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31 enero, 2013

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Cementerio de Granada (fotografía de LJ&MB)
2013 ha comenzado con un descenso en entradas y visitas, nuestra actividad, bajo aviso en nuestra página de Facebook y en Twitter, se ha visto alterada por nuestra situación académica. Esto aún se mantendrán en los primeros días de febrero, pero a mediados de mes volveremos a nuestra actividad normal, ya tenemos ideas para los nuevos meses y las iremos desarrollando. En cuanto a los números de este mes, que solo ha tenido tres entradas, sigue arrastrando la bajada en visitas sufrida por la pérdida de imágenes en Google, aunque hemos tenido algunas sorpresas. Nuestra media ha descendido a 500 visitas diarias, por lo que hemos tenido casi 20.000 visitas este mes. Entendemos que la falta de actividad también ha tenido que ver en este descenso de visitas, pero remontaremos de nuevo. En seguidores continuamos con 114, pero hemos aumentado en Twitter hasta los 190.

Las entradas de este mes han sido el colofón de la época navideña, con dos entradas relacionadas con Disney y Pixar: el Pato Donald y Toy Story. También hemos disfrutado de nuestra sección mensual de cortometrajes, con tres reflexiones en forma de metraje. No obstante, para los próximos meses ya hemos pensado nuevos artículos, MB nos volverá a traer entradas sobre publicidad y algunas reseñas de películas para este febrero, Patomas sigue con el especial de Sherlock Holmes y algunas películas más, y para marzo ya estamos planeando dedicarle a la poesía una serie de entradas, con motivo del Dia Mundial de la Poesía, situado el día 21 de ese mes. Hemos tenido una pausa en nuestra labor, pero pronto volveréis a tenernos como siempre, trayendo la cultura a nuestro blog y a vuestras pantallas.

Un saludo,
L.J.

PD: Promocionamos la cover que El Besó del Escorpión preparó sobre Disney, que ya os enseñamos en Facebook.



"El ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres."
                  -Miguel de Cervantes

En tres, dos, uno... (VI): Cortos para reflexionar

27 enero, 2013

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Enero siempre ha sido un mes alicaído en nuestro blog, el invierno invade nuestras vidas tras la Navidad y quizás es justo el momento en que más necesitamos un respiro de la actividad frenética de unas vacaciones invadidas de diferentes ocupaciones y una rutina que regresa sin darnos tregua. Aprovechamos esta sección para que toméis un descanso con tres cortometrajes seleccionados por nosotros. Hemos buscado tres interesantes reflexiones que recorren temáticas trascendentes del ser humano, con un tratamiento poco típico en los cortos ya vistos en nuestra sección. A destacar que los tres cortos se reparten tres colores: gris para el primero, azul para el segundo y verde para el tercero.

Como colofón fidedigno de esta introdución, os repetimos la invitación que os hacemos, para que nos envíes vuestros cortos y podamos analizarnos y promocionarlos gratuitamente -aceptando nuestras críticas, por supuesto- a través del botón de Contacto.


Corto:  
¿Por qué desaparecieron los dinosaurios?
Escrito y dirigido por María del Mar Delgado y Esaú Dharma.

Historia:
Como un documental, una voz en off nos narra los avances científicos del futuro con un gran descubrimiento: los planetas espejo. Estos cuerpos permiten descubrir los misterios del ser humano y se responde a la principal pregunta: ¿qué hacemos aquí? Una respuesta que nos la dan los autores del corto con las palabras finales. El ser humano es definido aquí como curiosidad, creatividad, imaginación.

Se juega con la idea de que descubrir las respuestas de nuestros pasados nos llevaría a dejar de ser como somos. La cuestión sería hasta qué punto esta afirmación es cierta, aunque sirve perfectamente para los intereses de los directores y también al público, habiendo cautivado en varios festivales y estando nominado a los Goya. Aunque discutible su razonamiento, pues no todas las respuestas a nuestras preguntas están en el pasado, no deja de ser una propuesta perfecta para alentar a la curiosidad, a los valores de la creación artística y de la investigación. Porque, como bien podemos concluir de este corto, uno de los principales motivos de nuestra vida es la búsqueda de respuestas, a descubrir.

Actuación, aspecto técnico y música:
Un factor importante en el corto es la voz en off, que debe funcionar como la voz de un documental. La función la cumple, aunque quizás le falta algo de calidad en el sonido. No hay realmente más actuación, salvo la breve intervención de Ángel Cuevas como científico, que en las ocasiones en que he revisionado el corto me ha parecido ir descuadrado con el audio, ignoro si para dar sensación de doblaje o por fallo técnico.

En el otro lado, encontramos la animación, que resulta algo tenebrosa, en blanco y negro, lo que da cierto aspecto de antigüedad pese a la modernidad que se trata de representar. Recuerda, y posiblemente con acierto, a los films antiguos de ciencia ficción. Sin duda, una minuciosidad que, como falso documental, funciona y que parece haber dotado a sus directores de varias alegrías.


Corto:  
La ruta natural
Dirigido por Álex Pastor Vallejo, guión de Martí Roca y Álex Pastor. Producido por la Escola Superior de Cine i Audivisuals de Catalunya.

Historia:
La ruta natural nos propone un viaje a la inversa. Un corto cuyas secuencias nos son narradas al revés, como la vida que pretende mostrar. Uno puede sonreír ante el divertido juego que se plantea, con nombres trocados para la ocasión, un palíndromo como título y los personajes rejuveneciendo por momentos. No estamos ante un planteamiento original, la vida al revés ha sido retratada en diversas ocasiones, la más conocida en estos últimos años seguramente sea la película El curioso caso de Benjamin Button, basada en el relato homónimo de Fitzgerald (aunque pocas coincidencias encontremos entre ambas obras).

No obstante, eso no deja de darle mérito a este cortometraje que cumple con su propósito y que en los diez minutos que dura nos hace reflexionar sobre la destrucción, la creación, las relaciones humanas y el valor de las cosas. Es un mundo al revés que hace plantearnos nuestro mundo a la derecha.

Aspecto técnico, actuación y música:
La voz en off, varonil adulta de nuestro tiempo, nos narra en primera persona su biografía, en una larga reflexión sobre los acontecimientos más importantes de su vida justo desde el último momento, sea el verdadero o el inverso. La voz de Carles Pastor que da vida a las actuaciones mudas de Pere Ventura (Divad adulto) y el resto de actores que intepretan esta historia con el único instrumento de los gestos y las expresiones. Los efectos de sonido, la sucesión de imágenes al revés, nos sumergen en la ilusión de una historia que consigue su propósito. Quizás un corto de poca luminosidad escénica, solo la escena de amor en la playa (junto a otras excepciones más breves) huye de esos azules oscuros entre los que estamos en la mayor parte del metraje, y quizás hubiera estado bien detenerse en más aspectos del argumento. No obstante, es un cortometraje y, dentro de sus límites, está bien realizado.

Respecto a la música, solo cumple como acompañamiento y cierta tenebrosidad en los créditos. Este corto tiene cierta predilección por el silencio y la voz en off, compañeros más fieles de los tonos oscuros que ocupan el corto.



Corto:  
What is that? [¿Qué es eso?]
Dirigido por Constatin Pilavios, escrito por el director y Nikos, producido por MovieTeller films.

Historia:
Una lenta introducción nos lleva al patio de una casa donde padre e hijo están sentados. Y el corto nos proporciona una lección sobre la importancia de los padres, en general, esos grandes pacientes que también nos piden paciencia para ellos. En un breve diálogo, el corto desprende fuerza y moraleja, y nos ordena prácticamente a mirar interiormente y reflexionar en nuestras actitudes cotidianas. 

Hay serenidad y contundencia en la actitud de un padre contra el nerviosismo de una vida adulta del hijo. Son contrapuntos que se revelan en la simple forma de sentarse y hasta en la antítesis de colores de sus camisas.

Actuación, aspecto técnico y música:
Solo dos actores donde debe caer todo el peso. Un impasible y entrañable Nikos Zoiopoulos que, como padre en el corto, nos transmite la mirada de un hombre serio, severo en la voz, pero en cuyas palabras se revelan las virtudes de la paciencia y el amor de un padre. Panagiotis Mpougiouris se lleva la reprimenda y sabe expresar bien su papel. Quizás la lectura del diario del padre podría haberse realizado mejor, pero ante mi desconocimiento del griego, no añadiré nada más.

El corto viaja entre tonos verdes, la naturaleza por la que el padre y el hijo preguntaron. La cámara siempre enfoca al lugar preciso, con planos normalmente generales de la escena. La música es empleada al pirncipio para transmitirnos ya desde el comienzo un cierto nivel de nostalgia con la melodía adecuada. Volverá a aparecer tras los gritos del hijo para llamar la atención sobre el comportamiento del padre, sustituida por los ruidos naturales de la escena hasta ese momento. Vuelve tras la lectura del hijo, que produce un cambio de actitud hasta en la melodía, que resulta trascendental: el mensaje ha sido dicho y la reflexión sobre estas palabras queda en el espectador.

Escrito por Luis J. del Castillo


Toy Story, de John Lasseter

06 enero, 2013

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Toy Story (1995) supuso una revolución en el mundo del cine. Dirigida por John Lasseter y producida por Walt Disney Pictures, la película se convirtió en el primer largometraje de los estudios Pixar y fue considerado como el primer film creado íntegramente con efectos de animación digitales en estrenarse en la historia del cine. 


Los juguetes de Andy, un niño de 6 años, temen que haya llegado su hora y que un nuevo regalo de cumpleaños les sustituya en el corazón de su dueño. Woody, un vaquero que ha sido hasta ahora el juguete favorito de Andy, trata de tranquilizarlos hasta que aparece Buzz Lightyear, un héroe espacial dotado de todo tipo de avances tecnológicos. Woody es, desde ese momento, relegado a un segundo plano. Su constante rivalidad contra Buzz se transformará poco a poco en una gran amistad, sobre todo cuando ambos se pierden en la ciudad sin saber cómo volver a casa.

Estrenada en 1995, también sirvió a Disney para dar un paso más en su trayectoria. Por primera vez, dejó totalmente de lado la técnica tradicional de emplear dibujos animados realizados a mano para sustituirla en Toy Story por la tecnología informática. Hasta entonces, algunas películas anteriores a Toy Story habían comenzado a incluir imágenes creadas por ordenador, pero conservando aún la base de los dibujos artesanales. Sin duda, Toy Story es la película que consagró y catapultó al éxito al mejor estudio de animación 3D de la actualidad: Pixar. 


El resultado no pudo ser más sorprendente e inmejorable.

No sólo se creó una película técnicamente perfecta, sino que su historia era totalmente original y ágil, tomando como base una peculiar situación que a cualquier niño se le podría pasar por la cabeza e, incluso, hacer ilusión: que sus propios juguetes tomaran vida propia. Todo ello unido a un guión fresco, unos personajes tan naturales y unos diálogos muy cercanos que podrían parecer totalmente reales, y no sólo a los más niños. 
  
Entre todos ellos, podemos destacar algunos de los personajes secundarios más carismáticos del film, como el Señor Patata, irónico y propenso a ser desmontado con facilidad, o Rex, un tiranosaurio inseguro de  sí mismo debido a su apariencia física, ya que realmente no es tan aterrador como desearía. Aunque no todo podían ser buenas noticias, y se presenta también un antagonista que es muy real, un niño que no cuida bien de sus juguetes llamado Sid, vecino de Andy.


Y es que Toy Story es una película apta para menores, pero no por ello se la puede etiquetar como una cinta infantil o no idónea para adultos. Es una película para todos, imaginativa y con un mensaje sobre la amistad verdadera que no tiene edad. Podemos ver mezclados un sentido del humor que nos hará reír de principio a fin con una acción dinámica, sin olvidarnos de la enseñanza de valores como el compañerismo y aprender a no juzgar solamente por las apariencias.

A esta primera gran obra del séptimo arte, le seguiría cuatro años más tarde su secuela, Toy Story 2 (1999). Cosechó también un gran éxito en taquilla, y obtuvo varias nominaciones al Óscar, al igual que la primera película (mejo guión original, mejor BSO o mejor canción original). Pero no sería hasta el siguiente film, Toy Story 3 (2010), cuando la trilogía se vería recompensada en premios, consiguiendo, merecidamente, dos Óscar, a la mejor película de animación y a la mejor canción. 


Y es que, ¿cuántas veces, cuando de niños jugábamos con nuestros juguetes, nos imaginábamos que ojalá pudieran cobrar vida? De hecho, ese juguete que era tan especial para nosotros, que ocupaba un lugar predominante en nuestro corazón (hasta que uno nuevo lo desplazaba) realmente parecía estar vivo. Sin duda, Toy Story es capaz de cumplir ese sueño.


Escrita por Mariela B. Ortega


Tesoros Disney: el Pato Donald

05 enero, 2013

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Dentro de la colección de los Tesoros Disney, destacan los tres volúmenes (con dos DVD’s cada uno) dedicados al Pato Donald. Abarcan desde su primer corto en solitario, el imprescindible Don Donald (1936, estrenado al año siguiente, y tras sus primeras apariciones en La gallinita sabia y Micky Orphan’s benefit, ambos de 1934), hasta los cortos del año 1950 (existe un cuarto volumen hasta 1961, pero de momento no ha sido editado en España).


Así pues, Don Donald fue la presentación “oficial” de Donald, y ya el sarcasmo es total. En él, también hace su aparición por vez primera su novia Daisy, y el tratamiento de la “relación” por parte de ambos caracteres resulta impagable. Donald es un individuo temperamental, orgulloso y se parte de risa con la desdicha ajena. Daisy, aunque más coqueta, no le anda a la zaga y parece más interesada en salir con un chico-con-coche que en la persona en cuestión. La visión resulta asombrosamente moderna: las cosas cambian poco aunque nos creamos que todo gira en torno nuestro. Donald es, desde su inicio, un personaje iracundo, con la característica voz de Clarence Nash (1904-1985, a quien se rinde además merecido homenaje a lo largo de los volúmenes), “expresivamente humano”, con todo lo bueno y lo malo que conlleva el serlo (en Limpiadores de ventanas, 1940, por ejemplo, remoja a una abeja dentro de su flor, lo que le traerá “escocidas” consecuencias).


De este modo, Donald cosechó un éxito inmediato entre el público, pues se convirtió en el mejor representante de las frustraciones del americano medio, y por extensión, de (casi) todo ciudadano medio del mundo. La modernidad de la creación más “terrenal” de Disney se daba en otorgarle al personaje un patetismo subyacente: Donald también sufre, y se beneficia de la suerte como viene, buena o mala, con lo que resulta inevitable el identificarse con él, sobre todo cuando debe enfrentarse a la “conspiración de los artefactos” de la vida cotidiana, ese reverso tenebroso de la industrialización y la técnica, que supuestamente hacen que el hombre (o el pato) disfrute de un mayor confort (siempre que los posea, claro). Esta visión tan realista es lo que parece molestar a más de un incauto, guardián -o carcelero- de lo “políticamente correcto”, cuando se trata precisamente de la chispa del genio (en cualquier caso, me enorgullezco de no formar parte del citado gremio).


En definitiva, Donald resulta demoledoramente humano, e incluso soñador, al menos ¡cuando le dejan conciliar el sueño! Algo que no resulta tan fácil, como se muestra en Problemas de sueño (1941), Espacios abiertos (1947) o La gota de agua (1948), perfectos ejemplos de esa empatía a la que hacíamos referencia. Y como comentábamos acerca de los temas que solo parecían poder tratarse por vía de la ciencia-ficción cuando hablábamos de Star Trek, parece también claro que solo a través de la animación podían escenificarse los argumentos más corrosivos e ilustrarse los retratos más ácidos y dislocados, además de virtuosos y divertidos, por supuesto. En estos cortos de Disney, la vida es una farsa, desde luego, pero una farsa jovial, ocurrente y hasta terapéutica.

Además, los dibujantes de Disney se muestran geniales a la hora de visualizar toda esa impotencia, la ira, el ímpetu, el mar humor de los mayores (que pagan los menores), el alivio, la hipocondría (en El día libre de Donald, 1944, Donald aparta un obstáculo y sigue avanzando, creyendo que no ve), etc. Buen ejemplo de ello lo encontramos en El remachador (1940). Un pobre obrero despedido sale disparado (despedido, igualmente) a través de una cerca; por el hueco alguien coloca el cartel de “se necesita”, justo en el momento en que Donald está doblando la esquina. No ha sido necesario cambiar de plano, tenemos toda la información que vamos a necesitar en quince segundos. Pero el virtuosismo prosigue y se desarrolla incluso a la hora de expresar la fuerza bruta de uno, el capataz, y la indefensión del otro, Donald, por medio del sonido (además de la imagen). Algo muy parecido sucede en la antológica persecución de vagonetas en Árbol va (1941).


Por otro lado, los cartoons de Donald reflejan, como toda obra artística, la época en que se concibieron. Resulta gratificante “viajar por el tiempo” y comprobar, por ejemplo, la importancia que tenía un medio como la radio, del mismo modo que hoy la tienen nuestros accesorios portátiles. La radio hace compañía a Donald en el citado El día libre de Donald, el genial Donald y el gorila (1944), El inventor del plástico (1944) o Piel de pato (1945), donde el homenaje se traslada además a la literatura pulp, en pleno apogeo entonces.


La radio era el medio de los noticieros y hasta de los programas culinarios, como comprobamos en Chef Donald (1941), en el que nuestro infortunado alter ego, confunde levadura con pegamento haciendo gofres, y quedando literalmente colgado como la marioneta de Pinocho al final del relato.


Otros cortos reflejan igualmente la influencia de la moda o la música, la era del swing y las Big Bands (al menos hasta 1945), como sucede en El amor es cosa de dos, de 1940. O incluso los conflictos de las relaciones de pareja. Recordemos el final irónico (y genial) de El problema doble de Donald (1946), en el que Donald y su doble dejan atrás a una Daisy descangallada y hecha un basilisco. Sin olvidar toda la ironía que subyace en la esforzada marcha de Donald en Donald en el ejército (1943).


¡Nosotros te salvaremos, tío Donald! (Juanito, Jorgito y Jaimito, repetidas veces).

Las paráfrasis musicales y el empleo de todo tipo de onomatopeyas sonoras son otras inolvidables características, manejadas con maestría por el equipo artístico. Recordemos que el propio Disney se convirtió en un maestro en el aspecto musical de sus obras, tras pasar años elaborando sus Silly symphonies, inolvidables sinfonías animadas sonoras con una moraleja, (extraídas de los cuentos clásicos, narraciones populares, y hasta de poemas infantiles), además de otorgando gran importancia a la música en todas sus películas posteriores, fueran animadas o no.

Así sucede en los episodios en los que Donald aparece con sus sobrinos. La primera vez fue en Los sobrinos de Donald (1938), donde Juanito, Jorgito y Jaimito (en el original Huey, Dewey y Louie) “desarmaban” la rutina de Donald y de paso toda la casa (la ironía se focalizaba aquí en la supuesta bondad de los niños y en los libros de auto aprendizaje, ofreciendo un material deliciosamente subversivo). Siguieron Jefe de bomberos (1940), con el gag magistral de la gasolina en lugar del agua, y otros cortos inolvidables y desternillantes como Donald, agente anti-novillos (1941), La mina de oro de Donald (1942), La pelea de nieve (1942), La sopa está servida (1948), Los francotiradores (1946), que tiene lugar en la feria, el excelente Feliz cumpleaños, Donald (1948), o el emotivo Truco o trato (1952), entre otros muchos.


La creatividad e inventiva de los Estudios Disney no se detuvo ahí. Los episodios en los que se introdujo a las ardillas Chip y Chop (Chip & Dale), resultan de lo más transgresores (y todo sin recurrir, como se ha venido haciendo en fechas más recientes, a la chabacanería y lo chocarrero). Como ejemplos, Chip y Chop (1947) y Pícaros (1949), que se encuentran en el tercer volumen. En este último, al ser “corrompidas” por Donald, las simpáticas ardillas no dudan en pelear por la nuez más grande, con inusitadas consecuencias.


Todo sobre Donald es un material imprescindible para todo aquel que presuma de gustar de la animación. En definitiva, son muestras imperecederas de la maestría de unos guionistas, músicos, directores y dibujantes, y la mano que los guiaba, inmortalizada en piezas tan perdurables como El día de suerte de Donald (1938), o la parodia del cine de gangsters en Agente Donald (1939). Una maestría que convierte estas piezas en auténticas y vertiginosas screwballs comedies, en verdaderas obras de arte.

Escrito por Javier C. Aguilera "Patomas"
 

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