teatro Isabel La Católica se rindió completamente a estas grandes voces. Consiguieron, sin duda, embriagar de emoción a los presentes con canciones que han marcado época, independientemente de la edad de los que allí estábamos.

El grupo abriendo el festival Retroback al finalizar la actuación en Granada

Sietemásuno es toda una experiencia que recomendamos encarecidamente descubrir. Unas voces dignas de Oscar.



Escrito por Mariela B. Ortega


En tres, dos, uno... (VII): Cortos para amar o desenamorarse

26 febrero, 2013

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En este mes de febrero, que cuenta con un día tan centrado en una temática, se nos hace imposible no acudir a cortometrajes relacionados con el amor, o con su contrapartida, el desamor. Mucho podemos discutir sobre el valor de una fecha que muchos consideran una propuesta comercial, pero el sentimiento del que se habla en ese día es, sin duda, uno de los más relevantes en el mundo, una de las fuerzas que mueve el mundo y ha influido en todas las épocas artísticas. Historias breves para disfrutar de diferentes propuestas sobre amor y desamor.

Os invitamos, como siempre, a mandarnos vuestros cortometrajes para ser analizados, promocionándolos en nuestra pataforma y aceptando nuestro crítica. Podéis contactar con nosotros a través del botón de Contacto.


Corto:  
A short love story (in stop motion)
Dirigido y animado por Carlos Lascano.

Historia:
Empezamos con una ensoñación, quizás como comienzan todas las historias de amor. La ilusión de una niña quien piensa en su futuro con la pareja que tendrá y todas las vivencias que compartirán. Nos embarcamos en ese viaje cruzando a través de la imaginación infantil. 

Carlos Lascano nos embriaga de este espíritu no solo con la historia, sino con la fusión de todos los elementos que la componen. Su sencillez es, precisamente, su mayor virtud, pues se apoya en todo lo demás para potenciar esta idea.

Aspecto técnico y música:
La animación stop motion, que puede resultar tenebrosa por su aspecto, nos traslada a la imagen de una niña frente a un dibujo infantil. Todo el resto de su sueño se proyecta en otros dibujos en una doble narración que se divide perfectamente por este aspecto técnico y visual. Este tipo de animación resulta en el corto algo estática, se nota su dificultad y, lamentablemente, potencia esa tenbrosidad que comentábamos frente a la naturalidad que hubiera sido necesaria.

Frente a la visualización, está la música, perfectamente escogida en la discografía de Sigur Ros con uno de sus temas más populares: Hoppipolla. Esta canción magnifica las virtudes frente a los defectos, y nos envuelve este caramelo en forma de corto. Un breve y dulce metraje que nos rememora esas ilusiones de un primer amor infantil y soñador.



Corto:  
Te he mentido
Dirigido por Paola Calasanz, producido por DulcineaStudios.

Historia:
Una voz en off, una pareja, una carta y una ruptura. Son los elementos que componen este cortometraje tratado con gran dulzura por su creadora, quien nos trae este argumento básico en el fin de una relación: la forma de despedirse. En apenas cuatro minutos se nos proporcionan los hilos necesarios para conocer todo el tejido que compone la relación amorosa que se deshila ante nuestros ojos, o ante nuestro oído.

Con la sensibilidad necesaria y con el melodrama contenido, el relato nos presenta una situación ideal, un castillo en el aire, que se derrumba en la segunda parte. Una muestra de cómo idealizamos con el amor las características de nuestra pareja, que a priori no son positivas ni negativas. Y cuando se pierde esa idealización, todo lo que nos había enamorado, todo lo que habíamos perdonado, regresa y resultar ser la causa del final de una historia que ya no deseamos vivir.

Actuación, aspecto técnico y música:
Albert Linares y Elisabet Terri se distribuyen la actuación muda, conteniendo toda la esencia del corto en su expresividad, que logran superar. Quizás, a valor personal, no me convence la última escena de Albert mostrando su tristeza, la parte menos natural frente a las otras ocasiones que tiene para enseñarnos. En general, de agradecer ambas actuaciones, aunque no podamos valorarlas más allá.

La voz de Paola nos logra transmitir con tranquilidad toda esta historia, quizás con falta de fuerza o potencia, pero es preferible, pues en este metraje se cuenta con la contención que solo se desata en las partes mudas que se acompañan de un buen potencial musical. Además, la cámara cuenta con una gran calidad de imagen y se juega con varios planos sin caer en ningún abuso. Una obra para disfrutar y, posiblemente, vernos reflejados. 


Corto:  
Por ser como eres
Escrito y dirigido por Álvaro Fernández Armero.

Historia:
Una discusión de pareja que no es lo que parece. Así se nos presente este cortometraje dispuesto para que Alexandra muestre un monólogo que guarda el secreto del giro final, cuando descubrimos que el interlocutor no era su novio, ni que aquellas eran las palabras de ella, sino las que le dedicó él a su marcha.

Álvaro Fernández nos presenta la ruptura a posteriori, los efectos en forma de ira, de incomprensión, de necesidad de desahogo. De reproche personal ante las acusaciones que deja quien decide cortar.

Actuación, aspecto técnico y música:
Alexandra Jiménez tiene a su disposición un monólogo en el que proporciona sus dotes interpretativas, aunque puedan carecer de la naturalidad necesaria, más similar al teatro que al cine. Aunque en peor medida encontramos a José Sánchez Orosa, su compañero en pantalla, quien pese a poder comprender que la primera parte del corto debe mantener esa compostura carente de sentimiento, demasiado impasible y frío, al final tampoco logra convencer. La escena planteada no se resuelve bien por parte de este actor, llevándose el peso Alexandra, quien con parte de su talento logra llevar al metraje a buen camino; aunque no sea un camino de rosas.

Visualmente se mantiene correcto, en el nivel que se puede exigir. En otro apartado, la música, ausente en todo el corto, que proyecta aún más el peso en la actuación. Sin duda, el motivo final necesitaba de esta falta para no caer en cierta sentimentalidad que no fuera fructífera. En general, estamos ante un metraje sostenido básicamente por la protagonista, por lo que sus carencias son más visibles y dejan vulnerable su figura ante la falta de complicidad con el otro personaje y la ausencia de elementos que favorezcan la valoración de este cortometraje.

Dejando atrás estos tres cortos, debo comentar que, aunque en las historias de hoy hemos tratados parejas heterosexuales, ya dedicamos una entrada de cortos a la homosexualidad, con un par de historias relacionadas con el amor. Y, por otra parte, sentimos que el corto ¿Por qué desaparecieron los dinosaurios? no consiguera el Goya, pero felicitamos a sus creadores por todo el camino recorrido en distintos festivales, incluyendo esta nominación. Para finalizar, os dejamos con el corto de animación que ha ganado el premio Oscar, precisamente relacionado con el amor. De la factoría Disney nos llega esta bonita historia de grises, papeles y labios rojos. Paperman.



Escrito por Luis J. del Castillo


Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky

25 febrero, 2013

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Dicen que es la etapa más fascinante de la vida, pero también una de las más problemáticas. Sorprendente, oscura, optimista y mágica. Así es la adolescencia. Una época decisiva para cualquier joven y en la que, sin duda, lo último que desean es sentirse como un incomprendido más. En ese sentido, Las ventajas de ser un marginado viaja por la mente de un grupo de jóvenes muy diverso, profundizando en su forma de ser, fruto de los miedos, inquietudes y vivencias que han dejado una huella en ellos. Charlie (Logan Lerman), protagonista del film, es un chico bastante introvertido y aislado del resto de jóvenes de su edad. Por contra, es un estudiante ejemplar, lo que, desgraciadamente, le hace ser el centro de las críticas del resto de compañeros de su clase. Preocupado de lo que sus padres puedan pensar, Charlie empieza su primer año de preparatoria queriendo ser un poco más sociable y encontrar un grupo de amigos en el que verdaderamente encaje. Sin embargo, y para desilusión de Charlie, en su primer día de clase solamente consigue entablar amistad con Bill Anderson, su profesor de Literatura.


Inesperadamente, conoce a los jóvenes hermanastros Sam (Emma Watson) y Patrick (Ezra Miller), dos espíritus libres estudiantes de último curso que deciden darle una oportunidad a Charlie para integrarlo en su grupo de amigos. A partir de ese momento empieza a comprender realmente qué es ser un adolescente, y comienza un viaje hacia la madurez que le llevará a recorrer caminos nuevos e inesperados. Con ellos se siente sociable y pleno, haciéndose también amigo del resto de su pandilla, formada por Mary Elizabeth, un alma rockera y budista, y Alice, una aspirante a estudiante de cine con un curioso trastorno con la ropa. Además, se empieza a interesar por música de culto, motivado por el refinado gusto musical de Sam. Aunque, como ya se sabe, no todo es saludable en la mayoría de círculos adolescentes: Charlie empieza a beber, a fumar y a coquetear con drogas en las distintas fiestas que empieza a frecuentar.

 
Pero el film no busca centrarse en la típica historia problemática de instituto. Lograremos sentirnos identificados con la angustia que desde niño esconde Charlie, con la soledad y el propio sentimiento de búsqueda y de incomprensión que sufre Patrick y con el esfuerzo y superación que experimenta Sam a lo largo de su juventud. Además, conoceremos el primer amor de Charlie, siempre desde un enfoque realista, viviendo tanto la felicidad como el sufrimiento que le conllevará.

Como vemos, la historia de Charlie es el hilo conductor de este drama adolescente, con un guión muy sólido que encuentra su momento álgido en la amistad surgida con su nuevo grupo de amigos y con el sentimiento que en él despierta Sam. Ellos conforman un grupo singular, un espacio donde cada uno puede expresarse con total libertad y en el que logran encontrar cariño, solidaridad, compañía y diversión.


Las ventajas de ser un marginado contiene un drama muy bien abordado y sintetizado, en el cual veremos cómo se afronta y se sobrevive a la adolescencia. Stephen Chbosky, escritor de la novela en la que se basa la película y director y guionista de su adaptación, ha conseguido dar vida a sus personajes con una gran maestría, logrando trasmitir la complejidad de las historias que cada uno de ellos expresaba en su obra escrita. Huye así de la típica película de amor adolescente, sin caer ni el el morbo ni el cliché fácil, centrándose en la búsqueda de la identidad y en el recuerdo que conservamos de los momentos en los que nos sentimos infinitos.


Otro aspecto a destacar es la brillante actuación de los tres jóvenes protagonistas, Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller, quienes saben hacer suyos unos personajes realistas y entrañables. Además, el encanto y el carisma que proporcionan en su interpretación logra traspasar la pantalla, haciendo que el espectador se sienta plenamente identificado con la mayoría de historias y quede prendado de unas maravillosas interpretaciones. La sorpresa de este trío de ases la encabeza Ezra Miller en el papel de Patrick, cuya naturalidad, excentricidad, coraje y generosidad a partes iguales lleva al público, sin duda, a creer y a encariñarse de su personaje. Logan Lerman, por su parte, logra conmover con su soltura y contención a la hora de desarrollar la torpeza e ingenuidad dramática del joven Charlie, como ya hiciera en el pasado encarnando al pequeño Evan Treborn en el thriller psicológico El efecto mariposa. Por último, Emma Watson enamora con dulzura y elegancia, convirtiéndose en una luchadora, consiguiendo que con la incorrecta y desinhibida Sam nos olvidemos de la impecable Hermione.


El mundo de la música y el cine tienen un gran valor también en esta película. Ambos hermanastros cuentan con un gusto musical selecto, desde David Bowie, The Smiths, The Beatles a Dexy’s Midnight Runners, que harán las delicias de los amantes de este género. Todo ello con detalles para los más nostálgicos, como el uso de los cassettes, con los que los jóvenes grababan y se intercambiaban música a principios de los noventa, o los clásicos bailes de fin de curso en el que surgían las parejas más insospechadas. Como curiosidad, durante el rodaje de la película se formó un grupo de música, Octopus Jam, formado por Ezra Miller (batería), Logan Lerman (guitarra), y Emma Watson (vocalista), junto con un grupo de invitados.


Y es que la música podría definirse como uno de los pilares básicos de la juventud, ayudando a buscar esa identidad que todo joven ansía y, sobre todo, sirviendo como lema para cualquier grupo de amigos. Es bastante resaltable cómo cada tema encaja con el momento en el que se encuentra cada personaje, complementando así cada escena. Una de las más significativas de la película y que, sin duda, se queda clavada en la memoria de los espectadores, es la protagonizada por los tres amigos atravesando un túnel montados en el coche de Patrick. En ella, reconoceremos la canción Heroes de David Bowie sonando de fondo; al mismo tiempo, Sam saldrá a la parte trasera del coche, poniéndose en pie y extendiendo los brazos para sentir cómo el viento y la velocidad atraviesan su cuerpo. Es en ese imponente ambiente cuando el corazón de los tres protagonistas grita que se siente infinito. 


Otro de los aspectos que proporciona una gran personalidad a la película es la cuidada fotografía creada por Andrew Dunn, que sabe dar a la escena un toque sombrío, nocturno, pero a la vez natural cuando es necesario, como ocurre, por ejemplo, con las escenas en las que los protagonistas representan el musical The Rocky Horror Picture Show. Todos estos detalles que curten a esta película independiente le han valido hasta el punto de ser consagrado por la crítica como un film de culto.

Y es que es notable que el escritor y guionista conoce al detalle su obra, un hecho que queda de manifiesto en la elección del reparto, de las escenas y en el cuidado y cariño que pone en cada una de las historias; aunque no desborda ni en medios ni en efectos especiales, lo hace en emotividad y sinceridad. En definitiva, Las ventajas de ser un marginado es una obra que aborda los problemas de la vida desde una perspectiva aún por desarrollar como lo es la de un adolescente. Porque seguramente veas reflejada en la pantalla una situación idéntica a la que viviste cuando tenías dieciséis años, y que acabaste olvidando cuando cumpliste diecisiete. O decidiste seguir luchando cuando llegaste al final de un túnel maravilloso. Porque seguramente dejaste de ser el héroe de tu propia vida para seguir el rumbo que la vida te indica. Por todo ello, recordarás las ventajas de ser joven otra vez.




Escrita por Mariela B. Ortega


Los Miserables, de Tom Hooper

19 febrero, 2013

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Desde mediados de los años cincuenta del siglo XX han circulado por las salas las adaptaciones de la famosa novela de Victor Hugo, Los Miserables. Aún más, desde la creación del musical, este ha influido en las versiones posteriores de la obra, deformándola hasta el film que a finales del año pasado llegó a nuestras pantallas. Porque para afrontar esta nueva revisión del clásico francés debemos tener en cuenta que estamos ante la adaptación de una adaptación, la visión de un director sobre la revisión de los que montaron el musical que tanto éxito ha cosechado desde su estreno en los años ochenta. La historia de Jean Valjean y todas sus circunstancias vitales nos golpean al son de diálogos cantados y canciones interpretadas con la emotividad que los actores han pretendido proporcionar. Por estas razones, no tendremos en cuenta que se trata de una adaptación, valorándola de forma independiente, aunque sea inevitable hacer mención a la falta de carga ideológica respecto a la obra de Victor Hugo.


Encontramos esta película dirigida bajo la batuta, nunca mejor dicho, de Tom Hooper, quien se alzó con esta dirección después de una serie de intentos fallidos por llevar a cabo el film desde finales de los ochenta, ante el éxito del musical. Este director ha realizado, sobre todo, aportaciones para televisión, pero en estos dos últimos años ha resaltado gracias a la dirección de El discurso del rey, film que le valió el premio Oscar como mejor director, además de otros tres, entre ellos, el de mejor película y mejor actor. En esta ocasión, el reto era importante, al encontrarse ante un musical con actores de calibre en la actualidad de Hollywood.

El director Tom Hooper
Nos trasladamos a los años posteriores de la Revolución francesa, con una situación lamentable para la sociedad del país, que habiendo combatido por la mejora de sus circunstancias presencia cómo todo ha emperado con un nuevo rey en el trono. La injusticia está presente entre los más pobres y se ceba con un hombre llamado Jean Valjean, quien pasará diecinueve años trabajando como esclavo, preso del gobierno, por haber robado pan para un sobrino, con tal de darle de comer, y haber intentando huir en los años siguientes. Una condena excesiva que lo marcará para los años venideros, convirtiéndolo en un ser que intentará cambiar, en parte por la ayuda del obispo de Digne. Él será el protagonista de la obra, el nexo entre todos los demás personajes, desde la sufridora Fantine hasta el joven rebelde Marius. La redención y la culpa de Valjean será el punto central de la obra, aunque en ocasiones sea una trama oculta entre la multitud de ríos que conforman este mar de miserables.

 

Lo que Tom Hooper consigue es caracterizar la mirada de cada actor en sus interpretaciones más personales, justo coincidiendo con las canciones que cada uno debe interpretar en solitario. Para ello, consigue la intimidad necesaria gracias a los primerios planos, de los que puede llegar a abusar, realmente, junto a los planos medios; algo que ya sucedió en El discurso del rey. En las canciones principales la excepción serán las canciones de Javert, sobre todo Stars, donde nos deleitará con las vistas de París bajo un cielo estrellado. En el resto debemos, por una parte, lamentar la falta de localización, y por otra aplaudir la decisión gracias a la que logra conmover o emocionar al público; aunque este último aplauso debe ser compartido con los componentes del casting. Entre estas actuaciones ha destacado, meritoria de premios y nominada al Oscar a mejor actriz de reparto, Anne Hathaway. Con el breve, pero intenso, papel de Fantine ha deslumbrado a crítica y público, que se ha visto sobrecogido por una expresividad que potencia lo que la voz no podría alcanzar, aunque también debemos alabarla en este sentido.

Anne Hathaway cantando I dreamed a dream
De forma menos entusiasta podemos dirigirnos hacia su compañero Russell Crowe, quien, pese a tener cierta experiencia musical, no convence con su tono casi bajo, resultando algo desagradable al oído. Su actuación habría pasado más desapercibida si no fuera por el buen hacer del resto de sus compañeros, que le ensombrecen. No obstante, realiza con buen carácter la canción Stars y su voz combinará a la perfección en el mare magnum que supondrá la canción central, cuando todos los personajes cantan de forma independiente; además de aportar sus dotes interpretativas a un personaje tan relevante en el film como Javert, el antagonista. Por otra parte, y quizás también algo negativo aunque necesario, están Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, quienes logran una buena actuación y ponen un punto cómico, pero cuyos personajes resultan pesados y sin gracia una vez ha pasado cierto metraje. El humor podría haber sido dividido entre otros personajes y no estar tan focalizado en estos dos, que llegan a resultar ridículos pese al porte de ambos actores.

Russell Crowe como Javert
Hugh Jackman se defiende en el papel protagonista, pero no brilla especialmente en comparación a Hathaway o los jóvenes Eddie Redmayne, Amanda Seyfried y Samantha Barks, el trío amoroso de Marius, Cosette y Eponine. Esta última también ha recibido el aplauso de la crítica por su interpretación de este personaje, su primera intervención en cine tras haber intervenido en diversos musicales y en alguna serie de televisión. Todos ellos cantaron durante la escena, otra muestra del riesgo que corrían y lo bien que consiguieron realizarlo. No obstante, se debe advertir que es una adaptación del musical como musical, parece redundante y absurdo, pero no es un aviso banal: prácticamente todo el film está cantado, a excepción de breves diálogos hablados. Para los españoles, todo viene subtitulado, en ocasiones no demasiado fiel al texto o a la actuación inglesa, y con los diálogos doblados, trabajo que prácticamente se podrían haber ahorrado por las pocas intervenciones de este estilo.

Samantha Barks como Eponine
Sin duda, la fuerza de la adaptación de Los Miserables junto a la letra de sus canciones ayudan a influir al público en esta versión que cuenta, además, con la facturación de una gran producción y memorables actuaciones. Aunque el tiempo pueda convertir la técnica en obsoleta, el sentimiento que transmite I dreamed a dream con la expresión de Hathaway puede ser archivada como una escena para la memoria. Puede no ser la versión mejor cantada, pues grandes cantantes la han interpretado, pero en su entorno, en su circunstancia, nos brinda una excelente combinación entre música y cine. Lo mismo que ofrece esta película.


Escrito por Luis J. del Castillo



Música Inolvidable (XIII): José Luis Perales

15 febrero, 2013

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El amor es llorar cuando nos dice adiós;
El amor es soñar oyendo una canción.


Si existe un autor español que haya cantado al amor, ese es sin duda José Luis Perales. Nacido en Castejón, Cuenca, en enero de 1945, el joven José Luis ejerció de electricista mientras componía con su guitarra, hasta que en 1973, por medio del productor discográfico italiano afincado en España Rafael Trabucchelli, tuvo la oportunidad de grabar para el sello Hispavox todo un álbum, según confiesa el autor, de manera casi “accidental”. Se trataba del conocido y más que retentivo Mis canciones.

A partir de ahí, José Luis Perales, el autor que puso voz a los sentimientos de mucha gente, ha vendido más de cincuenta millones de discos. Una faceta esta, la de cantante, que nunca le llamó la atención especialmente, porque lo que a él le gustaba era componer y no estar subido en un escenario, mucho menos participar de la vida que se le supone a una “estrella de la canción”.

Por amor es más fácil sufrir la soledad;
Por amor es más fácil vivir en libertad. 


Todos sus discos de los setenta y ochenta son excelentes, pero como estamos en pleno himeneo, destaco dos temas, no por conocidos menos oportunos, para ilustrar el talento como músico y como poeta de José Luis Perales. El primero del fundamental Tiempo de otoño (Hispavox, 1979), trabajo cuajado de canciones inolvidables, y que se titula precisamente El amor. La espera pertenece al no menos antológico álbum del mismo nombre (CBS 1988), siendo además la canción con que daba comienzo.


Son temas que cantan al amor y, a veces, a su reverso tenebroso, el desamor, pero que ya sea en boca de su autor, o en la del resto de cantantes que se han beneficiado de sus composiciones, fijan nuestros recuerdos en el marco de lo poético, aunando, como reclamaba Horacio, lo útil con lo bello.
 
Pensando que en cualquier momento ella llegaría,
consultaba su reloj y sonreía.


José Luis Perales atesora obras maestras como Celos de mi guitarra (1973), (1976), Soledades (1978), Un velero llamado Libertad (1979), Me llamas (1979), Ella y él (1981), Muchacho solitario (1981), Por amor (1982), Mi último espectador (1984), Cuando duermen los niños (1984), La primera vez (1986), No sé si es cierto (1987), El loco (1988), Brindaremos por él (1990), El escultor y ella (1991) o Gente maravillosa (1993), dentro de un estilo melódico-pop, a menudo despreciado por aquellos que piensan que la música ha de ser una especie de proceso intelectual, muy exitoso a la hora de vaciar las salas. O como si el hecho de componer melodías “pegadizas” fuera una labor tan sencilla o estuviera al alcance de todo el mundo.

Pero estos cancerberos de lo sublime y lo inefable no han sido obstáculo para que pese a todo, la cultura popular haya alcanzado (a veces trabajosamente) la debida valoración, por medio de unas obras no carentes de hondura que testimonian lo mejor de cada faceta artística.


NOTA BENE: Selecciono unos videos con la imagen fija en esta ocasión porque son los únicos que he encontrado con la versión original de los temas, que a mi particularmente es la que me gusta más.

 Escrito por Javier C. Aguilera

  

Un paseo para recordar, de Adam Shankman

14 febrero, 2013

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Con una introducción que podría remitirnos a cualquier película sobre jóvenes, desde las que intentan mostrarnos la vida de esta generación recurriendo a los tópicos de la juerga y diversión desenfrenadas hasta las clásicas películas de terror donde un grupo va siendo asesinado, nos hallamos ante un film romántico que comienza con los tópicos ya existentes. Estamos en los años cincuenta estadounidenses, Landon es un chico rebelde y sin personalidad cuya vida se complica cuando es castigado a participar en un grupo de teatro y ayudar a estudiantes novatos. Esto provocará que tenga que acercarse a su antítesis femenina, Jamie Sullivan, hija del reverendo baptista, una chica reservada y conservadora que no resulta atractiva por su estilo, pero que siempre se muestra atenta y risueña con los demás. Estaban hechos para chocar, aunque deberán aprender a convivir juntos para sacar una obra de teatro adelante. Y a partir de ahí, lo que pueda surgir. O mejor dicho, lo que estaba claro que sucedería, aunque con cierta amargura final.


Como si del mismo cuento de siempre se tratase, Adam Shankman nos concede este film, adaptación de la novela homónima de Nicholas Sparks, dentro de una carrera filmográfica de calidad dudosa. Sin embargo, y seguramente gracias a la novela en la que se basa, consigue una historia delicada y sensible, perfecta para los amantes de las películas románticas, además de los que les guste llorar ante una tragedia, al estilo de films como El Diario de Noa.

Porque esta película está diseñada precisamente para encariñarse con los personajes, para ofrecernos una visión del amor como reparador del comportamiento de Landon y alivio para Jamie, pues gracias a este sentimiento podrá cumplir los sueños que creía imposibles. Los personajes más relevantes y sobre los que recae el peso de la película son estos dos, el resto solo sirven como soporte para dar pie a situaciones comprometidas en algunos casos para los protagonistas o alternar conversaciones. Realmente, ante la aparición de Jamie, el papel de los personajes iniciales, el grupo al que pertenecía Landon, se disipa y banalizan, otorgándoles un rol demasiado pequeño para disfrutar de ellos y demasiado grande para que resulten una molestia. Y tras el escenario encontramos al actor Shane West, actualmente más conocido por las series en las que ha participado, como Nikita, y a la estrella adolescente Mandy Moore, que llegaba aquí tras pasar por la factoría Disney.


La actuación de jóvenes talentos ante un guión algo flojo, dirigido al sentimiento, resulta algo insulsa. Pasarán por los estadios de las relaciones juveniles en estos films, incluyendo enfados, alegrías con sorpresas por parte del novio atento, e historias tristes o traumas familiares. En este caso, se desprende una chispa de humanidad y nos permiten fundirnos con el dolor de la pareja en el último tercio de la película, quizás lo más logrado tras habernos ofrecido la artificialidad de una relación incomprensible.


No obstante, es por este final por el que uno no podría criticar esta película sin sentir que está tratando injustamente la historia que se intentaba contar. Porque, sin duda, el film destila una inocencia desactualizada, una simpatía agradable y un entretenimiento blanco con tintes de melodrama y lecturas religiosas. Es decir, ideal para jóvenes parejas, sobre todo el sector femenino, que puede disfrutar de una película para llorar. Seguramente no volverán a escuchar de la misma forma el tema Cry de Mandy Moore, quien además de interpretar, aporta su linda voz a una canción tierna que pone el broche final a los créditos.


Escrito por Luis J. del Castillo



Adaptaciones (XII): Don Camilo

06 febrero, 2013

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Jesús a Don Camilo: ¡No irás a explicarme a mí lo que es el bautismo!

Cartel de Don Camilo
En un mundo cada vez más sectario, más tecnificado, y como predijeron Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, menos humanizado, nadie que pretenda llevar siempre la razón debería acercarse a películas como estas, en las que prevalece el respeto hacia el que piensa de forma diferente (y este hace lo propio, he ahí la gran diferencia), porque se sentirá incomodísimo. Ideologías aparte, el legado propuesto por Giovannino (Giovanni) Guareschi no es tanto una cuestión de pose (que la tenía, y bien definida) hacía los gustos del momento, como un directo espejo stendheliano con el que retratar una sociedad, y por ende toda la condición humana, por vía de un realismo-costumbrista, siempre filtrado por el sentido del humor y la ironía. La obra es la vida; y la sociedad, un pueblo de provincias en una época convulsa de la historia italiana, los años de después de la guerra, más que tristes debido a su posicionamiento con el Eje, más lo que (se les) vino después.

Giovanni Guareschi
Guareschi (Parma, 1908 - Ravena, 1968) era periodista, y la primera recopilación de relatos del párroco de Brescello y su alcalde fue El pequeño mundo de don Camilo, de 1948. Como decimos, el “pequeño mundo” es el pueblo de Brescello, y entre sus insignes habitantes, están el párroco Don Camilo (Fernandel), “fuerte como una mula”, y el alcalde Giuseppe Botazzi, Peppone o Pepón (Gino Cervi), mecánico de la localidad y líder del floreciente partido comunista. Ambos hicieron la guerra defendiendo Italia, y en ambos se concentran todas las virtudes y contradicciones que conlleva el ser humano. Aliados en la guerra, amigos separados por la política en la paz, aunque en el locus amoenus del autor, la política de uno u otro gana raramente, pues prevalece la humanidad, que pese a sus defectos es lo que nos distingue. Ninguna de las traslaciones de las fábulas realistas imaginadas por Guareschi habría tenido mejor acomodo que con los actores que encarnaron sus personajes.

De izquierda a derecha: Fernandel, Cervi y Guareschi, en El camarada don Camilo
Fernandel (Fernand Joseph Desiré Constantin, 1903-1971), fue un actor cómico francés muy querido, y Gino Cervi (1901-1974), un más que versátil actor italiano, tanto en cine como en teatro. Uno es don Camilo, representante satélite de una religiosidad nada etérea, sino más bien activa (si bien siempre viste su sotana), comprometida con el necesitado. El otro, un hombre poco instruido pero de buen corazón: lo rige más la justicia de sus actos que la pompa y circunstancia del Partido. Oponentes políticos pero respetuosos hombres de palabra, cuando la palabra se rubricaba por medio de un apretón de manos. Pero la idea más hermosa del autor es aquella por la cual don Camilo puede conversar con Cristo, y este le responde y aconseja (¡aunque a veces no le sirva de mucho!).

La naturaleza humana es predecible y cansina…, todo ello es cierto, lo confirma la experiencia, pero son las grandes obras, e incluso piezas más modestas de la literatura, la música o el cine, las que la redimen y la hacen divertida. Pues bien, parte de ese optimismo lo podemos hallar, creencias aparte, en las cinco películas que trasladaron el pequeño mundo de Don Camilo y Pepón al cine en un momento en que las pantallas buscaban capturar por medio del neorrealismo las historias más humanas. Las dos primeras entregas fueron además dirigidas por el reivindicado (ya era hora) Julien Duvivier.
Julien Duvivier dirigiendo El retorno de don Camilo
Don Camilo (Don Camillo, 1952) se abre sobre la vista del río Po, arrullado por la evocadora e inspirada música de Alessandro Cicognini, que acompañará toda la serie. Estamos en 1946, el pueblo se muestra desvencijado tras la guerra (uno de esos pueblos que mantendrán durante algunos años sus aceras de tierra), pero bullicioso, se ha elegido a un nuevo alcalde. Y el ganador es… Peponne, más que por comunista, por ser una persona bien conocida en el pueblo.

Duvivier engarza con naturalidad los distintos episodios de esta primera entrega, ya que de fábulas hablábamos, una sucesión de historias e historietas corales, con párroco y alcalde al fondo. Un mosaico punteado de cuando en cuando por la voz en off de un narrador omnisciente (en español, el maravilloso Claudio Rodríguez).
 
Entre los momentos más brillantes recreados por el cineasta, el que muestra a los protagonistas enzarzados en buena lid, a tortas bajo el campanario; o la representación gráfica del muro “de Brescello”, que separa el odio ancestral de dos familias enfrentadas de aparceros, y que es usado por los jóvenes amantes para poder dialogar; esos jóvenes que parece que hubo en cada pueblo, con visos de convertirse en trágicos: “no nos hemos elegido, nos hemos encontrado”, dirá la joven Gina (Vera Talchi).


Muro, en definitiva, que denota la riqueza y pobreza de un mismo terreno (conflicto simbolizado en el plano con la sombra de la pelea proyectada sobre el pichón muerto). O la imagen de Pepón y Don Camilo desfilando juntos, enfrentándose a las injusticias de una huelga justa, lo que da pie a otro apunte interesante: al afearles don Camilo la conducta (dos veces) a los propietarios y terratenientes, estos lo motejan de “cura bolchevique”.


Además de estos momentos, el crispado partido de futbol, cuya violencia viene motivada por la política. O el respeto durante la procesión, en la que don Camilo porta al Cristo en la Cruz por las solitarias calles del pueblo. Y sobre todo la bellísima y sugerente imagen (que vale por mil palabras) de la antigua capilla sumergida, relacionada con la figura de la vieja maestra de escuela, Doña Cristina (Sylvie). Una mujer que de su paso por la vida no deja más que recuerdos, ni la casa donde habita, ni siquiera los muebles le pertenecen. Solo unos pocos libros y la libertad de poder decir lo que piensa. Todo ello lo muestra Duvivier a través de un montaje ágil, modernísimo.

Tildar las películas Don Camilo de mero cine religioso es un reduccionismo, por bien intencionado que este sea, y no por que haya que posicionarse en el lado contrario, sino porque las “estampitas” están aquí muy, muy a ras del suelo.

Don Camilo tras salir de un desvanecimiento, creerse en el paraíso y contemplar con sorna a Pepón: ¡Señor, ¿este sujeto aquí? ¿Cómo es posible?!

El regreso de Don Camilo (Il ritorno di don Camillo, 1953) fue la segunda entrega de los relatos del párroco y el alcalde, servida, como la primera, por Julien Duvivier. Comienza donde acababa esta. Cuando don Camilo llega a su nuevo destino, también es recibido con música, igual que sucedió con su marcha de Brescello, pero en realidad el recibimiento es para el deportista de turno (un ciclista, a lo que parece). Para colmo, Jesús no contesta a don Camilo como acostumbra, o más bien, este no está en condiciones de oírlo. Cuando finalmente lo hace, ambos se encuentran bajo una feroz tormenta. Entre tanto, en Brescello, el retrato del cura sustituto no tiene precio.

La lluvia también recibe a don Camilo en su nuevo destino en la montaña, y la lluvia le dará la bienvenida a su vuelta a Brescello. Lluvia, nieve y niebla parecen ser los protagonistas de El retorno de don Camilo, por ejemplo, cuando la niebla se adueña del pueblo como una premonición, y se deja caer por la ciudad, en los alrededores del colegio para niños internos al que acude don Camilo.

Fotograma de El regreso de don Camilo
Y es que los otros protagonistas del relato (o de varios de ellos) son los niños. Por ejemplo, el que observa desde el interior del coche cómo su padre es agredido (también bajo la copiosa lluvia). O el extraordinario segmento dedicado al joven Beppo (Claudy Chapeland), el hijo de Pepón, que pregunta a don Camilo si puede corretear un poco cuando este le lleva al campo tras recogerlo del citado colegio-prisión. Más tarde, Duvivier incluirá un plano del muchacho mirando fascinado a través de la ventana de su aula, más interesado en lo que ocurre fuera que dentro.

En El regreso de don Camilo se incide en la relación de este con Jesús. Cuando don Camilo compra las velas en nombre de otra persona, su complicidad con el crucificado es tan grande que ambos actúan como si no supieran nada, como si Jesús no pudiera verlo todo. En otro momento, don Camilo incluso le da la vuelta al crucifijo y Jesús le pregunta inocentemente que qué ha pasado.


Más adelante, Duvivier nos recordará el elemento motriz de los relatos de El regreso de don Camilo, las inclemencias del tiempo, mediante un encadenado visual, por el que la cámara deja a don Camilo en su cocina y se traslada al aguacero que fustiga la ventana. Así, cuando llega la temida inundación, esta lega imágenes (momentos) igual de imborrables, como las barcas “circulando” por las fantasmales calles solitarias, o la magistral imagen de don Camilo celebrando la eucaristía en una iglesia inundada y vacía, mientras los habitantes del pueblo, por medio de un singular fenómeno de eco, reciben a lo lejos sus palabras. 

Fragmento de Don Camilo monseñor

Jesús desde el Altar Mayor: ¡Hágase la voluntad de don Camilo!

Don Camilo y el honorable Peppone (Don Camillo e l’onorevole Peppone, 1955) fue dirigida por Carmine Gallone, cineasta por lo general menos considerado, si bien resulta injusto ningunear sus aportaciones. En Brescello ha surgido una epidemia, la de la fiebre electoral. Ha estallado la bomba, Pepón se presenta a diputado. Como recuerda la sarcástica voz en off: las consecuencias pueden ser tremendas: ¡está de por medio la política!

La ironía se traslada hasta al empleo de la palabra “paz”, que culminará en un desternillante cañonazo a la paloma que la simboliza en medio de la plaza del pueblo. Además, dentro de esta tesitura enrarecida que es la política, no cesará el sarcasmo, como ocurre durante el examen al que se ve sometido el alcalde, con trágicos resultados. O en sus palabras antes de partir hacia lo que cree será un futuro mejor: “El sentimentalismo es una actitud burguesa indigna del proletariado. He dicho”.


Destaca en Don Camilo y el honorable Peppone, incidiendo en la vertiente humana de sus principales protagonistas, el segmento en flashback dedicado a los años de la guerra. Es aquí cuando sabremos cómo se conocieron don Camilo y Pepón. El futuro alcalde ya se nos muestra como el líder natural de sus hombres, y don Camilo, que ya es párroco en una localidad, muestra su fortaleza y su buena disposición. Más adelante, de vuelta al “presente”, el discurso patriótico de Pepón será “reconducido” a través de la música que don Camilo hace oír desde el campanario, uniendo a todos los adversarios políticos una vez más, y acercando a Pepón a su pueblo más que nunca.

La salida del alcalde de Brescello, igual que la del propio don Camilo en la primera película, será un momento emotivo, magníficamente expresado por los dos actores principales. Y no podemos dejar de tener un recuerdo especial para Leda Gloria, que interpreta a la esposa de Pepón.


Don Camilo al aparcero: ¡No metas a Dios en este mercado!

Don Camilo monseñor (Don Camillo mosignore, man non troppo, 1961), también de Gallone, da comienzo con un plano aéreo sobre la bulliciosa Roma, una ciudad legendaria en la que la intrahistoria focaliza el relato sobre un humilde senador y un modesto monseñor, perdidos en las entrañas de tan vasta urbe. De hecho, se nos apunta que han pasado tres años desde la última vez que se vieron. Cuando finalmente lo hacen será en el tren que les lleve de regreso a “su mundo”. Anotar en este sentido las fotografías que tiene Don Camilo de Brescello en su despacho de Roma, ventanas a ese otro mundo añorado y vital, “ese sol de la infancia”.

Fragmento de Don Camilo y el honorable Pepón

Como decíamos, surge la oportunidad de volver, siquiera por un -en principio- breve espacio de tiempo. Esto sucede en plena campaña de “distensión” política, ya que los tiempos están cambiando para seguir igual, como refería Lampedusa. Gallone muestra todo este “conflicto” por medio de un plano: el de la comitiva que desfila unida a su regreso a Brescello, pero que se bifurca gráficamente al llegar a la plaza, bajo el cartel que anuncia el nuevo clima político. Cada tendencia toma entonces su propio derrotero, según costumbre.


Entre los mejores momentos de la cinta, tan vitalista como nostálgica -como lo es el paso del tiempo-, se encuentra el discurso de don Camilo ante la vetusta capilla, que hace que Pepón exclame atónito “Don Camilo, ¡que los comunistas somos nosotros!”. Y prueba de que los tiempos cambian pese a todo, está el hecho de que, al igual que don Camilo con la jerarquía eclesiástica, Pepón se enfrenta a su partido, concretamente a la nueva hornada alumbrada en los despachos, que pretenden enseñarle la doctrina “correcta” a él, que la cimentó con el ejemplo. Y es que Pepón dará aquí una auténtica “campanada”, al quedar atrapado debajo de una, en uno de los momentos más surrealistas pero más emblemáticos de la serie.

La campanada de don Pepón
Otros bellos momentos a retener, aparte de la imagen que muestra a la gente reunida frente al televisor del bar del pueblo, para poder conocer las noticias, son aquellos en los que Jesús recomienda a don Camilo que nade más despacio, al atravesar el río, o la que muestra las fotos del desván de la iglesia, que recuerdan a don Camilo sus años de juventud, o el plácido bosque de los chopos, que esconde la iglesita consagrada a San Lucio, y en la que don Camilo oficiará una boda, la del hijo de Pepón, aquel niño que él mismo bautizó en la primera película. Y naturalmente, está el emotivo funeral por el muchacho asesinado. Don Camilo monseñor concluye con Camilo y Pepón de nuevo juntos, compartiendo coche, tristes por su regreso a Roma.


La voz en off: Don Camilo dio las gracias al buen Dios por haberle dado un adversario de ese carácter.

El camarada don Camilo (Il compagno don Camillo, 1965), realizada por Luigi Comencini, fue la última película de Don Camilo y Pepón (se preparaba otra, pero lamentablemente la muerte de Fernandel puso fin a la serie). Pese a ello, y si se me permite el apunte personal, siempre he preferido visionarla antes de Don Camilo monseñor porque, si bien esta es cronológicamente la última, transcurre antes de que nuestros protagonistas se trasladaran a Roma definitivamente, que es como el autor acabó su fábula-río (lo que escribió posteriormente, siempre sucedía antes de la marcha de don Camilo y Pepón, á la Conan Doyle). Naturalmente, es solo una cuestión de apreciación.

La voz en off nos introduce por última vez en el mundo de Don Camilo y Pepón, un mundo de eterno retorno, no obstante. Comenta jocosamente que, visto desde la izquierda, sigue siendo el pueblo de Pepón; desde la derecha, el pueblo de don Camilo, y desde arriba, el de ambos. Un pueblo como cualquier otro, aunque distinto. La acción se sitúa durante la reelección del alcalde, al que don Camilo tañe la famosa campana cada vez que Pepón, desde su tribuna, infla las cifras. De nuevo se da cita en la plaza del pueblo el sarcasmo, por vía de la retórica política y de la bendición del tractor enviado por el pueblo ruso.


Comencini dota a la historia de una gran agilidad por medio del movimiento de los actores en el cuadro y valiéndose de todo tipo de desplazamientos de cámara y travellings. Entre los momentos más brillantes, por desprejuiciado, el discurso desde el púlpito, expresión del enojo de don Camilo ante sus acólitos por haber consentido el referéndum de Pepón. O por significativo, ya en suelo ruso, la visita de este a la vieja iglesia, convertida ahora en un almacén de grano.

Uno de los mejores y más emotivos momentos es aquel en el que El Brusco (Saro Urzí), compañero de Pepón durante toda la serie y barbero del pueblo, muestra a don Camilo la foto de su hermano fallecido durante la guerra en tierras rusas. Ambos parten para localizar dónde este descansa. Cuando al fin dan con el sitio, don Camilo toma una espiga del suelo para que El Brusco pueda llevarle a su madre un pedazo germinador del lugar donde está enterrado su hijo; un cementerio sin lápidas, unas tumbas sin memoria.

Y como no podía ser menos, el relato acaba mostrándonos a Don Camilo y Pepón juntos, partiendo hacia una nueva aventura… ¡rumbo al Vaticano!


Pepón: ¡¿Pero cómo se ha vestido?, si sigue pareciendo un cura!

¿Unas películas italianas no ambientadas en Roma o Venecia o Florencia…? Las películas de don Camilo y Pepón fueron muy exitosas, y merece la pena acercarse a ellas sin prejuicios, como debe hacer todo buen amante del cine (ni clásico ni moderno, del cine en general). Hoy día podemos seguir disfrutando de ellas gracias al reprocesado de imagen del que, como cualquier clásico, ha sido objeto, y porque estas nos muestran un lugar -¿imaginario pese a que existe físicamente?- donde todavía importan más las personas que las ideas.

Brescello en la actualidad, con su iglesia
 Escrito por Javier C. Aguilera
 

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